Los varones ibéricos fueron reemplazados por invasores en la Edad de Bronce

Un hombre y una mujer enterrados juntos en un yacimiento de la Edad de Bronce en Castillejo de Bonete, él con ascendencia de la estepa y ella genéticamente similar a los ibéricos anteriores al Neolítico tardío / Luis Benítez de Lugo Enrich y  José Luis Fuentes Sánchez 

A través del análisis de ADN antiguo de más de 270 ibéricos de diferentes épocas, un equipo internacional de investigadores ha reconstruido la historia genética de 8.000 años de la península ibérica. Los científicos extrajeron el ADN antiguo de fósiles humanos –principalmente dientes– para poder comparar estos restos ibéricos con 1.107 individuos antiguos y  2.862 modernos.

Una de las conclusiones más relevantes del estudio realizado, y publicado en Science,  es que hubo un reemplazo de casi todos los varones de la Península durante la Edad de Bronce. “No hemos muestreado toda la población masculina de esa época, así que no podemos decir que el 100 % fuese reemplazada. Sin embargo, como todos los hombres muestreados tienen el linaje paterno traído por nuevas poblaciones, y ninguno tiene los linajes locales presentes anteriormente, sabemos que el reemplazo fue prácticamente total”, explica a Sinc Íñigo Olalde (izquierda), científico de la Universidad de Harvard (EE UU) y colider del estudio.

Esas poblaciones, que llegaron entre el 2.500 a.C y el 2.000 a.C, tienen origen estepario. Al atravesar el continente europeo se mezclaron con las poblaciones locales y cuando llegaron a la península ibérica ya poseían también ascendencia europea. Tampoco tenían ya la misma cultura que las poblaciones esteparias de origen.

Varias hipótesis sobre la invasión

El ADN revela que los linajes masculinos locales desaparecieron y fueron sustituidos por este linaje foráneo llamado R1b. Hoy en día R1b sigue siendo el linaje mayoritario en la península ibérica. Sin embargo, no se sabe cómo sucedió ni qué procesos generaron dicho patrón genético.

“Los resultados genéticos son compatibles con varias explicaciones y se necesitarán más investigaciones en arqueología y antropología para entender los procesos sociales que pudieron resultar en la pérdida de los linajes paternos locales. La hipótesis más simplista es que estos hombres foráneos eliminaron de manera violenta a los locales y se reprodujeron con las mujeres. El problema con esta hipótesis es que no cuadra con el registro arqueológico, ya que no hay evidencia de violencia generalizada durante ese período”, argumenta el científico.

Otra hipótesis es que estas poblaciones trajeran enfermedades para las que las poblaciones locales no estaban preparadas, pero tampoco existen pruebas de enfermedades infecciosas que afecten a los hombres y no a las mujeres. Sin embargo, los linajes maternos locales sí permanecieron.

La posibilidad que plantean es la existencia de una estratificación social muy fuerte por la que los hombres foráneos tenían un estatus social mucho más alto que los hombres locales (hereditario de padres a hijos) y unas tasas de reproducción mucho más altas. Eso hizo que, tras cinco siglos, la huella genética del hombre local desapareciera.

“Estas poblaciones que entran en la Península eran nómadas y tenían una estructura jerarquizada y social que no existía anteriormente”, explica Carles Lalueza-Fox  (izquierda), que colidera el estudio y es investigador del Instituto de Biología Evolutiva (Centro Mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra).

“Todavía no sabemos cómo ocurrió y nuestros resultados animan a otras disciplinas a seguir investigando en este periodo tan fascinante”, recalca Olalde.

Como ejemplo de este fenómeno de reemplazo, el estudio documenta una tumba encontrada en un yacimiento de la Edad del Bronce en la localidad de Castillejo del Bonete (Ciudad Real). De los dos individuos hallados en el enterramiento, el hombre presenta ascendencia de la estepa, mientras que la mujer es genéticamente similar a los ibéricos anteriores al Neolítico tardío. “Es representativo de esta sustitución, un ejemplo de primera generación de este tipo de contactos”, asegura Lalueza-Fox.

Las peculiaridades de los vascos

Desde hace años, gracias a estudios genéticos de poblaciones actuales, se sabía que la ascendencia de los vascos era algo distinto a la del resto de poblaciones que habitan la península ibérica. Este estudio aporta una explicación de por qué los vascos tienen estas diferencias.

“Lo que hemos encontrado es que es muy parecida a la de las poblaciones de la península ibérica durante la Edad del Hierro (del 900 a.C. hasta la conquista romana), mientras que para explicar la ascendencia del resto de poblaciones actuales se necesitan capas adicionales que incorporaron durante los últimos 2.000 años mediante la interacción con los distintos pueblos que llegaron a la Península, como fenicios, cartagineses, romanos y  musulmanes".

Estos pueblos afectaron menos en términos demográficos al área vasca, y por eso han permanecido más similares a las poblaciones de la Edad del Hierro. “También nos da una posible explicación de por qué de todas las lenguas que se hablaban en la Península antes de la llegada de los romanos, solo el euskera se ha mantenido hasta nuestros días”.

El resto de lenguas, tanto las no indoeuropeas (por ejemplo el íbero en la región mediterránea) como las lenguas célticas indoeuropeas en la zona central y el oeste de la Península, desaparecieron.

“En este estudio mostramos las complejidades de la península ibérica, donde hay paleolenguas de tipo indoeuropeo, como el celtíbero, y no indoeuropeas, como el íbero, así como el euskera, que es la única lengua preindoeuropea de Europa todavía hablada. Nuestros resultados indican un mayor componente de las estepas en celtíberos que en íberos; pero en todo caso hay una cierta disociación entre lengua y ancestralidad”, añade Lalueza-Fox.

Migraciones africanas

El territorio que hoy abarca España y Portugal se encuentra en una encrucijada entre el norte de África, Europa y el Mediterráneo. Según los científicos, ofrece por ello una oportunidad ideal para estudiar el impacto genético de las migraciones en el continente europeo, desde el Mediterráneo oriental y el norte de África.

En el caso de África, han detectado al menos tress periodos en los que hubo una conexión clara. “El primero es durante la Edad del Cobre (entre el 3000 y el 2000 a.C), en el que hemos encontrado un hombre enterrado en el yacimiento de Camino de las Yeseras (San Fernando de Henares, Madrid) con ascendencia 100% norteafricana, lo que nos indica que él mismo o todos sus ancestros recientes tenían ese origen”, declara el científico de la Universidad de Harvard.

Foto: Inhumaciones individuales de época andalusí Sagunt de Valencia enterrados con el cuerpo depositado sobre el costado derecho y mirando hacia el sur (donde creían que estaba La Meca) / Guillermo Pascual Berlanga.

Este individuo que proviene de África y que acabó enterrado en Madrid, es el único de todos los que analizaron del mismo yacimiento (algunos enterrados junto a él) y de otros yacimientos del mismo período (más de 100 individuos) que tiene este tipo de ancestros. Según los investigadores, esto significa que había movimiento de personas entre el norte de África y la Península en esta época, pero que probablemente eran eventos esporádicos que no afectaron de manera significativa a las poblaciones locales en términos demográficos.

El segundo contacto se produjo la época romana, ya que existen individuos procedentes de varios yacimientos de la provincia de Granada con un porcentaje alto de ascendencia norteafricana. Por último, el ya conocido impacto durante la época musulmana. “Lo interesante es que las poblaciones actuales tienen mucha menos ascendencia norteafriacana que las de la época musulmana en el sur de la Península, y esto se debe a la expulsión de gran parte de la población musulmana (oficialmente cristiana en el momento de la expulsión) y la repoblación con poblaciones del centro y norte de la Península”, argumenta el experto.

La historia más reciente

Los investigadores también han estudiado las profundas modificaciones de población en épocas más recientes. Según sus hallazgos, al inicio de la Edad Media al menos un cuarto de la ancestralidad ibérica había sido reemplazada por nuevos flujos de población provenientes del Mediterráneo oriental, de romanos, griegos y fenicios, lo que revela que las migraciones durante este periodo seguían teniendo una gran fuerza en la formación de la población mediterránea.

Uno de los ejemplos de este fenómeno mencionado en el trabajo es la colonia griega de Ampurias, en el noreste peninsular, entre los años 600 antes de nuestra era y el periodo tardorromano. Los 24 individuos analizados se dividen en dos grupos de herencia genética distinta: uno compuesto por individuos con una ancestralidad típica griega y otro compuesto por población genéticamente indistinguible de los íberos del cercano poblado de Ullastret.

Lalueza-Fox concluye: "Cuando era niño, solía leer viejos libros de historia de Iberia que estaban en casa. Siempre me pregunté quiénes eran realmente estas personas, qué marca habrían dejado en la gente moderna y lo que significaron todos estos movimientos en términos numéricos. Ahora, por primera vez, podemos estudiar genéticamente los restos de esas personas e integrar la genética no solo con la arqueología y la antropología, sino también con relatos históricos".

Fuente: agenciasinc.es | 14 de marzo de 2019

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Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el marzo 16, 2019 a las 2:58am

No tuve tiempo de comentar la trascendencia de este post cuando lo publiqué, por lo que lo hago ahora y de paso añado alguna noticia más.

Como muchos se habrán dado cuenta las conclusiones principales, relativas a la sustitución prácticamente completa del linaje masculino de las poblaciones de la península ibérica anteriores a la Edad del Bronce, ya se habían anunciado en octubre de 2018, y de lo cual nos hicimos eco en este post.

Contra tales conclusiones se alzaron con vehemencia voces expertas (pueden leerse en el post referido), argumentando que la forma en que se habían proclamado no eran de recibo, dado el empleo poco riguroso de los conceptos utilizados para describir semejante reemplazo poblacional ("invasión", "conquista", "borrar del mapa"), los cuales distaban mucho de estar refrendados por los resultados arqueológicos obtenidos hasta el momento en el periodo considerado.

En ese contexto de discrepancia, se adujo que tales conclusiones eran fruto de una información periodística apresurada y sensacionalista sobre los resultados del trabajo de investigación que las sustentaba, el cual todavía estaba pendiente de publicarse en una revista científica de prestigio. 

Pues bien, dicho trabajo de investigación ha salido a la luz ahora en Science, y, aunque su acceso es de pago, por el resumen del mismo y por las informaciones que se ofrecen en distintos medios de internet, se puede decir que, si bien se ha bajado el tono de la argumentación de las conclusiones ofrecidas, básicamente se viene a decir lo que ya se había dicho en octubre del año del pasado.

En consecuencia, habrá que esperar ahora a ver si surgen de nuevo las mismas o similares críticas, o si los resultados se asumen o se matizan, por parte de los historiadores y arqueólogos expertos en la Edad del Bronce peninsular contra las interpretaciones que presentan los, a su vez, expertos en genética de dinámica de poblaciones. El conflicto al respecto entre la Historia/Arqueología y la ciencia Genómica no será una cuestión que se vaya solventar, lógicamente, en breve tiempo, pero no cabe duda que reportará desarrollos muy interesantes.    

 

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el marzo 16, 2019 a las 3:54am

La misteriosa sustitución de todos los hombres de la Península Ibérica

Restos humanos encontrados en el yacimiento de la Lloma de Betxi (Paterna, Valencia) y que han sido analizados para el estudio publicado en 'Science'. Museo de Prehistoria de Valencia.

Si es difícil comprender una relación de pareja cuando las dos personas están vivas, entenderla cuando ambas murieron hace 3.800 años parece una fantasía, pero no lo es del todo. El arqueólogo Luis Benítez de Lugo (izquierda) recuerda el día de 2004 en el que, en medio de un mar de olivos manchegos, apareció una insólita tumba compartida por una mujer y un hombre de la Edad del Bronce. “Fue espectacular”, rememora. En aquella sepultura intacta desde la prehistoria estaban, acompañando a la pareja, sus objetos cotidianos. Junto a él, un cuenco de cerámica, un puñal y un brazalete de arquero. Junto a ella, otro cuenco, un pequeño cuchillo y unos botones de marfil. El amor, si es que lo hubo, no fosiliza.

Un nuevo análisis de ADN acaba de dar una sorpresa monumental sobre la identidad de aquellas dos personas, desenterradas en el yacimiento de Castillejo del Bonete, a las afueras de la localidad de Terrinches, en Ciudad Real. Ella era una mujer local, pero él era un hombre con ascendencia yamnaya, los nómadas que abandonaron las estepas de la actual Rusia hace unos 5.000 años. La mezcla, aparentemente, se repitió por toda la península ibérica. “Hay una llegada de gente de las estepas a lo largo de varias generaciones y acaban sustituyendo a los varones locales. Ahora hay que discutir si los pasaron a cuchillo o si fue algo más amable”, apunta Benítez de Lugo, de la Universidad Autónoma de Madrid.

Un equipo de más de un centenar de científicos publica hoy en la revista Science el análisis genético de más de 400 personas fallecidas en la península ibérica en épocas antiguas de los últimos 8.000 años. Los datos, según explica el genetista Carles Lalueza Fox, sugieren que "la llegada de grupos con ancestros de las estepas desde hace 4.500 años supuso el reemplazo del 40% de la población local y de casi el 100% de los hombres de la península". El proceso duró unos cinco siglos.

“La forma en la que se produjo este reemplazo es objeto de cierta controversia, sobre todo entre los arqueólogos”, reconoce Lalueza Fox, codirector del estudio e investigador del CSIC en el Instituto de Biología Evolutiva, en Barcelona. “No se trata de una invasión súbita, sino más bien de una colonización. Un proceso parecido a la colonización de América por parte de los europeos”, sostiene.

El pasado 22 de septiembre, uno de los autores principales del estudio, el genetista estadounidense David Reich, ya adelantó parte de sus resultados en un evento organizado por la revista New Scientist. “La colisión de estas dos poblaciones no fue amistosa, sino que los hombres llegados del exterior desplazaron a los hombres locales casi por completo”, declaró entonces, antes de decidir guardar silencio hasta la publicación de su trabajo.

“Creo que sería un error dar un salto a la conclusión de que los hombres ibéricos fueron asesinados o desplazados a la fuerza”, explica ahora a EL PAÍS. “Una posibilidad alternativa es que las mujeres ibéricas locales prefiriesen a los recién llegados de Europa central en un contexto de fuerte estratificación social”, apunta Reich, de la Universidad de Harvard.

“Que mataran a todos los hombres es bastante improbable, porque no hay evidencias de violencia generalizada en el registro arqueológico. Pero, en 500 años, todos los linajes paternos desaparecen y se queda solo uno. Si no hubo violencia, pudo existir una estratificación social tan fuerte que los clanes foráneos se reprodujeron muchísimo más. Puede ser que tuvieran un estatus muchísimo más alto, porque tuvieran más recursos”, hipotetiza el genetista español Iñigo Olalde, del equipo de Reich en Harvard.

Aida Andrades (derecha), experta en patógenos antiguos del Instituto Max Planck, en Jena (Alemania), aplaude el nuevo trabajo, en el que no ha participado. A su juicio, el proceso de cambio drástico observado por los genetistas pudo ser “complejo y multifactorial”. “Habría que considerar la posibilidad de que una o múltiples enfermedades afectaran de formas diferentes a la población de la península ibérica y a la población con ascendencia esteparia”, argumenta.

Hace un año, el equipo de Andrades encontró la bacteria responsable de la peste bubónica en los restos de dos personas que fallecieron hace 3.800 años en las estepas de la actual Rusia. “No creo que la peste afecte a un sexo más que al otro, pero quizás el comportamiento de los hombres sea diferente al de las mujeres, poniéndolos a ellos en riesgo más a menudo, por ejemplo teniendo más contacto con animales infectados”, plantea la investigadora. Para Lalueza Fox, el siguiente paso está claro: “Hay que volver a mirar el registro arqueológico con otros ojos”.

Restos mortales, de hace 5.000 años, de una joven hallados en Suecia, y en la que se encontró la bacteria de la peste. UNIVERSIDAD DE GOTEMBURGO

El nuevo análisis genético ha deparado otras sorpresas extraordinarias. En 1999, las obras para construir un polígono industrial en el municipio madrileño de San Fernando de Henares destaparon un yacimiento único de la Edad del Cobre y la Edad del Bronce. Allí, según los nuevos análisis de ADN, estaba enterrado junto a personas de origen local un hombre norteafricano que murió hace unos 4.000 años. “Es sorprendente que un individuo del norte de África llegue hasta el centro de la Península. ¿Con qué objetivo?”, se pregunta Corina Liesau (izquierda), prehistoriadora de la Universidad Autónoma de Madrid e investigadora del yacimiento, denominado Camino de las Yeseras. “Lo que hoy sabemos es que este yacimiento, que recibió e integró entre su población local a este migrante, es clave para entender las dinámicas socioeconómicas y seguramente religiosas” de aquella época, añade Liesau.

La prehistoriadora pide cautela a la hora de interpretar los datos genéticos que sugieren un reemplazo total de la población masculina de la península ibérica a lo largo de la Edad del Bronce. “Hay que seguir investigando sobre esta cuestión, precisando el tiempo y en cuántas generaciones se produjo”, advierte. “Las relaciones sociales en la prehistoria pudieron ser muy diferentes a las actuales, por lo que hay que ser muy cautos y rigurosos”, alerta.

El pasado 5 de octubre, Liesau y otro centenar de arqueólogos escribieron a este periódico para criticar el uso del término “invasión”, por estar “totalmente fuera de contexto” en las rudimentarias sociedades de la Edad del Bronce. Hoy, el CSIC ha emitido un comunicado  asegurando que las investigaciones de sus científicos “muestran una invasión de descendientes de poblaciones esteparias que reemplazó a casi todos los hombres hace 4.000 años”.

Restos de un hombre norteafricano enterrado cerca de la actual Madrid hace unos 4.000 años. MIGUEL RODRIGUEZ CIFUENTES.

UN YACIMIENTO ÚNICO INVADIDO POR UN POLÍGONO INDUSTRIAL


El poblado que acogió al enigmático hombre norteafricano hace unos 4.000 años está hoy ocupado por un polígono industrial en San Fernando de Henares, al este de Madrid. Sus antiguos habitantes, de las edades del Cobre y del Bronce, vivían en cabañas y practicaban rituales funerarios. “Camino de las Yeseras es un yacimiento único a nivel peninsular”, explica la prehistoriadora Patricia Ríos  (derecha), de la Universidad Autónoma de Madrid.

“Desde el año 1999, en cinco campañas de diferente entidad, se han excavado solo tres hectáreas de las 22 que tiene, siempre en intervenciones de urgencia por el desarrollo de las obras del polígono. Nuestras investigaciones dependen de la buena voluntad de las empresas de arqueología y de la financiación de nuestros proyectos”, lamenta Ríos. “Un yacimiento de esta importancia, con más de 8.500 estructuras detectadas, con fosos, cabañas, tumbas, área central, depósitos animales extraordinarios y talleres debería haber corrido mejor suerte que la que ha tenido”, opina.

Fuente: elpais.com | 15 de marzo de 2019

Comentario por Yosi el marzo 16, 2019 a las 4:32pm

Estupenda noticia y fantástica tu labor, gracias Guillermo!

Comentario por María // el marzo 17, 2019 a las 8:30am

Es que es muy importante la manera de transmitir la información y la vez anterior se hizo de una manera muy caótica, con conclusiones precipitadas. En lo referente a la genética de poblaciones se pueden exponer hechos pero interpretar lo que ocurrió ya es más difícil o incluso imposible.

Me quedo con este párrafo: “Los resultados genéticos son compatibles con varias explicaciones y se necesitarán más investigaciones en arqueología y antropología para entender los procesos sociales que pudieron resultar en la pérdida de los linajes paternos locales. La hipótesis más simplista es que estos hombres foráneos eliminaron de manera violenta a los locales y se reprodujeron con las mujeres. El problema con esta hipótesis es que no cuadra con el registro arqueológico, ya que no hay evidencia de violencia generalizada durante ese período”.

 En este medio hablan de una sustitución a lo largo de un periodo de 500 años. 

Comentario por María // el marzo 17, 2019 a las 9:07am

En las tumbas del círculo B  de Micenas también hay varones que, por análisis osteológicos provendrían de la zonas de las estepas y mujeres de linajes nativos. No se trataría tanto de invasiones como de llegada de varones de élite asociados al complejo del carro/caballo.

Quizá en el caso de la península ibérica, a lo largo de 500 años, bien pudo ocurrir que varones de las estepas llegaran no en migraciones de pueblos completos, sino como gente de estatus que se cruzaran con mujeres de élite, sus descendientes tendrían más capacidad de sobrevivir (mejor alimentación y menor exposición a enfermedades ) y sus genes prevalecieron sobre los nativos.

Comentario por Jose de Teresa el marzo 18, 2019 a las 5:30am

Si la migración conduce a desaparición total (o casi total) de los linajes masculinos, no me parece exagerado usar la palabra "violencia" para caracterizar el proceso, aunque haya tomado 500 años. El angostamiento continuo de las oportunidades reproductivas hasta hasta asfixiar los linajes supone que continua y progresivamente se haya cerrado el acceso de ciertos grupos de hombres a algo tan deseable como las mujeres, negándoles la posibilidad de formar parejas. Si según Reich sobrevivió el 60% de los linajes anteriores, los supervivientes (tras 500 años, digamos) debieron ser linajes transmitidos por vía materna. Las eventuales sequías y enfermedades no les afectaron igual, y eso significa que los varones de linajes antiguos en la zona habían quedado en posición de mayor vulnerabilidad y seguramente, menor estatus. Eso también implica violencia.

Por otro lado, no me queda nada claro lo de los vascos, tal vez sea cuestión de redacción y la parquedad de la nota. Me pregunto si los varones también fueron sojuzgados allí. Ahora se afirma que hay filiación genética de los vascos actuales con las poblaciones de la Edad del Hierro, pero creo haber leído aquí mismo (Terra A.) que según otros estudios, la continuidad se extiende también hasta el Neolítico. Esa lengua no indoeuropea supongo que habrá ingresado a la península en una era pre-Yamna. Entonces, si también entre los vascos hubo reemplazo masculino, su idioma se habría preservado sólo por vía materna, pero al mismo tiempo, logrando mantener un papel dominante en su zona (¿a diferencia de las demás lenguas anteriores en la península?) Ojalá se puedan conseguir respuestas a preguntas como estas.

La noticia de que "El resto de lenguas, tanto las no indoeuropeas (por ejemplo el íbero en la región mediterránea) como las lenguas célticas indoeuropeas en la zona central y el oeste de la Península, desaparecieron" parece referirse a un momento muy posterior (los romanos) y es, por tanto, anacrónica en este contexto. Tal vez los celtas son Yamna (como creen algunos: https://tinyurl.com/y5rtagbf) ¿o habrá que postular otra importante migración pre-romana?

Comentario por Jose de Teresa el marzo 18, 2019 a las 8:32am

En efecto, otro resumen del artículo (https://tinyurl.com/yy5j3n9l) afirma que el reemplazo Yamna también afectó a los vascos, aunque se conservó el lenguaje. En cambio, los vascos fueron refractarios a mezclas posteriores. El resumen da, no obstante un DOI erróneo para el artículo.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el marzo 18, 2019 a las 4:57pm

                      El ADN ilumina el pasado ibérico

¿Cómo se ‘fabrica’ un habitante de la península ibérica? Si usted acude a una empresa de análisis de ADN ancestral y deja una muestra de saliva, le darán los ingredientes del ‘producto’ final: un poquito de los primeros íberos, algo de los romanos, una pizca de cartaginés y un buen fondo de plato africano. Tendrá una bonita lista de sus antepasados, pero no dispondrá de la información sobre cómo se mezclaron todos estos genes en el transcurso de los siglos. Para eso necesitará consultar los dos grandes estudios genéticos que se publican este jueves en las revistas Science y Current Biology y que son lo más parecido que tenemos hasta ahora a una 'receta' de cómo hemos llegado a ser lo que somos.

El primero de los trabajos, liderado por el español Iñigo Olalde, que investiga en la Universidad de Harvard en el laboratorio de David Reich, se ha basado en el análisis de los genomas de 271 habitantes de la península de diferentes épocas históricas y abarca los últimos 8.000 años de nuestra historia.

“La muestra más antigua es del 6.000 a.C. y la más actual de hace 500 años”, explica Olalde a Next. “La idea era abrir ventanas al pasado, muestrear a estos individuos y saber qué poblaciones llegaron en los distintos periodos”. Esto ha supuesto un trabajo meticuloso de más de tres años en el que Olalde ha coordinado el esfuerzo de decenas de arqueólogos españoles y portugueses que enviaron muestras de ADN de distintos yacimientos y han contribuido a dibujar este gran mapa del “tránsito genético”.

El resultado muestra una imagen inédita de la transformación de la población ibérica a lo largo de las diferentes etapas históricas y prehistóricas y una mezcla fascinante de historias individuales y colectivas. Historias que explican desde cuándo apareció la tolerancia a la lactosa, por qué los vascos han cambiado menos genéticamente desde la Edad del Hierro o qué sucedió hace unos 4500 años, cuando poblaciones que venían de las estepas reemplazaron a los varones ibéricos. Además de testimonios físicos de cómo se movieron los griegos, los romanos y los visigodos de un lado a otro de la península o la aparición de los primeros africanos en el centro de la meseta. “Hemos pasado de leer la historia de estos movimientos a tener datos genéticos de los individuos que vivieron estos acontecimientos”, explica Carles Lalueza Fox, investigador del Instituto de Biología Evolutiva y coautor del estudio.


Refugio de cazadores-recolectores

El análisis publicado por el equipo de Vanessa Villalba-Mouco en Current Biology es el que va más atrás en el tiempo y explica cómo entró la revolución neolítica en la península y cómo esta esquina de Europa fue el último refugio de un grupo muy concreto de cazadores-recolectores, los pertenecientes a la cultura magdaleniense [señalado en rosa en el esquema]. Su trabajo se ha basado en el análisis de muestras de ADN de 11 individuos de hace entre 13.000 y 6.000 años y prueba que mientras en el resto de Europa los miembros de este grupo eran reemplazados por otros, en la península se mantuvieron durante al menos 11.000 años sin cambios. “Sabíamos que la península actuó como refugio durante la última edad de hielo, pero no se había demostrado con poblaciones humanas”, asegura Villalba-Mouco.

El segundo gran hito ha sido documentar cómo llegaron los primeros agricultores y ganaderos a la península desde la zona de Anatolia [señalado en rojo en el esquema]. “Es fantástico ser testigo de las señales de hibridación entre los cazadores-recolectores locales y los primeros pastores, aunque no había solapamiento en el registro de radiocarbono en muchas partes de Iberia”, asegura. “Esto solo demuestra cuántas cosas del pasado desconocemos todavía”. Al mismo tiempo, su equipo ha documentado cómo mientras en Europa los pobladores neolíticos iban llegando a pie en oleadas con diferentes tecnologías (primero agricultura, luego ganadería, cerámicas, etc.), en la península llegaron por vía marítima y “con todo el pack” de innovaciones, según la investigadora.

El resultado de este primer trabajo se solapa con las muestras más antiguas analizadas por el equipo de Olalde, que han visto restos de esos mismos cazadores-recolectores locales pero en la zona mediterránea. Su estudio ilumina, además, zonas del pasado más recientes que hasta ahora habían permanecido oscuras genéticamente. “A nivel científico global probablemente lo que más llame la atención es el cambio genético que detectamos en la edad del Bronce, con la llegada del componente genético de las estepas, que ya se había comprobado que cambió en Europa Central y del Este”, apunta Lalueza Fox.


Esa entrada de genes [señalada en amarillo en el esquema] se produce hace unos 4400 años y termina con el reemplazo de aproximadamente el 40% de la población local y de casi el 100% de los hombres. Este cambio se ejemplifica en los huesos de un hombre de ascendencia esteparia y una mujer ibérica encontrados en una tumba doble del yacimiento de Castillejo del Bonete, en Ciudad Real, “una muestra fosilizada de esa unión de la cual descendemos todos”, según los investigadores.


       Imagen aérea del yacimiento de Castillejo del Bonete. Luis Benítez de Lugo.


El genoma de los vascos

Es en este contexto es cuando se produce otro de los cambios que explican la configuración genómica actual de los habitantes de la península, y en concreto de los vascos. “Su ancestralidad no es exactamente igual que la del resto, eso ya se sabía con datos de gente actual”, indica Olalde. “Lo que hemos visto es que los vascos actuales son muy parecidos a las poblaciones de la Edad del Hierro” [la rama amarilla y roja del esquema]. Es decir, que la influencia genética de las estepas permanece y tiene más peso en esta población, porque durante los siguientes miles de años se mezclaron menos con romanos, fenicios y africanos. Y se da la aparente contradicción de que tienen más componente indoeuropeo a nivel genético, mientras que el euskera es la única lengua pre-indoeuropea de Europa que todavía pervive.

Este macroanálisis genético ha servido también para conocer por primera vez que adaptaciones genéticas como la tolerancia a la lactosa aparecieron mucho más tarde de lo que se pensaba. “Hasta hace unos años se pensaba que esta variante había sido seleccionada cuando las poblaciones empezaron a tener ganadería”, recuerda Olalde. “Y lo que estamos viendo es que esta variante no empezó a ser seleccionada hasta muy recientemente. En las poblaciones neolíticas ninguna tenía la capacidad de digerir la lactosa y solo vemos ese rasgo en la península en los últimos 2000-1500 años”. “Solo en las muestras más recientes empezamos a ver individuos con esta mutación”, añade Lalueza Fox. “Es un rasgo que se ha seleccionado muy rápido en pocos años: pasa de 0 al 50% en pocos miles de años”.

  Entrada a la cueva de Chaves (Bastarás, Huesca). Se ha estudiado el ADN de restos humanos hallados en su interior. Pilar Utrilla/Universidad de Zaragoza.

Historias individuales

El trabajo también ha servido para descubrir incursiones aisladas de individuos en distintos momentos históricos. “Hemos encontrado un individuo norteafricano en el yacimiento de Camino de las Yeseras, en Madrid, que está aquí hace más de 4000 años”, explica Lalueza Fox. “Es un individuo de primera generación, que nace en el norte de África y acaba en el centro de la península ibérica”, pero no sabemos cómo ni para qué. Este, junto a los restos de un nieto de emigrante africano en un yacimiento gaditano de la misma época, son casos esporádicos, pero que muestran cómo el movimiento de individuos era constante, a veces salvando grandes distancias. “Es increíble la cantidad de historias individuales que se ponen de manifiesto cuando vas a periodos más recientes”, destaca el investigador.

"Del periodo islámico se han analizado individuos de Granada, Valencia, Castellón y Vinaroz, que muestran un componente norteafricano cercano al 50%, mucho mayor que el residual 5% que se observa en la población ibérica actual. En este caso se trata de una ancestralidad que fue casi eliminada durante la Reconquista y la posterior exclusión de los moriscos", dice Lalueza fox.

Enterramiento de varios individuos musulmanes en Valencia. Guillermo Pascual Berlanga.


“Son historias individuales muy impresionantes”, añade Olalde. “Podemos conocer la trayectoria vital de esta gente, aunque sean anónimos. “En Empúries, una ciudad griega y después romana, donde de hecho desembarcarían después las tropas romanas para la conquista de la península, tenemos individuos que son griegos genéticamente, que nacen en el otro extremo del Mediterráneo y son enterrados en el otro”, indica Olalde. “Y esto en el siglo VI a. C”.

En concreto, de los 24 individuos analizados unos tienen ancestralidad típica griega y otros son genéticamente indistinguibles de los íberos del cercano poblado de Ullastret. “Tenemos un yacimiento visigodo en Girona donde hay dos individuos, madre e hijo, que tienen una ancestralidad del este de Europa y ADN mitocondrial asiático”, añade Olalde. “Hoy sabemos que los visigodos empiezan en Ucrania y hacen una migración rarísima por Europa hasta acabar en la península y estas personas, y sus parientes directos, claramente han hecho toda esa trayectoria”.

Individuo masculino de Camino de las Yeseras (Madrid) con ancestralidad norteafricana. Miguel Rodríguez Cifuentes


En los períodos históricos más recientes, el análisis documenta por primera vez el impacto genético de los mayores acontecimientos de la historia de la península. “Los resultados muestran que para cuando comenzó la Edad Media al menos un cuarto de la ancestralidad ibérica había sido reemplazada por nuevos flujos de población  provenientes del Mediterráneo oriental (romanos, griegos y fenicios), lo que revela que las migraciones durante este periodo seguían teniendo una gran fuerza en la formación de la población mediterránea”, explica Olalde.

Además de confirmar lo que ya se sabía por los datos arqueológicos e históricos, el análisis de ADN aporta ahora una dimensión que permanecía bajo el radar, según el investigador. “Si esos grupos estaban relacionados biológicamente o no, los restos arqueológicos no te lo dicen”, asegura. “Los cambios que vemos en el registro, ¿es porque llega gente nueva o hay una evolución cultural? Eso es lo que te ayuda a descifrar el ADN”.

Fuentes: vozpopuli.com | heraldo.es | 15 de marzo de 2019

Comentario por Jose de Teresa el marzo 18, 2019 a las 9:47pm

Sólo para evitar un malentendido: Olalde dice que "para cuando comenzó la Edad Media al menos un cuarto de la ancestralidad ibérica había sido reemplazada por nuevos flujos de población  provenientes del Mediterráneo oriental" Pero él debe referirse a un "reemplazo" en el porcentaje de los linajes, según se constata para una época dada. El mecanismo perfectamente podría ser el crecimiento neto de la población por la adición de nuevos grupos, con poca o ninguna supresión de individuos (salvo en el caso de los romanos, claro).

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el marzo 18, 2019 a las 10:31pm

Un investigador de la Universidad de Granada participa en la reconstrucción de la Historia Genética de la Península Ibérica

Isidro J. Toro Moyano (izquierda) y Juan Manuel Jiménez Arenas en la presentación de los resultados genéticos sobre la península ibérica publicados en "Science".

Un estudio internacional coliderado por Íñigo Olalde y David Reich (Universidad de Harvard, Estados Unidos) y Carles Lalueza-Fox (Consejo Superior de Investigaciones Cientíticas -CSIC, Barcelona) y en el que ha participado el profesor del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, Juan Manuel Jiménez Arenas, ha elaborado un mapa genético de la Península Ibérica que abarca los últimos 8.000 años.

El estudio, publicado hoy en la prestigiosa revista Science, ha analizado los genomas de 271 habitantes de la Península de diferentes épocas históricas y los ha contrastado con los datos recogidos en estudios previos de otros 1.107 individuos antiguos y de 2.862 modernos. El Museo Arqueológico de Granada, cuyo director, Isidro J. Toro Moyano, también participa en este estudio, alberga 42 de los nuevos individuos incluidos en esta investigación.

Los resultados muestran una imagen inédita hasta el momento de la transformación de la población ibérica a lo largo de las diferentes etapas históricas y prehistóricas.

El sustrato de los recolectores-cazadores

Tras la expansión de los primeros humanos modernos por la Península Ibérica, hace más de 40.000 años, el primer gran cambio genético y poblacional se produjo con la llegada de la economía de producción. En la cueva de la Carigüela (Píñar, Granada) se ha secuenciado el genoma de un individuo cuyo haplotipo (variante) presenta un claro sustrato de las poblaciones de recolectores-cazadores (Epipaleolíticos). Sin embargo, en esta cueva no se han encontrado evidencias materiales de este periodo cultural (Epipaleolítico). Esto abre nuevas perspectivas en la investigación puesto que podría ser indicio de que individuos o grupos ancestrales adoptaron y se adaptaron a las novedades culturales y sociales del Neolítico.

Imagen de la mandíbula de Carigüela, uno de los elementos más destacados en esta investigación, datada genéticamente entre unos 8000 y 5500 BCE. Se trata del resto humano más al sur de la península con datos genéticos.

Reemplazo de la población masculina en la Edad del Bronce

La llegada de grupos descendientes de pastores de las estepas de Europa del Este hace entre 4.000 y 4.500 años supuso el reemplazo de aproximadamente el 40% de la población local y de casi el 100% de los hombres. «Los resultados genéticos son muy claros en este aspecto. De forma progresiva durante una etapa que pudo durar unos 400 años, los linajes del cromosoma Y presentes hasta entonces en la Iberia de la Edad del Cobre fueron casi totalmente sustituidos por un linaje, R1b-M262, de ascendencia esteparia», explica el investigador del CSIC Carles Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra).

Sin embargo, el sur de la Península Ibérica nos reservó una sorpresa. Fue la región menos afectada por este avance de hombres esteparios. De hecho, una característica que muestra el registro arqueológico es que muchos individuos de la Edad del Bronce se entierran en megalitos (sepulcros típicos de la Edad del Cobre). Un ejemplo lo tenemos en Panoría (Darro, Granada) que excava el equipo dirigido por Gonzalo Aranda y Margarita Sánchez Romero, ambos del departamento de Prehistoria y Arqueología de la UGR.

Enterramiento de la cultura de tumbas yamna, en el óblast de Volgogrado. Wikimedia Commons.

Genética vasca

Otra de las principales conclusiones del estudio es que la genética de los vascos actuales apenas ha cambiado desde la Edad del Hierro (hace unos 3.000 años). Al contrario de lo que apuntan algunas teorías que situaban a los vascos como los descendientes de cazadores mesolíticos o de los primeros agricultores que vivieron en la península Ibérica, los resultados de este trabajo muestran que la influencia genética de las estepas también llegó al País Vasco (de hecho tienen una de las frecuencias más altas del cromosoma Y R1b). En cambio, apenas tienen influencias de migraciones posteriores como los romanos, los griegos o los musulmanes, de las que quedaron aislados.

Contactos africanos

La distribución de la corriente genética desde África hacia la Península es mucho más antigua de lo documentado hasta el momento. El estudio constata la presencia en el centro de la península Ibérica, en el yacimiento de Camino de las Yeseras (Madrid), de un individuo procedente del norte de África que vivió hace unos 4.000 años, así como de un nieto de emigrante africano en el yacimiento gaditano de la Loma del Puerco. Ambos individuos portaban considerables proporciones de ancestralidad subsahariana. Sin embargo, se trata de contactos esporádicos que dejaron poca huella genética en las poblaciones ibéricas de la Edad del Cobre y del Bronce.

Además, los resultados indican que hubo flujo génico norteafricano en el sureste de la Península en época púnica y romana, mucho antes de la llegada de los musulmanes a la Península en el siglo VIII.

Romanos, fenicios, ¿visigodos? y musulmanes

El análisis del mapa genético muestra profundas modificaciones de población en la península Ibérica en períodos históricos más recientes. El Mar Mediterráneo se convirtió, más que nunca, en «la bañera de Ulises». Un elemento geográfico y cultural que conectó a poblaciones anteriormente aisladas. Esto provocó un flujo poblacional sin precedentes que cambió de manera importante la estructura genética de la Península Ibérica. Primero fueron fenicios y griegos, con posterioridad púnicos (cartagineses) y otras poblaciones norteafricanas. La precisión de los análisis genéticos es tal que en la Necrópolis de la Plaza Einstein, en Granada, se ha constatado la presencia de dos hermanos.

Los yacimientos granadinos de época romana indican el gran peso de la ancestralidad norteafricana y, en menor medida, oriental. El colapso del Imperio Romano no supuso, al contrario que otros lugares como el noreste (la actual Cataluña), un reemplazo importante de la población. Por el contrario, los resultados de este trabajo cuestionan el papel de las «migraciones (invasiones) bárbaras» y ponen de manifiesto la continuidad de población de sustrato norteafricano y la aparición de individuos de origen anatólico (actual Turquía). Esto último se debió, seguramente, a un episodio histórico poco conocido: la Recuperatio Imperii. Una empresa promovida por el emperador Justiniano I, en el siglo VI d.C., para recuperar los territorios ocupados por las poblaciones centroeuropeas. Las tropas del prefecto Liberio ocuparon solo una pequeña franja del sur de Hispania, hasta Cartago Nova.

La llegada de poblaciones islámicas, en el 711 d.C., provocó la difuminación del componente anatólico y el aporte norteafricano y oriental. Efectivamente, a lo largo de 900 años, la población del sur de la Península Ibérica muestra una clara raigambre norteafricana que se mantuvo hasta la expulsión definitiva de los moriscos en 1609. Pero el Reino de Granada también se nutrió de población subsahariana, como lo demuestran dos individuos enterrados en la Necrópolis de Torna Alta (Alquería de Mondújar, Valle de Lecrín) y consta en los libros de apeo y repartimiento de diferentes localidades de la provincia de Granada.

Esta investigación, al extenderse a épocas históricas más recientes, ha puesto de manifiesto la correspondencia entre las evidencias genéticas y las fuentes escritas. No obstante, aún queda camino por recorrer y muchas incógnitas por resolver.

Fuente: ideal.es 1 15 de marzo de 2019

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Los mesolíticos de La Braña (León) iluminan el ADN ibérico

El llamado esqueleto de La Braña 1. Uno de los dos hermanos del Mesolítico, que han sido determinantes en la investigación J. CASARES.

Alojada entre dos continentes, la Península Ibérica ha sido lugar de paso para un gran número de pueblos que en los últimos 8.000 años han dejado su huella. Ahora, el mayor estudio de ADN hecho hasta la fecha desvela hasta qué punto algunos de estos pueblos consiguieron moldear el genoma ibérico. La investigación, publicada en la revista Science, ha sido coordinada por David Reich y Carles Lalueza-Fox, genetistas de la Harvard Medical School y del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), respectivamente, y realizada por 111 científicos de Estados Unidos y Europa, que han analizado 403 genomas antiguos de la Península Ibérica, incluidos los dos hombres del Mesolítico de La Braña-Arintero, lo que supone una de las colecciones de datos más completas de toda Europa.

Una de las conclusiones más sorprendentes e inéditas del estudio se refiere al reemplazo (casi total) de los linajes paternos ibéricos que tuvo lugar entre el 2.500 y el 2.000 a.C.

Iñigo Olalde, investigador de la Harvard Medical School que lidera este proyecto, explica que esa información, que se deduce de los análisis genéticos, «es el resultado más espectacular de este trabajo, ya que muestra que los linajes paternos anteriores a esa inmigración desaparecen», de manera que la población actual tiene mayoritariamente ascendencia de esas tribus procedentes de una zona cercana al Cáucaso conocida como estepa póntica.

Este dato fue filtrado hace meses por algunos medios de comunicación, ya que fue adelantado por algunos investigadores en un evento. Sin embargo, se malinterpretó: «Nosotros no decimos que todos los hombres de la península fueron exterminados hace más de 4.000 años, como se dijo, no sabemos cómo fue el proceso y pudo ser complejo».

La investigación abarca un periodo de tiempo sin precedentes, aproximadamente entre el año 6.000 a. C. y el 1.500 d. C., que permite entender muchos cambios poblacionales en la península ibérica. Aunque la arqueología ofrece mucha información histórica y cultural, las técnicas que permiten estudiar el ADN antiguo que se puede encontrar en esqueletos es una herramienta poderosa que revela la relación biológica entre distintas poblaciones.

Esqueletos montados de los restos de dos hermanos encontrados en el yacimiento de La Brana, en León. Son los restos de hermanos más antiguos de los que se dispone evidencia genética. Foto: Julio Manuel Vidal Encinas. National Geographic.

Los mesolíticos leoneses

En el estudio que publica Science también se incluye nueva información acerca de los dos cuerpos encontrados en la cueva de La Braña-Arintero en 2014. Investigaciones anteriores que también estuvieron lideradas por Íñigo Olalde desvelaron por primera vez el genoma completo del ser humano del mesolítico, el de uno de los dos esqueletos, llegando a ser calificado como «primer europeo», con 7.000 años de antigüedad. Ahora se ha estudiado el segundo, de manera que se ha confirmado la hipótesis de que ambos eran hermanos.

Además, la comparación del genoma de estos individuos de La Braña-Arintero con el de otros pobladores de la Península descubre que la población ibérica tenía distintos orígenes. «En el norte parece que tenían ancestros más recientes de fuera de la Península, más relacionados con el centro de Europa», apunta el investigador.

Los análisis genéticos revelan que entre el 2.500 y el 2.000 a.C, la población típicamente ibérica del Neolítico coexistió con los descendientes de las poblaciones esteparias que 500 años antes se habían propagado rápidamente por toda Europa desde la estepa rusa.

«Fue una colonización que larga, de unos 500 años», que dejó su impronta en la composición genética de la población de la Península Ibérica que, durante la Edad del Bronce, había perdido cerca del 40% de su ascendencia genética y el 100% de los linajes ibéricos paternos, que fueron sustituidos por el estepario (que perdura hoy en día).

Dos de los genomas estudiados en el trabajo ilustran ese momento de la historia. «Son los restos de una pareja enterrada en Castillejo del Bonete (Ciudad Real). El hombre tiene ancestros muy recientes provenientes de estos nuevos grupos humanos que llegaron a la Península, mientras que la mujer es de ancestralidad ibérica. También sabemos que ella tenía una dieta marítima y que venía de la costa y, pese a estas diferencias, están enterrados juntos. Es un ejemplo muy ilustrativo de coexistencia», destaca Lalueza-Fox.

Y es que uno de los aspectos más interesantes del ADN es que «cuenta qué eventos sucedieron y cuándo pero no cómo».

Fuente: diariodeleon.es | 15 de marzo de 2019

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