La extinción del 'hobbit' de Flores coincide con la llegada del 'Homo sapiens'

Recreación artística sobre los 'hobbits'. BBC


Fuente: EL PAIS.com | MATERIA| 30 de marzo de 2016

La hobbit de la isla de Flores, en Indonesia, no llegó a convivir con los humanos, o quizá lo hizo, para su desgracia, durante un breve periodo antes de desaparecer para siempre. Estas son dos de las posibilidades que se plantean tras la noticia que hoy se publica en la revista Nature. Los parientes de aquella humana que dejó su cráneo en la cueva de Liang Bua (derecha) no sobrevivieron hasta hace 12.000 años, como sugería la datación de los restos hecha cuando se descubrieron.


La antigua fecha implicaba que aquella especie de un metro de altura y cráneo diminuto, pero una sorprendente capacidad para crear sofisticadas herramientas, habitó Flores decenas de miles de años después de que los humanos modernos comenzasen a colonizar los archipiélagos del Índico. Ahora, un grupo internacional de investigadores, después de siete años de excavaciones y de análisis de los estratos de nuevas partes de la cueva, estiman que, a la vista de los restos descubiertos hasta ahora, aquellos pequeños humanos solo ocuparon Liang Bua hasta hace 50.000 años.

Desde que en 2004 se anunció al mundo el descubrimiento de un nuevo pariente humano llamado Homo floresiensis, el hobbit, como lo bautizó el geocronologista Bert Roberts (izquierda), ha provocado algunos de los debates más interesantes sobre evolución humana del último siglo.

En un lado, aquellos que opinan que se trata de una especie de ancestros de los Homo erectus que después, al vivir en una isla, habían evolucionado hasta convertirse en unos homínidos de menor tamaño, pero muy inteligentes a la vista de los útiles encontrados junto a ellos.

En el otro, aquellos que veían en aquel cráneo minúsculo simplemente una especie de humano moderno similar a los pigmeos actuales o incluso un persona con síndrome de Down.

“Este debate en torno al hombre de Flores es inevitable mientras no aparezcan más fósiles que puedan determinar que se trata de una singularidad evolutiva”, afirma Antonio Rosas (derecha), investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC.


“La discusión me recuerda a la que se dio con los neandertales”. Los primeros restos de aquella especie aparecieron en 1856, en una cueva cerca de Düsseldorf, en Alemania. “Entonces como ahora hubo algunos que creían que era un nuevo fenómeno evolutivo, y otros que lo identificaron como una rareza dentro de nuestra propia especie”, continúa. Algunos científicos de la época afirmaron que los trozos de cráneo encontrados eran de un jinete cosaco y otros, como Rudolf Virchow, al que se considera padre de la patología moderna, aseguraron que los huesos pertenecían a una persona con raquitismo. La aparición de nuevos restos de neandertal acabó con la discusión.



Según el mismo Rosas, el nuevo hallazgo no cambia en lo fundamental el debate, que mantiene su intensidad y su interés. Lo que sí se modifica es la posibilidad de una convivencia con humanos modernos. La primera datación, tan reciente, daba pie a pensar que los Homo floresiensis podían haber convivido con los Homo sapiens. Esta hipótesis coincidía oportunamente con una antigua leyenda de la isla de Flores que hablaba de unos seres pequeñitos y podía ser una memoria histórica de aquella convivencia entre especies humanas. El hecho es que hasta ahora no se han encontrado pruebas de que esa convivencia se produjese.

Foto: Los hobbits se encontraron en sedimentos de edades comprendidas entre hace 100.000 y 60.000 años.


La nueva datación, no obstante, hace coincidir la desaparición de los hobbits con el avance de los Homo sapiens hacia Oceanía. En Flores, como en muchas otras islas de ese continente, coincide la llegada de los humanos modernos con la desaparición de varias especies animales. Buitres, cigüeñas gigantes, elefantes pigmeos e incluso dragones de Komodo, desaparecieron también de Flores hace unos 50.000 años. Sin embargo, como recuerda el profesor de la Universidad de Wollongong y coautor del nuevo estudio, Bert Roberts, “Aún no tenemos pruebas de que hubiese humanos modernos en Flores hace 50.000 años”. “La evidencia más antigua de humanos modernos en Flores es de hace unos 11.000 años, pero sabemos que estaban en otras islas de la región mucho antes y que llegaron a Australia hace 50.000 años”, continúa el investigador australiano. “Al menos en Australia, las pruebas apuntan a que los humanos desempeñaron un papel decisivo en la extinción de animales endémicos gigantes, así que: ¿fue Homo floresiensis otra baja del avance de nuestra especie? Esta es una posibilidad que consideramos seriamente, pero necesitamos pruebas sólidas para demostrarla”, concluye.



Thomas Sutikna (izquierda), autor principal del estudio, tiene claro que la visión que se tiene sobre estos pequeños seres aún es muy limitada y que "supone solo una pequeña ventana a su historia en Liang Bua, en otros lugares de Flores y, posiblemente, incluso en otras islas”. “Necesitamos más descubrimientos para completar nuestras lagunas de conocimiento sobre esta enigmática especie”, señala.

Rosas está de acuerdo y considera probable que "dentro de la cueva, que es muy grande y solo se ha excavado en un área pequeña, es posible que aparezcan más restos". Además, “pasado mañana se pueden encontrar nuevos restos de Homo floresiensis o de sus antepasados en islas más grandes de Indonesia como Borneo o en el continente”, añade. De estos descubrimientos dependerá que se resuelvan o no los misterios que aún rodean al hobbit de Flores.

Foto: Las excavaciones arqueológicas en Liang Bua pueden alcanzar profundidades de más de 8 metros. 

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Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el mayo 4, 2016 a las 10:52am

Homo floresiensis y nuestra ilustre genealogía

Fuente: quo.es| 3 de mayo de 2016

Los fósiles encontrados en la cueva de Liang Bua, en la isla de Flores, siguen despertando un enorme interés entre los especialistas. No es para menos, porque nadie hubiera imaginado encontrar nada igual en el registro fósil.

Mientras el debate sobre el significado de estos fósiles continua entre los especialistas en crecimiento y paleopatología, los geólogos y geocronólogos han seguido trabajando sobre el terreno. Thomas Sutikna (Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia) y un nutrido grupo de expertos en estos ámbitos, acaban de publicar en la revista Nature (21 de abril de 2016) un nuevo capítulo de la saga de Homo floresiensis. Como suele suceder con hallazgos de tanta trascendencia, el tiempo es un buen aliado para seguir trabajando en la comprensión del contexto, dejando a un lado las controversias sobre los propios fósiles. Precisamente, el tiempo transcurrido desde el hallazgo (2004) ha ido despejando algunas incógnitas y permitido asimilar el hallazgo.

El Dr. Mike J. Morwood con una réplica de Homo floresiensis.

Las nuevas investigaciones de los niveles geológicos de la cueva de Liang Bua han mostrado una historia mucho más compleja sobre la formación del yacimiento donde se obtuvieron los restos fósiles y las herramientas de piedra. Los yacimientos formados dentro de cavidades suelen tener una génesis muy complicada, que solo se puede comprender cuando se dispone de un modelo tridimensional. Esto es lo que han hecho los geólogos, observando diferentes secciones del paquete de sedimentos de la cueva. Es así como han sido capaces de demostrar que los primeros estudios de la geología del yacimiento fueron demasiado simples y engañosos. La edad geológica publicada en los primeros trabajos arrojó cifras en torno a los 18.000 años para los fósiles y de unos 90.000 años para las herramientas. Esta diferencia temporal sirvió de argumento para sostener que aquellos humanos de cerebro diminuto habrían sido incapaces de poseer tecnología. Las herramientas habrían sido fabricadas por miembros de otra especie humana provista de un cerebro más grande.

Una vez realizado el estudio geológico, se practicaron varios métodos de datación tanto de los sedimentos como de los propios fósiles (géneros Stegodon y Homo). El análisis de numerosas muestras y el uso de métodos diversos (luminiscencia térmica y estimulada por radiación, y series de uranio) es una garantía para acercarse a la cronología real de los niveles geológicos. Las dataciones han llevado hacia atrás en el tiempo tanto a los fósiles humanos como a las herramientas de piedra. Las investigaciones de Sutikna y de los demás miembros del equipo sugieren una cronología mínima de 60.000 años, con un dato máximo que se aproxima a los 200.000 años para el conjunto sedimentario donde se hallaron los fósiles humanos y las herramientas.

Esta información es muy importante para ir cerrando el expediente X sobre el significado de los pequeños “hobbits” de la isla de Flores y preguntarse sobre los mecanismos biológicos necesarios para transformar una especie humana de estatura y proporciones similares a las nuestras en los enanos localizados en los estratos de Liang Bua. Los humanos modernos ya estaban en el sur de China hace unos 100.000 años, pero parece que no fueron capaces de navegar hasta el continente australiano hasta hace unos 70.000 años. Estos datos casi pueden excluir que los miembros de Homo floresiensis fueran en realidad enanos patológicos de nuestra propia especie. Es improbable que Homo sapiens hubiera colonizado la isla de Flores hace más de 50.000 años.

En conclusión, tenemos que ir aceptando a Homo floresiensis en nuestra ilustre familia de ancestros. Su enanismo habría sido fruto de un aislamiento prolongado, del mismo modo que los elefantes del género Stegodon llegaron a tener una talla tan diferente a la de sus parientes “gigantes” del continente. La isla de Flores actuó de laboratorio natural, igual que nosotros hemos manipulado a muchos de nuestros animales domesticados, para transformarlos en seres irreconocibles con respeto a los originales en su estado silvestre. Si finalmente esta hipótesis gana en robustez, el cerebro de Homo floresiensis disminuyó de tamaño, pero no perdió su complejidad. Solo así se puede explicar tanto la fabricación de tecnología como su capacidad de supervivencia en la isla de Flores durante milenios.

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