Los primeros homínidos de Denisova ocuparon la cueva hace 200.000 años

Investigadores en la cámara este de la cueva Denisova, de izquierda a derecha: Michael Shunkov, Katerina Douka, Tom Higham, Maxim Kozlinkin / Sergey Zelinski, Academia de Ciencias de Rusia.

Las excavaciones en la cueva de Denisova, en el macizo de Altái, en siberia, Rusia, comenzaron hace 40 años. En las capas de material del Paleolítico Medio (hace alrededor de entre 340.000 a 45.000 años) y del Paleolítico Superior Inicial se han hallado muchas de las claves sobre la vida de algunos de los homínidos que están en la rama del árbol evolutivo de nuestra especie, Homo sapiens. Este yacimiento es único en el mundo porque estuvo ocupado por dos grupos humanos arcaicos en varias ocasiones: neandertales y denisovanos.

Un grupo de científicos aporta ahora datos más precisos sobre estos homínidos con nuevas dataciones, en las que se identifica la evidencia más temprana de su existencia en el sur de Siberia.

"Esta es la primera vez que podemos asignar con confianza una edad a todas las secuencias arqueológicas de la cueva y su contenido", declara Tom Higham, de la Unidad de Acelerador de Radiocarbono de la Universidad de Oxford (Reino Unido). Forma parte del equipo multidisciplinar formado por investigadores de Rusia, Australia, Canadá y Alemania que ha trabajado durante cinco años para datar el yacimento arqueológico de la cueva de Denisova.

Los resultados aparecen en dos nuevos estudios publicados en la revista Nature (aquí y aquí). Ambos colocan una línea de tiempo en la que los neandertales y sus enigmáticos primos, los denisovanos, estaban presentes en el yacimiento, así como las condiciones ambientales a las que se enfrentaban antes de extinguirse.

Según sus resultados, la cueva fue ocupada hace al menos 200.000 años por los denisovanos, con herramientas de piedra en los depósitos más profundos que sugieren que la ocupación humana pudo haber comenzado hace 300.000 años. Los neandertales visitaron el yacimiento hace entre 200.000 y 100.000 años, ya que Denny, la niña de ascendencia mixta, reveló que los dos grupos de homínidos se reunieron y se cruzaron en ese período de tiempo.

La mayor parte de la evidencia de neandertales en la cueva de Denisova se localiza dentro del último período interglacial, hace alrededor de 120.000 años, cuando el clima era relativamente cálido, mientras que los denisovanos sobrevivieron a períodos mucho más fríos, antes de desaparecer hace unos 50.000 años.

Los humanos modernos estaban presentes en otras partes de Asia en ese momento, pero la cuestión sobre si hubo o no encuentro entre ellos y los denisovanos permanece abierta a la especulación, en ausencia de cualquier rastro fósil o genético de los humanos modernos en el yacimiento.

Muestra de colgante del Paleolítico Superior / Tom Higham, Universidad de Oxford

 

La historia genética de neandertales y denisovanos

En 2010, esta cueva despertó el interés al publicarse el genoma obtenido del hueso del dedo de una niña que pertenecía a un grupo de seres humanos no identificados previamente en el registro paleoantropológico: los denisovanos. Después, otras investigaciones continuaron aportando datos sobre la historia genética de los neandertales de Denisova y Altái, basadas en el análisis de los escasos y fragmentados restos de homínidos que se hallaron en la cueva.

El año pasado, a partir de un fragmento de hueso descubierto por investigadores de las universidades de Oxford y Manchester (derecha), se analizó el genoma de la hija del cruce de neandertales y denisovanos. Era la primera prueba directa de apareamiento entre los dos grupos de homínidos arcaicos.

 

Sin embargo, la datación de los fósiles de los homínidos recuperados de la cueva no estaban claras, al igual que las fechas para el ADN, los artefactos y los restos de animales y plantas recuperados de los sedimentos.

Las excavaciones dirigidas por Anatoly Derevianko y Michael Shunkov, del Instituto de Arqueología y Etnografía de la Academia de Ciencias de Rusia en Novosibirsk, revelaron la secuencia arqueológica más larga de Siberia.

En estas nuevas investigaciones, que forman parte del proyecto PalaeoChron, se han obtenido cincuenta dataciones de radiocarbono a partir de fragmentos de hueso, dientes y carbón recuperados de las capas superiores del yacimiento.

Asimismo, los investigadores de la Universidad de Wollongong, en Australia, obtuvieron más de 100 edades ópticas por luminiscencia para los sedimentos de la cueva, la mayoría de los cuales eran demasiado antiguos como para utilizar la técnica por radiocarbono. Otro equipo australiano también obtuvo la edad mínima para el fragmento de hueso mixto de neandertal y denisovano mediante datación por series de uranio.

Natalia Belousova (Academia de Ciencias de Rusia) y Tom Higham tomando muestras de la Cámara Principal en la Cueva Denisova / Sergey Zelinski, Academia de Ciencias de Rusia

 

¿Convivieron los denisovanos y los humanos modernos?

Para determinar las edades más probables de los fósiles de homínidos arcaicos, el equipo de Oxford desarrolló un novedoso modelo bayesiano que combinó varias de estas fechas con información sobre la estratigrafía de los depósitos y las edades genéticas de los fósiles de denisovanos y neandertales. El último de ellos se basó en el número de sustituciones en las secuencias de ADN mitocondrial, que fueron analizadas por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania.

Las estimaciones de edad "incorporan toda la evidencia de datación disponible para estos fósiles pequeños y aislados, que a veces se pueden desplazar después de la deposición en una secuencia de la cueva", explica Katerina Douka, del Instituto Max Planck.

"Esta nueva cronología de la cueva Denisova proporciona un cronograma para la gran cantidad de datos generados por nuestros colegas rusos sobre la historia arqueológica y ambiental de la cueva durante los últimos tres ciclos glacial-interglacial", dijo la autora principal del estudio de datación óptica, la profesora Zenobia Jacobs, de la Universidad de Wollongong en Australia.

Puntas óseas y dientes perforados de las capas paleolíticas superiores tempranas de la cueva de Denisova muestreadas para la datación por radiocarbono en unos 45.000 años. Se especula si pudieron haber sido producidos por los denisovanos. KATERINA DOUKA.

Los científicos también identificaron la prueba más temprana hasta el momento de humanos modernos en el norte de Eurasia, al aparecer puntas de huesos y colgantes hechos de dientes de animales que generalmente señalan el inicio del Paleolítico Superior. Los restos datan de hace entre 43.000 y 49.000 años.

Richard 'Bert' Roberts, coautor de ambos artículos, apunta: “Mientras los nuevos trabajos sacan a la luz algunos de los misterios de la cueva Denisova, quedan otras preguntas interesantes por responder”.

Higham también afirma que es una pregunta abierta “si los denisovanos o los humanos modernos hicieron estos adornos personales que se encuentran en la cueva. Esperamos que, a su debido tiempo, la aplicación del análisis de ADN de sedimentos nos permita identificar a los creadores de estos elementos, que a menudo se asocian con un comportamiento simbólico y más complejo en el registro arqueológico”.

Fuentes: agenciasinc.es | sciencenews.org |  30 de enero de 2019

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Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el febrero 1, 2019 a las 12:46pm

El misterioso hombre de Denisova ocupó su cueva siberiana 100.000 años antes de lo que se pensaba

Parte del equipo científico discutiendo el hallazgo en la cueva de Denisova (Siberia). TOM HIGHAM

Al sur de Siberia, en el macizo ruso de Altái (las Montañas de Oro), existe una gruta de apenas 270 metros cuadrados que encierra uno de los enigmas más importantes sobre el origen de la Humanidad. Es Denisova, la cueva de San Denis, llamada así en honor a un viejo ermitaño que la ocupó durante la segunda mitad del siglo XVIII. Pero hace 300.000 años, fue la cuna de los denisovanos, una especie humana que coexistió con los neandertales y los primeros Homo sapiens, que tienen un ancestro común, pero  se separaron hace más de 550.000 años. No obstante, los científicos intentan desde hace tiempo descifrar si, además de ser contemporáneos, estas especies convivieron en este lugar.

Ahora, una investigación publicada ayer en Nature ha logrado dar un paso más en la reconstrucción del relato de los tres grupos humanos en este rincón de Siberia tras el hallazgo de tres nuevos restos fósiles de denisovanos y de numerosas herramientas.

Gracias a una técnica pionera de luminiscencia con estimulación óptica, los investigadores pueden calcular el tiempo transcurrido desde que minerales como el cuarzo fueron expuestos por última vez a la luz solar. Así, científicos de la Universidad de Wollongong (Australia) han podido estimar cuándo fue sepultado cada fragmento de hueso, utensilio u objeto decorativo encontrado en la cueva.

La dificultad es enorme y deben descartar todo aquello que presente indicios de haberse desplazado. Los resultados de 103 muestras apuntan a que los fósiles y objetos encontrados en Denisova indican que los denisovanos ocuparon la cueva hace entre 287.000 y 55.000 años,  100.000 años antes de lo que se pensaba; mientras que los neandertales lo hicieron hace entre 193.000 y 97.000 años.





Los datos, apoyados por las pruebas genéticas de muestras también halladas en el yacimiento, sugieren que la cueva fue habitada durante el último periodo interglaciar por una población de denisovanos y por dos grupos distintos de neandertales. Todo indica, además, que los denisovanos quizá sobrevivieron más tiempo, hasta el momento en el que los humanos modernos ya estaban presentes en otras partes de Asia.

Aunque los datos señalan que ambas especies se solaparon, no demuestran, sin embargo, que cohabitaran en el mismo espacio, pues su presencia podría haberse alternado. «Hay una coincidencia en el tiempo entre los dos grupos de homínidos, pero no se puede resolver si ocuparon la cueva al mismo tiempo, dado el margen de error de la cronología», explica Zenobia Jacobs (izquerda), investigadora de la Universidad Wollongong y autora principal de este trabajo. Jacobs tampoco quiere afirmar que los denisovanos duraran más que los neandertales en ese lugar. "Parece que los denisovanos persistieron en el sitio durante más tiempo que los neandertales, pero ese espacio de tiempo de diferencia podría llenarse con nuevos hallazgos", ha destacado.

La presencia de  una niña de madre neandertal y padre denisovano encontrada con anterioridad tampoco resuelve si Denisova fue una cueva compartida. «El descubrimiento de un descendiente neandertal-denisovano y la frecuente alternancia de las diferentes poblaciones, como mostramos en nuestro estudio, sugiere que el sitio era atractivo para ambos grupos, que pudieron haber vivido muy cerca», cuenta Katerina Douka  (derecha), arqueóloga del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana (Alemania) y autora de un segundo trabajo también publicado ayer en Nature.

El equipo de Douka ha presentado tres nuevos fragmentos óseos de denisovanos y ha analizado, por el método del radiocarbono, todos los fósiles conocidos hasta la fecha de esta especie. «La datación por radiocarbono mide cuándo un organismo vivo murió y dejó de intercambiar carbono con su entorno. Nos centramos en fósiles humanos y material modificado por humanos, como huesos de animales con marcas de carnicería, carbón vegetal de madera y dientes de animales perforados para usar como colgantes», explica Douka.

Su grupo aporta 50 dataciones nuevas para la cueva. La más antigua es de hace 195.000 años y la más nueva de entre 76.000 a 52.000 años. Douka y sus colaboradores sitúan los colgantes decorativos hechos a base de dientes perforados hace entre 49.000 y 43.000 años, lo que indica que son los objetos arqueológicos más antiguos del norte de Eurasia. Su elaboración pudo ser denisovana, pero no se excluye otro origen. «Los denisovanos parecen ser los creadores de tales objetos, ya que no se han identificado restos humanos modernos en la cueva, pero el hombre moderno estaba presente en Siberia al mismo tiempo (hace 45.000 años) por lo que no se puede descartar su participación en la producción de estos artilugios».



Herramientas y utensilios hallados en la cueva de Denisova. IAET SB RAS



A Denisova se accede desde el margen derecho del río Altái. La entrada está a 28 metros de altura y desde ahí se llega a una cámara central amplia que comunica con dos galerías estrechas de apenas tres metros de ancho. En cada una de ellas, a lo largo del tiempo, se fueron depositando sedimentos que contienen, capa a capa, toda la historia de sus ocupantes. Son como chimeneas de roca caliza rellenas de arcilla y arena en las que se entremezclan cientos de fragmentos de huesos de animales, de denisovanos, de neandertales y utensilios u objetos decorativos tallados por ellos: herramientas de piedra, agujas, adornos hechos de dientes y huesos de animales, marfil de mamut y piedras preciosas.

La cueva fue excavada por primera vez hace 40 años. En un espesor de seis metros posee 22 estratos distintos con una estratigrafía compleja. Datar su contenido es muy difícil ya que, por su antigüedad, los métodos empleados (termoluminiscencia y radiocarbono) conllevan grandes márgenes de error. Además, las muestras podrían haberse desplazado entre las distintas capas por la acción del hielo, el agua, el rascado de animales, la construcción de madrigueras o incluso la actividad humana. Se cree que nuestra especie pudo estar presente también en la cueva, incluso tallar algunos colgantes, pero, por el momento, no se ha hallado ningún resto biológico (ni ADN, ni huesos) de Homo sapiens de la misma época.

Trabajos de excavación en la cámara este de la cueva de Denísova, en Rusia. BENCE VIOLA / INSTITUTO MAX PLANCK DE ANTROPOLOGÍA EVOLUTIVA.

Hasta la fecha, en Denisova se han encontrado tres molares y una falange que pertenecen a cuatro denisovanos distintos, otra falange neandertal y un fragmento de hueso largo de una niña híbrida, hija de una madre neandertal y un padre denisovano. El genoma de ambas especies y el de la niña de origen neandertal y denisovano ya está secuenciado. Además, a través de nuevas técnicas, los científicos identificaron en 2017 la presencia de ADN en el sedimento, sin haber en él ningún hueso. Aún mezcladas entre los pequeños granos de arena, los investigadores extrajeron trazas biológicas de los habitantes de Denisova, las analizaron y determinaron que era ADN de neandertales y de denisovanos.

Aunque estos dos nuevos estudios de la revista científica Nature arrojan cierta luz sobre la alternancia en Denisova de las dos especies de homínidos (denisovanos y neandertales) no aclara su convivencia ni la posible presencia de Homo sapiens. La dificultad para despejar la incógnita se debe a que, hasta ahora, sólo se han encontrado denisovanos en la cueva rusa. Douka quiere buscarlos en los alrededores de Siberia e incluso pone su mirada en China. A través del proyecto FINDER, dirige a un grupo de investigación que intenta identificar a los denisovanos en otras partes de Asia. "Espero que pronto podamos trabajar con huesos y materiales chinos del sureste de Asia y ampliar la gama de los denisovanos", ha adelantado a este periódico.

Fuente: elmundo.es | 30 de enero de 2019

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el febrero 5, 2019 a las 6:40pm

            Denisovanos: una madeja cada vez más enredada

Las montañas de Altai, en Siberia, poseen uno de los yacimientos arqueológicos más privilegiados del planeta. Y no por el hecho de haber proporcionado cientos de fósiles humanos, sino por ser una de las fuentes más importante de ADN antiguo. Aun sin conocer el aspecto que pudieron tener los humanos que habitaron la cueva de Denisova hace miles de años, los llamados “Denisovanos” forman parte de la familia humana, casi con la categoría de especie. El respeto, culto, casi fetichismo que tenemos hacia el material genético que condiciona la existencia de todos los seres vivos es tal, que solo con los fragmentos extraídos de varios restos fósiles humanos encontrados en el yacimiento de la cueva de Denisova hemos construido una verdadera leyenda sobre los enigmáticos Denisovanos. Y, precisamente, la ausencia de un retrato verdadero y auténtico de estos humanos, contribuye al mito.

Pero la ciencia no debe alimentarse de mitos y leyendas, sino de datos sobre los que trabajar. La revista Nature publicó la semana pasada dos artículos sobre el yacimiento de Denisova, una prueba más del interés que este asunto ha suscitado en la sociedad. Escribiré solo acerca del artículo firmado por once investigadores, liderados por Zenobia Jacobs y Richard G. Roberts, de la Universidad de Wollongong (New South Wales, Australia). Estos investigadores han obtenido un centenar de dataciones mediante el método de luminiscencia de los tres depósitos sedimentarios de la cueva. Las tres secuencias, situadas en la cámara Principal, en la cámara Sur y en la cámara Este, ya habían sido datadas. Pero los resultados mediante C14 estaban en el límite de las posibilidades de este método (50.000 años). Las dataciones obtenidas mediante termoluminiscencia tenían problemas de interpretación y los análisis del magnetismo remanente de los sedimentos han sido cuestionados. Así que esas nuevas 100 dataciones han venido a ordenar de manera clara el orden de las tres secuencias sedimentarias.

Fuente. ScienceDaily.

 

Los autores presentan una estratigrafía impecable de las tres secuencias, situando todos los hallazgos en su lugar correspondiente. Los niveles más altos de la estratigrafía del yacimiento (y, por tanto, los más modernos) tienen una datación límite de 20.000 años. Pero esos niveles carecen de información arqueológica. La cueva fue habitada hace entre 300.000 y 55.000 años. Es decir, los humanos que la habitaron vieron transcurrir tres glaciaciones y dos períodos interglaciares.

 

A tenor de las dataciones previas y de las secuencias genómicas obtenidas se puede inferir que la cueva pudo ser habitada de manera alternativa por Denisovanos y Neandertales. Los dos grupos humanos tendrían un ancestro común, que vivió hace unos 400.000 años de acuerdo con la comparación entre sus respectivas secuencias genómicas. En un momento de la historia de la cueva, Denisovanos y Neandertales hibridaron, dejando descendencia fértil. Este último escenario de la historia fue motivo de un artículo también publicado por la revista Nature, cuando se secuenció el genoma de una chica, hija de padre Denisovano y madre Neandertal. Los datos genéticos más recientes corresponden a Denisovanos puros. Finalmente, estos humanos habrían emigrado hacia el sur dejando su huella genética en ciertas poblaciones de Melanesia.

 

Las dataciones realizadas en los tres depósitos han ordenado las secuencias genómicas recuperadas, dibujando una historia compleja y difícil de desentrañar. Las dataciones sugieren el siguiente orden para el ADN encontrado (de más antiguo a más moderno):

  • Denisovano
  • Denisovano
  • Neandertal
  • Neandertal
  • Híbrido
  • Neandertal
  • Neandertal
  • Denisovano
  • Neandertal
  • Neandertal
  • Denisovano
  • Denisovano

 

Pues, ¡vaya lío! Todo parece indicar que, efectivamente, unos y otros se alternaron en la ocupación de la cueva y en alguna ocasión la compartieron. Ante esta extraña alternancia, a todos nos encantaría conocer el aspecto de los Denisovanos y comprobar cuan distintos eran de los Neandertales como para tenerlos como un grupo bien diferenciado, que casi hemos elevado a la categoría de especie.

 

La imagen que acompaña al texto nos muestra mediante colores, simples y mezclados, una posible explicación coherente. Las poblaciones más próximas entre sí iban y venían, quizá hibridando entre ellas de manera circunstancial. Además de las hibridaciones con Homo neanderthalensis y con Homo sapiens, esa imagen sugiere también hibridación entre Denisovanos y Homo erectus. Si realmente fue así, aún habría que mitificar aún más a los Denisovanos, que no habrían tenido remilgos con ninguna especie próxima.

 

La explicación más lógica es que Neandertales y Denisovanos fueron realmente muy similares. Quizá tanto, que sería prudente esperar a que la madeja esté completamente desenredada antes de seguir alimentando el mito.

Fuente: quo.es | 5 de febrero de 2019

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