Excavaciones en el Patio de los Naranjos arrojan el gran edificio cristiano previo a la Mezquita de Córdoba

Excavaciones abiertas en el Patio de los Naranjos - Fotos: Valerio Merino

El Cabildo de la Mezquita-Catedral de Córdoba ha mostrado los primeros resultados de las  excavaciones que se llevan a cabo en el Patio de los Naranjos dirigidas por el profesor de la Universidad de Córdoba, Alberto León, y por el arqueólogo titular del monumento, Raimundo Ortiz. Los primeros resultados, aún en clave de hipótesis, muestran, como elemento más relevante, los restos de la fachada de un gran edificio que ya estaba levantado en el siglo V, que formaba parte de un complejo aún mayor y que fue posteriormente monumentalizado.

Lo primero que hay que explicar es que las ideas simples cada vez se llevan menos. La interpretación tradicional es que antes de la Mezquita hubo una iglesia, San Vicente, y que previamente hubo un espacio de la Córdoba romana, probablemente una calle.

Las tesis más aceptadas actualmente es que, con carácter previo a la construcción de la Mezquita, el espacio estuvo ocupado por un conjunto de edificios ligados a los obispos de la época tardoantigua: un complejo episcopal de época visigoda. Una tipología de construcción muy extendida que consta de tres elementos fundamentales: una basílica, un batisterio y el palacio del obispo con algunas instalaciones añadidas de uso civil.


Esta última parte es el hallazgo más relevante. Hasta el momento, se han cubierto dos fases de la excavación y se prepara ya una tercera. El proyecto pretende volver a excavar todo lo que estudió Félix Hernández hasta el año 1934, accediendo a zonas que el arquitecto no llegó a tocar. Toda la zona se encuentra en la parte occidental del Patio de los Naranjos. Es decir, en la parte más cercana a la actual calle Torrijos.

El proceso de investigación ha documentado con las técnicas de la arqueología de hoy los elementos enunciados por Hernández o que éste pasó por alto. Por tanto, se tienen ya los elementos más destacados de la etapa previa, probablemente un barrio romano de viviendas. También la fachada principal del ese edificio que estaba totalmente levantado en el siglo V y al que se accedía desde un espacio porticado cuyos capiteles se conservan en el Museo Arqueológico de Córdoba.

En el proceso de investigación se han recabado datos que aseguran que la fachada no daba paso a un edificio diáfano que es el modo lógico de construir una iglesia. Durante el proceso de monumentalización, explicó León, se dotó al edificio de un ábside o exedra cuyos restos han conservado las dimensiones que tuvo. Se entraba por una puerta de unos cuatro metros y estaba dividido en estancias. Se le otorga una fuerte relevancia ideológica que llevó a su destrucción. Ya en etapa islámica se cegó. Recibió un tratamiento especial.

En el actual momento de la investigación, puntualizan una y otra vez los responsables del proyecto, se trabaja con la hipótesis de que fuera un edificio ligado a usos de representación. Resumiendo, el lugar donde el obispo de la época recibía a otras autoridades y realizaba las amplísimas funciones que entonces tenía encomendadas.

Las excavaciones han permitido conocer el desarrollo posterior de los acontecimientos. En concreto, una etapa de arrasamiento de las que se han salvado algunos elementos del pavimiento (de mármol) y un mosaico. A partir de ahí, se han documentado los cimientos del primer alminar que tuvo la Mezquita Aljama que, como es sabido, es fruto de un ambicioso programa de sucesivas ampliaciones que se inicia con el templo fundacional de Abderramán I.

Los cimientos han mostrado una edificación que pudo llegar a tener unos 20 metros de altura. También se ha documentado un pozo ciego con restos de animales, ninguno de los cuales es un cerdo, lo que ha llevado a pensar en que sea uno de los raros ejemplos de restos hallados entre 711 (fecha de la invasión musulmana) y 785 (el del inicio de la construcción de la Mezquita).

Una de las cuestiones sobre la que no se tiene respuesta es qué obispo u obispos de Córdoba fueron los responsables de la construcción del complejo. No se ha hallado, de momento, epigrafía alguna. Lo que sí se tiene claro, dijeron los responsables, es que responde a un conjunto que, pese disponer de distintas orientaciones, formaba parte de un plan de urbanización conjunto.

En el interior de la Mezquita, se encuentran restos que se han identificado por otros investigadores con la zona litúrgica de San Vicente. Los arqueólogos responsables del proyecto no creen que se pueda asegurar ni descartar. Lo que sí tienen claro es que formaban parte de un conjunto de varias edificaciones.

El Cabildo Catedral de Córdoba, dueño del monumento y templo, ha decidido abrir las excavaciones al conocimiento público en lo que el portavoz del órgano catedralicio, José Juan Jiménez Güeto, calificó como un ejercicio de transparencia. No es habitual que el promotor de un proyecto dé acceso al mismo y a estas excavaciones se está invitando a guías turísticos, estudiantes universitarios o periodistas. La clave radica en el debate abierto por una serie de investigadores que niegan la existencia misma de San Vicente, de una ocupación cristiana previa a que la Mezquita de Córdoba fuese construida.

Fuente: abc.es | 6 de abril de 2021

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Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el abril 8, 2021 a las 3:43pm

Historiadores y arqueólogos avalan la importancia del hallazgo en la Mezquita-Catedral de Córdoba

Para un lego, los restos arqueológicos que han vuelto a ver la luz después de casi un siglo en el patio de la Mezquita-Catedral podrían no ser más que un montón más de piedras -quizás con algunos adornos-, de las tantas que ya hay en Córdoba. Los expertos, por el contrario, destacan la enorme importancia de esta excavación -en realidad, una reapertura de trabajos mucho más antiguos-; pocos yacimientos hay que puedan aportar tanto al conocimiento de la historia de la ciudad.

Promovida por el Cabildo, la excavación ha sido mostrada al público sin esperar siquiera a que terminen los estudios de los arqueólogos, en un afán de transparencia. Ahí está la cicatriz del Patio de los Naranjos para quien quiera verla, y justo debajo una gran cantidad de objetos que para los arqueólogos e historiadores son verdaderos tesoreros.

Aún falta tiempo para que se conozcan los resultados definitivos de la investigación arqueológica, pero los responsables de las prospecciones ya apuntan que todos esos sillares, mosaicos y huesos se corresponden con un gran edificio episcopal (o sea, religioso) anterior a la llegada de los musulmanes. Así lo ven algunos de los expertos que conocen bien la historia y el sustrato arqueológico de Córdoba.

Rafael Sánchez Saus

Lo que ha aparecido bajo el suelo del patio de la Mezquita «no sorprende a nadie», dice Rafael Sánchez Saus, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Cádiz (izquierda). Los restos vienen a confirmar lo que ya se sabía por las fuentes escritas, esto es, que la aljama de Córdoba se levantó sobre un templo cristiano anterior.

No por esperado el hallazgo tiene menos importancia. Revela el papel destacado de la Córdoba tardoantigua, cuando funcionaba como «una especie de ciudad autónoma libre en el valle del Guadalquivir, en una zona en la que aún no se había asentado el poder visigodo», explica Sánchez Saus.

Hablamos del siglo V de nuestra era. La ciudad se había ido expandiendo y abriendo poco a poco hacia el río. Lo que hoy es la almendra principal del casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad, fue cogiendo relevancia urbanística desde antes de la llegada de los musulmanes.

Quienes también estaban siendo cada vez más relevantes eran los obispos, «sobre todo donde había comunidades cristianas fuertes como Córdoba», dice Sánchez Saus. Un ejemplo de ello es el prelado cordobés Osio, una figura que adquirió una enorme importancia en el mundo romano de la Antigüedad tardía.

Con esos mimbres (una ciudad que miraba cada vez más al río y unos obispos con un poder en ascenso), tiene lógica que el palacio episcopal estuviera situado cerca de la ribera fluvial y no en algún arrabal. Justo donde han vuelto a aflorar estos restos.

El historiador de la UCA resume la importancia de los hallazgos así: «Hay coherencia entre lo que sabemos de la sede cordobesa, su importancia y los edificios que están apareciendo, así como con los primeros tiempos musulmanes». Y apostilla: «Todo cuadra perfectamente, salvo el empeño de algunos de querer negar la evidencia que venía de las fuentes árabes». Los mismos que ahora, asegura, «se inventarán otro cuento».

Alexandra Chavarría, durante una conferencia en la Mezquita-Catedral en 2018 - Valerio Merino.

Alexandra Chavarría

De igual modo piensa la historiadora de la Universidad de Padua, Alexandra Chavarría, experta en la época y en los obispos que transformaron todo un mundo. Para ella, las fuentes históricas  pueden ser más o menos detalladas, pero nunca mienten, y dicen «sin ningún tipo de duda que ahí estaba la iglesia de San Vicente». Los recientes redescubrimientos confirman lo que ya se sabía por los escritos.

Esos muros y mosaicos que han aparecido bajo el Patio de los Naranjos, si se confirma su datación, son de tal riqueza que «solo pueden haber pertenecido al ámbito episcopal», indica la especialista. Ello es así por la única, pero infalible razón, de que sólo los obispos podían permitirse esos lujos.

«En esa época, siglo V, las ciudades del imperio, no sólo Córdoba sino también Roma o Milán, caen en una profunda crisis y decadencia. La única parte de la sociedad que tiene los medios para construir esa estructuras es la Iglesia, y en particular el obispo», según explica Chavarría, 

Un palacio episcopal tardorromano nunca pudo estar en las afueras, como sugieren otras tesis sobre Córdoba. Allí se ubicaban iglesias martiriales tal vez, pero no los verdaderos centros de poder. Asi funcionaban las ciudades del arco mediterráneo, y la nuestra no era una excepción.

Por todo ello, la excavación promovida por el Cabildo es «importantísima y fundamental porque podrá marcar el conocimiento de la ciudad en los próximos años y ayudar a entender mejor su propio pasado».

Juan Murillo Redondo

El arqueólogo de la Gerencia de Urbanismo, Juan Murillo Redondo (izquierda), se muestra entusiasmado con los hallazgos mostrados al público en la Mezquita-Catedral. Como a todos los expertos a los que les gusta buscar cosas bajo el suelo, la zanja abierta en el Patio de los Naranjos «nos pone la miel en los labios y eso que sólo estamos viendo la punta del iceberg». La importancia de este yacimiento es enorme, asegura.

Uno de los valores de esta excavación es que se realiza sobre la base de lo ya conocido en los años 30 del siglo XX, unos trabajos que nunca se terminaron y de los que sólo quedaron planos y fotografías. «Lo fácil es continuar excavando, pero trabajar sobre lo ya excavado como se está realizando aquí, y con ese rigor, es muy difícil», expone.

La falta de conclusiones de aquella prospección inicial dio lugar a las posteriores especulaciones  sobre el origen del gran templo musulmán. Nunca, dice Murillo recurriendo al símil hispano, «se había cogido el toro por los cuernos». Ahora sí, y tal como este arqueólogo municipal ya había publicado antes, «se está demostrando lo que sabíamos por textos árabes y cristianos: que con anterioridad a la mezquita había un conjunto que solo puede ser el palacio episcopal de la Córdoba tardoantigua».

Juan Francisco Rodríguez Neila, en su participación en 'El templo de Córdoba' en enero de 2019 - Álvaro Carmona.

Juan Francisco Rodríguez Neila

En un extenso artículo pulicado tras la celebración del ciclo 'El templo de Córdoba'  organizado por ABC en 2019, el catedrático de Historia Antigua de la UCO, Juan Francisco Rodríguez Neiladetalla el avance del cristianismo en la ciudad en los últimos tiempos de Roma.

En fecha tan temprana como los comienzos del siglo IV, el cristianismo ya debió estar presente con fuerza en la ciudad. Fue entonces cuando tuvo lugar un concilio en Granada  (Iliberris para los romanos) al que acudieron representantes de las comunidades de la Bética, entre ellos de Epagra (Aguilar), Epora (Montoro), Carbula (Almodóvar), Ategua (Santa Cruz), Egabrum (Cabra), o Ulia (Montemayor). De Corduba fueron el obispo Osio y el presbítero Juliano.

Aquel encuentro debió celebrarse en Corduba como capital de la Bética; si no fue así, relata Rodríguez Neila en su artículo -el autor no ha querido participar en este reportaje-, es porque «no hubiera sido prudente celebrarlo allí donde tenían su sede precisamente los representantes del poder imperial». Aunque era la época de las últimas persecuciones de cristianos, aquellos primitivos fieles aún tenían que andarse con pies de plomo.

Gracias al sínodo de Granada, el catedrático concluye que la sede episcopal de Córdoba ya existía a comienzos del siglo IV, aunque se desconoce su origen exacto. A lo largo de la centuria, relata Rodríguez Neila, «se fue configurando una nueva aristocracia episcopal, heredera del antiguo orden senatorial, y surgida de las élites convertidas al cristianismo».

Cien años después, el episcopado podría haberse trasladado a la basílica de San Vicente, «en torno a la cual se fue desarrollando un importante complejo», dice el historiador. Esos serían los restos que se han vuelto a excavar ahora.

Bellido: «Con nosotros pueden contar para el futuro»

El alcalde de Córdoba, José María Bellido  (izquierda), también se ha sumado a la euforia del momento por la excavación promovida por el Cabildo, que «puede tener una importancia radical en la interpretación de la historia». Pero más allá de una valoración académica -el regidor no es historiador sino jurista-, Bellido se ha comprometido a invertir en las excavaciones de cara al futuro. «Estamos dispuestos a la colaboración en la labor investigadora y de difusión, que creo que es importante y puede servir para arrojar luz sobre esa época», ha indicado, al tiempo que ha prometido que «con nosotros pueden contar para el futuro».

Por su parte, la delegada de Cultura de la Junta, Cristina Casanueva, se ha negado a valorar la importancia del yacimiento hasta que no realice una vistia programada al mismo, prevista la semana que viene; la Consejería no ha respondido a las peticiones de este medio.

Fuente: abc.es | 8 de abril de 2021

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La ciencia combate el negacionismo de la presencia cristiana previa a la Mezquita de Córdoba

Cinta del Cabildo de protección de los restos - Valerio Merino

¿Qué efectos legales tiene la constatación de la presencia cristiana en ese lugar antes de la edificación de la Mezquita-Catedral sobre el debate de la propiedad de la misma? Resumiendo, ninguno. Las leyes de un estado constitucional como España no se rigen por la organización del reino visigodo que se desmoronó con la invasión musulmana de 711. Parece obvio consignarlo, pero no lo es. Sin embargo, la presencia de unas instalaciones religiosas en el solar anteriores a la creación de la Mezquita fundacional se han convertido en un elemento de enormes tensiones entre partidarios y detractores de la propiedad eclesiástica del monumento.

En los últimos años, sin embargo, han tenido lugar aguerridos debates sobre la legitimidad o falta de ella de la Iglesia usando unos hechos que son historia de Córdoba. La Iglesia Católica siempre entendió que la existencia de lo que se conocía como basílica de San Vicente otorgaba un plus histórico a sus pretensiones. En el arco contrario, se producían una serie de publicaciones -convenientemente amplificadas- que no dudaban de los hallazgos realizados, pero sí de las interpretaciones que se hacían de los mismos por parte de profesionales de la arqueología con décadas de experiencia que trabajaron bajo el suelo de la Mezquita. Esa presencia cristiana era imaginaria.

San Vicente era, según esa versión, un elemento puramente legendario usado por la curia para dar cobertura histórica a la propiedad de la Mezquita. En realidad, lo que plantean las nuevas excavaciones es que la realidad pudo ser aún mejor, más rica, más abierta a la investigación. Menos sujeta al uso de la historia como ladrillo arrojadizo, sino como una fuente de conocimiento necesario que presenta, además, una enorme capacidad de atracción para el público cuando se explica de forma científica y con ánimo divulgativo.

Los arqueólogos directores de la nueva excavación, Alberto León y Raimundo Ortiz, no se han cogido los dedos en ningún momento. Todo son hipótesis que se tienen que refrendar. No han puesto una iglesia donde creen que no pudo haberla. Enuncian un complejo episcopal que es una forma de construir muy contrastada en todo el mundo cristiano, propia de las ciudades con sede obispal en un momento concreto de la historia. Los restos que se atribuyen a San Vicente dentro de la Mezquita forman parte de un todo en función de las cotas, de la lógica de construcción.

Los nuevos hallazgos, pues, implican un viaje en el tiempo sobre la Córdoba previa a la llegada del poder musulmán, una etapa histórica de tan alto impacto que tiende a eclipsar las investigaciones de momentos previos y posteriores. La arqueología cordobesa -y los recursos políticos que la sustentan- ha mostrado predilección por Roma y Al Andalus dejando ciertamente al margen lugares de sombra sobre los que merece la pena adentrarse.

En este caso, que la Mezquita-Catedral es en sí misma un amplísimo recorrido temporal, que abarca dos confesiones del Libro e influencias musulmanas y cristianas, pero también clásicas, de Bizancio: una digna hija del Mar Mediterráneo. Es, además, un palimpsesto. Un manuscrito que ha sido borrado para escribir encima dejando siempre algún surco sobre el papel.

La aparición de un ábside en las excavaciones del Patio de los Naranjos tuvo lugar hace varios meses, en plena pandemia, y se asumió en el Cabildo como una oportunidad para empezar a desmentir mitos y centrar el debate desde un punto de vista historico. Una oportunidad para hacer frente a la estrategia de negacionismo que, aseguraban ayer los arqueólogos responsables del proyecto, se centran con numerosos templos de etapa visigoda.

En los ultimos años se llegaron a publicar artículos científicos que aseguraban que los restos identificados como San Vicente correspondían a un «espacio doméstico». La casa de un señor de la época venido a más. El muro de la fachada que delimita el edificio reexcavado tiene una longitud aproximada de unos treinta metros, le precede una plaza porticada y cuenta con un ábside monumental. La potencia es tal que la posibilidad de que sea la casa de un privado ni siquiera entra dentro las hipótesis llamadas a descartarse.

Fuente:  abc.es | 7 de abril de 2021

Comentario por Jose de Teresa el abril 11, 2021 a las 7:29am

Me sorprende que en el 711 Córdoba aún (o ya) fuera "relativamente independiente" del poder visigodo, no obstante ser "sede del gobierno provincial".  Tal vez he entendido mal, o ambas cosas.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el abril 11, 2021 a las 3:36pm

Estimado José de Teresa:

No veo por ningún lado que se hable en las distintas noticias que componen el post de Córdoba como 'sede del gobierno provincial', sino que se habla de la misma como 'sede episcopal'. 

Saludos

Comentario por Jose de Teresa el abril 11, 2021 a las 9:56pm

Tiene Ud. razón, estimado Guillermo.

    Me confundí pensando que la expresión "sede del (antiguo) gobierno imperial" (evidentemente, romano) hacía referencia a un centro regional de la monarquía visigoda.

   Saludos cordiales, como siempre.

José

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el abril 12, 2021 a las 1:15am

El complejo episcopal de Córdoba, el gran enigma de los «siglos oscuros»

Restos bajo la Mezquita-Catedral de Córdoba - Valerio Merino

Hay historiadores que los han llamado «los siglos oscuros». Un periodo de la historia de la que se sabe menos porque las evidencias escritas o arqueológicas son mucho menores. No obstante, la reexcavación de las catas abiertas por Félix Hernández en el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral de Córdoba en los años treinta está ofreciendo la oportunidad de establecer nueva luz sobre un hecho que forma parte de las investigaciones de los expertos desde hace décadas.

La principal hipótesis es la del grupo o complejo episcopal de Córdoba, un barrio de grandes dimensiones ubicado en el entorno de lo que luego, con la invasión musulmana, sería la Mezquita Aljama.

¿Cómo de grandes serían esas dimensiones? Uno de los directores de la excavación del Patio de los Naranjos, Alberto León, ha llegado a establecer la tesis de una superficie de cinco a diez hectáreas sobre una ciudad de Córdoba que entorno a los siglos V y VI contaba con un perímetro amurallado de 78 hectáreas. Con un cierto contexto, se trata de un momento de crisis de las ciudades. Resumiendo, Córdoba no era en ese momento lo que fue ni, de lejos, lo que llegó a ser.

"El complejo episcopal no es una figura propia de la Península, sino que se encuentra en el mundo cristiano", explica Julia Beltrán de Heredia (izquierda), conservadora jefe del Museo de Historia de Barcelona y experta en la materia.

Muchas ciudades de la época disponen de conjuntos similares, establecidos bajo unos parámetros comunes con adaptaciones a las arquitecturas propias. Beltrán de Heredia asegura que los complejos episcopales se encuentran siempre en el interior de las ciudades que eran cabeza de diócesis y se basan en la figura del obispo de aquella época que era más que una autoridad religiosa, pues cobra impuestos, realiza la caridad e incluso imparte justicia. «El obispo era un guía civil, un constructor, un espónsor, un juzgador». El Cristianismo se legaliza en el año 313 y en el 380 se convierte en religión oficial del Imperio Romano. La disolución de éste deja en siglos posteriores a la Iglesia Católica organizada con un enorme poder articulador.

Para ello, afirma Beltrán de Heredia, se empiezan a crear unos barrios a partir del siglo IV, primero de forma sencilla, y a partir del siglo VI de forma muy potente con signos de monumentalidad.

Reconstrucción de uno de los restos en su entorno - ABC

La experta anima a entenderlos como lo que hoy llamaríamos una urbanización. La ejecución de una serie de edificios con fines litúrgicos o no para desarrollar esa labor de la Iglesia. ¿Tienen rasgos comunes? La experta lo explica: sí. Tenían una o dos catedrales, un baptisterio, la residencia del prelado, zonas para que viviera el clero y los trabajadores, archivos y espacios que hoy denominaríamos como naves industriales. Eran también lugares de  representación del poder.

La presencia del conjunto episcopal no ha sido una sorpresa para investigadores que llevan décadas trabajando en esta materia. Desde los años 40 llevan publicándose libros y estudios que se han orientado siempre hacia la supuesta iglesia episcopal de San Vicente, que ha generado un fuerte enfrentamiento académico mezclado con no pocos intereses políticos.

Las referencias escritas son diversas, pero un tanto imprecisas. Los autores cristianos, explica  Isabel Sánchez Ramos (derecha), de la Universidad Pablo de Olavide, en un artículo de 2009, no la citan. Sí existen referencias musulmanas posteriores a ‘Kanisat-al-Kebir’ o ‘Shant Binyant’. La nueva perspectiva es pasar de San Vicente y centrarse en todo un sector de la Córdoba preislámica. El que tomó el relevo como lugar central de la ciudad a la organización fundacional centrada en el foro romano.

Un repaso a los artículos publicados sobre la materia muestra más condicionales que aseveraciones. Más preguntas que certezas. La razón estriba en que no es posible llegar a la Mezquita, sacar el martillo neumático y ponerse a excavar. El monumento es un lugar delicado donde no caben los experimentos. Así, los investigadores están aprovechando los escasos trabajos de la zona o el desarrollo de iniciativas realizadas hace décadas para unir los puntos.

Restos en la excavación de la segunda puerta de la Mezquita-Catedral de Córdoba - ABC

La tesis principal, hoy, es que en los siglos V y VI, la etapa tardoantigua, existía una gran manzana episcopal, con una forma aproximadamente rectangular que llegaba desde la Puerta del Puente hasta El Caballo Rojo, aproximadamente. Junto a ella se encontraba un complejo civil dedicado al poder oficial no religioso y a las tareas administrativas de la ciudad. Una zona fortificada permitiría la defensa de la ciudad, amurallada, de un Guadalquivir que era navegable.

Las candidaturas a complejo episcopal han sido variadas. Existen tesis de que la primera pudo estar en Cercadilla, aunque o bien hay investigadores que la descartan, o los hay que entienden que la situación bélica de esos siglos obligó a su mudanza, que es la hipótesis enunciada por el profesor de la Univeridad de Córdoba, Pedro Marfil (izquierda).

«La ubicación de la sede episcopal pudo mantenerse en Cercadilla hasta el asedio de Agila», rey visigodo de mediados del siglo VI, según expuso el historiador en un artículo científico. No es un concepto asumido por otros investigadores. «La teoría general es que las instalaciones ubicadas en el interior de las ciudades se ocupaban de los vivos y las que estaban en el exterior de los muertos», explica Julia Beltrán de Heredia.

En el caso concreto de Cercadilla, esta tesis le reservaría el papel del culto de los mártires de la Iglesia. Esa es la idea expuesta por otra experta, Alexandra Chavarria, de la Universidad de Padua, a ABC.

Ni siquiera la aparición de restos arqueológicos en otros puntos de la ciudad intramuros explica gran cosa. En ciudades como Córdoba es habitual el acarreo de materiales. El uso de determinados elementos de un edificio en otro obliga, explican los artículos publicados en revistas especializadas, a tomarse los hallazgos con mucha calma.

Ubicación de los restos respecto a la Mezquita-Catedral - ABC

Hay historiadores que han ligado el proceso de monumentalización de este sector de Córdoba con la progresiva destrucción del teatro romano de la ciudad, cuyos restos son visibles bajo el Museo Arqueológico. Teniendo en cuenta que el profesor Ángel Ventura, de la Universidad de Córdoba, calculó que el edificio tendría cabida para diez o quince mil espectadores estamos hablando de mucha piedra.

Lo que no se sabe es, en estos momentos, más de lo que se sabe, aunque los expertos consultados reconocen que no hay sorpresas en lo hallado. «Han encontrado lo que tenían que encontrar», afirman sin un ápice de ironía. Unos restos muy potentes, propios de una ciudad de cierta entidad para los usos de la época.

La tesis de la reexcavación de Félix Hernández lleva dando vueltas años. De hecho, el Cabildo organizó unas jornadas en 2017 donde se dieron cita expertos para abordar lo que se está valorando ahora y que precisa aún de meses de trabajo.

Uno de los arqueólogos más influyentes en Córdoba en décadas ha sido Juan Murillo (derecha), jefe de Arqueología de la Gerencia de Urbanismo. Un artículo escrito en 2009 explica las razones de que existan tantas preguntas pendientes de resolver. «Se han realizado, afirmó, pocas excavaciones y dispersas».

La profesora Sánchez Ramos incide en esta tesis y asegura que solo una reevaluación de las excavaciones realizadas y disponer de más información puede traer luz a este problema. ¿Qué ha pasado en los últimos años para que la cosa del complejo episcopal se anime? La respuesta se encuentra en el ladrillo.

En Córdoba, cada vez que se hace una obra de cierta enjundia es preciso un proyecto arqueológico. Y la Ribera y el entorno de la Mezquita no son ajenos a ello. Aparte de las investigaciones del profesor Marfil en el monumento, se han realizado actuaciones en Caño Quebrado, la Puerta del Puente y, más recientemente, la segunda puerta, el Palacio de Congresos (donde aparecieron restos del siglo VI bajo la cafetería) y el Palacio Epicopal (cuyos resultados están pendientes de publicación).

Reconstrucción de edificios de época antigua - ABC

Al conocimiento del sector le quedan aún años de trabajo con incógnitas como qué obispo u obispos pudieron promoverla. ¿Y San Vicente? La publicación de una serie de artículos científicos negando la existencia misma de esa iglesia que aparece en las fuentes ha tenido, al final, un efecto balsámico: ha animado a que se financien investigaciones concretas sobre la materia. La realidad es que buena parte de lo escrito sobre la materia da por hecho que, si había complejo episcopal, tuvo que haber iglesia. Y no cualquier iglesia sino ‘la’ iglesia de la época.

Los investigadores del Patio de los Naranjos, Raimundo Ortiz y Alberto León, no creen que los restos que están estudiando sean compatibles con un templo litúrgico. Las sospechas vuelven a recaer sobre espacios excavados dentro de la Mezquita. Hay quien asegura, con razón, que no hay ningún cartel que ponga que eso era San Vicente. Los arqueólogos de campo suelen escuchar esas argumentaciones con cierta sorna. Rara vez hay un cartel anunciador de nada.

En los años treinta, Félix Hernández encontró una serie de restos que han sido reinterpretados una y otra vez en sus ya famosas excavaciones. En la década anterior, se efectuaron nuevas intervenciones por el profesor Marfil. Los expertos aseguran que una reevaluación de esas catas sería más que procedente. La cuestión es de riesgo y beneficio teniendo en cuenta que el valor de la Mezquita es incalculable. En una entrevista en 2019, Alberto León dijo que lo mejor era tocar lugares ya excavados «y no dentro del oratorio».

Obras en la Mezquita-Catedral en la década de 1930 - Archivo ABC

Por si alguien sigue interesado, sobre San Vicente (o como se llamase en realidad) existen tres corrientes: los que niegan su presencia, los que la dan como muy probable y los que entienden que existió y punto.

Entre los primeros, Fernando Arce, del CSIC, escribió lo siguiente: «En cuanto al registro arqueológico, no han sido muchas las excavaciones realizadas en la Mezquita, aunque sí suficientes para poder descartar que este sector urbano contara con algún edificio religioso que fuera necesario eliminar como paso previo a la construcción de la aljama». Arce ha negado también que haya pruebas del complejo episcopal en la zona de la Mezquita.

Los segundos son los que usan el condicional. Entienden que las excavaciones de Félix Hernández de los años treinta pudieron acertar más de lo que arquitecto podía asimilar teniendo en cuenta la información que se tiene de su trabajo. Se han llegado a proponer reinterpretaciones de sus planos dado que lo que encontró no casaba con la orientación canónica de una iglesia, de Este a Oeste.

Entre los terceros, Manuel Nieto Cumplido, canónigo archivero emérito de la Catedral, estableció una causa y efecto entre la forma en la que los cristianos usan la Mezquita a partir de 1236, tras la consagración, y los lugares en los que estuvo esa iglesia original que, según se ha llegado escribir, tuvo que ser un edificio más pequeño y discreto de lo que ahora nos podemos llegar a imaginar cuando vemos la imponente figura de la Mezquita-Catedral.

Fuente: abc.es | 11 de abril de 2021

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