Una investigación científica afirma que la fíbula de Preneste y su inscripción son auténticas

Foto: La fíbula de Preneste S. VII a. C.  Roma.

 

Vía: laRepubblica.it | Giovanni Gagliardi| 5 de junio de 2011 (Traducción: G.C.C. para Terrae Antiqvae)

 

Investigaciones científicas realizadas por "La Sapienza" (Universidad de Roma) y el Consejo Nacional de Investigaciones (CNR) han confirmado la autenticidad de la preciosa fíbula etrusca y la de su inscripción, la evidencia más antigua de la lengua latina.

¿Verdadera o falsa? El caso de la fíbula Prenestina, expuesta en el Museo Nacional de Etnografía "Luigi Pigorini", ha quedado finalmente resuelto. La autenticidad del precioso broche, datado en el siglo VII a. C., y de su inscripción, considerada la evidencia más antigua de la lengua latina ha sido confirmada por estudios científicos realizados por Daniela Ferro, del Instituto para el Estudio de Materiales Nanoestructurados (ISMN) del Consejo Nacional de Investigación, y por Edilberto Formigli, restaurador y profesor de la Universidad "La Sapienza" de Roma y Florencia.

La fíbula, hallada en Palestrina, la antigua Praeneste, había sido objeto de un intenso debate sobre su autenticidad y contexto desde su lanzamiento oficial en 1887 por el arqueólogo alemán  Wolfgang Helbig (izquierda).

 

Los dos especialistas, que durante años han llevado a cabo análisis multidisciplinares sobre la tecnología y la orfebrería antigua, han presentado hoy, en el Museo 'Pigorini', los resultados de la investigación micro-analítica realizada en el laboratorio del Departamento de Química de la Universidad de Roma con el microscopio electrónico de barrido.

La joya de oro, de 10,7 cm de largo, y datada en torno a la mitad del siglo VII a. C., tiene, en la parte exterior del soporte, la inscripción "Manios med fhefhaked Numasioi"; en latín clásico: "Manius me fecit Numerio", esto es, "Manio me hizo para Numerio", el más antiguo testimonio de la lengua latina que ha sobrevivído.

"El estudio de una reliquia", dice Daniela Ferro, del Ismn-CNR, "requiere la elección de métodos de análisis no destructivos y no invasivos. El uso de la microscopía electrónica de barrido, acompañada con microsondas electrónicas de rayos X de dispersión de energía, permite observaciones de alta resolución de la superficie y, al mismo tiempo, adquirir datos sobre la composición química de sus elementos. En particular, la fíbula ha sido estudiada con un instrumento equipado con una cámara que le permite moverse ampliamente sobre el objeto e investigar todas sus partes sin dañarlo".

El equipamiento científico ha permitido establecer la metodología y composición en la misma antigüedad que la datación previamente asignada al broche, a pesar de los intentos de limpieza y abrasión de los últimos siglos. De hecho, a pesar de que con el oro aún no se han encontrado métodos de datación, ahora sabemos que algunas técnicas de orfebreria habían alcanzado un alto grado con los etruscos y existen numerosos estudios hoy en día que describen sus características.

"Es un artefacto de alta joyería, hecha en la parte del soporte con una lámina de alto contenido en oro, un material dúctil para ser grabado con la punta de una aguja", añade la investigadora. "La inscripción se realizó de la misma manera. También han sido identificadas las reparaciones llevadas a cabo antiguamente, como la presencia de un pan de oro para ocultar una pequeña fractura, mientras que el uso de amalgama de oro para fortalecer la parte móvil de la lengüeta (es decir, la punta ndr) podría ser reciente. Es poco probable que un falsificador operase en la particularidad de su procesamiento y usara aleaciones de oro en un período donde el conocimiento de los procedimientos de orfebrería etrusca no eran particularmente conocidos en detalle, por lo que no podría haberlos conocido salvo con sofisticadas herramientas tecnológicas disponibles sólo hoy en día".

 

Vía: laRepubblica.it | 5 de junio de 2011

 

La fíbula de Preneste: un siglo de debates.

 

El preciosos broche fue objeto de largas discusiones acerca de su autenticidad y también de vicisitudes atormentadas.

Fue presentado oficialmente por primera vez por el arqueólogo alemán Wolfgang Helbig en 1887. El investigador afirmaba haberla comprado a un amigo en 1876, y señaló como lugar del hallazgo la tumba Bernardini. Un sepulcro principesco, descubierto en 1851 y excavado desde 1871, cerca de la antigua ciudad de Praeneste, la actual Palestrina.

A continuación, la fíbula Prenestina fue donada en 1889 al Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia por el anticuario Francesco Martinetti, quien la compró probablemente a Helbig. En 1900 fue transferida al Museo Nacional de Prehistoria, Etnografía y Kircheriano, del Colegio Romano, uniéndola al inventario de restos de la tumba Bernardini, una tumba principesca del periodo orientalizante descubierta en Palestrina en 1876. La pertenencia de la fíbula a la tumba Bernardini no era, sin embargo, segura.

En 1960 el conjunto de restos de esta tumba fue trasladado al Museo Etrusco de Villa Giulia, mientras que la fíbula permaneció en el Museo de Prehistoria y Etnografía. El 27 de noviembre 1979 estalla un verdadero "caso": la fíbula de Preneste es declarada una falsificación. La erudita  Margherita Guarducci (izquierda), en una reunión de la Accademia de Lincei, niega la autenticidad de la pieza argumentando que la inscripción se hizo en Roma a finales del siglo XIX por el mismo Wolfgang Helbig.

Arqueólogos, epigrafístas y lingüistas se agitan. Las reacciones son inmediatas y vivaces, tanto en apoyo de la autenticidad del objeto y de la inscripción, como en apoyo de la falsedad de la inscripción, grabada en la edad moderna. Mientras tanto, en los libros de texto no se menciona la inscripción de la fíbula.

Al final de los años ochenta Edilberto Formigli estudia  la estructura física de la fíbula y confirma su autenticidad. No obstante, para algunos lingüistas seguía habiendo dudas sobre la inscripción.

 

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Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el junio 18, 2011 a las 12:55am

Muchas gracias, Dra. Alicia (y a los demás contertulios) por sus palabras, si bien, tal como Ud misma ya ha hecho, a quien hay que agradecer el informe es a la propia Dra. Daniela Ferro, que tuvo la gentileza de proporcionarlo.

Tal informe, aunque abunda y despeja algunas ideas que parecían confusas, otras, es verdad, que todavía requieren de mayor aclaración, sobre todo, como Ud. dice, para los que somos de letras (y, a lo mejor, hasta para muchos que no son de letras). Es decir, hay aspectos que necesitan verse mejor explicados para comprender con exactitud las conclusiones que se han ofrecido. Ante ello, es evidente que lo mejor será esperar a que el trabajo de investigación llevado a cabo se vea finalmente publicado.

No obstante, mientras esta circunstancia ocurre, he estado reflexionando e indagando posibles respuestas sobre las objeciones que Ud. ha expuesto relativas a la agresión que sufrió la fíbula con ácidos y la repercusión que ello implica en una pieza compuesta con metal aurífero. Ignoro si lo que voy a  exponer se puede ajustar, con cierto grado de acierto, a la realidad científica del análisis de la fíbula, pero, en cualquier caso, quizás ayude a comprender un poco más el asunto.

Veamos: ante todo, no hay que olvidar que la fíbula no está realizada en oro puro, sino que lleva una aleación con otros metales (la cual sirve para dar consistencia al oro), y, por lo que se ha dicho, esta aleación lleva, por lo menos, plata, si bien no sabemos en qué proporción. Esto es importante porque, dependiendo sobre todo del porcentaje de aleación que tenga, la pieza es más o menos resistente al ataque de los ácidos, y, en consecuencia, tanto su estructura externa como la interna cristalina pueden no verse afectadas muy seriamente.

Al parecer, el agua regia (formada con ácido nítrico y ácido clorhídrico) sólo afecta al oro de 14K (kilates) y muy levemente al de 18K (como se sabe, el oro puro está constituido por 24K). ¿De cuántos kilates de oro está compuesta, al menos, la parte de la fíbula donde lleva la inscripción? No lo sabemos, como he dicho más arriba, pero todo parece indicar que puede ser de 18K, dado que la agresión que recibió de agua regia sólo produjo pequeñas deformaciones, que, por lo visto, se trataron de solucionar con un segundo proceso de abrasión (es verdad que parece un poco raro que el Dr. Formigli hubiera hablado en su día de una pátina rosácea a base de ceras, y ahora se mencione un proceso de abrasión -¿un ácido?- para limpiar los defectos que produjo el agua regia, pero, en fin, supongo que esto también se podrá aclarar), no afectando ambas acciones seriamente ni a la estructura externa ni a la interna cristalina del oro, que es una de las razones principales en las que se basan los investigadores para concluir que hay concordancia (regularidad) entre la pieza en sí y los surcos de la inscripción.

Si esto es así, cosa que lógicamente no puedo afirmar taxativamente, ello podría explicar quizá las razones por las cuales el agua regia no se llevó por delante la inscripción y mucho menos afectó a su estructura interna (lo que quizá también conteste a lo apuntado por el Sr. Jabo). Habrá que esperar a comprobar si puede ser explicado de esta forma (aunque, en principio, aparenta ser plausible).

Ahora bien, no se me escapa que la pregunta que Ud. hace, Dra Alicia, de por qué se realizó, en todo caso, esta "limpieza" de la inscripción es sumamente pertinente y necesita una respuesta adecuada. Lo primero entonces que cabe preguntarse es si los muñidores de la limpieza conocían la composición de la aleación. Es de suponer que, de algún modo, la conocían más o menos (quizá un experto joyero pueda apreciar por el peso y a la vista de la calidad del brillo del metal, si está ante una pieza de 18K), porque, si no, ¿cómo pudieron arriesgarse a utilizar agua regia y estropear absolutamente la misma si ésta tenía, en realidad, una composición en kilates de menor cuantía? Dudo mucho que el Dr. Wolfgang Helbig se hubiera atrevido a ello si, como estaba seguro, tenía delante una fíbula con un texto que podía revolucionar los orígenes de la lengua latina.

Una segunda pregunta salta en seguida a las mientes: ¿hasta que punto una pieza de oro de 18K como era esta fíbula tenía manchas, suciedad o cierta corrosión? Hay que tener en cuenta que una pieza de oro de este tipo puede, a pesar de todo y contra lo que se cree, llegar a padecer determinada corrosión (manchas, oxidación) bajo determinadas circunstancias, pero ésta es de naturaleza escasamente débil (dada la excelente calidad de su aleación con un alto porcentaje -18K equivalen al 75%- en oro). Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que la utilización de agua regia suele utilizarse para favorecer la oxidación del oro, según he podido leer al respecto.

Luego, si dicha corrosión/suciedad no era muy significativa, ¿por qué se utilizó agua regia para su limpieza? Lo lógico habría sido utilizar algún producto menos agresivo, con lo que, de paso, se corrían menos riesgos en dañar o estropear la fíbula. En este sentido, hay que recordar que el Dr. Formigli, en su primer análisis de 1992, donde declaró que la fíbula era auténtica pero falsa la inscripción, había dicho que se utilizó agua regia para dar a la inscripción un aspecto de antigüedad (presumiblemente basado en el hecho de que favorece la oxidación).

Pero, incluso, si la utilización de un producto menos agresivo no era suficiente para quitar los rastros de suciedad, manchas, corrosión, etc., ello, lejos de ser un inconveniente (máxime siendo de carácter leve), sería un factor que habría facilitado la demostración de la autenticidad de la inscripción, cosa que, por otro lado, sabría perfectamente el arqueólogo Wolfgang Helbeig. ¿Por qué hubo entonces ese empeño en utilizar agua regia y quitar todo tipo de rastro de antigüedad en la pieza?

Sólo se me ocurre que tal utilización, primero del agua regia, y luego de un segundo ácido (agua fuerte-ácido nítrico), se realizó  para comprobar cuál era el porcentaje en oro que ostentaba la aleación, pues, al parecer, este procedimiento se suele utilizar para tal fin de modo aproximativo (el primer ácido produce mancha, la cual se trata de quitar con el segundo, y dependiendo del tamaño y naturaleza de la misma, y de la facilidad con que se quita con el segundo ácido, se puede llegar a saber la calidad  de la pieza). No obstante, esto es una mera especulación, pues no sabemos siquiera si así fue y tampoco cuál era la intención de los autores.

La recta intencionalidad, pues, de la susodicha "limpieza" queda, salvo explicaciones claras que se proporcionen en este sentido, al albur de la sospecha, lo que no deja de producir cierta contrariedad ante las conclusiones científicas ofrecidas con el actual estudio. Por ello, habrá que admitir tales conclusiones, pero, como dijimos al principio, al mismo tiempo es de esperar que en la futura publicación de la investigación se explique o aclaren suficientemente todas estas posibles consideraciones expuestas (si es que son pertinentes, o por qué no lo son).

No entro en apreciar, Dra. Canto, la cuestión grafológica de la inscripción, es decir, de la posible semejanza de los trazos de la inscripción con la escritura del propio arqueólogo Wolfgang Helbig, pues no sé hasta qué punto se puede admitir que un análisis grafológico de la inscripción de la fíbula, cualquiera que sea su veredicto, va a misa. En mi opinión, la grafología, aunque es una herramienta útil, sus resultados están lejos de alcanzar la exactitud. Hay demasiadas dudas sobre el alcance de la misma.

En fin, no me extiendo más. Sólo he tratado de encontrar un poco más de luz en este interesantísimo caso, o, al menos, ver si se podía conseguir más precisión en su análisis.

Como siempre, un saludo cordial.

Comentario por Alicia M. Canto el mayo 24, 2015 a las 12:27am

Al cabo de casi 4 años vuelvo sobre este apasionante asunto para informar de que por fin acaba de aparecer el volumen dedicado a la mesa redonda romana que nos dio lugar aquí a tan animado debate en junio de 2011. Lo hace en el órgano oficial del Museo Pigorini de Roma: Numero monografico dedicato alla Fibula PrenestinaBullettino di Paletnologia Italiana 99, 2015 (coll. Archeologia e tutela del patrimonio archeologico-Saggi e Ricerche), Roma.

Aquí puede consultarse su Índice (sólo tres de ellos pueden leerse ya en Academia.edu).

F. di Gennaro - Dare a Numasios quel che è di Numasios

L . La Rocca - Le vicende della Fibula

E . Mangani - La Fibula Prenestina: oltre un secolo di discussioni

D. Ferro, E. Formigli - Risultati delle recenti indagini archeometriche sulla Fibula di Manios

M . Buonocore - Helbig, Mommsen e la Fibula Prenestina: una settimana prima della presentazione ufficiale del 7 gennaio 1887

G .L. Carancini - Resoconto, trent’anni dopo, di un confronto tra fautori e detrattori dell’autenticità della Fibula Prenestina

G . Colonna - Ripensando la Fibula

C . de Simone - Un sostenitore dell’autenticità della Fibula e dell’iscrizione: ricordi personali
e considerazioni attuali

A . Franchi De Bellis - La Fibula Praenestina è autentica: ulteriore conferma da recenti indagini archeometriche

D .F. Maras - La prima stesura dell’iscrizione di Manios e l’uso epigrafico dell’interpunzione espuntiva

P. Poccetti - Il ‘teorema’ della falsificazione della Fibula: la fine di un romanzo ‘fin de siècle’

M . Sannibale - La Fibula Prenestina: maestri d’arte, committenza e pratica della scrittura nell’Orientalizzante.

..........................

Me quedo por ahora con ganas de leer los que faltan por ser subidos, y sobre todo los de D. Ferro-E. Formigli y A. Franchi De Bellis, que se suponen completarán el detalle arqueométrico de forma más satisfactoria de lo que se anunció en 2011 (recuerdo que la Drssa. Ferro facilitó por entonces un interesante avance al Sr. Caso).

Veo también ahora un breve de 2012 debido al Dr. D. F. Maras: "Scientists declare the Fibula Prenestina and its inscription to be genuine 'beyond any reasonable doubt'”, en Etruscan News, Winter 2012.

Hasta que pueda leer el volumen, pero sobre los que ya he leído, observo que ahora, según inveterada costumbre mediterránea, el péndulo se ha ido al extremo contrario: Todo es bueno-buenísimo, la fíbula ha sido ofendida en su honor durante 30 largos años, y Guarducci y quienes quedamos -y seguimos- convencidos por su argumentación y datos somos parte (esto y más se lee en la introducción de di Gennaro) de la "prepotente offensiva del teorema della falsità", "dell’offensiva iconoclasta" y de una "crociata demolitrice", simpáticas clasificaciones ante las que no puede una por menos que sonreírse, claro. Como diríamos en español: "Ni tanto, ni tan calvo".

A pesar de todo ello, yo al menos no olvido nada de los hechos importantes y decisivos que en su día denunciaron expertos tan notables como A.E. Gordon, D. Ridgway o M. Guarducci, como por ejemplo los turbios negocios con antigüedades que se traían en extraña alianza Helbig y Martinetti, o el análisis grafológico del Instituto Oficial de Urbino (aportado por Guarducci) que reconoció la letra de Helbig, entre otros muchos datos e incongruencias muy reveladores que para los defensores de la autenticidad total ahora parecen haber pasado al trastero historiográfico. Y eso tampoco es científicamente aceptable.

Asi que, "iconoclasta" sin remedio de falsos que es una, por ahora insisto en lo que dije en mis tres comentarios extensos de 2011 (unodos y tres): que la fíbula puede ser buena, pero la inscripción no lo es. Ni siquiera el propio arqueómetra Formigli (como tuve ocasión de traer a colación hace 4 años, desmintiendo a la prensa) creía posible que un análisis físico-químico pudiera resolver algún día ese aspecto, que es el crucial. Lo recuerdo con sus propias palabras:

"Le problème plus important, celui de l’authenticité de l’inscription, reste toutefois non résolu. D’autre part, vu les manipulations subies par la fibule et le recouvrement des lettres par une patine qui ne nous est pas donnée d’extirper puisqu’elle constitue maintenant aussi un document historique, je doute qu’avec des méthodes archéométriques on puisse réussir à l’avenir à dire quelque chose de vraiment définitif».

Claro que algo puede haber cambiado, y seguro que mejorado, en las técnicas y los aparatos de estudio, y por eso hay que esperar otro poco para leerlo. Pero es un hecho reconocido por el mismo Formigli que el uso en el siglo XIX de "agua regia" y de ácidos para la “limpieza” de la fíbula (¿y por qué, siendo de oro?, me preguntaba yo entonces) afectó de forma irremediable a los detalles de antigüedad o técnica que pudieran quedar en los surcos de la inscripción.

Que, por cierto, es bastante chapucera, como puede verse en detalle en aquella magnífica fotografía ampliable del CNR italiano, que puse en 2011 y repito hoy:

Con todo, los rasgos característicos de la letra de Wolfgang Helbig seguirán estando sobre la famosa Fibula Prenestina, y eso va a necesitar de una buenísima explicación. Saludos.

Comentario por Alicia M. Canto el mayo 24, 2015 a las 12:14pm

Como ampliación de lo que puse anoche, aquí va un significativo párrafo sobre Helbig debido a A.E. Gordon, en su reseña de 1982 del libro de la Guarducci. Lo reprodujo en 2009 la revista Archaeology, órgano del Archaeological Institute of America, dentro de su dossier sobre "Archaeology's Hoaxes, Fakes, and Strange Sites", bajo el título "Who Made the Praeneste Fibula?":

"On the one hand, the life of a much respected scholar, much honored by the Italians and the French; on the other...[an] unscrupulous businessman, who with his collaborator Martinetti made a fortune out of illegal, fraudulent activities--illegal in acquiring antiques as well as in getting them transported out of Italy by bribery, not to mention the fraud involved in embellishing genuine antiques to get higher prices and in creating fake antiques."

Me parece lo bastante expresivo, aunque es mucho más lo que puede leerse sobre las actividades del prestigioso (en Roma) Wolfgang Helbig, más todo lo que amplió Guarducci en 1980, o los acusadores documentos que se conservan en los archivos de la Ny Carslberg Glyptothek de Copenhague (Gordon, 1982).

En 2009 no se había celebrado aún la mesa redonda, ni se habían dado a conocer los nuevos análisis de la fíbula. Ahora bien, ¿eso debe borrar todo lo que hoy sabemos sobre Helbig y sus trapicheos con Martinetti, o la circunstancia, siempre primer indicio de sospechas, de no poderse saber la procedencia real de la fíbula, o ser ésta ambigua y contradictoria? Creo que no, que nada de eso se puede olvidar ni apartar ahora.

Sin embargo, así parece para algunos. Según el jubiloso avance de F. Maras en 2012 que enlacé anoche:

"The Fibula Prenestina was publicly presented for the first time in 1887 by Wolfgang Helbig (1839-1915), archaeologist and learned scholar, expert of Etruscan antiquities and collaborator of Theodore Mommsen, who was the acknowledged master of humanities in the 19th century".

Leyendo esta breve semblanza, nadie podría imaginarse todo lo que la segunda vida de Helbig esconde, o que "Theodor Mommsen said he was 'a lightheaded fly' and a 'loafer'" ["una mosca alucinada y un holgazán"], o que "Indeed, shortly after Helbig presented the fibula, the first secretary (director [del Inst. Arq. Alemán de Roma]) Wilhelm Henzen died [27-1-1887]. Helbig was made acting director [el cargo al que H. hacía años que ansiaba ascender], but did such a poor job that he was sacked, leaving October 1, 1887... (Archaeology cit.) [o sea, que sólo pudo mantenerse unos pocos meses en el cargo]".

En este momento pendular, de gran "apología fibulística", es precisamente cuando no debemos olvidar nada de todo eso.

Comentario por Augusto Pugliese Rossi el mayo 24, 2015 a las 6:09pm

Gracias, Dra. Canto, por su actualización del tema. Únicamente he podido leer en el Bullettino el trabajo de M. Sannibale pero tiene Ud. razón: se han vuelto las tornas y parecería herético albergar dudas sobre la autenticidad de la inscripción. 

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el mayo 24, 2015 a las 7:00pm

Me sumo al amigo Augusto en agradecerle, Dra. Canto, que nos haya comunicado que ya se pueden leer algunos artículos del informe final sobre los análisis que se hicieron de esta famosa fíbula.

No obstante, habrá que esperar, efectivamente, a que se publiquen al completo e ir leyéndolos con detenimiento. De todos modos, en los que he visto por encima y de modo apresurado, me ha parecido ver cierta parquedad en la información ofrecida. Quizá en los demás artícuos hallemos más material que expliquen, al menos, algunas de las dudas que se habían suscitado.

Saludos cordiales 

Comentario por Percha el mayo 28, 2015 a las 11:24pm

Koenraad, me parece que inscripción que señala está en un recipiente de origen desconocido perteneciente a una colección privada. Podría ser falsa (no digo que lo sea) y entraríamos en bucle. Como siempre.

Comentario por Alicia M. Canto el mayo 29, 2015 a las 12:01am

Sr. Van den Driessche: Entro brevemente para instarle a que deje de provocar mi intervención con tantas citas directas, y menos en este asunto de la Fibula Prenestina, del que no tiene ni remota idea. ¡Pero si Ud. se enteró por mí de que existía la ciencia arqueométrica! (podríamos buscar en el dossier veleyano sus primeros comentarios al respecto y comprobarlo).

Olvida Ud. que, además de epigrafista, de formación soy arqueóloga (como Guarducci, por cierto), y debe ignorar (junto a tantas otras cosas) que en la Universidad tengo, no uno, sino dos laboratorios del Departamento justo debajo de mis pies, aparte del Servicio Interdepartamental de Investigación (SIdI) de la Facultad de Ciencias de la UAM, en el que, como todos los miembros de mi Departamento, tengo una cuenta abierta para hacer analíticas. Y este Centro, como verá si se molesta en entrar en esa página, dispone de todos los aparatos imaginables, entre ellos una Unidad completa de Microscopía. ¿O se cree Ud. que yo me hubiera atrevido a publicar un post sobre los límites de la Arqueometría ¡en 2008, hace ya 7 años!, si ya entonces no hubiera tenido al menos una ligera idea de todo ello? Claro, como Ud. habla con tanto desparpajo de lo que ignora, debe de creer que los demás hacemos lo mismo, pero no es así. Así que haga el favor de ir a explicarle a algún otro de “la vieja generación de profesores" lo que es un microscopio de barrido.

Y, en resumen, deje de intentar darme clases de lo que Ud. mismo no tiene una competencia acreditada. ¡Y menos para la Fibula de Preneste!, ya no sé qué me queda por leerle... Si mi opinión diverge en parte (en cuanto al soporte) de la de dos tan respetables expertos como fueron Gordon y Guarducci, será por algo. En todo caso, tengo 40 años de carrera académica detrás que me autorizan a opinar sobre ellos, y una larga praxis de casi 30 años en falsos epigráficos, desde 1987 y la supuesta Tabula Lougeiorum.

Ignora Ud. igualmente que, como el extraño FHEFHAKED, esa nueva Numasiana también tiene sus problemas lingüísticos. O que pudo existir una inscripción desaparecida que tuviera un nombre similar que le diera la idea a Helbig, y que luego desapareciera. Pero, claro, como ahora Ud. también se cree ya un experto etruscólogo, dice que “Visto que el supuesto falsificador no conocía la nueva inscripción, que es la primera mención de los numasianas (sic!), tiene esta casi el valor de prueba de la autenticidad”, y ni siquiera se le ocurren otras varias opciones que existen de que pruebe exactamente lo contrario, pero que no perderé el tiempo en decirle, claro.

Y así todo. Ud., que es geólogo y traductor, que no es ni arqueólogo, ni físico-químico, ni arqueómetra pero, sobre todo, que no es epigrafista, ¡se atreve a decir ayer que unas eminencias mundialmente reconocidas de la epigrafía como Arthur E. Gordon Margherita Guarducci eran "de nivel prensa rosa", que tenían "una mala nariz" (habrá querido decir "olfato"...), o que "investigaban cotilleos"! Y todo eso además habiendo leído Ud. como mucho las pocas (aunque instructivas) páginas de la reseña de Gordon 1982 del libro de la Guarducci que señalé, porque es seguro que no se ha leído el larguísimo artículo inicial de ella, ni los análisis químicos que incluía, y mucho menos el libro-resumen del “caso” que se publicó en 2007, pues nada de ello cita.

Lo cual sería normal en su caso, porque no es su campo ni tiene autoridad ninguna en él. Pero que, siendo así, se meta a opinar y encima criticando… ya es el colmo. En estos momentos se está desarrollando un debate académico cerrado en Academia.edu sobre algunos aspectos de la fíbula en la nueva monografía, convocado por uno de los autores del volumen de 2015, al cual él ha invitado a 142 expertos en distintas materias. A Ud. no le he visto entre los participantes, y será por algo.

Y sepa que no soy la única que desconfía del resultado de las actuales pruebas físico-químicas. Uno de los colegas italianos del debate, por ejemplo, dice: “Personalmente, poi, ho registrato una certa tendenza a reputare dirimenti e definitive da sole le conclusioni delle ricerche archeometriche: il che sarà vero per l'oggetto, ma ciò si può sostenere con lo stesso livello di attendibilità per l'incisione? Alcuni come la collega Canto non lo credono”.

Los ataques químicos con ácido (con “agua regia”, entre otros) que sufrió la fíbula en el siglo XIX (¿y para qué, siendo de oro, sino para envejecerla?), que debieron destruir cualquier rastro que quedara en sus surcos, ya hicieron decir al propio E. Formigli (el autor ahora con D. Ferro de los nuevos análisis) que creía que por la vía físico-química la inscripción misma no podría documentarse como antigua. Y lo dijo él mismo, no yo, como tuve ocasión de recordar aquí en 2011 ("Le problème plus important, celui de l’authenticité de l’inscription, reste toutefois non résolu... je doute qu’avec des méthodes archéométriques on puisse réussir à l’avenir à dire quelque chose de vraiment définitif..."). Es por su cambio de posición actual por lo que hay que esperar a leer los nuevos resultados, que pueden no ser convincentes, por muy físico-químicos que sean. Pero hasta la lógica, y los paralelos conocidos, dicen (y a otros expertos también les llama la atención) que sobre un objeto de un lujo depurado como lo es esta fíbula no pudo grabarse un texto tan lamentable y lleno de rayajos y repeticiones, sobre todo con lo fácil que es para un artífice corregir cualquier fallo sobre oro. Y no hace falta ningún microscopio de barrido para darse cuenta de ello. Aquí un detalle del comienzo (he invertido la foto para que se aprecie mejor):

Bien se dice que la ignorancia es muy atrevida. Pero yo al menos no pienso seguir su juego. Si explico todo esto es más para tratar de evitar que Ud. confunda a los lectores con sus frases fuera de contexto y sus habituales cromos. Aunque por fortuna los asiduos del "caso Veleia" le conocen bien, claro.

Haga como los demás, y siga esperando la resolución judicial del problema que a Ud. le mueve, y que no es precisamente la Fibula Prenestina. Y de las inscripciones deje Ud. que nos encarguemos los epigrafistas, como suele ser la costumbre científica.

Comentario por Alicia M. Canto el mayo 30, 2015 a las 12:13pm

Sr. Van den Driessche: Como ya le dije, no siga dando la tabarra en un tema sin ser experto en él, y además deformando deliberadamente lo que se le dice.

Su escuálida información sobre la fíbula, desde Gordon 1982 hasta Maras 2012 (quien ya citaba el nuevo aríbalo de Numasiana), procede de los datos y enlaces que yo misma aporté en mis comentarios del 24 de mayo pasado (uno y dos), como el día 26 Ud. mismo reconoció y hasta "agradeció".

Yo no he hablado de "crear pátinas" (aquí se lee, al final, lo que dije el día 24 sobre el agua regia: que era para limpieza), ni tampoco de "buena fama", ni de "argumentos de autoridad", ni he "fardado". Tener experiencia de muchos años, o decir que se tiene, no es lo mismo, es algo que simplemente se acredita mediante docencia y publicaciones. No hay más que echar un vistazo a las suyas (aunque parece que acaba de eliminar las 5 que tenía Ud. ahí antes de ayer, de las que 3 eran manuscritos sobre Iruña-Veleia y una creo recordar que sobre dinosaurios), para ver que Ud. mismo se declara interesado exclusivamente en "Field Geology", o sea, en Geología de campo.

Por eso es muy difícil de creer la gran novedad que nos dice ahora: "Geoquímica... especialidad en la cual tengo un doctorado". Hasta ahora que se sepa Ud. no tenía más doctorado que en Geología. De hecho, a este nuevo "doctor geoquímico" que surge ahora como un hongo no lo menciona ni siquiera Ud. mismo en sus propios perfiles, ni en el de Terrae Antiqvae, ni como blogger, ni en otros sitios veleyanos. Eso sí que es la autofabricacion de un "argumento de autoridad", y por todo lo alto...

Podría seguir, pero no vale la pena, porque lo más importante de todo es que, además de no ser experto en epigrafía, a Ud. en realidad le importan un pito la fíbula de Preneste, Gordon, Guarducci, Maras y la nueva Numasiana, todo junto. Ud. sólo intenta socavar por donde sea, para fines muy distintos. Pero en eso le creerán sólo sus más fieles. O por lo menos aquéllos a los que no les importa que les mientan con un inexistente doctorado, que deben de ser muy pocos.

Comentario por Salvador Cuesta el mayo 30, 2015 a las 3:05pm

KOEN

SUTOR, NE ULTRA CREPIDAM

Se dice que una vez el famoso pintor Apeles  pidió la opinión de un zapatero sobre el color de unas sandalias en una de sus pinturas. El zapatero se entusiasmó y empezó a ofrecer consejos sobre el resto de la pintura; hasta que Apeles le contestó con esta expresión ahora tan popular.

 

Comentario por María // el mayo 30, 2015 a las 5:28pm

Supongo que tiene que haber una linea que distinga el interés científico del acoso disfrazado de eso mismo....Ya hay un foro para los trolls  :el de Veleia.

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