Una investigación científica afirma que la fíbula de Preneste y su inscripción son auténticas

Foto: La fíbula de Preneste S. VII a. C.  Roma.

 

Vía: laRepubblica.it | Giovanni Gagliardi| 5 de junio de 2011 (Traducción: G.C.C. para Terrae Antiqvae)

 

Investigaciones científicas realizadas por "La Sapienza" (Universidad de Roma) y el Consejo Nacional de Investigaciones (CNR) han confirmado la autenticidad de la preciosa fíbula etrusca y la de su inscripción, la evidencia más antigua de la lengua latina.

¿Verdadera o falsa? El caso de la fíbula Prenestina, expuesta en el Museo Nacional de Etnografía "Luigi Pigorini", ha quedado finalmente resuelto. La autenticidad del precioso broche, datado en el siglo VII a. C., y de su inscripción, considerada la evidencia más antigua de la lengua latina ha sido confirmada por estudios científicos realizados por Daniela Ferro, del Instituto para el Estudio de Materiales Nanoestructurados (ISMN) del Consejo Nacional de Investigación, y por Edilberto Formigli, restaurador y profesor de la Universidad "La Sapienza" de Roma y Florencia.

La fíbula, hallada en Palestrina, la antigua Praeneste, había sido objeto de un intenso debate sobre su autenticidad y contexto desde su lanzamiento oficial en 1887 por el arqueólogo alemán  Wolfgang Helbig (izquierda).

 

Los dos especialistas, que durante años han llevado a cabo análisis multidisciplinares sobre la tecnología y la orfebrería antigua, han presentado hoy, en el Museo 'Pigorini', los resultados de la investigación micro-analítica realizada en el laboratorio del Departamento de Química de la Universidad de Roma con el microscopio electrónico de barrido.

La joya de oro, de 10,7 cm de largo, y datada en torno a la mitad del siglo VII a. C., tiene, en la parte exterior del soporte, la inscripción "Manios med fhefhaked Numasioi"; en latín clásico: "Manius me fecit Numerio", esto es, "Manio me hizo para Numerio", el más antiguo testimonio de la lengua latina que ha sobrevivído.

"El estudio de una reliquia", dice Daniela Ferro, del Ismn-CNR, "requiere la elección de métodos de análisis no destructivos y no invasivos. El uso de la microscopía electrónica de barrido, acompañada con microsondas electrónicas de rayos X de dispersión de energía, permite observaciones de alta resolución de la superficie y, al mismo tiempo, adquirir datos sobre la composición química de sus elementos. En particular, la fíbula ha sido estudiada con un instrumento equipado con una cámara que le permite moverse ampliamente sobre el objeto e investigar todas sus partes sin dañarlo".

El equipamiento científico ha permitido establecer la metodología y composición en la misma antigüedad que la datación previamente asignada al broche, a pesar de los intentos de limpieza y abrasión de los últimos siglos. De hecho, a pesar de que con el oro aún no se han encontrado métodos de datación, ahora sabemos que algunas técnicas de orfebreria habían alcanzado un alto grado con los etruscos y existen numerosos estudios hoy en día que describen sus características.

"Es un artefacto de alta joyería, hecha en la parte del soporte con una lámina de alto contenido en oro, un material dúctil para ser grabado con la punta de una aguja", añade la investigadora. "La inscripción se realizó de la misma manera. También han sido identificadas las reparaciones llevadas a cabo antiguamente, como la presencia de un pan de oro para ocultar una pequeña fractura, mientras que el uso de amalgama de oro para fortalecer la parte móvil de la lengüeta (es decir, la punta ndr) podría ser reciente. Es poco probable que un falsificador operase en la particularidad de su procesamiento y usara aleaciones de oro en un período donde el conocimiento de los procedimientos de orfebrería etrusca no eran particularmente conocidos en detalle, por lo que no podría haberlos conocido salvo con sofisticadas herramientas tecnológicas disponibles sólo hoy en día".

 

Vía: laRepubblica.it | 5 de junio de 2011

 

La fíbula de Preneste: un siglo de debates.

 

El preciosos broche fue objeto de largas discusiones acerca de su autenticidad y también de vicisitudes atormentadas.

Fue presentado oficialmente por primera vez por el arqueólogo alemán Wolfgang Helbig en 1887. El investigador afirmaba haberla comprado a un amigo en 1876, y señaló como lugar del hallazgo la tumba Bernardini. Un sepulcro principesco, descubierto en 1851 y excavado desde 1871, cerca de la antigua ciudad de Praeneste, la actual Palestrina.

A continuación, la fíbula Prenestina fue donada en 1889 al Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia por el anticuario Francesco Martinetti, quien la compró probablemente a Helbig. En 1900 fue transferida al Museo Nacional de Prehistoria, Etnografía y Kircheriano, del Colegio Romano, uniéndola al inventario de restos de la tumba Bernardini, una tumba principesca del periodo orientalizante descubierta en Palestrina en 1876. La pertenencia de la fíbula a la tumba Bernardini no era, sin embargo, segura.

En 1960 el conjunto de restos de esta tumba fue trasladado al Museo Etrusco de Villa Giulia, mientras que la fíbula permaneció en el Museo de Prehistoria y Etnografía. El 27 de noviembre 1979 estalla un verdadero "caso": la fíbula de Preneste es declarada una falsificación. La erudita  Margherita Guarducci (izquierda), en una reunión de la Accademia de Lincei, niega la autenticidad de la pieza argumentando que la inscripción se hizo en Roma a finales del siglo XIX por el mismo Wolfgang Helbig.

Arqueólogos, epigrafístas y lingüistas se agitan. Las reacciones son inmediatas y vivaces, tanto en apoyo de la autenticidad del objeto y de la inscripción, como en apoyo de la falsedad de la inscripción, grabada en la edad moderna. Mientras tanto, en los libros de texto no se menciona la inscripción de la fíbula.

Al final de los años ochenta Edilberto Formigli estudia  la estructura física de la fíbula y confirma su autenticidad. No obstante, para algunos lingüistas seguía habiendo dudas sobre la inscripción.

 

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Comentario por David Montero el junio 11, 2011 a las 11:27am

María:

Ya he captado que el problema es la inscripción. Quizás me he expresado mal.

He tratado de sopesar los datos que nos había aportado Alicia Canto con los que aportaban las noticias de prensa. Desgraciadamente no he tenido tiempo de leer atentamente todos los enlaces que ella puso, pero creo que dio una especie de resumen de las objeciones que ella consideraba más importantes.

Sobre ello he construido mi especulación de aficionado de blog. Si hubiera estado en un congreso o hubiera puesto en juego un imaginario prestigio de especialista seguro que hubiera sido más cauto.

Comentario por David Montero el junio 11, 2011 a las 11:43am
PD: El único dato contrario que me parece de peso es que los análisis previos del oro de la fíbula indicaban que su procedencia no era Prenestina. Como vemos, aquí, contra lo que quiere el simplismo de la fórmula "científicos" contra "lingüistas", son los propios datos "científicos" los que se enfrentan entre sí. Lo que suele ocurrir, por otra parte.
Comentario por ramon loza lengaran el junio 11, 2011 a las 1:17pm
Guillermo Caso, antigua, no es un valor arqueológico.
Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el junio 11, 2011 a las 6:40pm
Sr. Ramón Loza:

Primero: ¿y quién dice que lo sea?

Segundo: ¿qué quiere decir Ud. exactamente con ello respecto a la cuestión de fondo que nos ocupa?

La utilización por mi parte del adjetivo "antigua" está realizada a tenor de la información que proporciona el periodista de "Il Messagero", al referirse a la reparación que ostenta la fíbula como consecuencia de haber padecido ésta una rotura. Aunque el periodista no precisa el alcance temporal que implica el adjetivo "antigua", es obvio que quiere decir que la reparación es al menos tan antigua como en el tiempo en que fue realizada dicha fíbula. Es decir, el periodista quiere destacar con tal adjetivo que tal reparación no es "moderna", vamos, que no es tampoco fruto una posible falsificación.

Luego, no se trata de querer dar al adjetivo "antigua" un valor arqueológico (eso lo supone Ud), sino que con ello se describe, simplemente, que la reparación tiene una antigüedad similar a la propia elaboración de la fíbula.

Un saludo
Comentario por ramon loza lengaran el junio 11, 2011 a las 7:25pm

Pero es que fuera, de la arqueología, los objetos antiguos se convierten en meras "antiguedades". Ni falsas ni autenticas, directamente, nada. Bueno, si, la museística se suele interesar por este tipo de cosa pero no los arqueólogos.

Un saludo

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el junio 16, 2011 a las 3:14am

Tal como me sospechaba la presentación de los resultados del estudio llevado a cabo sobre la fíbula de Preneste ya había tenido lugar el pasado 6 de junio, y la que se anunciaba para el día 11 del mismo mes era un mero error de la página de información del CNR, puesto que no ha habido más información al respecto.

 

Ante ello, y dado que no se había ofrecido al menos un resumen de este trabajo de investigación en la web del CNR, me decidí enviarle un e-mail a la Dra. Daniela Ferro (dirección que proporciona la aludida web) solicitándole que me enviara algún documento-resumen de dicho trabajo, si es que lo tenían disponible y era posible.

 

La Dra. Daniela Ferro me ha contestado muy amablemente, diciéndome que los resultados del estudio científico se acabarán publicando, si bien están a la espera de obtener los fondos necesarios para ello.

 

Como compensación me ha enviado un escrito en el cual resume sustancialmente el trabajo que han llevado a cabo. Y puesto que me ha dado permiso para ello, paso a exponerlo para conocimiento de todos con su consiguiente traducción (de la que espero indulgencia si se aprecia que es mejorable, que seguro que sí) por si alguien lo encuentra así más cómodo:

 

In generale, lo studio di un gioiello antico, impone la scelta di utilizzare metodi analitici non distruttivi e non invasivi, per questo la microscopia a scansione elettronica  (SEM) accoppiata alla microsonda elettronica per raggi X a dispersione di energia (EDS),  è quello che permette osservazioni ad alta risoluzione della superficie e contemporaneamente ottenere  valori della composizione chimica in elementi, senza alcuna alterazione del reperto.

 In particolare, la fibula è stata studiata con la strumentazione LEO1450VP-INCA300 che presenta  il vantaggio di avere una camera porta campioni  di dimensioni tali da permettere  un’ampia movimentazione del campione, potendo così indagare ogni minima parte dell’oggetto.

Questo ha consentito di andare oltre le precedenti osservazioni del Formigli , che utilizzò una strumentazione con camera piccola, e nello stesso tempo di confrontare i  suoi dati con quelli attuali dal momento che le strumentazioni utilizzate si basano sullo stesso principio.

 All’apparecchio analitico SEM, è stato inoltre aggiunta una sorgente di raggi X in modo da ottenere anche misure di  composizione in elementp attraverso la fluorescenza X  così da ottenere  dati  analitici  confrontabili, su una stessa micro-area del reperto.

Il gioiello è l’unico tra i reperti antichi che contiene tutto il sapere pratico e scientifico dell’artigiano il quale deve ogni volta creare un’opera unica. Basandosi su procedure più o meno attestate nell’epoca e nell’area geografica  dove opera, il gioielliere antico apporta delle innovazioni  stilistiche e tecnologiche che via via si attestano , ed il loro riconoscimento insieme ad elementi storico artistici ne permettono la contestualizzazione.

 L’altro aspetto rilevante è che il metallo , qualunque esso sia, mantiene sia  le informazioni delle operazioni che hanno permesso la sua trasformazione in opera d’arte , sia dell’azione del tempo.  Il riconoscimento di tali  trasformazioni  fornisce  elementi utili  alla definizione della sua antichità.

Non è stato quindi un unico elemento a fornire le prove di autenticità del reperto, ma un’insieme di  indicazioni che vanno dall’osservare un modo di operare consono con l’oreficerie etrusca del periodo, come l’uso di leghe auree a diverso contenuto di argento  per realizzare i componenti della fibula secondo la funzione d’uso  a cui erano destinati, o lo strumento utilizzato per eseguire l’iscrizione, fino ai cambiamenti della microstruttura del metallo nel tempo.

Tutti i risultati ottenuti vanno nella direzione dell’autenticità della fibula sia del corpo che della scrittura.

Si tratta quindi di un lavoro di alta oreficeria,  preparato in modo da presentare una lamina  di composizione ad alto contenuto d’oro , e quindi particolarmente duttile, per consentire un’incisione eseguita con una punta a stilo usata per trascinamento.  Anche la parte sovrapposta dell’iscrizione è stata realizzata nello stesso modo, avvalorando l’ipotesi di una correzione effettuata con lo stesso utensile pressando però maggiormente sul tratto.

 Sono state anche individuate parti  con restauri operati nell’800 come l’uso di amalgama d’oro per rinforzare la parte  mobile dell’ardiglione , mentre un foglia d’oro è stata utilizzata in  per nascondere una  piccola frattura. Il modo di operare nell’oreficeria  etrusca è ora attestata grazie ai tanti studi specialistici pubblicati nella letteratura internazionale,  ma trenta anni fa gli studi non erano  ancora molto avanzati sia per la scarsa disponibilità dei musei a far analizzare le opere, sia per l’inadeguatezza delle apparecchiature scientifiche  a tali studi.

E’ improbabile che un falsario possa aver riprodotto tali minimi dettagli tecnici senza una conoscenza delle procedure dell’oreficeria che, tra l’altro non avrebbero potuto essere  rilevate con le strumentazione dell’epoca.

Ci sono invece tracce di  pulitura alquanto maldestre, come l’uso di una miscela
acida, probabilmente per  pulire la parte scritta  e successivamente l’uso di una sostanza abrasiva per  riparare ai danni dell’intervento con acidi, operazioni sicuramente non operate in antico .

Purtroppo per l’oro non sono stati ancora trovati metodi di datazione, quindi  tutti gli studi si basano  sull’uso di una certa composizione di lega aurea o di un materiale saldante o su una specifica procedura  in un certo contesto storico geografico. Inoltre  oggi siamo in grado di collocare  particolari  elementi compositivi e la tecnica per realizzarli, quali per esempio la granulazione e la filigrana, che  hanno origine nei paesi orientali prima del 2000aC, ma che raggiungono un alto grado tecnico solo con gli Etruschi.

Oggi ci si basa essenzialmente  su quella che Formigli definisce “ la datazione tecnologica” come dimostrato nello studio della fibula. Quindi potrei dire  che sono   tanti gli elementi diagnostici  quali prove di autenticità, riportati nello studio attuale  che,  almeno di innovazioni strumentali imprevedibili oggi, non dovrebbero esserci dubbi sulla loro validità.

Dr.ssa DANIELA FERRO

Primo ricercatore CNR- Istituto per lo studio dei materiali nano strutturati.
Docente a contratto nel Corso  di Scienze applicate ai Beni Culturali. Università di Roma Sapienza.

 

TRADUCCIÓN:

 

En general, el estudio de una joya antigua impone la elección de utilizar métodos analíticos no destructivos y no invasivos, por lo que la microscopía electrónica de barrido [microscopia a scancione elettronica (SEM)], acoplada a la microsonda electrónica de rayos X con dispersión de energia [microsonda elettronica per raggi X a dispersione di energia (EDS)], permite observaciones de alta resolución de la superficie y a la vez obtener los valores de la composición química de los elementos sin ningún tipo de alteración del objeto.

En particular, la fíbula se estudió con la instrumentación LEO1450VP-INCA300, que presenta la ventaja de tener una cámara de muestras de dimensiones tales como para permitir un amplio manejo de la muestra, pudiéndose explorar todas las partes diminutas del objeto.

Esto ha favorecido ir más allá de las observaciones anteriores de Formigli, el cual había utilizado una instrumentación con una cámara pequeña, y al mismo tiempo confrontar sus datos con los actuales del momento, puesto que los instrumentos utilizados se basan en el mismo principio.

Al aparato de análisis SEM se le añadió también la fuente de rayos X, a fin de obtener, asimismo, las medidas que componen los elementos a través de la fluorescencia de rayos X, proporcionando datos de análisis comparables en una misma micro-área del objeto.

La joya es única entre los restos antiguos, la cual contiene todo el saber práctico y científico del artesano que debe crear una obra única de cada vez. Basándose en su proceder, más o menos atestiguado en la época y en la zona geográfica donde opera, el joyero de la antigüedad aporta las innovaciones estilísticas y tecnológicas que poco a poco se verifican, y su reconocimiento, junto con elementos históricos y artísticos, permiten la contextualización.

El otro aspecto importante es que el metal, cualquiera que sea, mantiene tanto la información de las operaciones que han permitido su transformación en una obra de arte como la acción del tiempo. El reconocimiento de tales transformaciones proporciona elementos útiles para la definición de su antigüedad.

No fue, por tanto, un único elemento el que proporcionó la prueba de autenticidad del objeto, sino un conjunto de datos que van desde observar una forma de trabajar de acuerdo con la orfebreria del período etrusco, como el uso de aleaciones de oro con diferentes contenidos de plata para realizar los componentes de la fíbula según la función de uso a que estaba destinada, o el instrumento utilizado para llevar a cabo la inscripción, hasta los cambios de la microestructura del metal con el tiempo.

Todos los resultados obtenidos van en la dirección de la autenticidad de la fíbula, tanto del cuerpo como de la escritura.

Se trata, por tanto, de un trabajo de alta orfebreria, preparado de forma que presenta una lámina cuya composición tiene un alto contenido en oro, y, en consecuencia, extremadamente dúctil como para permitir una incisión realizada con la punta de una aguja que se arrastra. Incluso la parte superpuesta de la inscripción ha sido realizada de la misma manera, apoyando la hipótesis de una corrección efectuada con el mismo utensilio presionando, pero mayormente sobre los surcos.

Hay también partes que fueron identificadas con las restauraciones hechas en el siglo XIX,  como el uso de amalgama de oro para reforzar la parte móvil de la lengüeta, mientras que una hoja de pan de oro fue utilizada para ocultar una pequeña fractura. El modo de operar de la orfebreria etrusca está acreditado gracias a los numerosos estudios que sobre la especialidad se han publicado en la literatura internacional, pero hace treinta años los estudios no eran todavía muy avanzados por la escasa disponibilidad de los museos a analizar las obras, dada la insuficiencia de equipos científicos en tales estudios.

Es improbable que un falsificador pudiera haber reproducido tales mínimos detalles técnicos sin el conocimiento del proceder de la ofebreria, lo que, entre otras cosas, no habría podido  detectar con los instrumentos de la época.

Hay rastros de una limpieza un poco torpe, como el uso de una mezcla de ácido, presumiblemente para limpiar la parte escrita, y luego el uso de una sustancia abrasiva para reparar los daños de la intervención con ácido, operaciones, sin duda, no realizadas en la antigüedad.

Desafortunadamente, para el oro aún no se han encontrado métodos de datación y todos los estudios se basan en el uso de una determinada composición de la aleación aúrea, o de un material de sellado, o de un procedimiento específico en cierto contexto histórico-geográfico. Además, estamos hoy en día en condiciones de establecer los detalles de los elementos compositivos y de la técnica utilizada, como por ejemplo la granulación y la filigrana que se originan en los países del Próximo Oriente antes del 2000 a. C., pero que sólo alcanzó un alto nivel técnico con los etruscos.

Hoy en día esto se basa esencialmente en lo que Formigli define como "la datación tecnológica", tal como se demuestra en el estudio de la fíbula. Así que yo diría que hay tantos elementos de diagnóstico como prueba de autenticidad reportados en el estudio actual que, salvo imprevisibles innovaciones instrumentales de hoy en día, no debería haber dudas sobre su validez.

Dr.ssa DANIELA FERRO

Investigadora Senior en el CNR-Instituto para el Estudio de materiales nanoestructurados.

Profesora Adjunta en el curso de Ciencias Aplicadas al Patrimonio Cultural. Universidad de la Sapienza. Roma

Comentario por ramon loza lengaran el junio 16, 2011 a las 9:44am
Grazie mille
Comentario por Alicia M. Canto el junio 16, 2011 a las 10:00am

¡Excelente "scoop" periodístico, Sr. Caso, enhorabuena! Esta síntesis de la Dra. Ferro no parece que esté publicada en Red. Le doy por ello las gracias, a Ud. y por supuesto, a ella. De paso veo que les debía respuesta, a Ud. y al Sr. Pugliese, ambas del día 10 y muy amables. Lo siento, es que los fines de curso, aunque no haya ya clases, tienen algo de absorbentes... ;-)

Entendiendo ahora mejor lo que dicen ambos, y sin mucho tiempo todavía, sólo quisiera comentar, sobre la nueva (e inédita) nota de la Dra. Ferro, que me intriga que, si esto era así, en la oficial del CNR no se dijera nada sobre el "agua regia" (o sea, el ácido corrosivo) con la que a fines del siglo XIX fue "atacada químicamente" la fíbula, según la propia expresión del co-autor, Dr. Formigli, en 1992, que evoqué aquí el día 9 pasado, en italiano y en español, junto con mis dudas al respecto de que de esto no se hubiera recordado nada ahora.

O, más raro aún, que se asegurara en las noticias de prensa iniciales (aquí arriba) que Formigli ya había hablado en 1992 de "la autenticidad del epígrafe", cuando, como demostré reproduciendo sus frases en aquel estudio, era justamente al revés, pues, además de dudar en que la arqueometría sirviera algún día para autentificar el epígrafe, una de las opciones que daba para explicar la manipulación química y el posterior patinado de la pieza en el XIX era precisamente "el camuflaje de una inscripción moderna escrita sobre la fíbula antigua".

Bueno, ciertamente no es la primera vez que vemos cómo uno o más expertos tratan de sepultar sus primeras aseveraciones sobre piezas epigráficas (en este portal hemos comentado algunos casos bien notables), en vez de reconocer lo que en otro tiempo pensaron o publicaron, cuando "rectificar es de sabios", lo que no deja de causar una mala impresión.

Pero, yendo a la nota de ahora, que es lo interesante, observo nuevas afirmaciones, que no se habían producido en lo publicado. Ella se centra continuamente en que los análisis prueban la autenticidad del objeto (como "Es improbable que un falsificador pudiera haber reproducido tales mínimos detalles técnicos sin el conocimiento del proceder de la ofebreria"). Pero, como ya dije, no es de eso de lo que hablamos, pues se acepta bastante generalmente que la fíbula es auténtica. El problema es, como siempre, cuándo se hizo la inscripción. Por ello, aplicar automáticamente las técnicas y resultados físico-químicos que validan la fíbula al epígrafe puede no ser correcto.

Sobre esto observo algo nuevo hasta ahora, que puede haberse hecho necesario citar a causa de preguntas en el mismo sentido que las que manifesté yo aquí, pero que seguro otros colegas en Italia también han formulado. Dice la Dra. Ferro: "Hay rastros de una limpieza un poco torpe, como el uso de una mezcla de ácido, presumiblemente para limpiar la parte escrita, y luego el uso de una sustancia abrasiva para reparar los daños de la intervención con ácido, operaciones, sin duda, no realizadas en la antigüedad".

Aunque en las macrofotos que aquí hemos visto parece que tal "limpieza" ("ataque químico" me gustaba más...) afectó a casi toda la superficie en distinto grado, con que el ácido y el "abrasivo" (esto es nuevo, Formigli hablaba de una pátina artificial rosácea a base sobre todo de ceras) se usaran sólo justamente, como ella misma dice, "para limpiar la parte escrita", ya podrá ella entender que "los de letras" necesitemos mayores explicaciones de cómo el ácido corrosivo no afectó a las "mineralizaciones uniformes" que se dicen, dado que, según tengo entendido, el "agua real" precipita también sus propias mineralizaciones. Acaso se pueden diferenciar ambas, no lo sé, y hasta separarlas para distintos análisis, pero me resulta difícil imaginar que las del ácido no acabaran con las propias del oro.

En resumen. Aunque, según veo en la noticia de El País que trajo José Luis Santos, "los expertos que participaron en la presentación, "extremadamente representativos del panorama de lingüistas, epigrafistas y etruscólogos", consideraran acabadas las dudas sobre la autenticidad de la fíbula", mi conclusión provisional sigue siendo (y veo que en ello coincidí con lo que dijo el prestigioso arqueólogo italiano Adriano La Regina), que para la inscripción primero y aún hemos de ver el estudio científico de estos análisis, y los datos concretos, ojalá sea pronto.

Y espero que en él ambos autores, Ferro y Formigli, no se olviden de contestar a algunas preguntas de los no tan convencidos (entre los que me encuentro). Cuestiones o "cabos sueltos" que aún quedarán en el aire. Por ejemplo, a qué creen que se debería un "ataque químico" tan innecesario. Porque el oro no precisa prácticamente limpieza (como sabrían perfectamente tanto Helbig como Martinetti), y menos una tan brutal. O bien, otra que se me ocurre ahora, basada en otros estudios previos, válidos (no vamos a olvidarnos ahora la totalidad del estudio de Guarducci...), que formularía entonces a la inversa:

 

Si se afirma ahora que la inscripción de la fíbula de Preneste es auténtica, y que se hizo en el siglo VII-VI a.C., ¿cómo puede ser que muchos de sus rasgos coincidan con los de la letra del Dr. Wolfgang Helbig, una persona que vivió 2600 años después?

 

Ahí lo dejo planteado... Un saludo cordial.

Comentario por Jabo el junio 16, 2011 a las 4:58pm

Hola a todos,

Ante todo decir que no tengo ni idea sobre este tema. Sin embargo si que empleado el microanálisis con microscopia electrónica en varias ocasiones (en un campo muy diferente pero con propósitos similares). Lo que no consigo comprender es como si la pieza ha sufrido tras su descubrimiento un ataque ácido, que habría alterado de un modo muy intenso y de manera diferencial las concentraciones de los elementos depositados sobre la pieza, ¿cómo es posible extraer ninguna conclusión basada en los espectros obtenidos mediante el microanálisis? Por otro lado, estas técnicas son usualmente semicuantitativas con todos los problemas que ello supone a la hora de extraer conclusiones. Supongo que es más complicado de lo que yo estoy entendiendo, porque de otra forma sería un verdadero despropósito. ¿Es posible que exista alguna experimentación sobre como afecta el lavado ácido a los elementos depositados sobre este tipo de material y de esta antigüedad? ¿Se puede consultar los resultados en alguna publicación científica?

Comentario por Augusto Pugliese Rossi el junio 16, 2011 a las 7:42pm

Guillermo:

 

Debo darle las gracias por su aporte a este debate, su interés en la búsqueda de datos para enriquecerlo y esclarecerlo y el trabajo que se ha tomado para traducir el resumen de la Dra. Ferro. Ringrazio anche sua autrice, Dottoressa Daniela Ferro, per la loro gentilezza e collaborazione.

 

Al menos desde mi punto de vista de lego, creo que lo esencial del resumen es que “Todos los resultados obtenidos van en la dirección de la autenticidad de la fíbula, tanto del cuerpo como de la escritura”, de manera que debo aceptarla como tal no obstante sus peculiaridades.

 

Subsisten las preguntas que hace la Dra. Canto y, en lo específicamente técnico, la del contertulio Sr. Jabo. Supongo que cuando se obtengan los fondos necesarios y se publique en su totalidad el estudio científico, las preguntas quedarán contestadas y las dudas aclaradas.

 

Por definición el futuro es imprevisible. Me produce un cierto vértigo el pensar lo ajeno que estaba el grabador a la discusión que suscitaría su torpe tarea en un tiempo y civilización tan remotos como inimaginables para él.

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