Pequeñas poblaciones, endogamia y fluctuaciones demográficas podrían haber sido suficientes para la extinción de los neandertales

Hubo un tiempo en el que diferentes humanidades compartían el planeta. Además de los neandertales y denisovanos, el Homo luzonensis, el Homo erectus, el Homo naledi y el Homo florisiensis coincidieron con los Homo sapiens en diferentes etapas de la Prehistoria.

Los neandertales son los que más se nos acercan en tamaño corporal y cerebral, además de ser la última especie en extinguirse. Durante cientos de miles de años, poblaron los bosques y montañas de Europa, pero desaparecieron hace 40.000 años, poco después de que los primeros sapiens anatómicamente modernos comenzaran a asentarse en el continente.

Esa coincidencia hace que el papel que los sapiens pudieron desempeñar -si es que desempeñaron alguno- en su extinción sea aún objeto de debate. Las hipótesis van desde el conflicto directo entre las dos especies hasta la mera ocupación de las regiones que el neandertal dejó vacías en su declive. Una investigación publicada este miércoles en la revista PLOS One refuerza esta última idea: de acuerdo con sus autores, los factores demográficos son suficientes para explicar la desaparición del Homo neanderthalensis.

Los neandertales vivían en grupos pequeños y aislados geográficamente. Fluctuaciones demográficas aleatorias -variaciones en la tasa de nacimientos y muertes o en la proporción de sexos- podrían haber sido suficientes para causar su desaparición en un periodo de 10.000 años.

"Eso no descarta completamente que los humanos tuvieran algún papel en la extinción", matiza Krist Vaesen (izquierda), investigador de la Universidad Tecnológica de Eindhoven. "Sin embargo, nuestros modelos sugieren que ese papel podría no haber sido el que algunos científicos suelen reivindicar. Según esos científicos, los neandertales fueron superados por una especie más inteligente y numerosa, pero nuestros resultados sugieren como alternativa más plausible una coexistencia pacífica".

Los investigadores han partido de datos de poblaciones actuales de cazadores-recolectores como los hadza de Tanzania, los achés de Paraguay, o los !Kung de Namibia y Bostwana. Con esa base han desarrollado modelos estadísticos para simular la evolución de poblaciones neandertales en largos periodos de tiempo. Además, tuvieron en cuenta el impacto que añadiría la endogamia (habitual en los aislados clanes neandertales) y el llamado efecto Allee: la reducción del tamaño de la población hace descender la tasa de reproducción al escasear los individuos.

RIVALIDAD

Según esas estimaciones, si un 25% o menos de las hembras neandertales hubieran dado a luz (una cifra común en los cazadores-recolectores actuales), eso habría significado la desaparición de poblaciones de hasta 1.000 individuos. Los autores no descartan que la aparición de los sapiens pudiera haber agravado ciertos factores. "Una competencia fuerte por los recursos habría hecho que los neandertales fueran aún más vulnerables a la extinción", reconoce Vaesen, "pero es razonable pensar que la competencia era muy débil, vista el área de distribución geográfica de los neandertales (desde el Mar Negro hasta la costa atlántica) y que la población era pequeña (70.000)".

Los neandertales fueron considerados durante mucho tiempo como un pariente tosco y poco evolucionado del sapiens. En parte por su apariencia y fuerza física y en parte porque admitir la cercanía entre las dos especies restaba excepcionalidad a la nuestra. "En muchos aspectos, los neandertales eran una especie humana muy similar a la nuestra, porque ambos heredaron las mismas cualidades de antepasados comunes y porque en la evolución ambas especies adquirieron capacidades similares", señala Antonio Rosas  (derecha), investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).

La conclusión del estudio en PLOS One enlaza con un trabajo publicado este año por Rosas y otros investigadores del CSIC, que apuntaba a una combinación de factores ecológicos y demográficos como responsables de la extinción. En concreto, las pruebas realizadas en la cueva de El Sidrón (Asturias) revelaban una elevada endogamia que habría limitado la viabilidad del clan.

Aquel estudio se centró en un grupo familiar que vivió en la gruta asturiana (compuesto por 13 individuos) y reveló hasta 17 anomalías congénitas distribuidas por todo el esqueleto, todas ellas compartidas por varios miembros.

Reconstrucción de un hombre 'Homo neanderthalensis' (La-Chapelle-aux-Saints 1, Francia) con un niño (Gibraltar 2, Devil's Tower, Reino Unido). Museo de Historia Natural, Viena (Austria).

CONEXIONES SOCIALES

A pesar de tener un tamaño cerebral similar al de los humanos modernos (aunque una mayor masa corporal), el cerebro de los neandertales tenía una estructura diferente. Una parte significativa estaba dedicada a la visión, en detrimento de otras funciones como la conexión social. En contraste, los sapiens, procedentes África, no necesitaron esta adaptación y en su lugar desarrollaron lóbulos frontales, que se asocian con un mejor procesamiento de la información.

"Es posible que capacidades cerebrales y cognitivas sutiles diferenciaran la manera de pensar y razonar de neandertales y humanos modernos", explica Rosas. "Esas pequeñas diferencias básicas pudieron determinar aspectos clave como el tamaño del grupo, la capacidad de previsión o de conexiones a larga distancia, lo que en última instancia determinaba que sus áreas geográficas de distribución eran más restringidas. Y consecuentemente el intercambio genético era menor".

El antropólogo de la Universidad de Oxford, Robin Dunbar (izquierda), desarrolló en los años 90 la famosa 'Teoría del Cerebro Social', en la que demostraba que el tamaño del cerebro es el principal indicador del tamaño de los grupos sociales en los primates. Cuanto más grande es el neocórtex (la capa más externa) de la especie, mayor es el número de individuos que viven en comunidad.

Sin embargo, si los cerebros de los neandertales estaban esencialmente dedicados a la visión y al movimiento, esto puede significar que tenían otras áreas del cerebro más pequeñas. Así, habrían estado limitados cognitivamente a grupos más pequeños, lo que acabó condenándolos desde un punto de vista evolutivo.

Fuentes: elmundo.es | phys.org | 27 de noviembre de 2019

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