"Estamos conociendo mejor el contexto ecológico en el que vivían los neandertales de la cueva de los Casares" (Guadalajara)

Labores de excavación arqueológica en los niveles paleolíticos de la cueva de Los Casares FOTO: Luis de Luque Ripoll

La cueva de Los Casares ha sido considerada uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes para el conocimiento del Paleolítico del interior peninsular durante el siglo XX. Tras un largo período de inactividad investigadora, desde comienzos de la presente década los grabados y pinturas paleolíticas que albergan sus paredes, así como el yacimiento neandertal que se esconde en su interior, han vuelto a ser estudiados mediante novedosos métodos en arte rupestre y arqueología del Paleolítico.

El equipo de investigación de la Universidad de Alcalá (UAH) que ha llevado a cabo la campaña de excavaciones que se han realizado en esta cueva, ubicada en Riba de Saelices (Guadalajara) ha recogido muestras en este paraje para estudiar una ocupación neandertal y quizá también de humanos modernos en esta gruta. Hablamos con Manuel Alcaraz Castaño  (izquierda), personal investigador de la Universidad de Alcalá y codirector de la excavación.

¿Cuándo comenzó la excavación y con qué fin?

La cueva de los Casares se conoce desde hace mucho tiempo, desde finales del siglo XIX, y su yacimiento arqueológico se conoce desde los años 30. Los primeros trabajos se centraron en el arte rupestre, es decir en las pinturas y grabados que tiene la cueva y en los años 60 hubo una excavación por parte de un equipo de la Universidad de Zaragoza que puso al descubierto un yacimiento neandertal.

A pesar de su importancia, ha permanecido prácticamente sin investigación hasta que llegamos nosotros, en 2014, que reanudamos las investigaciones. Quisimos hacerlo porque entendíamos que quedaba mucho por hacer allí, se conocía el arte pero no hay un estudio (estamos en ello) del mismo. Para ello, no solo empezamos trabajando desde la Universidad de Alcalá, sino también trabajamos dentro de varios proyectos interdisciplinares e internacionales. Javier Alcolea y yo que somos los directores de las investigaciones, contamos con otros investigadores, geólogos, físicos, biólogos o paleontólogos, y no solo españoles, sino que trabajamos con investigadores alemanes o ingleses.

Estamos conociendo mucho mejor la circunstancia o el contexto ecológico en el que vivían los neandertales de la cueva de los Casares. Desde los años 60 se sabía que había neandertales, porque se encontraron herramientas de piedra que son típicas del Paleolítico medio, incluso se encontró un metacarpiano, un hueso del pie neandertal, entonces no había duda, pero no se conocía la edad exacta, porque cuando hablamos de neandertales debemos situarlos entre 300.000 y 40.000 años antes del presente, lo que es un lapso de tiempo muy amplio.

Lo que no se tienen son dataciones, lo que llamamos dataciones cronométricas, y no se puede situar de forma más precisa esa ocupación. No se tenían esas dataciones, y tampoco se tenían datos paleoecológicos, es decir, datos que nos informaran sobre el contexto ecológico en el que vivían esos neandertales. Eso es muy importante en las sociedades del Paleolítico, dado que evidentemente eran cazadores recolectores y el medio al que se enfrentaban es muy relevante a la hora de entender lo que llamamos las adaptaciones culturales, es decir, cómo esta gente se enfrentaba al medio en el que vivían y tenían una serie de comportamientos que estaban condicionados por el medio ambiente. 


FOTO: Luis de Luque Ripoll


¿Qué muestras se recogen en este tipo de excavaciones?

Son básicamente cuatro para conocer el contexto ecológico: en primer lugar hemos analizado los restos de polen que se conservan en el yacimiento. Es algo que suele extrañar, pero se conserva directamente en el sedimento, en la tierra donde vamos excavando. Los árboles o arbustos que hubiera en esa época soltaron el polen y esporas, y con eso hoy en día -tras analizarlo- somos capaces de reconstruir el paisaje vegetal en el que vivieron estos neandertales.

Es muy importante analizar también lo que llamamos la microfauna, es decir, los animales pequeños. Aparecen mucho en los yacimientos paleolíticos porque se conservan muy bien. Estos animales son muy sensibles a los cambios ambientales. En ese sentido, dependiendo de las especies que encontremos podemos deducir que estamos ante un paisaje más abierto o un paisaje más boscoso. Por ejemplo en Los Casares tenemos restos de ardilla y puercoespín en el nivel correspondiente a la ocupación de neandertales, dos especies muy típicas de paisajes boscosos. 

Las otras muestras que cogemos son los carbones, que no son más que maderas que se ha quemado en el yacimiento, y con eso vemos el tipo de árbol. Y otro análisis que llamamos de fitolitos, que son restos vegetales fosilizados que se ven también en el sedimento, y que también nos ayudan a recomponer el paisaje vegetal.


FOTO: Luis de Luque Ripoll


¿Cuáles son las principales novedades que han conseguido en esta última excavación?

Hemos encontrado más grabados y más pinturas de las que se conocían, pero es normal porque no había un estudio exhaustivo de las paredes. La cueva se conoce relativamente bien, pero hasta que no vas allí con los medios adecuados no documentas todo lo que hay. Seguramente podamos multiplicar los motivos grabados y pintados en Los Casares por cuatro o por cinco. 

La mayoría de lo nuevo que estamos encontrado son cosas que no se ven muy bien. No son grandes grabados de caballos, porque ya se habrían visto, pero, por ejemplo, hemos encontrado un grabado de un reno y es relevante dado que es un ejemplo de lo que llamamos fauna fría, la cual solo vive en contextos de climas rigurosos. La relevancia de esta representación reside en que hasta la fecha no se han encontrado restos paleontológicos de reno al sur de la cordillera cantábrica correspondientes al Pleistoceno superior. Y, sin embargo, tenemos ya unos cuantos ejemplos de renos grabados en varias cuevas de la Meseta; no solo en Casares, sino también en la vecina cueva de La Hoz, y también en la Cueva del Reno (Valdesotos).

Esto abre un debate interesante, centrado en conocer si actualmente no tenemos registros paleontológicos de reno simplemente porque aún no se han encontrado, o, si por el contrario, estos grupos humanos representaron renos por motivos culturales, y no necesariamente porque convivieran con ellos.

En lo que más nos hemos centrado en la última campaña de excavación es en lo que llamamos la contextualización arqueológica de los grabados y pinturas, es decir, se conocen los grabados y pinturas rupestres de la cueva de los Casares desde los años 30, pero lo que no se conoce hasta ahora son los niveles arqueológicos que se corresponden con esos grabados, es decir, los restos materiales de las personas que pintaron y grabaron. En ese sentido, uno de nuestros objetivos ha sido tratar de encontrar restos materiales, excavando cerca o incluso debajo de los paneles decorados para ver si encontrábamos restos que nos indiquen que no solo hubo gente pintando y grabando, sino que también estaban viviendo físicamente allí, o al menos dejaron restos de sus actividades puntuales. 


FOTO: José Javier Alcolea González


Este año hemos hallado un nivel arqueológico que no se conocía hasta entonces, por encima de los niveles de neandertales, y que muy probablemente se pueda corresponder con el Paleolítico superior, y, por tanto, con las personas que hicieron estos grabados. Es importante para poder conseguir dataciones de este nivel, ya que nos pueden dar una fecha que indirectamente nos ayude a datar los grabados. Los resultado de esas dataciones que fueron enviadas a un laboratorio en Oxford al poco de acabar la campaña de excavación, estarán disponibles a finales de diciembre. 

¿La última fase de la excavación está terminada?

Hemos terminado la campaña de este año. El año que viene seguiremos excavando. Las excavaciones del Paleolítico se empiezan a hacer en tamaños muy reducidos. Nosotros para hacer esta excavación, que intenta encontrar un nivel arqueológico relacionado con las pinturas, hemos excavado dos metros cuadrados y vamos muy despacio porque hay que ir con mucho cuidado.

El próximo año continuaremos ampliando la excavación, pues queda parte de ese nivel que no ha sido excavado. Y, sobre todo, si las dataciones que hemos enviado nos confirman lo que creemos, merecerá la pena ampliar los dos metros cuadrados para seguir recopilando información sobre ese Paleolítico superior que es tan desconocido en Los Casares y que solo se sabe de él a través de los grabados. 

Fuente: eldiario.es | 6 de diciembre de 2019

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