"Los segadores", de Pieter Brueghel el Viejo (1565) / Wikimedia Commons

La razón por la que los humanos se alejaron de la caza y la recolección, y comenzó a cultivar -un proceso mucho más laborioso-, siempre ha sido un enigma. Y es particularmente más confuso porque el cambio ocurrió de manera independiente en una docena de áreas de todo el mundo.

"Una gran cantidad de evidencias sugiere que la domesticación y la agricultura no tienen mucho sentido", dice Elic Weitzel, estudiante de doctorado en el departamento de Antropología de la Universidad de Connecticut. "Los cazadores-recolectores a veces trabajan menos horas al día, su salud es mejor y sus dietas son más variadas, así que ¿por qué alguien cambiaría y comenzaría a cultivar?"

Weitzel ha intentado llegar a la raíz de este cambio, en su nuevo artículo en American Antiquity, observando una zona del mundo, el este de los Estados Unidos. En pocas palabras, buscó pruebas que respaldaran alguna de las dos teorías populares.

Una teoría plantea que en tiempos de abundancia pudo haber habido más tiempo para comenzar a experimentar en la domesticación de plantas como la calabaza y los girasoles, la última de las cuales fue domesticada por los pueblos nativos de Tennessee hace unos 4.500 años.

La otra teoría sostiene que la domesticación pudo haber ocurrido por necesidad de complementar la dieta cuando los tiempos no eran tan buenos. A medida que la población humana creció, tal vez los recursos cambiaron debido a razones como la sobreexplotación de los recursos o el cambio climático. "¿Hubo algún desequilibrio entre los recursos y las poblaciones humanas que llevara a la domesticación?", se pregunta Weitzel.

Elic Weitzel, examina algunos huesos en el laboratorio en Beach Hall de la Universidad de Connecticut. (Roxanne Lebenzon / UConn Photo).

Weitzel comprobó ambas hipótesis. Lo hizo analizando huesos de animales de los últimos 13.000 años de media docena de sitios arqueológicos del norte de Alabama y del valle del río Tennessee, donde los asentamientos humanos y sus detritos proporcionan pistas sobre cómo vivían, incluido lo que comían. A continuación, recogió datos sobre el polen en núcleos de sedimentos depositados en lagos y humedales, núcleos que sirven como registro de los tipos de plantas presentes en diferentes fases del tiempo. Los resultados fueron... mixtos.

Weitzel halló polen de roble y nogal, lo que le llevó a la conclusión de que los bosques compuestos de esas especies comenzaron a dominar en la región a medida que el clima se calentaba, pero que también condujeron a la disminución de los niveles de agua en lagos y humedales. Junto con la disminución de los lagos, los registros de restos óseos mostraron un cambio en las dietas ricas en aves acuáticas y peces grandes en favor de una subsistencia basada en mariscos pequeños.

Tomados en conjunto, estos datos proporcionan evidencias a la segunda hipótesis: se produjo algún tipo de desequilibrio entre la creciente población humana y su base de recursos, tal vez debido a la sobreexplotación y al cambio climático.

Obtención de núcleos de sedimentos para comprobar su composición. Imagen de vídeo.

Pero Weitzel también vio apoyos para la primera hipótesis, pues una abundancia de robles y de nogales sustentaba una población de especies de caza igualmente prevalentes. "Eso es lo que vemos en los datos obtenidos de los restos óseos de animales", dice. "Fundamentalmente, cuando los tiempos son buenos y hay muchos animales presentes, uno esperaría que la gente cazara presas que fueran más eficientes, y los ciervos lo son mucho más que las ardillas, por ejemplo, que son animales más pequeños, tienen menos carne y son más difíciles de atrapar".

Un solo ciervo o un ganso puede alimentar a varias personas, pero si son cazados en exceso, o el paisaje cambia a uno menos favorable para la población animal, los humanos deben subsistir con otras fuentes de alimentos más pequeñas y menos eficientes. La agricultura, a pesar de ser un trabajo duro, pudo haberse convertido en una opción necesaria para complementar la dieta cuando se producen desequilibrios como los que se apuntan.

A pesar de los resultados mixtos, los mismos respaldan que la domesticación acontece en momentos en los que baja la cantidad ideal de alimentos significativos, sostiene Weitzel.

"Creo que la existencia de una disminución de la eficiencia en determinado tipo de hábitat es suficiente para demostrarlo. La domesticación que se produce en tiempos de abundancia no es la mejor forma de entender la domesticación inicial".

El contexto más amplio de esta investigación es importante, señala Weitzel, porque mirar hacia el pasado y ver cómo estas poblaciones se enfrentaron y adaptaron a los cambios habidos puede ayudar a saber lo que debemos hacer a medida que el clima de hoy en día se caliente en las próximas décadas.

"Tener una voz arqueológica respaldada por una perspectiva de 'tiempo-profundo' es muy importante en la formulación de políticas al respecto".

Fuente: Universidad de Connecticut | 5 de abril de 2019

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