La acumulación de restos humanos en la Sima de los Huesos de Atapuerca podría ser natural, no ritual

Excavaciones en la Sima de los Huesos, Atapuerca.

La acumulación de restos fósiles en los yacimientos Dinaledi (Sudáfrica) y la Sima de los Huesos (Atapuerca) hicieron pensar a los paleontólogos que el hombre practicaba ritos funerarios desde hace unos 500.000 años. Ahora, un estudio sugiere que esa acumulación de huesos podría deberse a causas naturales.

Pese a estar tan lejos geográficamente, ambos yacimientos son parecidos: los dos tienen una cámara en sendas cuevas que durante milenios ha conservado miles de fósiles de una cronología similar.

La cámara Dinaledi, de la cueva Rising Star de Sudáfrica, contiene más de 1.500 fósiles humanos -excavados en solo un metro cuadrado- de una quincena de individuos de la misma especie, el Homo Naledi, un homínido muy primitivo que vivió hace entre 230.000 y 330.000 años en la zona.

En el yacimiento de Atapuerca, la Sima de los Huesos alberga también miles de fósiles de Homo heidelbergensis, un homínido que agrupaba a sus muertos, lo que los paleontólogos del yacimiento burgalés han calificado siempre de comportamiento ritual y simbólico.

Determinar cuándo comenzó el hombre a cobrar consciencia de su mortalidad y a preocuparse de los muertos es uno de los temas más controvertidos de la paleontología, ya que los rituales funerarios son una de las características que más definen al hombre.

Ahora, un estudio publicado hoy en PNAS, sostiene que la acumulación de huesos en la Sima y en Dinaledi podría deberse a causas naturales y no a la intervención del hombre.

El trabajo es una colaboración entre varios centros de investigación de Florencia (Italia), Birmingham (Reino Unido), Sudáfrica, Carolina del Norte (EEUU), y España.

"Hasta hace poco, se creía que esta característica exclusivamente humana comenzó con los neandertales, pero recientes estudios han atribuido las acumulaciones de cadáveres de Dinaledi y Atapuerca a comportamientos funerarios, por lo que la evidencia más antigua de conciencia de la muerte podría tener 500.000 años", explica a Efe Manuel Domínguez-Rodrigo (izquierda), investigador del Instituto de Evolución en África de la Universidad de Alcalá de Henares y coautor del estudio.

Para comprobarlo, los investigadores han llevado a cabo una revisión de las dos cámaras y las han comparado con los restos de otros yacimientos mucho más recientes, de menos de 100.000 años (e incluso actuales), "cuando no hay dudas de que esos comportamientos son funerarios", precisa.

El estudio analiza las acumulaciones antrópicas (intencionadas) de 16 yacimientos, entre ellos los de Fontbrégoua (Francia), el Portalón (Atapuerca), Krapina (Croacia), Skhul (Haifa), y Misgrot (Sudáfrica), con restos de humanos y primates de diversos periodos.

Para ello han usado herramientas de inteligencia artificial, en concreto, algoritmos de máquina de aprendizaje, que aprenden a clasificar información cuantitativa.

"Estas herramientas han visto que ni la cámara de Dinaledi ni la de la Sima de los Huesos se parecen a las acumulaciones humanas en los que no hay ningún tipo de alteración. Lo más parecido a ellas es la cueva Misgrot, donde la acumulación de fósiles es estrictamente natural, y la cantidad de restos de primates es similar a la de la Sima y Dinaledi", afirma Domínguez-Rodrigo.

Para el autor, el estudio demuestra que "hay procesos naturales que pueden generar las mismas acumulaciones que se ven en estas cuevas, por lo que no se puede estar tan seguro de que las cámaras de Dinaledi y la Sima contengan acumulaciones de origen humano, ni hablar de comportamientos funerarios más antiguos de 100.000 años".

Para Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca, "el artículo es muy claro en sus conclusiones" y no se puede estar "más de acuerdo".

Tras revisar las prácticas mortuorias del Paleolítico, el estudio especifica que aunque la acumulación de cuerpos sea intencionada, hay dudas de que tenga un significado ritual, es decir "que no se considera que la evidencia de ritual funerario sea inequívoca", interpreta Arsuaga.

"Lo que viene a decir el trabajo es que hay una acumulación antrópica, pero que no se parece a los ritos modernos, y con esa consideración el equipo de Atapuerca no puede estar más de acuerdo", entiende el paleontólogo.

Y es que, "los miembros de Atapuerca nunca hemos dicho que la Sima de los Huesos sea un enterramiento como el de los neandertales, por ejemplo, que son fosas excavadas con cuerpos depositados, sino que en la Sima hay una acumulación de cadáveres que no es utilitaria (no se ha hecho con fines prácticos), pero que es intencionada. No es un enterramiento como tal", concluye Arsuaga.

En cualquier caso, advierte el paleontólogo, "es un tema apasionante que seguirá dando mucho que hablar y donde la Sima de los Huesos estará siempre en el centro del debate". EFE.

Fuente: lavanguardía.com | 2 de abril de 2018

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Comentario por Antonio el abril 3, 2018 a las 11:16am

Sólo indicar que desde 2015 el Equipo de Investigación de Atapuerca ha retirado la denominación de H. heildebergensis a los restos de homininos encontrados en la Sima de los Huesos.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el abril 3, 2018 a las 1:03pm

Sí, efectivamente, Antonio, la denominación de Homo heildebergensis utilizada para denominar los restos fósiles de la Sima de los Huesos ha quedado obsoleta desde que en 2016 se logró secuenciar ADN nuclear de los mismos.

 

El resultado de dicha secuenciación ha llevado a considerar a tales restos fósiles como neandertales arcaicos (emparentados, además, con los denisovanos).

Puede leerse a este respecto el post "El ADN nuclear aclara el origen de los humanos de Atapuerca".

Gracias por recordarlo y un saludo.

Comentario por Morfeo Gómez el abril 4, 2018 a las 2:01pm
Hace 6 años...
El hallazgo cobra especial relevancia ya que, según explicó el propio Arsuaga, el que aparezca la tercera falange del dedo pequeño del pie (el hueso más pequeño del esqueleto, sin contar con el martillo y estribo que también se ha hallado en este yacimiento), supone descartar la hipótesis de que fueran trasladados hasta la Sima por otros carnívoros y permite hablar de santuario.
“Se trataría del primer santuario de la humanidad”, apostilló Arsuaga quien entiende que no existen restos en toda Eurasia de este calibre. “Es la prueba más antigua de un comportamiento funerario y de una acumulación colectiva”, recalcó.
Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el abril 6, 2018 a las 12:04pm

¿Cuándo comenzaron los humanos a celebrar funerales?

Reconstrucción del enterramiento neandertal de La Chapelle-aux-Saints, Francia, el primero que se atribuyó a una especie distinta de los sapiens V. MOURRE

Durante milenios, los seres humanos se creyeron el centro del universo, el pueblo elegido que había heredado la Tierra. Después, el relato comenzó a cambiar. Las teorías evolutivas mostraron que compartíamos ancestros con todos los animales que pueblan el planeta y los astrónomos nos colocaron en las afueras de una galaxia entre miles de millones. Pero los científicos, que no sienten aversión hacia el ego humano sino más bien al contrario, tras sacarnos del centro de la creación han intentado entender qué nos separa del resto de los seres vivos, qué nos hace especiales.

Nuestra reacción ante la muerte parece uno de esos rasgos. Hay otros animales que se lamentan cuando muere alguien cercano, que se consuelan y que saben que lo sucedido es irreversible. Pero ninguno honra a sus muertos con los complejos rituales humanos. Por ahora, además de nuestra especie, solo los neandertales parecen gozar (o sufrir) de la capacidad de abstracción y previsión suficiente para asumir su mortalidad y la de sus congéneres y actuar con la solemnidad que demanda ese conocimiento.

Los primeros en hablar de rituales funerarios más allá de los Homo sapiens fueron los hermanos Jean y Amédée Bouyssonie, dos curas católicos que en 1908 descubrieron los restos de un neandertal de hace 50.000 años en la cueva de La Chapelle-aux-Saints, en Francia (izquierda).

Según los Bouyssonie, la posición fetal del cuerpo y las herramientas que lo acompañaban en la zanja donde lo encontraron apuntaban a un entierro intencionado. Abundando en la especulación, sugerían que los autores de aquel ritual tenían capacidad simbólica y creían en una vida después de la muerte. La condición sacerdotal de los hermanos y las dudas sobre sus técnicas de excavación hicieron que otros científicos de mayor prestigio desdeñaran sus hipótesis. Sin embargo, un artículo publicado en 2013 en la revista PNAS sugería que, como mínimo, los parientes de aquel viejo neandertal lo enterraron intencionalmente y con cuidado.

A principios del siglo pasado, los neandertales aún eran vistos como brutos, ajenos a las glorias intelectuales de la humanidad. Desde entonces, los hallazgos arqueológicos los han revelado como una especie muy cercana a la nuestra a la que se atribuye incluso la primera obra de arte de la historia. Por el momento, los únicos animales capaces de realizar algo parecido a lo que consideraríamos un funeral son los humanos y neandertales de los últimos 100.000 años.

En las tareas de definición de la familia humana, parece difícil rechazar a los neandertales, pero cuando se trata de ir más allá, crecen las dudas. En este territorio nebuloso se encuentran dos yacimientos sorprendentes, la Sima de los Huesos de Atapuerca, en Burgos y la cueva Rising Star, a unos 50 kilómetros de Johannesburgo (Sudáfrica).

En la primera se han encontrado huesos de 28 individuos de diferentes edades de la especie Homo heidelbergensis, unos ancestros de los neandertales que habitaron esta zona de la sierra burgalesa hace 400.000 años. En 2012, Juan Luis Arsuaga, uno de los directores del yacimiento de Atapuerca, afirmaba que “se trataría del primer santuario de la humanidad” y que la sima era “la prueba más antigua de un comportamiento funerario y de una acumulación colectiva” de restos fósiles humanos.

El hallazgo junto a los cadáveres de Excalibur (derecha), un hacha de mano rojiza elaborada con un material poco frecuente en la zona, se ha interpretado como un tributo a los muertos que fortalecería la hipótesis del enterramiento con sentido simbólico.

El caso del yacimiento sudafricano es aún más sorprendente. Los Homo heidelbergensis están en la línea de ancestros directos de los neandertales y su cráneo ya tiene un gran tamaño. El caso del Homo naledi, la especie encontrada en Rising Star, es muy distinto. Poseía un cráneo de solo 500 centímetros cúbicos, menos de la mitad que un heidelbergensis. De hecho, antes de datar los restos con precisión, sus características anatómicas hicieron pensar que vivieron hace dos millones de años. La datación reveló que pese a algunas características supuestamente primitivas, existieron hace menos de 300.000 años, mucho después de la muerte de los humanos encontrados en la Sima de los Huesos.

Para llegar hasta la cámara donde se hallaron los huesos era necesario recorrer 80 metros de cueva, trepar por una pared y descender por una angosta grieta. Un trayecto en tinieblas que parece el único por el que los huesos de aquellos ancianos, adultos y niños llegaron hasta allí. Además, ninguno tiene signos de haber sido devorado por algún animal, como sí sucede en el yacimiento burgalés.

La ausencia de otras muestras de comportamiento simbólico, como pinturas o figuras talladas, que se puedan asociar sin duda a estas dos especies, cuestiona que se trate de un enterramiento voluntario de individuos preocupados por el destino de los muertos. Además, esta misma semana se ha publicado un artículo en la revista PNAS que plantea incluso que la inopinada acumulación de fósiles humanos puede ser casual.

Un equipo internacional de científicos, liderado por Charles Egeland, de la Universidad de Carolina del Norte, en Greensboro, empleó un sistema de inteligencia artificial para comparar la acumulación de restos humanos de Atapuerca y Rising Star con otros yacimientos en los que sin duda hubo enterramientos humanos y otras acumulaciones de huesos de animales que fueron casuales. Después, “empleando algoritmos de aprendizaje como los que emplea Amazon para predecir el comportamiento de los clientes o los que utilizan los coches autónomos, pedimos que nos interpreten qué es la Sima de los Huesos y qué es el yacimiento de los naledi”, explica Manuel Domínguez-Rodrigo  (izquierda), investigador de la Universidad Complutense de Madrid y coautor del estudio.

Los resultados de estas simulaciones informáticas indican que las acumulaciones de fósiles del yacimiento español y el sudafricano son similares a las de restos humanos que habían sido consumidos como carroña o de babuinos que murieron de forma natural y cuyos restos acabaron después en una cueva. Los autores del trabajo aclaran que sus resultados no refutan el origen humano de las acumulaciones de los heidelbergensis y los naledi, pero plantean que pueden ser el resultado de una acumulación casual o influida en parte por animales que devorasen los cuerpos de los fallecidos.

“Lo que el estudio sí ha puesto de relieve sin ambigüedad es que la interpretación actual del equipo de Atapuerca de que la Sima es una acumulación antrópica con mínimo impacto de carnívoros hay que recharzarla. El estudio muestra que o bien es natural o si es antrópica ha sufrido una alteración de carnívoros considerable lo cual obliga a plantear qué carnívoro ha sido ya que los osos normalmente casi no modifican los huesos”, concluye Domínguez Rodrigo que considera que “la evidencia no permite asegurar que ninguna de las dos acumulaciones haya sido realizada por homínidos” y harán falta estudios más exhaustivos para confirmar que cualquiera de esas especies tenía una conciencia de la mortalidad similar a la nuestra.

José María Bermúdez de Castro (derecha), codirector de los yacimientos de Atapuerca, considera que el hecho de que fuesen los propios Homo heidelbergensis los que depositasen en la sima los cadáveres está fuera de duda.

“Otra cosa es que se discuta si lo hicieron con una intención ritual, como hicieron los neandertales o hacemos nosotros”, añade. “A mí no me extrañaría en absoluto que lo hiciesen, porque son casi neandertales”, continúa.

Por otra parte, Bermúdez de Castro lamenta que los autores hayan escrito su artículo sin visitar Atapuerca. “Para escribir un artículo científico hay que visitar los yacimientos. Estos autores no conocen el yacimiento y eso es bochornoso”, afirma.

A falta de nuevos hallazgos que relacionen a estas especies que vivieron hace más de 300.000 años con comportamientos simbólicos, aunque se pueda afirmar con cierta confianza que fueron humanos los que arrojaron a sus congéneres a aquellos pozos, seguirá siendo difícil asegurar que lo hacían como parte de un ritual para facilitar su paso al otro mundo o aliviar a los que quedaban en este. Como recordaba Frans de Waal en un artículo sobre el tema, si animales como los chimpancés se asentasen durante mucho tiempo en el mismo lugar, pronto se darían cuenta de que los cadáveres atraen a depredadores peligrosos. “No excedería en absoluto la capacidad mental del simio resolver el problema cubriendo los cadáveres malolientes o quitándolos de en medio”, escribía. Pero más allá de eso, por ahora solo podemos asegurar que hay dos especies conscientes de que todos vamos a morir.

Fuente: elpais.com | 6 de abril de 2018

Comentario por Morfeo Gómez el abril 6, 2018 a las 2:36pm

Es debatible esto de la acumulación intencionada. Eso es lo que se les olvidó decir en tantas y tantas cosas a Arsuaga y compañía.. que se trata de un debate científico, no de verdades.

Yo creo que es muy bueno que en España los investigadores empiece a perder el miedo a cuestionar y debatir todo lo que han dicho los popes sagrados de Atapuerca. Eso es la ciencia.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el abril 6, 2018 a las 11:05pm

No me extraña nada que Bermúdez de Castro descalifique a los autores del artículo de PNAS donde se pone en duda que el depósito de cadáveres en la Sima de los Huesos pueda tener un componente ritual. Tengo para mí que a los tres codirectores de Atapuerca no les ha gustado nada la conclusión de ese trabajo publicado en PNAS. De hecho, Juan Luis Arsuaga ha dicho bien claro que "es un tema apasionante que seguirá dando mucho que hablar y donde la Sima de los Huesos estará siempre en el centro del debate". Es decir, si la Sima de los Huesos va seguir siendo polémica quiere decirse que las conclusiones del trabajo de PNAS no se consideran definitivas, ni mucho menos (de hecho el propio artículo de PNAS tampoco lo afirma).

No es que se no considere la metodología y los resultados de ese trabajo de PNAS como dignos de tener en cuenta, sino que simplemente las conclusiones que ofrece no encajan del todo con lo que se sabe hasta el momento sobre los fósiles de la Sima de los Huesos. Además, un algoritmo de aprendizaje, como el utilizado en el trabajo de investigación, tampoco es un procedimiento cuyos resultados se puedan considerar como preferentes. Es simplemente una herramienta de trabajo que proporciona unas conclusiones a evaluar. 

De ahí que no vea contradicción entre lo que se dijo en su día por miembros del equipo rector de Atapuerca y lo que se ha dicho al respecto de este trabajo publicado en PNAS, tal como nos quiere hacer ver el amigo Morfeo Gómez en comentario de más arriba, al enlazar unas declaraciones pasadas de Juan Luis Arsuaga en las que consideraba, a título de hipótesis, que la Sima de los Huesos "Se trataría del primer santuario de la humanidad". Arzuaga, en realidad, viene a reafirmarse en su hipótesis cuando dice "Los miembros de Atapuerca nunca hemos dicho que la Sima de los Huesos sea un enterramiento como el de los neandertales, por ejemplo, que son fosas excavadas con cuerpos depositados, sino que en la Sima hay una acumulación de cadáveres que no es utilitaria (no se ha hecho con fines prácticos), pero que es intencionada. No es un enterramiento como tal". Cierto es que no especifica el alcance de lo que debe entenderse por 'intencionada', pero al afirmar que 'no es utilitaria' es de suponer que dicha intención la sigue considerando, aunque sea bajo aspectos mínimos (pues 'no es un enterramiento como tal'), como ritual. 

En este contexto, no está de más traer a colación un artículo que escribió el propio Bermúdez de Castro el pasado año, en el que presenta los argumentos por los cuales no considera preferentes las causas naturales o, si se prefiere, 'los agentes no antropogénicos y los procesos abióticos' (tal como se afirma en el artículo de PNAS), como los factores que posibilitaron la deposición de los cadáveres de los neandertales arcaicos de la Sima de los Huesos:

                                                               La Sima de los Huesos a debate

Hace pocas semanas, una amable lectora comentaba sobre las posibles similitudes entre la cámara de Dinaledi de la cueva de Rising Star, en Sudáfrica y la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca. En Dinaledi se han obtenido 1.550 restos de la especie Homo naledi, recientemente datados entre 350.000 y 220.000 años. La cronología ha resultado muy sorprendente, dadas las características morfológicas de esta especie. Todos asumíamos que la antigüedad estaría en torno a los dos millones de años, debido a las similitudes de Homo naledi con Homo habilis y los australopitecinos. Lee Berger, líder de las investigaciones en Rising Star, ha hipotetizado una acumulación intencionada de cadáveres en la cámara Dinaledi, apostaría que inspirado en una de las sugerencias propuesta para explicar la acumulación de cadáveres en el yacimiento de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca.

Los humanos de la Sima de los Huesos vivieron hace unos 400.000 años en la sierra de Atapuerca. Esta cronología ha sido aceptada de manera unánime, entre otras razones porque cuadra perfectamente con la antigüedad de las especies fósiles halladas en la cavidad. La presencia de un bifaz de cuarcita roja en la Sima de los Huesos también encaja en esa fecha. Hace 400.000 años la tecnología achelense estaba en pleno auge en Europa. El tamaño del cerebro de los homininos de la Sima de los Huesos estaba ya próximo al nuestro, con un promedio de unos 1.200 centímetros cúbicos (c.c.), y un rango de entre 1.050 y 1.400 c.c. La presencia de un número significativo de caracteres compartidos con los neandertales certifica que los homininos de la Sima de los Huesos pueden ser incluidos en el clado Neandertal. En otras palabras, aquellos humanos del Pleistoceno Medio comparten un origen común con los neandertales y tal vez con otros grupos afines (Denisovanos, por ejemplo). Recordemos que los neandertales enterraban a sus muertos.

Uno de los estrechos pasadizos entre la entrada a la Cueva Mayor y la sima de 14 metros de profundidad, donde se encuentra el yacimiento de la Sima de los Huesos. Foto: Javier Trueba.

Como siempre explica mi colega Juan Luis Arsuaga la causa de una acumulación tan excepcional en la Sima de los Huesos requiere una explicación también excepcional. La información para responder a esa pregunta se encuentra tanto en las características del propio yacimiento como en los restos fósiles obtenidos. Las evidencias que se observan en la colección de fósiles humanos conducen a la conclusión de que la acumulación de cadáveres sucedió por algún suceso de tipo catastrófico. La edad de muerte de los individuos oscila entre los diez y los 35-45 años, aunque aproximadamente el 65% de los cadáveres pertenecieron a adolescentes y adultos jóvenes de entre diez y veinte años; es decir, en la Sima de los Huesos aparecen los individuos que se encontraban en plena capacidad reproductora (mortalidad de tipo catastrófico). En un modelo de mortalidad de tipo atricional nos encontraríamos con muchos individuos infantiles y seniles. Sabiendo, además, que se trata de humanos pertenecientes a la misma población biológica, cabe imaginar que su fallecimiento pudo suceder en un lapso de tiempo muy corto. Las claras evidencias de agresión en los cráneos de algunos de ellos permiten plantear la hipótesis de muerte con violencia.

Por otro lado, en la Sima de los Huesos se acumularon cadáveres y no simplemente huesos. De no haber sido por la remoción realizada durante años por quienes destrozaron parte del yacimiento de manera inconsciente y por los eventos geológicos que debieron de suceder en el yacimiento a lo largo de 400.000 años, se podrían haber obtenido los 28 esqueletos casi completos. Se observan algunas mordeduras en los huesos, atribuidas a osos de las cavernas. Puesto que los osos no cazan humanos, las mordeduras pudieron deberse a razones circunstanciales, difíciles de probar.

No se ha encontrado por el momento ninguna entrada próxima a la Sima de los Huesos. El único acceso posible para llegar hasta ese lugar se encuentra a unos 800 metros de distancia, siguiendo un tortuoso camino por las galerías del interior de la Cueva Mayor. Casi se puede asegurar que algún punto de ese camino estuvo cegado hace 400.000 años, en particular el que conecta la llamada Galería del Silo con la Sala de los Cíclopes por un estrecho pasadizo (ver figura). Es por ello que el acceso a la Sima de los Huesos tuvo que realizarse por alguna entrada próxima, hoy en día desaparecida.

La acumulación de cadáveres debida a un evento geológico o natural (derrumbe, riada, etc.) queda descartada, precisamente por la distribución de edades de muerte. De haberse dado esa circunstancia se habrían encontrado individuos de todas las edades. Tampoco existen evidencias geológicas en el yacimiento para proponer esa hipótesis. El agente acumulador no fue una especie depredadora, como Panthera leo, porque se habrían encontrado centenares de dentelladas en los huesos y, muy posiblemente, habrían quedado pocos restos fósiles reconocibles. La caída accidental repetida de seres humanos por una sima abierta en el carst de la sierra tampoco parece una hipótesis razonable. Se conoce un yacimiento en la sierra de Atapuerca de la misma cronología que la Sima de los Huesos, en el que se ha observado una trampa natural. Por ella cayeron algunas docenas de animales, sobre todos caballos y ciervos, y fueron precisamente los humanos los que accedieron a ese lugar para aprovechar la carne de los cadáveres. Mi impresión, por tanto, es que los humanos de aquella época eran demasiado inteligentes como para caerse de manera repetitiva por la cavidad abierta del techo de alguna cueva. Recordemos de nuevo que las edades de muerte apuntan a un evento catastrófico colectivo y no individual.

Así llegamos a la hipótesis de la acumulación intencionada de cadáveres por otros humanos. Y remarco que se trata solo de una hipótesis. Las certezas no existen en la Ciencia. No me canso de repetirlo. Aunque todas las evidencias señalen en la misma dirección y no se hayan encontrado por el momento pruebas en contra de la acumulación intencionada, no quiere decir que se haya llegado a la respuesta definitiva. Quizá algún día la hipótesis de la acumulación intencionada se descarte por algún tipo de evidencia, o tal vez no. Es cuestión de seguir investigando.

José María Bermúdez de Castro

Fuente: quo.es | 22 de junio de 2017

 

Comentario por Morfeo Gómez el abril 7, 2018 a las 12:11am

Todo es un debate, no verdades.

Se pueden poner decenas de enlaces con las afirmaciones siempre tajantes del equipo de Atapuerca: el primer homínido europeo, el primer enterramiento, la primera caza colectiva...

Finalmente cuando otro investigador pone en cuestión (como es deseable y sano), siempre suavizan, reculan, pero al mismo tiempo desvían el argumento hacia otro tema, como en este caso..."es que no se trata de un enterramiento como el de los neandertales"...Ya, pero es que lo que plantea el nuevo estudio no es eso. El dilema es entre natural e intencional.

Si Arsuaga dice ahora que lo que es seguro es que es intencional, y no natural, ¿a que venían tantos titulares sobre el primer enterramiento?

Luego además, está el asunto de que no es sinónimo lo intencional con lo funerario, como parecieron suponer siempre los de equipo de Atapuerca. También habla ahora de "no utilitario", pero ¿por qué concluye que es no utilitario? 

Bermúdez de Castro afirma solo que es intencional...pero ambos parecen saltar directamente, antes y ahora, al titular..."El primer comportamiento funerario"

En 2012 afirmaba...

Arsuaga ha afirmado que, aunque no toda la comunidad científica esté de acuerdo, los codirectores de Atapuerca creen que los cadáveres fueron depositados allí por otros humanos, lo que sería la "prueba más antigua de un comportamiento humano simbólico de tipo funerario".

Una vez descartada la hipótesis de algún accidente o catástrofe, se había planteado como alternativa que los huesos hubieran sido llevados a ese lugar por animales carnívoros de gran tamaño.

Sin embargo, la aparición de este hueso pequeño del pie descarta esa opción, porque de haber sido obra de carnívoros, éstos habrían devorado los huesos de manos y pies completamente, más en el caso de los de un niño.

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/20/ciencia/1342787467.html

Comentario por Morfeo Gómez el abril 7, 2018 a las 12:22am

Por cierto, el artículo nuevo no descarta lo natural, que es lo importante. Pero yo creo que hay margen para una explicación también dentro de lo intencional y utilitario, no funerario, por ejemplo: que que otros homínidos ocuparan la cueva o el territorio y después de matar a muchos individuos los arrojaran allí. Podría ser un simple asesinato grupal, entre grupos, o intragrupo. O una lucha entre familias, una lucha por la jefatura, una purga etc... Las explicaciones podrían ser variadas.  Hay la misma base para decir que es primer comportamiento funerario como para decir el primer asesinato político, o el primer genocidio.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el abril 10, 2018 a las 11:35am

¿Qué sucedió hace 430.000 años en la sierra de Atapuerca?

La semana pasada conocimos un artículo publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, USA (PNAS), liderado por Charles P. Egeland (Universidad de North Carolina at Greensboro). En este trabajo se utiliza un algoritmo, que permite discernir posibles causas para la deposición de restos humanos fósiles en diferentes yacimientos. A pesar de que los autores analizaron 16 yacimientos de distintas épocas, centraron sus conclusiones en dos de ellos: la Cámara Dinaledi (Sudáfrica), donde se siguen recuperando restos fósiles de la especie Homo naledi, y la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca, donde también se siguen recuperando restos fósiles de una especie estrechamente relacionada con los neandertales. Se trata de dos yacimientos extraordinarios, con un registro fósil de homininos fuera de lo común. En el caso de la Sima de los Huesos, el número de restos se acerca a los 7.000, todos ellos pertenecientes a un número mínimo de 28 individuos de edades comprendidas entre los 10 y los 40 años, aproximadamente.

Desde el inicio de las excavaciones sistemáticas en la Sima de los Huesos, allá por el año 1984 (tras el hallazgo en 1976 de varios restos humanos por el equipo dirigido por Trinidad de Torres), se han propuesto hipótesis alternativas para explicar una acumulación de restos tan extraordinaria. Estas hipótesis han tropezado siempre con dos circunstancias, una de ellas insalvable. El yacimiento fue expoliado en parte desde los inicios del siglo XX. Lo que se llevaron y lo que destrozaron las gentes que se jugaron la vida bajando hasta el fondo de la cavidad es difícil de estimar. Pero alteraron para siempre la composición del conjunto de fósiles que el yacimiento guardaba celosamente desde hace unos 430.000 años. Por descontado, este dato ha sido ignorado en el análisis que presentan los autores del trabajo publicado en la revista PNAS. Estos autores no solo desconocían esta información, sino que jamás han estado en la Cueva Mayor de la sierra de Atapuerca. Y, muy probablemente, tampoco han pisado en la mayor parte de los 15 yacimientos restantes.

Nuestro compañero Rolf Quam atraviesa un paso estrecho para alcanzar la boca de la Sima de los Huesos. Foto de Javier Trueba.

 Otro dato no menos interesante del yacimiento de la Sima de los Huesos es su ubicación en el fondo de una cavidad ciega, de 14 metros de caída libre en vertical y otros 14 metros en rampa inclinada. Nunca se ha encontrado otro posible acceso que no sea el de la propia boca de la Sima de los Huesos. En la actualidad, para llegar a este lugar es necesario recorrer casi 1.000 metros de distancia por vericuetos y pasos estrechos. Todo un misterio. La dinámica de las cavidades cársticas es compleja y muy posiblemente el antiguo acceso a la Sima de los Huesos ha desaparecido para siempre. Todo ello ha sido un hándicap importante para entender la acumulación de los 28 cadáveres.

 

El algoritmo presentado en la revista PNAS es un procedimiento matemático construido por la mente humana, al que no se le puede dar toda la información. Sencillamente, es imposible. El algoritmo trabajará con algunos datos objetivos obtenidos de la literatura científica, publicados por los investigadores de cada yacimiento. Pero siempre faltará información y las reflexiones que esos investigadores han realizado durante décadas, después de un trabajo ingente en condiciones muy complejas y arriesgadas.

 

En el caso del yacimiento de la Sima de los Huesos existen una serie de evidencias, que han de ser tenidas en cuenta. Por ejemplo, es muy posible que todos los individuos pertenecieran a una misma población. Sus similitudes anatómicas son muy evidentes, al punto de que en más de una ocasión se han confundido las piezas dentales de diferentes individuos. A pesar de ello, no es posible saber con certeza si fallecieron en un intervalo muy pequeño de tiempo o durante varias semanas, meses, años… La gran mayoría de estos individuos estaban en plena edad reproductora, por lo que la acumulación es de tipo catastrófico (no atricional: fallecimientos continuados en el tiempo). Si fue así, entonces los 28 individuos murieron en un intervalo muy corto de tiempo, instantáneo desde el punto de vista geológico. Otros datos apuntan a la muerte violenta de algunos de los individuos. El propietario/a del Cráneo 17 pudo fallecer por el impacto violento de un objeto, que le perforó el cráneo en dos ocasiones. Se tiene que seguir investigando sobre los golpes recibidos por otros individuos ¿Una especie de batalla entre grupos rivales?

 

Al fondo de esa cavidad llegaron cadáveres completos y no huesos sueltos. Su descomposición ocurrió una vez que se acumularon en la cavidad. La presencia de un hacha de mano muy particular (Excalibur) junto a los cadáveres es simplemente una evidencia circunstancial. Pero esa presencia tiene que ser explicada. He tenido que escuchar explicaciones tan simples y grotescas como que “se le cayó del bolsillo” a alguno de los humanos allí acumulados.

 

Juan Luis Arsuaga siempre dice una frase que encierra mucha miga: “la formación de un yacimiento tan excepcional ha de tener una explicación también excepcional”. Puesto que se trata de hacer ciencia y no de adoptar posturas dogmáticas, las investigaciones sobre la acumulación de cadáveres en la Sima de los Huesos se han encaminado a buscar información que pueda refutar o rechazar las hipótesis planteadas por miembros del equipo y por científicos ajenos al proyecto. Por el momento, la acumulación antrópica no ha podido ser rechazada, ni siquiera por el algoritmo que se presenta en el artículo recién publicado en PNAS, como los propios autores del trabajo reconocen. Así que esa hipótesis se tiene que mantener. No se trata de afirmar de manera incontestable que los cadáveres fueron acumulados de manera intencionada por otros humanos. Eso sería dogmatismo, tan alejado de los planteamientos científicos.

 

Aunque una idea se publique en una revista de prestigio, no deja de ser una propuesta, que ha de ser contrastada. Cierto es que la mayoría de los seres humanos hemos sido educados en una serie de creencias y tendemos a ser “creyentes”: !!si determinada idea ha sido publicada en una revista tan prestigiosa como PNAS será una certeza!! Vamos muy mal si reaccionamos así. Es complicado entender lo que la significa la ciencia, excepto que nos beneficiamos de sus progresos. Como suele decir Eudald Carbonell, los científicos tenemos que ser “pensantes”. Por eso hay que insistir en que la ciencia carece de dogmas. Aunque la hipótesis de la acumulación antrópica en la Sima de los Huesos es la que tiene por el momento más posibilidades, nunca podrá decirse que estamos ante la verdad de lo que sucedió hace 430.000 años en la sierra de Atapuerca.

 

Y ahora me permito recordar que los cadáveres acumulados en la Sima de los Huesos están indudablemente emparentados con los neandertales. El grado de parentesco forma parte de las investigaciones en curso. Se puede proponer para estos humanos una especie propia, aunque algunos/as se atreven a postular que estamos ante un grupo de neandertales arcaicos. Es sencillamente la constatación de que los homininos de la Sima de los Huesos tenían mucho en común con quienes enterraban a sus muertos, pintaban en las paredes de las cuevas y conocían técnicas que nos asombran por su similitud con las que hemos utilizados los miembros arcaicos de Homo sapiens. ¿Entonces?, ¿qué problema hay en aceptar a trámite la hipótesis de acumulación antrópica para los humanos de la Sima de los Huesos? ¿Por qué nos empeñamos en negar para otras especies humanas lo que nosotros consideramos como patrimonio de la nuestra? Abramos nuestra mente y reconozcamos, como dijo una vez Carl Sagan, que somos sencillamente “polvo de estrellas”.

Fuente: quo.es | 10 de abril de 2018

Comentario por Morfeo Gómez el abril 10, 2018 a las 3:36pm

Bien, tanto unas afirmaciones como otras, no son indubitables. Se puede argumentar a favor o en contra de unas y otras.
Dicho esto, yo creo que Atapuerca lleva muchos años de retraso en cuanto al debate científico, con una actitud sensacionalista que ha puesto en peligro la ciencia. Ahora, cuando todas sus teorías están en retroceso y en proceso de franco cuestionamiento, es cuando se aferran a este discurso de un debate abierto, para defenderse. Estupendo, pero lo mismo hay que usarlo para el propio cuestionamiento de tantas y tantas afirmaciones y dogmas que ellos han emitido, sin posibilidad ninguna de debate en España hasta hoy.

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