Hallan en Kenia las herramientas más antiguas del mundo

Foto: Un hacha de piedra hallada en Kenia (Crédito: Alamy).

Fuente: Science | 14 de abril de 2015 (Traducción de G.C.C. para Terrae Antiqvae)

Un equipo de investigadores ha anunciado que ha encontrado las herramientas más antiguas hechas por antepasados de los humanos, con una datación de hace 3,3 millones años. Esto significa 700.000 años más atrás en el tiempo que las herramientas más antiguas conocidas hasta la fecha, lo que sugiere que nuestros ancestros crearon ingeniosos artefactos cientos de miles de años antes de que el género Homo llegara a la escena. Si ello es correcto, las nuevas pruebas pueden aclarar las disputadas especulaciones sobre un temprano uso de herramientas, e indica que los antiguos australopitecos, como la famosa "Lucy", pudieron haber realizado herramientas de piedra.

Hasta ahora, las primeras herramientas líticas conocidas se habían encontrado en un yacimiento de Gona, en Etiopía, las cuales fueron datadas con 2.600.000 años de antigüedad. Dichas herramientas pertenecen a la tecnología conocida como Olduvayense, llamada así porque los primeros ejemplos de las mismas fueron encontrados hace más de 80 años en la Garganta de Olduvai, en Tanzania, por los famosos paleoantropólogos Louis y Mary Leakey.

Posteriormente, en 2010, investigadores que trabajaban en un yacimiento en Dikika, Etiopía -donde un australopiteco niño fue también descubierto-, hallaron marcas de corte en huesos de animales (derecha) que datan de hace 3,4 millones años. Ellos argumentaron que ancestros humanos hicieron tales marcas. Sin embargo, esta afirmación fue inmediatamente controvertida, argumentándose que, lo que parecían ser marcas de corte, podría haber sido el resultado de pisotear los huesos por homínidos o animales. Sin el descubrimiento de las herramientas que las provocaron, el debate probablemente continuaría sin resolución.

Pero, ahora, esas herramientas que faltaban pueden haber sido encontradas. En una conferencia de la reunión anual de la Sociedad de Paleoantropología, celebrada en San Francisco, California, la arqueóloga Sonia Harmand (izquierda), de la Universidad Stony Brook, en Nueva York, describió el descubrimiento de numerosas herramientas en el enclave de Lomekwi 3, justo al oeste del lago Turkana, en Kenia, a unos 1.000 kilómetros de la Garganta de Olduvai.

En 2011, el equipo de Harmand estaba buscando el lugar donde un controvertido pariente humano, llamado Kenyanthropus platyops, había sido descubierto en 1998. Ellos tomaron un camino equivocado y se toparon con otra parte de la zona llamada Lomekwi, cerca de donde había sido encontrado el Kenyanthropus platyops. En tal lugar descubrieron lo que Harmand definió como inconfundibles herramientas de piedra sobre la superficie de un paisaje de arena, y de inmediato se lanzaron a realizar una pequeña excavación.

Enseguida, más artefactos fueron descubiertos bajo tierra, incluyendo los llamados núcleos, de los cuales los ancestros humanos obtenían lascas afiladas; el equipo fue incluso capaz de encajar una de las lascas en un núcleo original, lo que demostraba que un homínido la había realizado a mano y luego dejado ambas piezas en el lugar.

Los investigadores regresaron al año siguiente para excavar aún más, descubriendo alrededor de 20 lascas bien conservadas, así como núcleos y yunques, aparentemente utilizados para apoyar aquellos a fin de obtener lascas mediante su percusión/tallado. Todo ello estaba sellado con sedimentos que proporcionaron un marco seguro para su datación. Adicionalmente, se encontraron también con 130 piezas sobre la superficie, según informan.

"Los artefactos fueron claramente tallados (creados por descamación intencional) y no eran el resultado de fracturas accidentales de las rocas", dijo Harmand.

Fotos: Las herramientas  líticas fueron descubiertas enterradas en sedimentos a lo largo de la costa oeste del lago Turkana (arriba), en Kenia.


El análisis de las herramientas mostró que los núcleos habían sido girados con el fin de obtener lascas mediante su percusión, del mismo modo como se hacía con las herramientas Olduvayenses. Sin emabargo, las herramientas de Lomekwi son algo más grandes, en promedio, que los artefactos procedentes de Olduvay. En la datación de los sedimentos se utilizaron técnicas de paleomagnetismo (las cuales rastrean las reversiones del campo magnético de la Tierra a través del tiempo, y han sido usadas en muchos hallazgos de fósiles de homínidos en la bien estudiada área del lago Turkana), estimándolos con una antigüedad de alrededor 3,3 millones de años.

Aunque investigaciones recientes han hecho retroceder los orígenes del género Homo tan pronto como hace 2.800.000 años, las herramientas halladas son demasiado antiguas como para haber sido realizadas por los primeros humanos de pleno derecho, dijo Harmand en su conferencia. La explicación más probable, concluyó, es que tales artefactos fueron elaborados o bien por australopithecus similares a Lucy, o bien por Kenyanthropus. En cualquier caso, la fabricación de herramientas comenzó aparentemente antes del nacimiento de nuestro propio género. Harmand y sus colegas proponen denominar a las nuevas herramientas como 'tecnología Lomekwian', dado que son demasiado antiguas y bastantes distintas de las herramientas de Olduvay como para representar la misma tecnología.

Los investigadores que han visto las herramientas en persona están entusiasmados con el hallazgo. "Son muy emocionantes", dice Alison S. Brooks (derecha), una antropóloga de la Universidad George Washington, en Washington, DC. "No pudieron haber sido creadas por fuerzas naturales ..., y la evidencia de la datación es bastante sólida". Ella está de acuerdo en que las herramientas son demasiado antiguas como para haber sido realizadas por el género Homo, lo que sugiere que "la tecnología jugó un papel importante en la aparición de nuestro género".

El anuncio del hallazgo también es bien visto por el paleoantropólogo Zeresenay Alemseged, de la Academia de Ciencias de California y líder del equipo que encontró marcas de cortes en los huesos de animales en Dikika. (En la reunión anual de la Sociedad de Paleoantropología mencionada, otro miembro del equipo presentó nuevos argumentos a favor de la autenticidad de tales marcas de corte.) "Con las marcas de Dikika tuvimos a las víctimas de las herramientas de piedra", dice Alemseged. "Y el descubrimiento de Harmand nos da ahora la pistola humeante".

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No cabe duda que estamos ante un nuevo hallazgo sumamente interesante y trascendental. Tal como refiere la arqueóloga Sonia Harmand en Discover Magazine, "Las herramientas de Lomekwi 3 marcan un nuevo comienzo en el registro arqueológico conocido".

O bien, como el afamado antropólogo John Hawks indica en el mismo medio: "La implicación obvia es que las herramientas de piedra fueron inventadas y utilizadas por múltiples linajes de los primeros homínidos. Así como hay diferentes estilos en la forma del cuerpo y en la mecánica bípeda entre los primeros homínidos, había probablemente diferentes estilos en las tradiciones técnicas".

Tengo que advertir que la foto que encabeza el post, y publicada por Archaeology News Network, no es seguro que la herramienta que representa pertenezca a las descubiertas en Lomekwi 3, a pesar de referirse a que ha sido hallada en Kenia. Hay que esperar a que la propia arqueóloga Sonia Harmand publique los resultados de su trabajo al respecto en la revista Nature, tal como se ha anunciado, y ver el aspecto de esas novedosas herramientas líticas de más de tres millones de años de antigüedad. 

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Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el mayo 4, 2015 a las 1:27am

Utensilios de piedra

Fuente: prensa.com | 3 de mayo de 2015

Por Camilo José Cela Conde

La revista Nature se ha hecho eco del hallazgo de núcleos y lascas de piedra, probable fruto de un trabajo de talla, en el yacimiento de Lomekwi situado en la orilla oeste del lago Turkana (Kenia). El asunto no tendría mayor trascendencia de no ser por la edad de los terrenos: 3.3 millones de años, es decir, mucho más antiguos que el Homo habilis, ancestro de nuestra especie al que se consideraba hasta ahora autor de las primeras herramientas de piedra, y que apareció hace 2.5 millones de años.

Parece que fueron humanos aún más antiguos (homininos, en jerga técnica) los responsables de estos útiles recién hallados que Sonia Harmand, investigadora de la universidad de Stony Brook (Nueva York, Estados Unidos), acaba de presentar en la reunión de la Paleoanthropological Society en San Francisco del 14 de abril de este año.

Tenía que suceder pronto o tarde. La idea de que el linaje humano no usaba herramienta alguna y luego, de pronto, se puso a tallarlas es absurda sin más. Los chimpancés utilizan palos y piedras como útiles para obtener alimento, ¿por qué no habrían de hacerlo los australopitecos, antecesores inmediatos del género Homo? Pero usar piedras como martillos para abrir, por ejemplo, nueces, lleva a que se desprendan lascas cada vez que se falla un golpe y se rompe el instrumento de percusión o el yunque –también de piedra– sobre el que está la nuez.

Julio Mercader (derecha), del departamento de Arqueología de la universidad de Calgary (Canadá) y sus colaboradores han encontrado restos de núcleos y lascas que se parecen mucho a las hechas por los primeros Homo pero sus autores son chimpancés de hace 4 mil 300 años. Ya digo: pronto o tarde tenían que aparecer las relacionadas con los australopitecos.

Habrá que esperar a que Harmand y sus colaboradores publiquen el trabajo sobre la industria a la que ya han puesto nombre: Lomekwian (Oldowan se llama, en inglés, por el yacimiento de Olduvai, Tanzania, la tenida por más antigua hasta ahora). De momento, la investigadora apunta que los núcleos son enormes, de cerca de 15 kilogramos; algo sorprendente habida cuenta de que un australopiteco apenas medía poco más de un metro de altura. ¿Cómo habría manejado piedras tan grandes? ¿Y con qué propósito?

Adivinar la función de los útiles de piedra siempre es un tanto arriesgado. Durante mucho tiempo se pensó que eran los núcleos de Olduvai los que servirían de hachas hasta que los especialistas se fijaron en las humildes lascas y les atribuyeron el papel de cuchillos para descarnar las carcasas de animales muertos por los predadores que luego los homininos aprovecharían. Pero qué duda cabe de que para acceder al tuétano de los huesos grandes que los leones, leopardos y hienas no pueden romper con sus dientes se utilizarían núcleos.

Con la salvedad de que ni nosotros mismos podríamos manejar una piedra de 15 kilos con ese propósito. Lo dicho: aguardemos a que se publique el trabajo. Y a que salgan herramientas aún más antiguas, que saldrán.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el mayo 18, 2015 a las 11:32pm

Tecnología=Homo. La ecuación ya no funciona

Fuente: reflexiones-de-un-primate.blogs.quo.es | 7 de mayo de 2015

Tenemos que estar preparados para admitir la posibilidad de que los australopitecinos, y tal vez otros homininos fabricaran herramientas de piedra. Lo venimos anunciado en diferentes posts, a la luz de las investigaciones que se vienen realizando en los últimos años. Las herramientas más antiguas reconocidas por la ciencia oficial tienen entre 2,6 y 2,7 millones de años, y su hallazgo se produjo hace algún tiempo en la región de Gona, en Etiopía. Este hallazgo ya puso en tela de juicio la ecuación que relaciona la tecnología con el género Homo. Si la mandíbula de Ledi Geraru, LD 350-1, encontrada en la región de Afar (Etiopía) es tan antigua como anunciaron sus descubridores en la revista Science y pertenece al género Homo todavía podríamos mantener la relación entre la tecnología y nuestro propio género.



Sin embargo, hace pocos días (14-15 de Abril) se ha celebrado la reunión anual de la Sociedad de Paleoantropología de USA en San Francisco y allí se ha contado un “secreto” bien conocido por los especialistas. Para empezar, en 2010, las investigaciones que se llevan a cabo en la región de Dikika, también en Etiopía, revelaron la existencia de posibles marcas de corte en fósiles de animales de 3,4 millones de años. Si las marcas fueron dejadas por el uso de utensilios de piedra durante la manipulación de los cadáveres de estos animales podría discutirse si esos útiles habían sido consecuencia de modificaciones de la materia prima (verdaderas herramientas) o simplemente se habían utilizado guijarros encontrados en las cercanías de los cadáveres. El debate sigue abierto, aunque la arqueóloga Sonia Harmand (Universidad de Stony Brook de Nueva York) ha inclinado la balanza en la reunión de San Francisco. Esta investigadora ha revelado en este congreso el hallazgo de varios centenares de herramientas en el yacimiento de Lomekwi 3, próximo al lago Turkana, en Kenia.

El yacimiento de Lomekwi 3 se ha datado en 3,3 millones de años, por lo que la aparición de la tecnología tendría que llevarse hasta 600.000 ó 700.000 años atrás en el tiempo. No es poca cosa. Además, si se este hallazgo es juzgado en alguna revista de prestigio no tendremos más remedio que admitir de una vez por todas que la tecnología no ha sido exclusiva del género Homo, sino de Australopithecus y tal vez de algún otro género de nuestra genealogía. La ecuación: cerebro grande=tecnología, manejada hasta el momento, no tiene porque ser correcta. Los chimpancés usan herramientas con notable destreza. El “salto mental” que supone golpear una piedra para obtener un filo cortante puede parecer gigantesco, o quizá no lo es tanto. Los chimpancés cazan y devoran presas de manera ocasional, como seguramente lo hicieron nuestros antepasados más lejanos en el tiempo cuando aún vivíamos en los bosques africanos. Sin embargo, la necesidad de vivir en espacios abiertos y de consumir con más frecuencia la carne de animales pudo ser un aliciente para que las especies de Australopithecus dieran ese salto cognitivo.

No creo que sea necesario recurrir a un incremento significativo del tamaño del cerebro para dar ese paso tan importante. La complejidad del cerebro y el desarrollo de determinadas capacidades cognitivas no tienen porque asociarse necesariamente a un cerebro más grande. Mi impresión es que nos encontramos ante un cambio de paradigma y que el concepto de ser humano tendrá que sufrir una profunda revisión.

Comentario por María Jesús el mayo 21, 2015 a las 11:02am

Halladas en Kenia las herramientas de piedra más antiguas

Con 3,3 millones de años de antigüedad, son medio millón de años anteriores a la aparición del género humano | El hallazgo demuestra que los humanos no fueron los primeros en fabricar herramientas

Planeta Tierra | 20/05/2015 

Halladas en Kenia las herramientas de piedra más antiguas

Herramienta de piedra de 3,3 millones de años hallada en el yacimiento de Lomekwi 3, en Kenia. MPK-WTAP

Cristina Sáez

Cristina Sáez

La Vanguardia

Hace 3,3 millones de años, homínidos en África ya fabricaban herramientas de piedra, según se deduce de una serie de utensilios descubiertos en una zona actualmente desértica al noroeste de Kenia. Se trata de los instrumentos más antiguos que hasta el momento se han descubierto y superan en 700.000 años a los anteriores que se conocían. Su hallazgo desafía la idea de que los humanos, género que apareció hace 2,8 millones de años, fueron los primeros en desarrollar tecnología.

El descubrimiento, que se publica en Nature, es la primera prueba de que un grupo anterior a los humanos ya tenía la capacidad intelectual necesaria para idear cómo hacer herramientas afiladas. También arroja luz sobre el desarrollo cognitivo de nuestros ancestros que, según Sonia Harmand, coautora del estudio e investigadora del Instituto Turkana Basin de la Universidad Stony Brook (Nueva York), no se puede comprender únicamente a partir del estudio de los fósiles.

Los investigadores Sonia Harmand y Jason Lewis examinan una de las herramientas halladas.

Hasta el momento, las herramientas de piedra más antiguas eran las que se encontraron en Gona, en Etiopía. Databan de hace 2,6 millones de años y se habían vinculado a la industria olduvayense, llamada así porque los primeros instrumentos de esta época se descubrieron en la Garganta de Olduvai, en Tanzania, a mediados del siglo XX. Una década más tarde esos utensilios se pudieron asociar finalmente con el primer humano, el Homo habilis, que vivió aproximadamente hace  entre 1,5 y 2,5 millones de años.

En 2010, no obstante, se produjo un nuevo hallazgo que volvió a cuestionar la relación entre el desarrollo de tecnología y los homínidos responsables de fabricarla. En Dikika, también en Etiopía, se encontraron una serie de huesos de animales de 3,4 millones de años que presentaban unas marcas de corte que sugerían que se habían utilizado utensilios para separar la carne. Al no encontrarse ninguna herramienta en el yacimiento, los investigadores no podían concluir si aquellas marcas las había producido una herramienta elaborada con ese propósito o, simplemente, con una piedra afilada. Tampoco podían saber quién las había generado. Este nuevo descubrimiento de herramientas arroja luz sobre la cuestión.

Foto: Sonia Harmand examina una de las herramientas de piedra. / MPK-WTAP

Según explican los investigadores en un artículo en Nature, se trata de un conjunto formado por 149 utensilios de piedra, relacionados con la fabricación de herramientas, como lascas y rocas usadas para golpear, y otras cuya función parece ser de yunque. Se encontraron en un yacimiento llamado Lomekwi 3, en Kenia, a finales de una campaña de excavación en 2012. Y por la forma en que están talladas sugieren que los individuos se situaban de pie, sujetando una piedra en una mano y golpeándola con otra, a modo de martillo, hasta conseguir un borde afilado con el que poder cortar plantas, o la carne de animales.  

“El hallazgo es muy relevante porque demuestra que estos homínidos prehumanos eran capaces de repetir un gesto con intencionalidad y de prever que de la fractura de aquella piedra que golpeaban saldría un utensilio con el que podrían cortar. Esta cuestión es muy importante. Los chimpancés, por ejemplo, parientes nuestros, no lo saben hacer. Usan herramientas pero no conocen cómo fabricarlas”, explica Robert Sala (izquierda), profesor de prehistoria e investigador del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució (IPHES), especialista en tecnología lítica.

Las herramientas halladas estaban situadas sobre una capa de ceniza volcánica que ha permitido datar el yacimiento en alrededor de 3,3 millones de años. Asimismo, el estudio de los isótopos de carbón del suelo y de los fósiles animales hallados en la misma capa han permitido saber cómo era el ecosistema de la zona: un área boscosa, con presencia de arbustos. Esto es muy relevante porque hasta ahora uno de los argumentos clásicos en paleoantropología afirmaba que la tecnología se había desarrollado como respuesta a un cambio en el clima que había comportado que se expandiera la sabana y que eso, a su vez, había favorecido que aparecieran grandes grupos de animales que podían servir de comida para los homínidos. De ahí que los protohumanos comenzaran a desarrollar herramientas para poder aprovechar mejor la carne de los animales que cazaban.

Sin embargo, según destacan los investigadores en su artículo, el tamaño y las marcas halladas en las nuevas herramientas sugieren que se usaban para muchas más cosas; sobre todo, explica Jason Lewis, coautor del estudio e investigador del Instituto Turkana Basin y de la Universidad de Rutgers (EE.UU.), teniendo en cuenta que habitaban en un entorno boscoso en el que podían acceder a plantas. Y apunta que posiblemente esas herramientas se usaron para romper nueces, tubérculos o incluso extraer insectos de los troncos de los árboles.

La producción de herramientas es muy importante en la historia de la evolución humana porque marca el inicio de una nueva estrategia de comportamiento que acabó transformando los sistemas sociales y la cultura de los humanos a través del aprendizaje social de habilidades y tecnología. “Las herramientas se asocian a un proyecto, a un plan, a la capacidad de establecer relaciones entre objetos, de entender las causas y ser capaces de proyectar en el futuro las consecuencias, además de la gran capacidad de coordinación motora necesaria”, señala Emiliano Bruner (paleoneurobiólogo, derecha), del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH).

Y eso deja entrever las capacidades cognitivas de aquellos homínidos. Los autores del estudio señalan que esta tecnología requiere que aquellos protohumanos tuvieran capacidad de control de las manos, de la visión y de la coordinación entre cuerpo y sentidos. “Una visión más actual de la paleoantropología interpreta la mente como resultado de la integración de cerebro, cuerpo y ambiente. En este caso, la herramienta no es producto de un proceso cognitivo, sino parte integrante del mismo, una extensión del cuerpo que forma parte del proceso”, añade Bruner.

Para Eudald Carbonell (izquierda), al frente del IPHES, codirector del yacimiento de Atapuerca y uno de los mayores expertos en tecnología prehistórica, “este descubrimiento es importante porque demuestra que estos homínidos saben secuenciar y la secuenciación es uno de los indicios más importantes de la evolución humana y lo que llevará a la larga al lenguaje”.

Pero entonces, ¿quiere eso decir que ya había humanos sobre la faz de la Tierra hace 3,3 millones de años? ¿O que la tecnología no es exclusiva de los Homo, como había considerado la paleoantropología durante mucho tiempo?

“El descubrimiento de un fragmento de mandíbula en Etiopía en marzo de este año retrasaba el registro fósil humano hasta los 2,8 millones de años, apenas medio millón de años con referencia a las herramientas, un tiempo que en evolución no es nada”, destaca Carbonell.

El descubrimiento también tiene implicaciones muy interesantes para entender la evolución del cerebro humano. “El homínido que fabricó esas herramientas tenía un cerebro muy pequeño, porque sabemos por el registro fósil que no crece hasta más adelante. Y eso demuestra lo que nosotros desde el IPHES hemos defendido desde hace mucho tiempo: que son las herramientas las que hacen el género homo”, señala Sala, investigador del IPHES, que remacha: “este hallazgo nos confirma que la tecnología es prehumana”.

“Hasta ahora se decía que sólo un cerebro grande, como el nuestro, podía permitir el desarrollo de tecnología. Para nosotros es al revés, la tecnología fue el factor fundamental de presión y selección de la propia naturaleza. Seguramente, si aquellos individuos eran capaces de repetir gestos con intención, sumado al consumo de carne y otros factores, eso pudo acelerar la estructura nerviosa neuronal del cerebro”, añade Carbonell.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el mayo 21, 2015 a las 12:28pm

¿Las herramientas más antiguas?

Algunos especialistas plantean dudas sobre el hallazgo

Foto: Una de las herramientas halladas en el yacimiento de Lomekwi 3, en Kenia. 
WEST TURKANA ARCHAEOLOGICAL PROJECT

Fuente: EL MUNDO.es | 20 de mayo de 2015

Las herramientas talladas por homínidos más antiguas que se conocían hasta la fecha datan de hace 2,6 millones de años. Pero se trata de tecnologías líticas demasiado perfeccionadas para ser las primeras. Así que la comunidad investigadora, incluido el descubridor de las que ostentan el récord hasta la fecha, las de Gona halladas en el año 2000 por Sileshi Semaw (izquierda), lleva desde entonces esperando el hallazgo de herramientas más antiguas y más primitivas, quizá trabajadas por homínidos que no pertenecieron al mismo género que los humanos modernos, como el ser humano actual (Homo sapiens).

La revista Nature acaba de publicar en su edición digital la noticia que todos estaban esperando. Científicos de centros de investigación franceses y estadounidenses aseguran haber encontrado en Kenia, en el yacimiento de Lomekwi, utensilios tallados por homínidos hace 3,3 millones de años, lo que retrasaría la aparición demostrada de esta tecnología unos 700.000 años.

El hallazgo supondría una revolución para este campo de investigación que trata de profundizar en el conocimiento de la aparición de los comportamientos complejos que han desembocado en la construcción de las sociedades actuales. Sin embargo, el trabajo, que ha tardado cuatro años en ver la luz desde que se realizó el descubrimiento en el desierto del noroeste de Kenia -junto al lago Turkana-, no detalla el hallazgo todo lo bien que reclaman los expertos y que suele exigir la revista científica Nature, una de las más prestigiosas del mundo.

«El yacimiento entero es sorprendente», asegura Chris Lepre  (izquierda), de la Universidad Rutgers de EEUU y uno de los autores que realizaron la datación de las 11 piezas encontradas. «Sencillamente reescribe el libro en muchos aspectos que creíamos que eran ciertos hasta ahora», dice.

No obstante, algunos de los mayores expertos del mundo en el estudio de yacimientos arqueológicos de esta época y en herramientas líticas ponen en duda los resultados presentados por sus colegas. «De ser cierto, es de la mayor importancia para los que estudiamos evolución humana. Pero, leyendo el trabajo en profundidad, veo que faltan datos importantes para poder determinar la antigüedad de las piezas, como la estratigrafía detallada del yacimiento o la planimetría», explica a este diario Manuel Domínguez-Rodrigo (derecha), de la Universidad Complutense de Madrid y quizá el mayor experto mundial en Tafonomía y estudio de yacimientos arqueológicos de homínidos.

En cambio sus colegas (y amigos) autores del hallazgo y del trabajo defienden su descubrimiento. «Las herramientas arrojan luz sobre un periodo inesperado y hasta ahora desconocido de comportamiento homínido y nos pueden decir mucho sobre el desarrollo cognitivo de nuestros antepasados que no podemos entender a partir sólo de los fósiles», afirma la autora principal Sonia Harmand, del Instituto de la Cuenca del Turkana de la Universidad Stony Brook, en Nueva York, y la Universidad de Nanterre, en París, Francia.

El problema es complejo, pero de forma resumida los estratos en los que los autores aseguran haber hallado las herramientas están formados por un material que las rocas podrían haber atravesado sin dificultad debido a procesos atmosféricos normales. Es decir, según Domínguez-Rodrigo los autores no pueden de ningún modo asegurar que las herramientas estaban incluidas en un estrato de 3,3 millones de años. Y en realidad podrían tener esa antigüedad, pero también 100.000 años o 500. Quizá por ese motivo el trabajo no presenta datos considerados esenciales por los expertos en paleoantropología para poder evaluar la veracidad del hallazgo.

Pero, ¿cómo ha podido pasar los filtros y las revisiones científicas de una revista de prestigio como Nature? Según los investigadores críticos, sólo es explicable por el exceso de ambición de sus editores por trabajos que vayan a tener un gran impacto mediático.

Foto

Tengan o no una antigüedad de 3,3 millones de años, algunas de las herramientas que presenta el trabajo sí son aceptadas por los expertos consultados como piezas líticas. Dado que esa cronología es más de 500.000 años más antigua que la primera especie conocida del género Homo, la tesis de los autores es que los utensilios pudieron ser tallados por individuos de la especie Kenyanthropus platytops, encontrado en 1999 cerca de un kilómetro del lugar de la herramienta y que pudieron habitar la zona por aquella época. Pero no descartan tampoco que fuese algún otro homínido de la época, como el Australopithecus afarensis o incluso algún Homo aún por descubrir.

«No sería una gran sorpresa encontrar piedras modificadas de hace 3,3 millones de años, especialmente sabiendo que los chimpancés o los monos capuchinos usan rocas para partir nueces», asegura Sileshi Semaw, investigador del Centro Nacional de Investigaciones sobre la Evolución Humana (Cenieh) y autor del hallazgo de las industrias líticas de Gona. «Pero existen serias dudas sobre el contexto geológico del yacimiento de Lomekwi», opina Semaw.

«Yo creo que debe haber herramientas talladas por homínidos de más de 2,6 millones de años, pero creo que cada hallazgo debe estar científicamente demostrado», dice Domínguez-Rodrigo. «En realidad, no han demostrado nada», sentencia el investigador español.

Para Semaw, existen además dos problemas añadidos en la investigación. «Las colecciones de piedras de Lomekwi están muy mezcladas. Algunas muestran modificaciones con múltiples filos, pero otras piezas con aparentes marcas no están tan claras», opina el experto.

«Nuestra experiencia en Etiopía nos dice que esas marcas pudieron haber ocurrido naturalmente debido a la meteorología». Además, según Semaw, la datación magnética realizada por los autores podría concordar con un periodo entre 3,08 y 2,58 millones de años.

 

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el mayo 24, 2015 a las 8:02pm

MANO Y PIEDRA

Fuente: museoevolucionhumana.com | 22 de mayo de 2015

Artículo de Emiliano Bruner

Acaban de publicar el descubrimiento de herramientas líticas muy peculiares, halladas en Kenia y con más de 3 millones de años. Son herramientas especiales por razones diferentes. Primero, se encuentran en un ambiente boscoso, y no en un contexto de sabana. Segundo, son anteriores al registro fósil asociado al género humano (Homo). Tercero, tienen características diferentes del Olduvayense, la industria más antigua conocida hasta este momento.

El hecho de que estos utensilios se asocien a un ambiente boscoso es quizás la cosa más interesante, probablemente la más novedosa. Lo más importante para invertir en una revolución tecnológica, a nivel funcional como cognitivo, es dedicarle cuerpo, sobre todo dedicarle manos. Los antepasados de los homínidos eran primates braquiadores y suspensorios, como los orangutanes actuales: una estructura vertical (como los bípedos), pero con brazos fuertes que permiten colgarse en lugar de piernas poderosas adecuadas a una locomoción erguida. Se supone entonces que el cambio de locomoción pueda haber sido importante para liberar las manos de sus responsabilidades asociadas al movimiento, dejando que se especializaran en otras funciones. Esta es la razón para la que se suele pensar en una relación entre sabana (poca vegetación), locomoción bípeda, y manualidad. Pero si encontramos industria en un ambiente de bosques entonces tenemos tres posibilidades alternativas. Primero, puede que una locomoción erguida no sea necesaria para encargar a las manos nuevas tareas y capacidades. Segundo, puede que para evolucionar hacia una locomoción bípeda no sea necesario un ambiente de sabana. Tercero, las informaciones paleontológicas sobre el ecosistema puede que no sean completas, o que no sean representativas de los homínidos que utilizaban estas herramientas.

La antigüedad de las herramientas, anteriores a las primeras evidencias del género humano, quizás no sea tan sorprendente. La escasez de registro, fósil y arqueológico, a lo largo de un tiempo de millones de años y en un territorio grande como África, no puede ofrecer una perspectiva completa, y es normal que cada pieza nueva añada algo diferente al escenario.

Foto: Vista de las excavaciones cerca del lago Turkana.MPK-WTAP

Se presenta cada hallazgo como una revolución sólo porque, desafortunadamente, en paleontología es frecuente llegar a conclusiones demasiado deprisa, con evidencias parciales y mucha especulación. Hay límites en paleontología que evidentemente no permiten siempre llevar a cabo una aproximación científica apropiada, que pueda verificar o rechazar hipótesis. Este campo tiene un componente de especulación importante, lo cual en cierta medida es fundamental. Pero tampoco habría que llegar a conclusiones tajantes por cada pieza que se desentierra. Si se hace, luego es normal que estas perspectivas tan firmes tambaleen cada vez que añadimos una evidencia más. Pero no son revoluciones, sino solo inestabilidad.

Desde luego, este descubrimiento, si los análisis arqueológicos y cronológicos son correctos, es muy importante porque pone fechas, lugares y formas de esta industria. Pero por sí mismo no debería de ser interpretado como algo excepcional o imprevisto. Los simios antropomorfos y todos los primates en general, con una organización neural menos compleja que la nuestra, pueden utilizar muchas herramientas, aunque de forma más automática y sin la capacidad de integración y desarrollo que tenemos los humanos. Así que no es de extrañar que un homínido con 600-700 centímetros cúbicos de cerebro, sea quien sea, haya podido organizarse aún mejor en este sentido. Quien hizo aquellas herramientas puede haber sido un antepasado del género Homo, una especie del mismo género Homo, o una especie que no tiene nada que ver con nuestro linaje. Con lo que sabemos sobre el comportamiento de los primates vivientes, y sabiendo que hace 3 millones de años en África se podían encontrar especies de homínidos con una buena capacidad craneal, no hay porqué pensar que solo los de nuestra rama hayan tenido la posibilidad de mejorar sus herramientas. Dar por hecho que solo un linaje haya podido desarrollar industria, con todas las especies que paralelamente competían por los mismos recursos teniendo una estructura biológica parecida, es sencillamente anacrónico, muy influenciado por aquellas perspectivas que siguen planteando la evolución como algo lineal, gradual, y progresivo.

Finalmente viene la industria, sus características, su significado ecológico y cognitivo. Es una industria diferente de aquella asociada a los primeros humanos, con lascas grandes de doce centímetros y núcleos gigantes con un peso promedio de tres kilos. Es probable que estos núcleos tan grandes se sujetaran con las dos manos, para que golpeasen una superficie más dura, un yunque de piedra, desprendiendo lascas. Es entonces una relación entre cuerpo y objeto mucho menos refinada e íntima de la que podemos imaginar cuando cada mano controla una herramienta diferente para coordinar el impacto entre los dos objetos a la vez.

Foto: Las herramientas incluyen afiladas escamas, martillos y yunques.

Se ha nombrado esta industria con el nombre un poco impronunciable de Lomekviano, por el nombre de la localidad en que se encontró. Las herramientas siempre son fundamentales para interpretar los niveles cognitivos de las especies extintas. Se suele asociar la herramienta, su producción como su uso, a un proyecto, a un plan, a la capacidad de ver relaciones entre objetos y procesos, entender las causas y proyectar en el futuro las consecuencias. Esto sin contar la coordinación motora, necesaria a llevar a cabo la idea. Muchos primates (y mamíferos) son capaces de “emular”, es decir, de reproducir un resultado, pero sobre todo los humanos somos capaces de “imitar”, o sea de reproducir un proceso. Sólo los humanos construimos objetos que sirven para construir otros objetos. Todo esto evidentemente nos habla de capacidades cognitivas, y la complejidad de la herramienta, su forma de producción y su uso, se interpreta en función de estas capacidades. Pero recientemente las ciencias cognitivas están sondeando otra posibilidad, más complicada y desafortunadamente mucho más difícil de evaluar a nivel experimental: nos estamos planteando si la “mente” no sea solo un producto del cerebro, sino de la interacción entre cerebro, cuerpo, y ambiente. En este caso la herramienta no es el producto del proceso cognitivo, sino parte integrante y activa de este proceso. No es el cerebro que forja el objeto, sino que son los dos los que, mediados por procesos activos del cuerpo, se interlazan y generan el plan, la idea, el objetivo, y la forma de conseguirlo. El objeto, en este caso, es una extensión del cuerpo, un componente “extra-neural” del proceso cognitivo, que ya no se interpreta como un mecanismo aislado dentro del cráneo.

Lo mismo vale para el cuerpo, que ya no es solo un soporte, sino parte fundamental del proceso cognitivo. La cognición se basa mucho en la experiencia del cuerpo. En todo esto una parte fundamental la tienen aquellas funciones neurales que coordinan el cuerpo en el espacio, y las relaciones entre cuerpo y objetos. Y aquí no hay que olvidar que, cuando descubrió el primer australopiteco, Raymond Dart, un experto neuroanatomista, se sorprendió de que el cerebro de estos primeros homínidos tuviera un tamaño parecido a los simios antropomorfos actuales, pero parecían tener proporciones diferentes: los lóbulos parietales, nudos fundamentales para la integración entre ojo y mano, entre cuerpo y ambiente, entre sensaciones y recuerdos, parecían mucho más grandes.

Referencias

La industria Lomekviana

Harmand S. et al. 2015. 3.3-million-year-old Stone tools from Lomekwi3, West Turkana, Kenya. Nature 521: 310-316.

Paleontología y arqueología
Bruner, E., Lozano, M., 2014. Extended mind and visuospatial integration: three hands for the Neandertal lineage. Journal of Anthropological Sciences 92, 273-280.
Dart R.A. 1925. Australopithecus africanus: the man-ape of South Africa. Nature 2884, 195-199.
Plummer T. 2004. Flaked stones and old bones: biological and cultural evolution at the dawn of technology. Yearbook of Physical Anthropology 47: 118-164.

Cognición extendida

Byrge L., Sporns O., Smith L.B. 2014. Developmental process emerges from extended brain-body-behavior networks. Trends in Cognitive Sciences 18: 395-403.
Clark A., 2007. Re-inventing ourselves: the plasticity of embodiment, sensing, and mind. Journal of Medicine and Philosophy 32: 263–282.
Haggard P. 2005. Consciuos intention and motor cognition. Trends in Cognitive Sciences 9: 290-295.
Iriki A., Taoka M., 2012. Triadic (ecological, neural, cognitive) niche construction: a scenario of human brain evolution extrapolating tool use and language from the control of reaching actions. Philosophical Transactions of the Royal Society of London B 367: 10-23.
Malafouris L. 2010. The Brain-Artefact Interface (BAI): a challenge for archaeology and cultural neuroscience. Social Cognitive & Affective Neuroscience 5: 264-273.
Turvey M.T., Carello C. 2011. Obtaining information by dynamic (effortful) touching. Philosophical Transaction of the Royal Society B 366: 3123-3132.

Neuroarqueología

Stout D., Chaminade T. 2007. The evolutionary neuroscience of tool making. Neuropsychologia 45: 1091-1100.
Stout D., Hecht E., Khreisheh N., Bradley B., Chaminade T. 2015. Cognitive demands of Lower Paleolithic toolmaking. PLoS ONE 10(4): e0121804.
Vaesen K. 2012. The cognitive bases of human tool use. Behavioral and Brain Sciences 35: 203-262.

Libros

Bruner E., 2015. Human Paleoneurology. Springer, Switzerland.
Clark A. 2008. Supersizing the mind. Emdodiment, action, and cognitive extension. Oxford University Press, Oxford.
Malafouris L. 2013. How things shape the mind: a theory of material engagement. MIT Press, Cambridge.

Emiliano Bruner
Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, Burgos
https://paleoneurology.wordpress.com

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el mayo 24, 2015 a las 8:03pm

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el julio 8, 2015 a las 11:29am

Científicos españoles denuncian un caso de falta de rigor en 'Nature'

Luis Alcalá, director gerente de la Fundación Dinópolis, en el museo de Dinópolis (Teruel). Sergio Enríquez-Nistal

Fuente: El Mundo.es | 8 de julio de 2015

Hace poco más de un mes un gran hallazgo científico sacudía los pilares de la historia cultural humana. Un grupo de investigadores de EEUU y Francia aseguraban en la revista Nature haber encontrado herramientas talladas por homínidos hace 3,3 millones de años, cerca de 700.000 años antes de la industria humana más antigua hallada hasta la fecha. Pero el trabajo tenía implicaciones mucho más profundas que la mera antigüedad de las piezas líticas. Suponía que los antepasados humanos anteriores al género Homo al que pertenece el humano moderno (Homo sapiens) ya eran capaces de proyectar, tallar y utilizar útiles para realizar sus tareas. Toda una revolución cultural de enorme trascendencia en el estudio de la evolución del comportamiento humano.

Sin embargo, no es tan sencillo reescribir la historia cultural humana. Inmediatamente surgieron dudas sobre el trabajo en la comunidad científica. Algunos de los mayores expertos mundiales en formación de yacimientos criticaron la falta de datos sobre las capas geológicas en las que habían sido encontradas las piezas líticas. Y aseguraban que, a la luz de los datos aportados por los autores -dirigidos por Sonia Harmand, de la Universidad de Stony Brook (EEUU)-, no se podía afirmar que las herramientas no se hubiesen movido de un estrato geológico a otro y, por tanto, que hubiesen sido producidas y usadas hace 3,3 millones de años.

Dos de los científicos que pusieron en duda los resultados cuando fueron publicados enviaron hace algunas semanas una réplica a la revista Nature para tratar de que los autores del estudio aportasen las pruebas que, en su opinión, faltaban para dar por buena una investigación de tanto calado. Se trata de Manuel Domínguez-Rodrigo, de la Universidad Complutense de Madrid, y de Luis Alcalá, director gerente de la Fundación Dinópolis, ambos expertos de prestigio internacional precisamente en el estudio de la formación de yacimientos, uno de los puntos débiles de la investigación publicada en la prestigiosa revista científica.

Manuel Domínguez-Rodrigo, en primer plano, excavando en Tanzania. EM

El trabajo no incluía una estratigrafía completa del yacimiento, algo que en opinión de los expertos no es propio de una publicación del prestigio de Nature. Además, otros expertos en piezas líticas como Sileshi Semaw, investigador del Centro Nacional de Investigaciones sobre la Evolución Humana (Cenieh) y uno de los mayores expertos mundiales en industrias líticas, asegura que las colecciones de piedras de Lomekwi están muy mezcladas. «Algunas muestran modificaciones con múltiples filos, pero otras piezas con aparentes marcas no están tan claras», afirmó a este diario. En su opinión, muchas de ellas podrían haber sido modificadas naturalmente por efectos meteorológicos.

Pero los editores de Nature decidieron no publicar la réplica ni siquiera en la sección online creada precisamente para este tipo de debates llamada Brief Communication Arising. «Nature está más interesada en tener impacto mediático que en mantener el rigor científico», asegura Manuel Domínguez-Rodrigo desde la Garganta de Olduvai (Tanzania), donde se encuentra excavando. «Grandes propuestas exigen firmes sustentos. Antes de que los libros de escuela cambien la historia de la evolución del comportamiento humano, los investigadores deberían presentar sus resultados con argumentos contundentes», opina Luis Alcalá.

Este diario ha intentado obtener respuestas concretas de la revista sobre la ausencia de una estratigrafía completa, sobre la datación de los estratos o sobre el origen de los filos de las piezas líticas, pero sólo ha obtenido una respuesta genérica. «La política de la revista Nature  es considerar las refutaciones a los 'papers' científicos principales y publicarlas en un formato conciso -en la sección Brief Communication Arising- únicamente si el autor de la crítica aporta pruebas convincentes que hagan tambalearse las conclusiones del paper principal», explicó ayer un portavoz de la revista Nature a EL MUNDO. «Por razones de confidencialidad, no podemos discutir los detalles del proceso de revisión de cualquier réplica con nadie que no sean los propios autores. Recomendamos a los lectores que suban sus comentarios al sistema de comentarios online de la revista». Algo que no satisface a los investigadores españoles, ya que no es la vía científica apropiada para replicar los resultados de un colega.

Tanto Domínguez-Rodrigo como Alcalá insisten -y así se lo han comunicado tanto a los editores de Nature como a los autores de la investigación, que no contestaron a la comunicación oficial de los científicos españoles- en que ellos mismos son firmes defensores de la idea de que ya hubiera herramientas de piedra hace más de 2,6 millones de años. «Pero, como tafónomos, creemos que el trabajo tiene debilidades y animamos a los autores a que aporten nuevas pruebas suficientemente convincentes como para que sus resultados no ofrezcan dudas», dice Alcalá.

Aunque la réplica está firmada sólo por estos dos científicos españoles, cuenta con el apoyo de numerosos expertos internacionales, algunos de los cuales han querido incluso sumar su firma al texto. «Ahora, tendremos que enfrentarnos a los autores en una publicación de mayor envergadura en otra revista científica», explica Domínguez-Rodrigo.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el noviembre 13, 2015 a las 3:11am

La tecnología de Lomekwain: ¿Modo 0?

Fuente: Quo.es | 12 de noviembre de 2015

La reciente publicación de útiles de piedra datados en 3,3 millones años en la localidad keniana de Lomekwi 3 ha puesto en evidencia que todavía nos queda mucho por saber de nuestro pasado más remoto. La información sobre el hallazgo de esas herramientas, realizado en una región próxima al lago Turkana, fueron dados a conocer por Sonia Harmand (Universidad de Stone Brook, Nueva York) y un extenso grupo de colaboradores en la revista “Nature” (21 de mayo de 2015). Con este hallazgo se pone en tela de juicio la hipótesis de que la tecnología fue ideada por miembros del género Homo. Este hallazgo hizo retroceder nada menos que 700.000 años la antigüedad de la fabricación intencionada de utensilios.

El yacimiento de Gona, en Etiopía, nos hizo pensar que el hito de 2,6 millones de años era muy difícil de superar. Puesto que la hipótesis más aceptada asocia la tecnología al género Homo, para esta última fecha necesitamos plantear la existencia de una especie muy primitiva de nuestro propio género. Sin embargo, una vez superada la barrera de los tres millones de años tenemos que sugerir muy seriamente la posibilidad de que la fabricación de utensilios no fue un logro de la primera especie atribuida al género Homo. Los australopitecos y los parántropos también pudieron fabricar herramientas.

Herramientas del yacimiento de Lomekwi, halladas en la orilla oeste del lago Turkana (Kania). Fuente: “Nature”.

Sonia Harmand y su equipo ya plantean hablar del “Lomekwian”, que en castellano podríamos traducir como el lomekviense. Esta denominación trata de distinguir los hallazgos de Lomekwi de los realizados muchos años antes en Olduvai, y que todos hemos conocido como la cultura olduvaiense (“Oldowan”). Los expertos propusieron hace años hablar de los Modos Tecnológicos, de manera que si el achelense fue el segundo gran salto tecnológico de la humanidad (Modo 2), todas las herramientas más simples (anteriores o posteriores a 1,7 millones de años) tendrían que ser incluidas en el Modo 1.

La propuesta de los Modos Tecnológicos, realizada por Grahame Clark en 1977, sigue vigente a grandes rasgos, aunque no satisface a la mayoría de los expertos. De manera general y aparte de su simplicidad tecnológica, el Modo 1 implica el oportunismo de los humanos en la fabricación de utensilios, casi de “de usar y tirar”. Un solo golpe podría ser suficiente para conseguir un filo cortante. En términos generales, podemos decir que el Modo 1 se caracteriza por la presencia de lascas (algunas retocadas) y de los núcleos de los que fueron extraídas esas lascas siguiendo protocolos determinados.

Los chimpancés usan cantos para partir la cáscara de frutos secos. Un golpe de más y ya tendríamos tecnología de Modo 1, fabricada por nuestros parientes vivos más próximos. Sin embargo, las herramientas del Modo 1 halladas en África y en Eurasia presentan una diversidad, que se aleja de la sencillez que todos presumimos y suponen una cierta complejidad mental. Así lo mostraron D. Stout, N. Toth y K. Schick en un celebrado trabajo que se publicó en 2000 en la revista “Journal of Archaeological Science”. La fabricación de utensilios de Modo 1 por un especialista implica la activación coordinada de ciertas regiones corticales y subcorticales del cerebro, incluida el área de Wernicke en el lóbulo parietal izquierdo. Este hecho se pudo demostrar mediante la técnica de tomografía de emisión de positrones.

En definitiva y como siempre que se producen hallazgos en la llamada frontera del conocimiento, surgen un sinfín de nuevas cuestiones. Ahora se trata de confirmar que la antigüedad del registro arqueológico supera los tres millones de años y que los primeros fabricantes de herramientas no pertenecían al género Homo, sino a alguna especie de Australopithecus. Además, tiene que demostrarse que podemos distinguir la tecnología olduvaiense de otras más antiguas. El estudio de la complejidad mental que pudo entrañar la realización de “gestos técnicos” en la realización del Lomekwian es un objetivo a conseguir en los próximos años

¿Podríamos llegar a plantear la existencia de un 'Modo 0' para esta industria?, o quizá tendríamos que dejar esa categoría para las “herramientas” que utilizan los chimpancés.

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