El arqueólogo Vijande en el interior de la Cueva de Benzú

 

Vía: El Faro Digital | Miguel Lasida | 14 de septiembre de 2011

 

El arquéologo Eduardo Vijande ha formado parte del equipo que ha investigado la cueva de Benzú, donde se han hallado los únicos indicios de la existencia en Ceuta de una cultura neolítica, artífice de la primera revolución social

Los trabajos arqueológicos efectuados en el abrigo y en la cueva de Benzú han arrojado datos que han generado una suculenta controversia científica. Hasta entonces, no había duda: el Neolítico nació en el Mediterráneo oriental y se trasladó al resto del mundo en un viaje que mantuvo la dirección este-oeste, norte-sur. Eduardo Vijande pertenece al grupo de investigadores que ha propiciado, al menos, una duda razonable.

“En la cueva –comenta Vijande–, las herramientas líticas documentadas presentan rasgos de clara tradición con las poblaciones anteriores, las del Paleolítico, por lo que defendemos un paso al Neolítico desde las poblaciones autóctonas y no desde la llegada de nuevas poblaciones desde el Oriente. Es aún un debate abierto del que todavía no está todo dicho”.

–Lo de Benzú ha sido desde luego un verdadero descubrimiento.

–Es uno de los pocos indicios claros de ocupación neolítica en Ceuta, uno de los momentos cruciales en la Historia de la humanidad.

–Porque el Neolítico no es algo que ocurra todos los días.

–El prehistoriador Gordon Childe dijo que la revolución neolítica fue sólo comparable con la industrial. Imagínese vivir en el Paleolítico, dependiendo tu subsistencia exclusivamente de lo que caces o recolectes. La ausencia temporal de presas por enfermedad o desastres naturales puede conducir a la extinción de toda la comunidad. El Neolítico supone un cambio de economía basada en la agricultura y la ganadería que va a permitir el almacenamiento de los alimentos ante posibles catástrofes.

–¿Qué consecuencias tuvo poder almacenar alimentos?

–Fue el origen de las desigualdades entre los hombres. Ese es el problema. El almacenamiento supone atesoramiento. Comienzan a aparecer sectores sociales que gestionan estos recursos apropiándoselos, las élites, y una clase formada por el grueso de la comunidad encargada de producirlos, los productores. Es el origen de una clase explotadora y de otra explotada. Podemos decir que surge así un modelo económico ‘moderno’.

–Podría decirse que el ser humano es capitalista casi desde el origen. ¿Está registrada en sus genes esa relación económica?

–Durante el último tramo del Paleolítico Medio y durante el Paleolítico Superior desarrolló un modo de vida igualitario con una economía basada en la caza-pesca-recolección. El ‘homo sapiens’ no es capitalista por naturaleza.

–No ha habido evolución, pues.

–Ese es un tema realmente complejo y muy debatido por los antropólogos. Algunos de estos estudios apuntan a que las sociedades cazadoras-recolectoras no tenían problemas para subsistir. Que tan sólo precisaban de una jornada laboral de 4 horas al día, disfrutando de mucho más tiempo libre que las sociedades agrarias o capitalistas.

Foto: Cueva del Benzú

 

–¿Cómo era ese antepasado ceutí que vivió en el los alrededores de Benzú?

–Era un individuo de constitución grácil. La esperanza de vida en estos momentos sería de unos 30 a 35 años. Tenemos constatada la presencia de individuos infantiles pero también de avanzada edad con artrosis, así como individuos de ambos sexos. Vivirían en cabañas en un poblado que debería estar en los alrededores de la cueva de Benzú aún no localizado.

–¿Y cómo era su entorno?

–Era un paisaje abierto con abundante arbusto y con no demasiados árboles. Desarrollarían prácticas agrícolas y ganaderas, aunque también complementarían su dieta con los recursos aportados por el mar y por medio de las actividades de caza, constatadas gracias al hallazgo de proyectiles. La fauna estaría compuesta por bóvidos, ciervos, gacelas, jabalíes, hienas, zorros, chacales, ginetas, conejos, liebres, etcétera.

–En aquella época también se vería desde Benzú el continente europeo en los días de Poniente.

–Y verían la luz de las lumbres de la otra costa. Está demostrado que hubo contacto entre las dos poblaciones para intercambiar, fundamentalmente, productos exóticos. El hallazgo de un brazalete de marfil en la península, por ejemplo, nos hace pensar en esos intercambios. En la península era imposible encontrar marfil.

La importancia de la sal en la historia humana

Los resultados de las investigaciones llevadas a cabo en la cabililla de Benzú atrajo de inmediato la atención de un grupo de arqueólogos de la Universidad de Cádiz. No era para menos. La hipótesis de una posible relación entre las poblaciones de las dos orillas se materializó una vez llegados a Benzú y comprobar los vínculos en forma de objetos y útiles. Otro material que compartió el ser humano del Estrecho fue la sal, el único elemento para conservar los alimentos. “El problema radica en la complejidad de documentar las explotaciones de sal, pues es un elemento que no perdura después de los miles de años pasados”, explicó Eduardo Vijande, arqueólogo de la Universidad de Cádiz.

 

La historia de la humanidad ha estado muy lligada a su relación con las especias. La importancia del descubrimiento del fuego puede asemejarse al del hallazgo de las propiedades conservantes de la sal. Otra especia, la pimienta, llegó a ser tan solicitada que Cristóbal Colón buscó una ruta alternativa, por el oeste, para llegar al Oriente de un modo llevadero. De la importancia de la sal se deduce el origen del nombre de ‘salario’. O de la atención que comienzan a prestarle los investigadores. “En los últimos años, está habiendo investigaciones centradas en la explotación salina en las zonas litorales. Es un tema de gran interés al trabajar en una zona de tanta tradición salinera como el Estrecho de Gibraltar”.
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