Una sequía extrema provocó el colapso de la civilización maya

Ruinas de Edzná, Campeche. En la imagen la Pirámide de los Cinco Pisos, de 31 metros de altura, ubicada en la Gran Plaza. Crédito: Nick Evans


La civilización maya, nacida en torno al año 2.000 antes de Cristo alrededor de la península de Yucatán, alcanzó su máximo esplendor alrededor de los siglos III y VIII después de Cristo. Fue en ese momento cuando esta sociedad construyó muchas de sus florecientes ciudades-estado y de sus impresionantes monumentos. Su florecimiento intelectual y artístico le llevaron a importantes avances en el campo de las matemáticas, la astronomía y la arquitectura. Pero la inestabilidad política, en parte generada por el enfrentamiento entre rivales (como los poderes enfrentados reflejados en los yacimientos de Tikal y Calakmul), llevó a que, en el siglo IX, los mayas sufrieran un auténtico colapso. En un plazo de tiempo no muy prolongado, las principales dinastías desaparecieron y las ciudades más importantes fueron abandonadas a su suerte. Aunque los mayas sobrevivieron, su poder económico y político fue desde entonces una triste sombra de tiempos mejores.

Un estudio que se acaba de publicar en Science, y elaborado por investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y Florida (EE.UU.), ha confirmado algo que se ha venido sospechando desde hace tiempo: que una dura sequía, ocurrida hace alrededor de un milenio, sacudió a los mayas en el mismo momento en que su poder estaba declinando. El análisis de isótopos de oxígeno en los depósitos de yeso de antiguos lagos ha sugerido que la península de Yucatán fue el escenario de largos y extremos periodos de sequía. Esto sugiere que el clima pudo tener un importante impacto económico y social sobre los mayas al golpear la producción de maiz, un cultivo clave para ellos.

«Estudiando el yeso del lago Chichancanab –al noroeste del estado de Quintana Roo, en México– hemos podido reconstruir el clima durante el periodo en el que la civilización maya clásica ocupó las planicies de la Península de Yucatán», ha explicado a ABC Fernando Gázquez Sánchez  (izquierda), investigador en la Universidad de San Andrés (EE.UU.) y anteriormente investigador en la de Cambridge y coautor del estudio.


«Nuestras reconstrucciones paleoclimáticas ponen de manifiesto que durante este periodo se produjo un descenso en la cantidad de lluvia anual de un 40 al 55 por ciento, con picos de hasta el 70 por ciento, y una reducción de la humedad ambiental de hasta un 7 por ciento, en comparación con la actualidad», ha enumerado este investigador. «Estas sequias fueron sin duda de las más severas en términos de intensidad y duración de los últimos 10.000 años en esta zona».

Hay muchas teorías para tratar de explicar qué pudo causar el colapso de la civilización maya. Se ha sugerido que las guerras, el declive de las rutas comerciales o la decadencia del medio ambiente pudieron ser la puntilla. Pero desde 1990, una investigación realizada por David Hodell (derecha), autor senior de esta investigación, sugirió que una larga y extrema sequía pudo estar detrás del ocaso de los mayas.

La pista, en los isótopos del yeso

Hodell obtuvo las primeras evidencias de dicho fenómeno en 1995. Pero en esta ocasión, los autores han ideado un nuevo y robusto método para reconstruir el clima pasado. «Nuestro método está basado en el análisis de isotopos estables de oxígeno e hidrógeno en moléculas de agua contenidas en yeso, un mineral que se forma en algunos lagos durante periodos relativamente secos debido a la intensa evaporación», ha explicado Gázquez. «El yeso nos permite reconstruir las características que tenía el lago y las condiciones climáticas que predominaron cuando se formó este mineral».


El lago Chichancanab (México), donde se han obtenido las muestras - Mark Brenner



Este nuevo método es especialmente relevante porque permite aportar nuevos datos para tratar de resolver el debate de qué causó el colapso de los mayas. «El papel del cambio climático en el colapso de la civilización maya es controvertido, porque los registros obtenidos hasta ahora están limitados a reconstrucciones cualitativas», ha dicho en un comunicado Nick Evans  (izquierda), primer autor del estudio e investigador en la Universidad de Cambridge. «En este sentido, nuestro estudio representa un avance sustancial, porque proporciona estimaciones robustas, desde el punto de vista estadístico, de las precipitaciones y la humedad durante la época en la que ocurrió el colapso maya».

El yeso, un mineral de aspecto blanquecino y anodino, ha sido la llave que ha abierto una nueva puerta para resolver este misterio. El motivo es que, cuando se forma, este mineral incorpora en su matriz de cristales moléculas de agua. Pero no siempre son las mismas. En largos periodos de sequía, la evaporación de los lagos se lleva las moléculas de agua más ligeras, compuestas por los isótopos (átomos de un mismo elemento químico con distinta cantidad de neutrones) más ligeros de oxígeno e hidrógeno. Por eso, el agua de un lago sometido a una larga sequía está compuesta por moléculas ligeramente más pesadas (ricas en isótopos de oxígeno-18 e hidrógeno-2).

Imagen del núcleo de sedimento utilizado en este estudio, en comparación con la profundidad debajo del fondo del lago. Las capas de sedimentos consisten en capas oscuras que están compuestas de depósitos ricos en materia orgánica y capas de color claro que están compuestas del mineral de yeso (sulfato de calcio dihidratado, CaSO4 · 2H2O). El yeso se forma cuando el nivel del lago se reduce en tiempos de sequía. El agua de hidratación en el yeso se utilizó en este estudio para reconstruir los cambios en las precipitaciones de la región. El panel de la derecha muestra el registro de densidad de sedimentos del núcleo. Los períodos de precipitación del yeso están indicados por valores de densidad de> 1.1 g / cm3. El intervalo de 165 a 125 cm abarca el tiempo desde ~ 620 a ~ 1100 d.C. Las capas de yeso entre 154 y 125 cm corresponden aproximadamente al tiempo del declive de la civilización maya clásica.  Crédito: Perfil de densidad del sedimento de Hodell et al. (2005).

Otra de las claves que ha hecho posible esta investigación ha sido un pequeño detalle: «Por suerte pudimos encontrar una semilla que había quedado atrapada en el yeso», ha recordado Gázquez. Gracias a eso, pudieron emplear la técnica de datación del carbono-14, y situar el origen de los depósitos de yeso del lago Chichancanab en los años 780 a 990 después de Cristo.


Relieve dedicado a Chaac, dios de la lluvia muy venerado en la arquitectura maya - Mark Brenner


¿Se ha resuelto el misterio?

Sin embargo, los latidos de la civilización maya no pueden reconstruirse solo a través de lo que quedó reflejado en el yeso. «En ningún caso se puede establecer una relación totalmente directa entre intensidad de las sequias y su impacto en la sociedad maya. Por el momento, desconocemos la capacidad de adaptación que pudo tener este pueblo ante unos eventos tan bruscos y extremos, ni la relación causa-efecto entre la disminución en los recursos hídricos y las disputas sociopolíticas, documentadas durante ese periodo».

Las dataciones hechas ahora no permiten evaluar cambios climáticos en una escala pequeña, como por ejemplo, en décadas, pero en conjunto permiten concluir que el Yucatán estuvo dominado por un clima seco entre los años 600 y 1.100 después de Cristo, y que el clima alcanzó cotas máximas de aridez al mismo tiempo que ocurrió el colapso maya.

          Perforación en el lago Peten-Itza, Guatemala, utilizando la plataforma de perforación GLAD 800              (R / V Kerry Kelts).

A continuación, los investigadores emplearán esta misma técnica en otros lagos de India, Bolivia, Centroamérica y España para reconstruir el clima pasado. Además, esperan analizar los depósitos de yeso que se formaron en un periodo pasado en el que el Mar Mediterráneo se desecó casi por completo. Y no solo eso. Fernando Gázquez Sánchez ha sugerido que esta tecnología podría aprovecharse en Marte, donde se han detectado también importantes acumulaciones de yeso y donde la superficie estuvo cubierta de agua en algunas zonas hace miles de millones de años.

Fuente: abc.es | phys.org | 2 de agosto de 2018

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