Reconstrucción y calavera del Homo naledi.

Fuente: invdes.com.mx | scientificamerican.com | 21 de abril de 2016

En septiembre, cuando los científicos desvelaron los restos fósiles de una especie humana recién descubierta en Sudáfrica, llamada Homo naledi, el sorprendente hallazgo sorprendió a todo el mundo: 1.550 ejemplares representaban por lo menos a 15 individuos, los cuales fueron recuperados durante unas pocas semanas de excavación intensiva en el sistema de cuevas de Rising Star, a las afueras de Johannesburgo. Pero fue la explicación de los investigadores sobre cómo terminaron los restos en la cueva, más que los fósiles mismos, la que capturó la imaginación pública y sacudió a la comunidad de paleoantropólogos. 

Los científicos propusieron que esta criatura —cuya edad geológica es desconocida, pero que es claramente primitiva y tenía un cerebro del tamaño de una naranja— había deliberadamente colocado a sus muertos allí. Muchos expertos consideran que este comportamiento es exclusivo de nuestra propia especie, Homo sapiens, con mucho la más inteligente.

Ahora, una investigadora, que no ha formado parte del estudio original, ha publicado la primera crítica formal en una revista científica sobre esa provocadora interpretación de los restos. Los miembros del equipo que hicieron el descubrimiento refutan sus reclamos, pero otros observadores piensan que algunas de sus críticas son válidas, y que el equipo aún tiene que presentar un caso convincente de que Homo naledi deliberadamente disponía de los cuerpos en la cueva.

Los fósiles de Homo naledi fueron descubiertos por espeleólogos en una cámara a 10 metros bajo tierra en Rising Star. Para llegar a este santuario, llamado la cámara de Dinaledi, los exploradores tuvieron que reptar por pasajes de menos de 25 centímetros de anchura y subir por rocas empinadas y cortantes, en la más profunda oscuridad sino llega a ser por sus linternas. ¿Cómo, se preguntaban los investigadores, terminaron los fósiles en una parte tan remota del sistema de cuevas?

Para responder a esa pregunta, el geólogo Paul Dirks (izquierda), de la Universidad de James Cook, en Queensland, Australia, y sus colegas, analizaron las características de los huesos y la geología de la cueva. Los huesos pueden acumularse en cuevas a través de varios mecanismos: por ejemplo, las crecidas pueden desalojarlos del lugar donde reposaban originalmente, y los carnívoros pueden traer su presa desde afuera. Pero tales situaciones tienden a producir conjuntos de fósiles que contienen una mezcla de especies animales. Y uno de los aspectos más característicos del sitio de Rising Star es que Homo naledi es la única especie animal mediana o grande encontrada allí.

En ausencia de alguna señal indicadora de cosas, como actividad de inundaciones o de carnívoros, los investigadores concluyeron que la explicación más sólida hasta el momento es que Homo naledi arrastraba sus muertos hacia la cámara, siguiendo al menos una parte de la misma ardua ruta que tomaron los científicos. La implicación suponía que esta especie extinta, cuyo cerebro es una tercera parte del nuestro, tenía una comprensión de la mortalidad y una tradición cultural en torno a ese concepto.

Este argumento ha sido recibido con escepticismo desde el principio. Varios expertos expresaron sus dudas en la prensa cuando Dirks, junto con el líder del proyecto, Lee Berger  (derecha), de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, y sus colaboradores, publicaron sus resultados en dos artículos en la revista eLife en septiembre pasado.

Pero ninguno de los críticos había publicado sus argumentos contrarios en una revista científica revisada por pares, hasta ahora.

Aurore Val (izquierda), becaria postdoctoral en la Universidad de Witwatersrand, ha escrito una crítica en el Journal of Human Evolution. En ella argumenta que es imposible establecer, basándose en las pruebas presentadas en el informe del equipo sobre el contexto geológico de los fósiles de Homo naledi, que los cuerpos completos fueron dispuestos dentro de la cámara o a su entrada de la manera que sugieren los investigadores.

Val, quien fue estudiante de doctorado de Berger y que ha publicado trabajos con Berger, Dirks y otros miembros del equipo de Homo naledi en el pasado, utiliza varias líneas de evidencia descritas en los informes iniciales para enfatizar su caso. Mientras hace notar que los descubridores tienen todavía que determinar la edad de los fósiles, sostiene que no pueden saber cómo era la cueva cuando los restos entraron en la cámara de Dinaledi. Las cuevas pueden cambiar dramáticamente con el tiempo, y Rising Star podría haber permitido alguna vez un acceso más fácil a la cámara. Val sostiene también que el equipo no analizó suficiente material fósil para descartar daños causados por el agua o por el transporte de carnívoros.

En una respuesta a las críticas de Val, Dirks, Berger y sus compañeros de equipo, escriben en el Journal of Human Evolution que muchas de las críticas de Val son “espúreas” y que se derivan de malas interpretaciones de los datos publicados. La cartografía de la cueva y la roca circundante indican que nunca ha habido una apertura directa desde la superficie hasta la cámara de Dinaledi, afirman, y aunque la geología muestra que la cueva ha cambiado con el tiempo, esos cambios no han alterado de manera fundamental la entrada a la cámara.

Además, Dirks y sus coautores escriben que los estudios de los sedimentos en la cámara muestran que los fósiles no fueron transportados por el agua. Y señalan que el examen macroscópico de todos los especímenes fósiles y la inspección microscópica de más de un tercio de ellos, representando todos los elementos esqueléticos, no revelaron marcas de dientes de carnívoros. Asimismo, escriben que el análisis de las fracturas en los fósiles no identifica una sola que sea consistente con daños producidos por carnívoros.

El hecho de que el Journal of Human Evolution no haya aún publicado su respuesta irritó a los autores, los cuales estaban bajo la impresión de que aparecería al mismo tiempo que los comentarios críticos de Val. Según la co-editora jefe, Sarah Elton (derecha), de la Universidad de Durham, en Inglaterra, tal circunstancia ha sido un malentendido por parte de los autores. Ella explica que no se garantiza la publicación de una respuesta. Todo el contenido pasa a través de la revisión por pares. Si una respuesta es aceptada para su publicación, aparecerá en el mismo número impreso, pero un artículo crítico puede aparecer en internet antes que la respuesta asociada debido al horario de producción de la revista. La respuesta de Dirks y sus coautores está actualmente bajo consideración para ser publicada, afirma Elton.

Investigadores externos, que han visto el comentario crítico de Val y la respuesta del equipo, piensan que algunos de las afirmaciones de Val tienen mérito. “Las cuevas son sistemas muy dinámicos, y es difícil reconstruir estructuras del pasado", dice Jeffrey McKee (izquierda), de la Universidad Estatal de Ohio, y que ha excavado yacimientos de fósiles humanos en Sudáfrica. Él también está de acuerdo con Val en que los investigadores han descartado prematuramente las actividades de transporte de agua y de carnívoros, entre otras posibilidades.

El análisis de la tafonomía, es decir, lo que sucedió con los organismos entre su muerte y el descubrimiento de los fósiles, “debe ser mucho más cuidadoso”, insiste. El hecho de que Homo naledi sea la única especie animal mediana o grande representada en el ensamblaje de los fósiles, aunque inusual, es sin embargo, consistente con otros escenarios de entierros deliberados. Otro enclave surafricano, Taung, donde McKee ha trabajado, contiene un depósito fósil que consiste principalmente en restos de babuinos, probablemente fruto del trabajo de leopardos. Los leopardos a menudo concentran sus esfuerzos de caza en una sola especie, explica McKee. Y pueden hacerlo sin dejar mordeduras o rayones en los huesos. “La mayoría de los carnívoros comen primero las entrañas, de tal manera que en muchos casos no hay marcas”, explica, y añade que los fósiles de babuino de Taung muestran pocas marcas de carnívoros. Por tanto, "La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia", dice.

Martha Tappen (izquierda), de la Universidad de Minnesota y especialista en tafonomía, también comparte algo del escepticismo de Val. Aunque ella apoya el enfoque del equipo para averiguar cómo los huesos entraron en la cámara —mediante el estudio de hipótesis competidoras y viendo cómo su evidencia se mide contra las predicciones de esas hipótesis— piensa que el escenario preferido del equipo es difícil de tragar. "Su explicación de que 'Homo naledi' llevaba repetidamente a la cámara a sus muertos durante años es tortuosa e increíble", afirma. Tappen se pregunta si estos humanos extintos podrían haber bajado a la cámara, tal vez en busca de agua o para esconderse de un carnívoro, y quedaron atrapados. “Puede que nunca lo sepamos con certeza”, dice. Pero en su opinión una cosa está clara: "Necesitan seguir excavando".

Dirks dice que eso es justamente lo que el equipo está haciendo. “Seguimos explorando la cueva y hemos encontrado otras cámaras con restos de fósiles humanos que podrían arrojar más luz sobre la cuestión de por qué se hallan restos de 'Homo naledi' en Rising Star”, anota. “Si grupos de todas las edades están igualmente representados en el depósito, la explicación podría ser diferente de una donde el grupo está fuertemente sesgado hacia individuos más viejos o más jóvenes, por ejemplo. Esto no necesariamente puede probar o refutar la disposición deliberada, pero pondrá aún más restricciones”.

En cuanto a la pregunta candente sobre la antigüedad de los restos de Homo naledi, Dirks dice que la datación del yacimiento está en marcha: “Estamos actualmente explorando cinco técnicas diferentes en siete laboratorios de varios continentes, llevando a cabo pruebas de doble ciego mediante tres técnicas para obtener la máxima confianza en nuestros resultados”. Aunque el equipo ha estado bajo intensa presión para determinar la antigüedad del material, la geología del lugar es compleja y los investigadores quieren hacer las cosas bien, explica. “Estén atentos”, dice. “No tardará mucho más”.

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Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el julio 1, 2016 a las 12:40am

Fuente: quo.es | 30 de junio de 2016

Homo naledi, y los detectives del pasado

En 2015 supimos de la existencia de una nueva especie del género Homo. Lee Berger y un ingente equipo de colegas de diferentes especialidades publicó en la revista eLife la diagnosis de la especie Homo naledi. Los restos fósiles de 1550 especímenes de un número mínimo de 15 individuos se rescataron de la cámara Dinaledi, ubicada en el interior de la cueva de Rising Star de Sudáfrica. La rápida (y para muchos/as precipitada) recuperación de los restos fue muy debatida entre los especialistas. La cámara Dinaledi es casi inaccesible en la actualidad, salvo para profesionales de la espeleología y con los medios necesarios. Así que los fósiles allí depositados, sin contexto estratigráfico y biocronológico, se recuperaron en un tiempo récord y realizando el seguimiento desde el exterior mediante un sofisticado sistema de cámaras de vídeo.

Esquema de las cavidades de la cueva Rising Star y la cámar de Dinaledi. Fuente: laberinto de la identidad.blogspot.com.

La ausencia de datos sobre la antigüedad de los fósiles seguramente impidió su publicación bien en Nature o en Science. En la actualidad seguimos sin conocer la antigüedad de los fósiles, aunque se han realizado estudios parciales de diferentes elementos anatómicos y se han planteado escenarios evolutivos y filogenéticos hipotéticos para épocas tan dispares como el Plioceno o el Pleistoceno Medio. No me cabe duda de que con el tiempo se conseguirán datos suficientemente fiables para ubicar los fósiles en su época correcta. La importancia de este hallazgo merece el esfuerzo.

Mientras llega ese momento, algunos expertos en tafonomía (ámbito de la geología que estudia historia de los restos desde su deposición hasta su recuperación para el registro fósil) se han aprestado a debatir sobre lo que sucedió en la cercanías de la cueva de Rising Star hace un tiempo indeterminado. Lee Berger y sus colegas plantearon desde el principio la hipótesis de una acumulación intencionada de cadáveres. De ser correcta, podría tratarse de una de las primeras (sino la primera) manifestaciones culturales de comportamiento proactivo relacionado con los muertos por parte de los humanos. Claro está, que sin conocer absolutamente nada sobre la cronología de Homo naledi cualquier hipótesis tropieza con ese grave problema. Por mucho que el cerebro de esta especie no tuviera más de 500 centímetros cúbicos y que su anatomía esquelética esté revelando rasgos muy arcaicos, es importante recordar que la especieHomo floresiensis llegó hasta épocas relativamente recientes con un cerebro extremadamente pequeño.

¿Cuándo empezamos a preocuparnos por nuestros difuntos? Aunque Paul Pettit publicó en 2011 la hipótesis de que un cierto número de cadáveres de Australopithecis afarensis fueron cubiertos por sedimentos de manera intencionada en la laderas de un montículo de la región de Hadar (Etiopía) hace más de tres millones de años, es evidente que la socialización generalizada del enterramiento no sucedió hasta épocas muy recientes, con los neandertales y los humanos modernos. Este hecho sugiere bien una convergencia cultural, bien un comportamiento heredado hace más de 700.000 años de nuestro antecesor común con los neandertales. El yacimiento de la Sima de los Huesos (unos 400.000 años) puede ser la punta del iceberg de un comportamiento ritual de las poblaciones del linaje de los neandertales.

Si Homo naledi es tan antiguo como se presume por la morfología de sus fósiles, la hipótesis de Berger es muy atrevida. La (admirable) osadía de este investigador se nota no solo en su forma de actuar sino en sus planteamientos científicos. Sin embargo, a los expertos en tafonomía no se les escapa nada. Son los “verdaderos detectives” del pasado, como en la conocida serie norteamericana de “Bones”. La investigadora Aurore Val ha publicado un resumen de esta investigaciones en la revista Journal of Human Evolution. En la mayor parte de los restos de Homo naledi falta la capa superficial del hueso, por lo que resulta complicado saber si los huesos sufrieron mordeduras, arañazos, marcas de corte, etc., que explicaran algo sobre lo que sucedió en aquella época incierta antes de la acumulación definitiva de los restos. Si esos restos hubieran sido depositados en el interior de la Cámara Dinaledi se hubieran encontrado la mayor parte de los huesos de los diferentes esqueletos. Pero no es así. Si el número mínimo de individuos es de 15 resulta que solo se han recuperado el 11% de sus restos esqueléticos. Los demás huesos no están en la cueva. Faltan la mayoría de las costillas, la vértebras y el sacro y solo unos pocos restos aparecen en parte articulados. Si nos fijamos en el yacimiento de la Sima de los Huesos de Atapuerca, que en parte fue destruido por aficionados a la espeleología, resulta que varios de los individuos recuperados han preservado la mayoría de sus partes esqueléticas. En la Sima de los Huesos se depositaron cadáveres completos. En la Cámara de Dinaledi parece que no fue así.

Pie de Homo naledi. Se trata de uno de los pocos restos articulados recuperados de la Cámara Dinaledi. Fuente: en.wikipedia.org.

Además, los “detectives del pasado” han observado ciertas modificaciones en los huesos, que pudieron ser realizadas por cucarachas y caracoles de varias especies. Es evidente que estos animales no viven en el interior oscuro y cerrado de las cuevas, sino en el exterior. Así que los huesos de Homo naledi pudieron llegar al interior de la Cámara Dinaledi desprovistos de carne y tras haber sufrido los efectos de su exposición al exterior. Además, todo sugiere que en esta cámara se acumuló tan solo una parte de los esqueletos de los 15 homininos. Es casi seguro que hubo alguna antigua entrada, hoy en día desaparecida. Todo ello apunta a una acumulación no intencionada de cadáveres (como reiteradamente han sugerido Lee Berger y sus colegas), tal vez mediante su arrastre por medios naturales hacia el interior de la cueva. Es posible que los restos no fueran cubiertos por sedimento, como suele ser habitual en las cuevas. Alternativamente, se puede llegar a pensar que la corrientes de agua (tan habituales en el interior de las cavidades) pudieron alterar todo el conjunto dejando los fósiles al descubierto. Las condiciones ambientales constantes del interior de la cavidad habrían preservado los restos hasta la actualidad, pero tras una larga historia de acontecimientos muy difíciles de averiguar.

Sospecho que tendremos que esperar unos años para que los responsables de este yacimiento tan excepcional nos vayan relatando sus conclusiones, seguramente con más sosiego y sin la emotividad de los primeros momentos. Y lo primero es conocer la antigüedad. Si no se consigue un rango temporal razonable y no demasiado amplio, todas las hipótesis serán especulativas y se perderá una información muy necesaria para ir completando el puzle de la evolución humana.

Artículo relacionado:

The Latest on Homo naledi (American Scientist)

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el marzo 23, 2017 a las 12:28pm

Nuevos estudios sobre Homo naledi

La especie Homo naledi fue descrita en 2015 por Lee Berger y otros muchos colegas tras el estudio de más de 1.500 restos fósiles obtenidos en la cámara Dinaledi de la cueva sudafricana de Rising Star. Este hallazgo estuvo envuelto en la polémica por la forma en la que los fósiles fueron recuperados. Seguramente los/las lectores/as recordarán el debate creado en relación al sistema que se utilizó para obtener los fósiles de la cueva. Quizá las prisas por conseguir la recuperación de los fósiles de un lugar de acceso muy complejo impidieron tener más datos sobre su antigüedad. De haberse tratado de restos fósiles de osos o de cualquier otra especie de mamífero, el hallazgo habría pasado inadvertido. Pero se trata de fósiles humanos y la cantidad y calidad de los restos ha llamado la atención de todos los expertos.

El investigador Lee Berger, líder de la exploración en la cámara Dinaledi, mantiene en su mano un ejemplar de la especie Homo naledi. Fuente: El Confidencial.

La cronología de Homo naledi permanece siendo una enigma. Por supuesto, sabemos que existe un programa en marcha para obtener fechas fiables, que todos esperamos con gran interés. El hecho de que en esta cámara, prácticamente inaccesible, solo se hayan encontrado restos humanos impide tener referencias sobre su contexto arqueológico y paleontológico. Por el momento, hemos de conformarnos con los estudios de la morfología de los fósiles, que podría ser muy engañosa. El hecho de que los restos representen diversas partes esqueléticas y que su número sea elevado permite estudios muy diversos y la posibilidad de contemplar escenarios razonables para la situación de esta especie en la filogenia humana. Algunos expertos apuestan por una cronología en torno a los dos millones de años, considerando las similitudes de los restos con los de Homo habilisHomo rudolfensis y los representantes más primitivos de Homo ergaster, datados entre 2,0 y 1,5 millones de años. Veremos si aciertan. La morfología de los huesos es solo una aproximación, pero sabemos que podemos llevarnos sorpresas. Solo tenemos que recordar el caso de Homo floresiensis.

La revista Journal of Human Evolution acaba de publicar un conjunto de trabajos sumamente interesantes sobre la morfología de diferentes partes esqueléticas de Homo naledi. Uno de estos trabajos, liderado por Lauren Schroeder y Myra Laird, presenta un debate sobre la posición filogenética de esta especie en base a los estudios realizados en el cráneo y la mandíbula. El debate se basa en la forma del cráneo, realizada mediante análisis de “morfometría geométrica” una técnica de moda. Esta técnica no es sino una versión de una metodología publicada en 1917 (On Growth and Form) por un biólogo y matemático escocés, D´Arcy Wentworth Thompson (1860-1948). La idea de este científico fue muy mejorada gracias a las modernas técnicas digitales y a un desarrollo matemático más complejo. Este método fue primero utilizado en dos dimensiones, pero la enorme potencia de los ordenadores y la mejora de los algoritmos ya permite trabajar en tres dimensiones. Las bases metodológicas de la morfometría geométrica están íntimamente relacionadas con el uso de la fenética, un método de investigación utilizado ampliamente en paleontología y zoología. La fenética tiene en cuenta con el mismo peso todos y cada uno de los caracteres que presentan las especies, sin importar su posible trayectoria evolutiva. Compara los ejemplares y observa las similitudes y diferencias en la forma de dichos ejemplares de manera gráfica y numérica. La fenética persigue identificar taxones (por ejemplo, especies o géneros), aunque no se ocupa de determinar su historia evolutiva. Este método tiene sus virtudes, pero también sus peligros. Por ejemplo, los restos fósiles de dos especies pueden tener formas similares, que pueden haber adquirido de manera independiente. Esas dos especies, sin ninguna relación de parentesco próximo, se agruparían de manera conjunta y tenderíamos a pensar (de manera errónea) que están muy relacionadas.

Los análisis mediante morfometría geométrica realizados por Lauren Schroeder, Myra Laird y sus colegas nos ilustran sobre la forma del neurocráneo y del cerebro de Homo naledi. A pesar de que el cerebro de esta especie es tan pequeño como el de los miembros del género Australopithecus, la forma del neurocráneo es muy similar a la de los ejemplares más antiguos de Homo ergaster. La forma del neurocráneo de Homo naledi parece ser incluso más “progresiva” que la de Homo habilis y, por descontado, que la de Australopithecus. En cambio, la mandíbula de Homo naledi se parece a la de Homo habilis y a la de los australopitecinos. Como suele ser habitual en nuestros antepasados, Homo naledi presenta un verdadero mosaico de rasgos de aspecto primitivo, junto con rasgos de aspecto más moderno.

Agradecemos este conjunto de estudios, que anticipan las conclusiones definitivas sobre la posición filogenética de Homo naledi. Pero esperamos impacientes datos geocronológicos fiables, que permitan ayudarnos tanto en la asignación correcta de estos fósiles al género Homo como en sus relaciones con otras especies de nuestra genealogía. Para ello, los investigadores necesitarán métodos de investigación diferentes.

Fuente:quo.es | 23 de marzo de 2017

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