Nuevos estudios determinan que la especie 'Homo floresiensis' no existe

 

Foto: Cráneo LB-1 del 'Homo floresiensis'

 

Vía: Diario de Burgos digital | J. Carlos Diez| 15 de agosto de 2011

 

La presencia de un nuevo tipo humano, descubierto el año 2003 en la isla de Flores (Indonesia), desconcertó a la comunidad científica. Era muy reciente, de hace sólo 18.000 años, medía un metro de altura (como los hobbit de Tolkien) y tenía un cerebro de tamaño menor al de un chimpancé. Las herramientas que lo acompañaban eran las esperables para ese periodo, pero no para ese cerebro de 380 cc. ¡Algo impensable!

 

Foto: Cráneo de Homo floresiensis al lado de un cráneo de Homo sapiens. Richard Lewis /AP Photo

 

 

Había que dar explicaciones: se trataba de una temprana emigración de homínidos de cerebros pequeños (Homo habilis o similar), que en un ambiente insular (como ocurre con otras especies) se adaptó reduciéndose en cabeza y cuerpo. Pero que un humano reduzca su cerebro es como pedir a una hiena que se haga vegetariana. Aceptar que el camino de la encefalización en nuestro género no es una vía de una sola dirección cuesta admitirlo. Su pequeño cerebro no le impedía cazar liebres gigantes o elefantes enanos, que poblaban la pequeña isla.

 

La opinión mayoritaria ha sido (y sigue siendo) la de los partidarios de la nueva especie. Numerosos artículos científicos estos años han ido describiendo los fósiles (clavículas, mandíbulas, pies, etc.) y aportando pruebas de la validez del trabajo de los primeros descubridores (los australianos Brown y Morwood).

 

Ahora, sin embargo, el antropólogo de la Universidad de Columbia Ralph Holloway (foto a la izquierda) afirma, en base a análisis de tomografía computerizada sobre el cráneo, que el individuo que da nombre a la especie es en realidad un Homo sapiens moderno afectado por microcefalia de origen patológico.

 

El trabajo, publicado este mes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, compara el cráneo de Flores con niños y jóvenes microcefálicos actuales, llegando a la conclusión de que todas las medidas obtenidas por resonancia magnética encajan con esa patología que produce pequeños cerebros, y solo en los Australopithecus, de más de tres millones de años, se encuentran valores similares a los del cráneo indonesio.

 

Los resultados de Halloway se alinean en gran parte con las dudas manifestadas desde el primer momento por el reputado paleontólogo Teuku Jacob, que siempre afirmó que el denominado “hobbit” era un pigmeo austromelanesio afectado por microcefalia.

 

Buena parte de las controversias se han debido a la ocultación de los fósiles y a la instrumentalización política. Equipos y países enfrentados que intentan impedir que la ciencia fluya bajo una premisa de abierta colaboración y respeto. Es probable, como afirma María Martinón (CENIEH, foto a la izquierda), que la solución al enigma de Flores sólo pueda encontrarse mediante la colaboración entre equipos y disciplinas científicas diversas.

 

En España tenemos un caso similar. Estos días ha estallado de nuevo la polémica respecto a un presunto cráneo humano en Orce (Granada) hallado en 1992, al denegar la Junta de Andalucía la excavación a un equipo internacional. ¿Tan difícil es dejar que los científicos hagan su trabajo?

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Cráneo LB1 del 'Homo floresiensis', conteniendo (en rojo) el endocasto virtual. Imagen: Kirk E. Smith, Mallinckrodt Institute of Radiology of Washington University

 

Por su parte, Nature News, que se hace eco de la misma noticia, recoge algunos puntos de vista polémicos entre el autor del trabajo, Ralph Holloway, y otros investigadores (traducimos únicamente esta parte, como complemento de la información).

 

Mal estado

Sin embargo, otros investigadores que han estudiado el Homo floresiensis no están convencidos del análisis de Holloway.

El paleoantropólogo Peter Brown (foto a la izquierda), de la Universidad de Nueva Inglaterra, en Armidale, Australia, que estuvo en el equipo que originalmente descubrió el fósil, sostiene que el estudio de Holloway no tiene en cuenta los rasgos que fueron fundamentales para declarar al fósil una nueva especie, en primer lugar.

"Las proporciones del endocasto son completamente irrelevantes para la asignación de este fósil a la especie floresiensis", dice. "Era el tamaño relativo del cerebro, en relación con el cuerpo, lo que fue tan importante y que ni siquiera ha sido considerado aquí".

 

Mientras tanto, la antropólogo Dean Falk (foto a la izquierda), de la Universidad del Estado de Florida, en Tallahassee, se queja de que cualquiera de las medidas realizadas al endocasto del Homo floresiensis, utilizadas por Holloway, están probablemente distorsionadas por pequeñas deformaciones y grietas presentes en los fósiles antiguos. Anteriormente, ella había realizado exploraciones de tomografía computarizada (TC) del cráneo del Homo floresiensis, y concluyó que probablemente era una especie separada.

"Tuvimos la oportunidad de trabajar con el endocasto del 'Homo floresiensis' que este equipo ha utilizado y se desechó porque estaba en muy mal estado. Hicimos una versión de este estudio con datos de TC, los cuales fueron mucho más precisos que cualquier dato que se pudiera haber obtenido del endocasto distorsionado", argumenta.

Holloway aduce que no está de acuerdo con Brown, y describe la crítica de Falk como "ridícula". "Hemos trabajado ambos endocastos, tanto el proporcionado por Brown  como el endocasto físico construido por Falk a partir de endocastos virtuales. Si hay un problema con los materiales entonces hay un problema con los materiales de todos", replica.

Sin embargo, el paleontólogo William Jungers (foto a la izquierda) de la Universidad Stony Brook, en Nueva York, tampoco está convencido de las conclusiones de Holloway.  

 

"Han observado una similitud fascinante en las mediciones craneales que se encuentran en el 'Homo floresiensis' y en el 'Australopithecus', pero las han omitido en favor de la construcción del argumento de microcefalia", dice. "Una decisión extraña, pero es la política que rodea al 'hobbit', como de costumbre".

 

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