Los neandertales consumieron aves y carnívoros en el yacimiento de Axlor (Vizcaya)

Vista del abrigo de Axlor (Foto Joseba Rios-Garaizar)

Axlor es uno de los principales yacimientos para el estudio del Paleolítico Medio en la Región Cantábrica. Desde el año 1999 tuve la oportunidad de participar en el último proyecto de excavación desarrollado en el yacimiento bajo la dirección de Jesús E. González y Juan J. Ibáñez, equipo de dirección al que me uní desde el año 2003 hasta el 2008, año en el que se cerró la última campaña de excavación (Rios-Garaizar et al. 2003).

El yacimiento fue descubierto por J. M. Barandiarán en el año 1932 en el transcurso de sus exploraciones en la vecina cueva de Baltzola, y lo excavó entre 1967 y 1974, siendo ésta la última excavación que dirigió el eminente prehistoriador vasco (Barandiarán Ayerbe 1980). Las industrias líticas de Axlor fueron parte fundamental de mis primeros trabajos de investigación sobre la transición del Paleolítico Medio al Superior en torno al Golfo de Bizkaia, y este estudio formó parte de mi tesis doctoral (Rios-Garaizar, 2012). En el año 2005 además un equipo coordinado por Jesús E. González fue contratado por el Gobierno Vasco para organizar y catalogar las colecciones de J.M. Barandiarán. Participé en este proyecto coordinando la catalogación y estudio de la abundante colección lítica proveniente de éstas primeras excavaciones.

En el año 2016, en el transcurso de una revisión sistemática de la fauna del yacimiento, el paleontólogo del instituto Ikerbasque (EHU) Asier Gómez Olivencia, reparó en la posible presencia de huellas de manipulación antrópica en restos de carnívoros y de aves. Inmediatamente se organizó un equipo de investigación formado por paleontólogos, tafónomos y arqueólogos, con el objetivo de contrastar estas evidencias que de confirmarse serían las primeras de esta naturaleza en la Región Cantábrica. La relevancia de este descubrimiento radica en que permite reconocer unas estrategias de subsistencia complejas en las que aves y carnívoros son consumidos para obtener carne, pieles y posiblemente plumas.

Radio de lobo (Canis lupus) con una marca de corte, resultado de carnicería o de despellejado (Gómez-Olivencia et al. 2018)

Este tipo de interacciones con animales difíciles de capturar como las aves, o directamente peligrosos como los lobos, son poco frecuentes entre los neandertales y evidencian un control exhaustivo del medio y de las posibilidades que este ofrece. Curiosamente, hace pocos meses publicamos las primeras evidencias incontestables de consumo de moluscos marinos por neandertales en yacimiento de El Cuco, también el la Región Cantábrica (Gutiérrez Zugasti et al. 2018). Todos estos descubrimientos ayudan a matizar la imagen de los neandertales como simples cazadores y consumidores de herbívoros de tamaño grande y medio, y muestran que consumían un espectro más amplio de recursos.

Los resultados de este trabajo se acaban de publicar en la prestigiosa revista Scientific Reports de Nature, donde además de describir de manera pormenorizada los restos de aves y carnívoros con huellas de consumo humano, se sitúan estos restos en el contexto del yacimiento, de la Región Cantábrica y de la Europa Neandertal (Gómez-Olivencia et al. 2018). Gracias a esta contextualización hemos podido certificar que las evidencias de Axlor se asocian a un complejo tecnocultural muy particular, el Musteriense de tipo Quina, que según los datos más recientes en Axlor tiene más de 50.000 años de antigüedad (Marín-Arroyo et al. 2018).

Los de Axlor son los primeros restos identificados de aves y carnívoros consumidos por Neandertales de la Región Cantábrica y unos de los pocos de la Península Ibérica, entre los que destacan los de las cuevas de Gibraltar (Blasco et al. 2016) o Bolomor (Blasco & Fernández Peris 2009). En Europa el panorama es mucho más complejo, existiendo evidencias dispersas en numerosos yacimientos de Francia y de Italia, con algunos ejemplos realmente notables como el yacimiento de Taubach (Bratlund 1999) en el que hay evidencias de un consumo sistemático de osos de las cavernas, el de Fumane en el que se apunta a que las aves se cazaban para obtener plumas para usar como adorno (Peresani et al. 2011), o el yacimiento de Krapina en el que se identificaron talones de águila para ser usados como colgantes (Radovčić et al. 2015).

Los restos identificados en Axlor son tres restos de ave (dos pertenecientes al águila real y un tercer resto perteneciente a un cuervo) y un cánido (lobo) y un félido de pequeño tamaño (lince). Las marcas de corte en los restos de águila real y lince son muy probablemente el resultado de la obtención de carne, mientras que en el caso del lobo el objetivo pudo ser tanto la la carne como la piel.

Fémur derecho de águila real (Aquila chrysaetos) con marcas de corte. Este resto fue probablemente consumido para carne (Gómez-Olivencia et al. 2018)

Como apuntamos en el trabajo es seguro que en un futuro próximo se van a producir otros hallazgos semejantes en yacimientos de la Región Cantábrica. Por un lado hay numerosos yacimientos con restos de aves y carnívoros conservados en niveles del Paleolítico Medio (Amalda- Eastham 1990-, o Castillo-  Cabrera et al. 2004) por ejemplo). Por otro lado, salvo algunas excepciones, son pocos los yacimientos de este periodo que se han analizado en detalle en busca de huellas de manipulación antrópica en este tipo de restos. Como hemos mencionado anteriormente, hay evidencias importantes de consumo de moluscos en el yacimiento de El Cuco; hay evidencias que apuntan al consumo de peces por neandertales en el yacimiento de Cueva Millán, en Burgos (Roselló Izquierdo 1992): recientemente se han publicado ejemplos de consumo de plantas y hongos en Sidrón (Hardy et al. 2012). Todas estas evidencias sugieren una interacción compleja y rica en matices de los neandertales con su medio ambiente, algo que no debe extrañarnos si consideramos que sobrevivieron, con éxito, en diversos ecosistemas durante miles de años y decenas de generaciones.

Fuente: arkeobasque.wordpress.com | Joseba Rios Garaizar | 16 de julio de 2018

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Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el septiembre 19, 2018 a las 12:24am

Las águilas y los neandertales

El yacimiento de la cueva de Axlor (Dima, Vizcaya) se conoce desde 1932. Lo descubrió el prehistoriador José Miguel de Barandiarán, mientras trabajaba en otro yacimiento próximo. Pero no fue hasta 1967 que este investigador se decidió a excavar en la cueva de Axlor. Sus trabajos se extendieron hasta 1974. De su exploración nos han quedado varios dientes humanos, alguno de los cuales se perdió de manera accidental. El estudio de los restos arqueológicos y fósiles permitió asegurar que la cueva fue visitada de manera asidua por los neandertales seguramente hace más de 50.000 años. Varios de los niveles descritos por Barandiarán contenían herramientas musterienses, mientras que la morfología de los dientes es inconfundible; pertenecieron a humanos de la especie Homo neanderthalensis.

Al iniciarse el siglo XXI, el yacimiento fue nuevamente explorado bajo la dirección de Jesús González Urquijo, Juan José Ibáñez-Estévez y Joseba Ríos Garaizar. Sus trabajos certificaron la presencia de los neandertales en Axlor y añadieron una notable cantidad de información sobre la geología o el contexto arqueológico de este yacimiento.

En julio de este año la revista Scientific Reports publicó un artículo sobre el comportamiento cinegético y la gastronomía de los neandertales de Axlor, liderado por Asier Gómez Olivenza. Se sabe que los miembros de esta especie fueron capaces de adaptarse a la mayoría de los territorios de Eurasia. Este fue el verdadero imperio de los neandertales durante miles de años. Su inteligencia y sus habilidades culturales les permitieron conseguir una amplia gama de alimentos, incluyendo diferentes tipos de vegetales, y una larga lista de invertebrados y vertebrados terrestres y marinos. Podría decirse que su despensa estuvo llena de cualquier alimento imaginable disponible en su medio. Aunque ya se sabía que en la mesa de los neandertales no faltaban las aves y los carnívoros, el artículo de Scientific Reports nos presenta por primera vez un estudio del consumo de estos animales en yacimientos de la cornisa Cantábrica.

Águila real (Aquila chrysaetos). © HBW Alive

Los autores de este trabajo nos explican que el registro fósil de Axlor cuenta, entre otros restos fósiles manipulados por los neandertales para su consumo, con huesos de zorros, cuervos, cernícalos y águilas. En particular, los investigadores han identificado los restos de dos águilas reales (Aquila chrysaetos), que tienen las inconfundibles marcas de descarnado con utensilios de piedra.

Las águilas reales son predadores por excelencia. Cazan desde el aire conejos, liebres, zorros, serpientes e, incluso, ejemplares jóvenes de linces, jabalíes, corzos o rebecos, a los que habría que añadir los de las especies ya extinguidas en Europa. Todos sabemos la enorme velocidad que pueden alcanzar estas aves en caída libre para capturar una presa. La envergadura del águila real supera los dos metros y no son precisamente animales pacíficos a los que cualquiera pueda acercarse. Ni tan siquiera se pueden visitar sin peligro sus nidos, que sitúan en lugares poco o nada accesibles, como acantilados o árboles de gran altura.

Los neandertales, como otro homininos del Pleistoceno, fueron capaces de capturar bisontes, ciervos, jabalíes, etc. Para ello era necesario fuerza, velocidad y el diseño de estrategias de grupo. Ahora bien, no se me ocurre como un águila real pudo acabar en la “cazuela” de los neandertales de Axlor. La habilidad de estos humanos no dejará de sorprendernos.

Fuente: quo.es | 18 de septiembre de 2018

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