Descubren una nueva especie de homínido: el «Australopithecus deyiremeda»

Resto de mandíbula de 'Australopithecus deyiremeda'. Haile-Selassie

Fuente: EL MUNDO.es | Teresa Guerrero| 27 de mayo de 2015

La llamaron Lucy por la canción de los Beatles (Lucy in the sky with diamonds) que sonaba en el campamento poco después de su descubrimiento, en 1974. Esta famosa homínida de 1,20 metros de altura, que caminaba erguida, vivió en el territorio que hoy es Etiopía hace 3,2 millones de años y cuyo esqueleto constituye uno de los grandes hallazgos de la paleontología, perteneció a una especie bautizada como Australopithecus afarensis. Y según sostiene una investigación publicada esta semana en la revista Nature, Lucy y el resto de miembros de su especie, de la que se cree que proviene el género humano, no estaban solos. Convivieron en el mismo espacio y tiempo con, al menos, otra especie distinta de Australopithecus, cuyos restos han sido encontrados a unos 30 kilómetros de distancia de Hadar, el lugar donde el equipo de Donald Johanson desenterró el esqueleto de Lucy hace cuatro décadas.

La atribución de estos fósiles a una nueva especie de homínido, bautizada como Australopithecus deyiremeda, contribuirá sin duda a la polémica y al debate entre los científicos sobre nuestros ancestros. Según aseguran los autores de este trabajo, liderados por Yohannes Haile-Selassie (izquierda), los fósiles tienen una antigüedad de entre 3,3 y 3,5 millones de años y fueron encontrados en la zona que hoy ocupa Woranso-Mille (Etiopía).

Según relata en conversación telefónica Luís Gibert  (derecha), geólogo de la Universitat de Barcelona (UB) y coautor de este artículo, estos fósiles, encontrados en marzo de 2010, "demuestran que varias especies distintas de Australopithecus convivieron durante el Plioceno medio en el mismo lugar", las extensas llanuras de la región etíope de Afar, en África oriental.

En concreto, hallaron dos mandíbulas, un maxilar y varios dientes, 15 piezas en total que pertenecerían a esa nueva especie, Australopithecus deyiremeda (un nombre que proviene de dia-ihreme-dah, 'pariente próximo' en la cultura oral del pueblo afar). Se calcula que Australopithecus afarensis vivió hace entre 2,9 y 3,9 millones de años y, según explica Gibert, se han hallado fósiles de esta especie en la misma zona en la que estaban los de Australopithecus deyiremeda.

Yohannes Haile-Selassie, autor principal y director del proyecto paleontológico Woranso-Mille, considera que la nueva especie que propone su equipo «es una nueva confirmación de que A. afarensis (Lucy) no era el único potencial ancestro de los orígenes humanos que vagaba durante el Plioceno medio por lo que hoy es la región de Afar, en Etiopía".

En su opinión, las evidencias fósiles encontradas en Woranso-Mille "muestran claramente que, como mínimo, hay dos especies, si no tres, de ancestros humanos que vivieron en el mismo momento en un área de proximidad geográfica». La posible tercera especie, añade en una nota de prensa, correspondería a los fósiles de un pie de homínido de hace 3,4 millones de años que fue encontrado en el área de Burtele por el equipo del profesor Haile-Selassie (publicado en Nature en 2012).

Foto: Fragmento fosilizado de una mandíbula del «Australopithecus deyiremeda». / © YOHANNES HAILE-SELASSIE

Las diferencias

Los autores del trabajo afirman que "'Australopithecus deyiremeda es claramente distinta de la 'Australopithecus afarensis' en características de morfología facial, dental y mandibular". Los dientes tienen un esmalte más grueso, que reflejaría que su dieta era más rica y variada que la de Australopithecus afarensis y, probablemente más similar a la del género Homo.
"Los fósiles también presentan algunas características morfológicas en mandíbulas y dientes que generalmente se asocian con los géneros 'Paranthropus' y 'Homo' (por ejemplo, un cuerpo mandibular relativamente sólido y el espesor del esmalte dental) y que, por primera vez, aparecen en el registro fósil mucho antes de lo que se pensaba", según los autores.

El geólogo Lluís Gibert se ha centrado en contextualizar los fósiles y en estudiar los sedimentos donde fueron encontrados: "Si no se sitúa en el tiempo, un fósil no tiene ningún valor", señala. Estos estudios permiten también entender por qué esa zona que hoy es Etiopía es tan rica en restos fósiles. Según apuntan sus investigaciones, "los registros paleoclimáticos indican que en el Plioceno medio, hace entre 3,6 y 3,4 millones de años, había una tendencia hacia la aridez. Vemos un aumento en el contenido de celestina, un mineral que se forma cuando hay evaporación", explica.

Foto: Moldes de las mandíbulas superior e inferior del Australopithecus deyiremeda.

El debate científico

Gibert cree que la nueva especie será acogida con escepticismo por parte de la comunidad científica: "La paleontología humana es una ciencia muy conservadora, cuesta mucho que se reconozcan nuevas especies y modificar los árboles evolutivos", señala.

Lo mismo espera Yohannes Haile-Selassie: "Algunos de nuestros colegas se mostrarán escépticos sobre esta nueva especie, lo que no es raro. Sin embargo, creo que es hora de que veamos las primeras etapas de nuestra evolución con una mentalidad abierta, y que examinemos cuidadosamente las pruebas fósiles disponibles en la actualidad, en lugar de rechazar los fósiles que no encajen con las hipótesis que se han mantenido durante mucho tiempo", explica el investigador del Museo de Historia Natural de Cleveland (EEUU).

El paleontólogo español José María Bermúdez de Castro  (izquierda)  codirector del yacimiento de Atapuerca (Burgos) y sin relación con este estudio, se muestra cauto sobre la presentación de esta nueva especie, pues considera que "el material que se presenta en Nature es escaso y sólo se refiere a unos pocos dientes y mandíbulas", según explica a EL MUNDO a través de un correo electrónico.

"Por muy diferentes que puedan ser de otros australopitecos, me gustaría saber cómo se las arreglaban tantas especies de hominídos en el mismo territorio. Es necesario demostrar que sus respectivos nichos ecológicos (su rol en el ecosistema) no entraban en conflicto. Para ello se precisa conocer muy bien los hábitos alimenticios, comportamiento, diurnos vs. nocturnos, etc., como es habitual cuando se nombran especies de primates actuales", añade Bermúdez de Castro.

Foto: Las imágenes de arriba muestran la mandíbula superior desde diferentes ángulos (fila superior) y las imágenes de abajo la mandíbula inferior.


El paleontólogo se muestra sorprendido "por la facilidad con la que se crean especies de 'Australopithecus' en África, cuando luego los mismos autores que proponen estas especies se oponen a que se nombren especies del género Homo, como Homo georgicus (tan diferente de los Homo erectus clásicos). Creo que los autores tienen mucho trabajo por delante para convencer de que su hipótesis de una nueva especie puede tenerse en alta consideración", apunta Bermúdez de Castro.

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Imagen

En ABC.es nos proporcionan más opiniones sobre la idoneidad de nombrar una nueva especie de Australopithecus:

La polémica de «crear» especies

Tal como explica Carlos Varea (izquierda), profesor de Antropología Física en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en los últimos años han ido apareciendo nuevas especies pero siempre con la oposición de algunos científicos que habrían preferido no incluirlas. El motivo es que «el concepto biológico de especie está desdibujado incluso para nosotros mismos. Hay ocasiones en que los investigadores tendrán más notoriedad si designan una nueva especie y otras en las que las diferencias que se usan para justificar que se hable de dos especies puedan pertenecer a una misma».

Como prueba de ello, Varea recuerda que Homo sapiens sapiens  y Homo sapiens neanderthalensis se solían considerar como dos especies y que no se podían reproducir entre ambas, «pero hoy se sabe que tuvieron cruzamiento efectivo y portamos genes de ellos».

La máquina del tiempo

Por su parte, Armando González Martín, también profesor de Antropología en la UAM, resalta que a la hora de postular la existencia de nuevas especies se suelen usar «restos fragmentarios e incompletos, de un único individuo» y que, en general, «el registro fósil a veces no nos permite discriminar, sin una "máquina del tiempo", si lo que encontramos son especies muy variables, o líneas que hubieran perdido la posibilidad de tener descendencia en común», es decir, especies distintas.

Parece claro que resulta muy difícil saber hoy día cómo fueron los parientes lejanos del ser humano, y que la búsqueda de repercusión mediática puede influir también sobre las motivaciones de los científicos. Pero Carlos Varea destaca el prestigio del equipo de Yohannes Haile-Selassie y que a pesar de todo se ha ido extendiendo el consenso al considerar que varias especies convivieron en el período que va de los cuatro millones, al millón de años de antigüedad, y que «más que unos eslabones perdidos, hay una radiación de especies, como un coral que se abre en muchas ramitas divergentes».

Algunas de esas ramas, permitieron que los primeros Homo se adaptaran al cambio climático usando su cerebro y las primeras manifestaciones de la cultura, las herramientas. Fue su flexibilidad y su capacidad de acomodarse lo que les permitió vivir en las nuevas circunstancias. Poco a poco, a medida que se reconstruye el pasado, parece que hasta el conocimiento científico va evolucionando.

Post de Terrae Antiqvae relacionado:

* El otro homínido que sabía caminar (28/03/2012)

Visitas: 2768

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el mayo 28, 2015 a las 11:50am

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el mayo 28, 2015 a las 12:24pm

Hallado otro posible ancestro de todos los humanos

Foto: Resto madibular de Australopithecus deyiremeda

Fuente: EL PAIS.com | Materia | Nuño Domínguez | 27 de mayo de 2013

Hasta hace muy poco, la pregunta de cómo éramos los humanos antes de ser humanos tenía una respuesta clara: Lucy. Así se llama al esqueleto de australopiteco más célebre por pertenecer a la especie de la que proviene el género humano. Era un mono erguido que no llegaba al metro y medio y con un cerebro tres veces más pequeño que el nuestro, pero, era nuestro origen y por eso cobró fama hasta convertirse casi en una estrella. Pero eso era hasta ahora, pues un nuevo hallazgo acaba de confirmar que Lucy coexistió con otras especies de homínidos que también podrían ser nuestros ancestros y cuya simple existencia embarulla el árbol genealógico humano para hacerlo mucho más creíble e interesante.

La nueva especie descubierta se llama Australopithecus deyiremeda y acaba de ser presentada en sociedad por sus descubridores. Lo más interesante de estos nuevos fósiles hallados en la región de Afar de Etiopía, un maxilar y dos mandíbulas, es que tienen entre 3,3 y 3,5 millones de años, es decir, son coetáneos de la especie de Lucy, los Australopithecus afarensis. Aún más interesante es que los restos se han hallado en Woranso-Mille, a unos 30 kilómetros de distancia de donde vivían los afarensis.

La historia oficial decía que Lucy y los suyos vivieron hace entre 3,7 y 3 millones de años. De su linaje brotaron dos nuevas ramas, hace unos 2,5 millones de años. De una salió un homínido con una imponente cabeza de gorila y enormes dientes para triturar alimentos muy duros: el parantropus. En la otra estaban los primeros miembros del género Homo. Mientras los parantropus se extinguieron, la segunda rama, la humana, experimentó una auténtica explosión de formas y especies que cohabitaron durante miles de años y de la que los Homo sapiens somos los únicos descendientes vivos.

Foto: Moldes de las mandíbulas del Australopithecus derimeyeda

La existencia de esta nueva especie hallada en Etiopía y descrita hoy en la revista científica Nature redibuja ese árbol clásico y le pone al menos dos ramas iniciales. “Es tan probable que esta nueva especie sea el ancestro del género Homo como que lo sea Lucy”, explica a Materia el paleoantropólogo etíope Johannes Haile-Selassie, jefe de las excavaciones e investigador del Museo de Historia Natural de Cleveland (EEUU). No es la primera vez que se sugiere, en contra el dogma, que hubo varias especies que coexistieron en África en el mismo tiempo, todas con posibilidades de ser nuestro ancestro. Ahí está el Kenyanthropus platyops, una mezcla de humano y australopiteco que vivió en Kenia y cuyo fósil sigue sin ser aceptado por buena parte de los científicos por estar muy deformado. Hace unos días un estudio mostró que este homínido pudo desarrollar las primeras herramientas de piedra -una tecnología que se pensaba únicamente humana- 700.000 años antes que nuestro género Homo.

En Sudáfrica, un nuevo análisis de otro fósil excepcional conocido como Little Foot demostró en abril que esta especie también fue coetánea de Lucy. Ya en 2012, el propio Haile-Selassie encontró en Etiopía un pie fósil de hace 3,4 millones de años que no era nada parecido al de los afarensis, pero no le bastó para probar que tenía una nueva especie entre manos. Ahora está convencido de que su Australopithecus deyiremeda prueba que el mosaico de formas con que la evolución genera nuevas especies y géneros estaba representado en Etiopía con al menos dos australopitecos coetáneos que anticipaban a su manera a los humanos. “La cara y la estructura de la mandíbula de esta nueva especie son más evolucionadas que Lucy”, resalta el experto. Sin embargo, “sus caninos superiores parecen más primitivos”. En el estudio también ha participado Luis Gibert, geólogo experto en datación de la Universidad de Barcelona. Gibert colabora desde 2010 en las excavaciones de Woranso-Mille y ha sido responsable responsable de la contextualización cronoestratigráfica y sedimentológica de los fósiles encontrados.

Investigadores ajenos al estudio reconocen que este y otros trabajos le dan un revolcón a la evolución humana clásica. “En mis clases siempre digo que Lucy es el mejor candidato a ser el ancestro de los humanos, pero ahora ya no lo sabemos”, reconoce Carlos Lorenzo  (izquierda), paleoantropólogo y profesor de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona.

El nuevo árbol de familia que dibujan estos hallazgos tiene muchas más ramas, es mucho más tupido y se parece más a lo que vemos en cualquier otra parte del reino animal. Lo raro eran los linajes lineales que más parecían de reyes godos que de especies. De este nuevo estudio Lorenzo destaca la mezcla de rasgos humanos y australopitecos que tiene el deyiremeda y resalta que esa misma mezcla es la que se observaba en los restos del humano más antiguo hallado hasta ahora, precisamente en el yacimiento de Ledi-Geraru, a unas pocas decenas de kilómetros de donde ha aparecido este nuevo australopiteco.

Fred Spoor (derecha), investigador del Instituto Max Planck de Biología Evolutiva, apunta en Nature que posiblemente fuera esta nueva especie la que desarrollara esas primeras herramientas líticas encontradas en Kenia.

Ahora Haile-Selassie quiere volver al yacimiento etíope en busca de nuevos especímenes para estudiar si aquel pie primitivo, con pulgar oponible como el de un chimpancé, perteneció a la misma especie recién descubierta. Esos pies, señala, no son de australopiteco, sino de Ardipithecus ramidus, otra especie más antigua que vivió hace 4,4 millones de años también en Etiopía y que pudo ser el origen de los australopitecos y los humanos. Demostrar que tuvo esos dos rasgos tan diferentes “sería fascinante”, resalta Haile-Selassie, relamiéndose con darle otra sacudida a nuestro árbol de familia.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el mayo 29, 2015 a las 1:50am

Una nueva especie de Australopithecus era vecina de Lucy 

El equipo de Yohannes Haile-Selassie tamiza el suelo en busca de más restos óseos. (Imagen: Yohannes Haile-Selassie / Cleveland Museum of Natural History).

Fuente: New Scientist| 27 de mayo de 2015 (Traducción de G.C.C. para Terrae Antiqvae)

Lucy tuvo compañía. Su género, Australopithecus, no estaba solo en su vencindad hace unos 3.200.000 años. Vivió junto con al menos otros tipos de homínidos.

Durante décadas, los paleoantropólogos han estado debatiendo si la especie de Lucy, Australopithecus afarensis, fue el único homínido que vivió en el este de África en aquel tiempo.

Ahora, Yohannes Haile-Selassie, del Museo de Historia Natural de Cleveland, en Ohio, y sus colegas, han identificado una nueva especie a la que llaman Australopithecus deyiremeda. Ella vivió en lo que hoy es la región central de Afar, en el Valle del Rift, en África oriental, hace alrededor de 3,3 millones de años, a sólo 35 kilómetros al norte de conocidos yacimientos de Australopithecus afarensis.

Haile Selassie dijo que su equipo había encontrado huesos de Australopithecus afarensis en el mismo sitio que la nueva especie. "Estoy bastante seguro de que estas dos especies coincidieron no sólo en el tiempo sino también en el espacio", dice.

El nuevo homínido ha sido identificado a partir de muestras de mandíbulas y dientes. En comparación con la especie de Lucy, Australopithecus deyiremeda tenía una mandíbula más robusta y un esmalte más grueso en los dientes, lo que sugiere que podía comer de forma más fuerte, comida más abrasiva.

Eso tiene sentido, dice Louise Humphrey (izquierda), del Museo de Historia Natural de Londres. "La presencia de más de una especie de homínidos, en estrecha proximidad cronológica y espacial, sugiere diferencias en la explotación de los recursos, incluídas las preferencias por los alimentos y la forma en que se accedía a los mismos", dice ella.

Un revoltijo de homínidos

El descubrimiento parece confirmar que más de un tipo de Australopithecus existió en el área que ahora es Etiopía antes de que nuestro linaje Homo apareciera, quizás tan pronto como hace 2,8 millones años.

También podría resolver la disputa acerca de cómo interpretar la amplia variación observada en los huesos de los Australopithecus afarensis, pues hay quien argumenta que las diferencias son tan grandes como para haber sido una sola especie.

"Si Haile Selassie está en lo correcto, creo que es razonable concluir que un número desconocido de restos óseos de Australopithecus afarensis pertenecen, en realidad, a esta nueva especie", dice John Hawks  (derecha), de la Universidad de Wisconsin-Madison. "Esto significa que todo lo que se ha escrito acerca de la variación, la función y la anatomía, de los restos fragmentarios del 'Australopithecus afarensis', debe ahora ser puesto en duda".

Sin embargo, Tim White (izquierda), de la Universidad de California, sostiene que se necesitan más pruebas antes de que podamos concluir que había dos especies de homínidos en la zona en aquel tiempo. Él considera que toda la variación observada -incluso con este último hallazgo- sólo podría ser la propia diversidad del Australopithecus afarensis. "Darwin reconoció que la variación anatómica dentro de una especie biológica es normal", aduce.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el junio 19, 2015 a las 1:16am

Burbuja taxonómica

Fuente: reflexiones-de-un-primate.blogs.quo.es | 18 de junio de 2015

A finales de mayo de este año la revista Nature dio a conocer la posible existencia de una nueva especie de homínido del Plioceno. Yohannes Haile-Selassie y sus colaboradores diagnosticaron la especie Australopithecus deyiremeda en base al hallazgo y descripción de un cierto número de restos fósiles encontrados en sedimentos de la región de Afar (Etiopía).

Estos sedimentos tienen una antigüedad bien calibrada en un rango de 3,3-3,5 millones de años. Las dataciones en esta región, que ha sido explorada desde hace más de 40 años, son extremadamente fiables gracias a la presencia de capas de origen volcánico. La antigüedad de estas capas se puede determinar con mucha precisión mediante los isótopos del argón.

El conjunto de fósiles que conforman la nueva especie fueron hallados en diferentes campañas entre 2006 y 2013, todas ellas dirigidas por Haile-Selassie en la región de Woranso-Mille. La mayoría de estos fósiles proceden de la localidad de Burtele, y consisten en dientes y fragmentos de maxilar y mandíbula.

Restos de homínidos encontrados por Yohannes Haile-Selassie en la región de Afar (localidad de Burtele). Fuente: revista Nature.

Cuando leemos con detenimiento la diagnosis diferencial de la nueva especie, basada en 14 restos fósiles, surgen muchas dudas sobre la magnitud de las diferencias de Australopithecus deyiremeda con otras especies de la misma antigüedad y de la misma región. Si bien parece claro que los restos de Burtele pueden distinguirse de los parántropos o de los ardipitecos, no sucede lo mismo cuando los autores reparan en las diferencias con Australopithecus afarensis.

Esta última especie fue nombrada por Donald Johanson y Timothy White en la década de los años 1970. La mayoría de los restos fósiles de Australopithecus afarensis procedían de la región de Afar y su antigüedad está muy bien determinada entre 3,0 y cerca de 4,0 millones de años. La coincidencia es cuando menos digna de reflexión.

No puede pasar inadvertido el hecho de que en las tres últimas décadas el número de nuevos géneros y especies nombrados en el este de África ha crecido de manera vertiginosa. Estamos ante una verdadera “burbuja taxonómica”, que en cualquier momento puede reventar.

Demasiados nombres para la misma región del planeta y para un período relativamente corto en términos geológicos. Algunos de los intentos por ampliar el número de especies del género Homo para el lapso temporal de los dos últimos dos millones de años han sido abortados de manera contundente. Resulta muy complicado admitir la presencia de varias especies del género Homo en la misma región y en la misma época.

Por ejemplo, no es fácil admitir la coexistencia en Europa de Homo cepranensis, Homo erectus, Homo heildelbergensis y Homo neanderthalensis durante la segunda mitad del Pleistoceno Medio. Pero el mismo argumento puede emplearse para el género Australopithecus. El propio nombre de la nueva especie “deyiremeda”, que procede de la lengua Afar, significa que estos homínidos están muy próximos (desde el punto de vista filogenético) a otros homínidos de la misma región. Quizá tan próximos, que Haile-Selassie y sus colaboradores podrían haberse ahorrado el esfuerzo de nombrar una nueva especie. Quizá sus argumentos serían más convincentes si el número de restos fuera más generoso y la colección contuviera fósiles de una parte significativa del esqueleto (pelvis, extremidades, etc.). Una mandíbula, un maxilar y unos cuantos dientes representan un bagaje muy pobre para una conclusión tan importante. Y todo ello sin dejar de reconocer el mérito que supone trabajar en una región tan inhóspita del planeta y el hallazgo de nuevos fósiles, que enriquecen nuestro conocimiento de la evolución humana.

Cuando se localizan por primera vez fósiles de homínidos en un determinado tiempo geológico y una cierta región estamos legitimados para nombrar una nueva especie, pero solo en el caso de que las diferencias con otros conjuntos de fósiles sean significativas. Así ha ido sucediendo en África durante todo el siglo XX. Pero esas diferencias cada vez van siendo menores. En estas circunstancias se hace imprescindible demostrar que los homínidos procedentes de un mismo tiempo y lugar tenían una forma de vida totalmente distinta. En caso contrario, la competencia hubiera eliminado a alguna de ellas en muy pocas generaciones. Quizá baste con demostrar diferencias en la dieta o en el hábitat. No es sencillo, sobre todo cuando las distinciones morfológicas son sutiles, como es el caso que nos ocupa.

En mi opinión, no tardará en llegar el día en que algún grupo de expertos en fósiles de homínidos africanos del Plioceno dediquen un proyecto a la revisión de todos los restos encontrados en las últimas décadas. Quizá entonces estos expertos tengan que “pinchar” la burbuja taxonómica, que no para de crecer.

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