Descubren que cazadores mesolíticos del Mar del Norte elaboraron armas con huesos humanos

Punta dentada realizada con un hueso humano y empleada en el estudio. Willy van Wingerden.

A medida que disminuía la Edad del Hielo, el derretimiento de los glaciares anegó el territorio de Doggerland, el cual una vez unió Gran Bretaña y Europa continental. Durante más de 8.000 años, las armas distintivas —delgadas puntas de hueso con dientes de sierra— fabricadas por los últimos habitantes de  esta  zona terrestre descansaron en el fondo del Mar del Norte. Eso fue hasta que los ingenieros del siglo XX comenzaron a recoger, con dragas mecánicas, el lecho marino y usar los sedimentos para fortificar las costas de los Países Bajos. Este trabajo en curso ha traído, accidentalmente, artefactos y fósiles de las profundidades a las playas holandesas.

Los aficionados a coleccionar fósiles recogieron estos hallazgos, acumulando casi 1.000 armas de hueso dentadas, conocidas por los arqueólogos como puntas de púas del Mesolítico. No solo se conocen en el Mar del Norte, sino que se han encontrado puntas con púas en sitios que van desde Irlanda hasta Rusia, y que datan de hace entre 11.000 y 8.000 años, cuando los últimos cazadores-recolectores habitaban Europa antes de la llegada de los agricultores del periodo Neolítico.

La gente del Mesolítico probablemente sujetó estas puntas dentadas a ejes de madera para hacer flechas, lanzas y arpones, que era claves para su sustento de caza y pesca. Pero los expertos han ignorado en su mayoría estas puntas con púas que salpican las playas holandesas porque que no se recuperaron en excavaciones sistemáticas de yacimientos arqueológicos adecuados, tal como sí ha ocurrido con las puntas dentadas que se han hallado en el Reino Unido y Europa continental.

Ahora, un equipo, dirigido por arqueólogos de la Universidad de Leiden, ha analizado algunas de estas armas óseas recuperadas y realizado mediciones moleculares para determinar de qué especie animal están hechas. Los científicos querían principalmente probar si este tipo de análisis, que depende de las proteínas que sobreviven en los huesos, era posible realizarlo incluso en artefactos enterrados bajo el agua durante milenios. El método no solo ha funcionado, sino que arrojó resultados impactantes: si bien la mayoría de las puntas dentadas, de aproximadamente 10.000 años de antigüedad, estaban hechas de huesos de ciervo rojo (Cervus elaphus), dos de ellas se hicieron a partir de esqueletos humanos.

Las dos armas dentadas halladas realizadas con restos óseos humanos. R.J. Looman

“Como experto en este campo, realmente no me lo esperaba. Es, sencillamente, genial”, dice el arqueólogo de la Universidad de Newcastle Benjamin Elliott (izquierda), el cual no participó en la investigación. Nunca antes los arqueólogos habían encontrado evidencia inequívoca de que los antiguos europeos elaboraran cuidadosamente huesos humanos para convertirlos en armas mortales.

Los científicos del estudio se preguntaron por qué la gente del Mesolítico usaba ciervos rojos y restos esqueletos humanos para realizar sus armas. "¿Qué está pasando con estos dos puntos?", dice Virginie Sinet-Mathiot (derecha), antropóloga del Instituto Max Planck, en Leipzig, Alemania, y que sí ha trabajado en el proyecto. "¿Qué significa esto?"

Las preocupaciones prácticas o económicas parecían explicaciones poco probables: otras materias primas, como la propia cornamenta de los ciervos, habrían estado más fácilmente disponibles y serían más duraderas. Los investigadores concluyeron que los antiguos cazadores-recolectores eligieron estos restos óseos en particular por razones simbólicas relacionadas con sus creencias sociales y/o espirituales.

“Esta elección no fue una decisión económica”, dice el arqueólogo Joannes Dekker (izquierda), de la Universidad de Leiden y autora principal del estudio que se ha publicado en el Journal of Archaeological Science: Reports. El motivo económico habría sido que los antiguos cazadores-recolectores produjeron puntas de púas a partir de partes de animales que sobraban de las comidas. En ese caso, los investigadores esperarían encontrar puntas hechas de astas, así como de huesos de uros (Bos primigenius) y otras especies como corzos (Capreolus capreolusy alces euroasiáticos (Alces alces). Estas criaturas vagaban por el Doggerland mesolítico, y los experimentos de los arqueólogos han demostrado que sus huesos son excelentes para elaborar armas proyectiles.

El hecho de que los científicos hayan encontrado predominantemente huesos de ciervo rojo y de humanos sugiere que "Debió haber habido alguna otra razón, una razón cultural, por la que era importante utilizar estas clases de restos óseos”, dice Dekker, estudiante de maestría en la Universidad de Leiden, Países Bajos.

Sin embargo, las motivaciones específicas que impulsaron este estilo de armas en Doggerland siguen siendo un misterio. "Puedes medir un hueso para ver sus propiedades como un proyectil, pero no se pueden medir los pensamientos de un cazador-recolector mesolítico”, dice Dekker.

Aún así, saber que las gentes del Mesolítico usaban huesos humanos para tal fin es un descubrimiento importante. “Que las puntas óseas sean de procedencia humana es un shock total", dice Elliott.

Según él, investigadores anteriores habían planteado la idea de que huesos humanos se habían empleado en algunas puntas dentadas, especialmente largas, halladas en Irlanda. Esas especulaciones se basaron en el hecho de que no había muchos mamíferos grandes, además de los humanos, en la isla cuando se fabricaron tales artefactos. Pero hasta hace poco no existía ninguna tecnología apropiada para probar esas afirmaciones.

Este gráfico muestra los puntas dentadas analizadas en el estudio; las playas en las que se encontraron y la ubicación probable del dragado de los sedimentos originales en el Mar del Norte. (Dekker et al. JAS: Reports , archivo original proporcionado por Dekker).

Generalmente, los arqueólogos pueden observar un hueso y, según su tamaño y contornos, conocer la parte del cuerpo y el tipo de animal del que proviene. Pero eso es casi imposible de hacer con las puntas dentadas, pues las características de su identificación se han tallado y desgastado durante la fabricación, el uso y el enterramiento de las mismas.

Sin embargo, durante la última década se ha desarrollado una nueva tecnología que resuelve este problema. El método Zooarchaeology by Mass Spectrometry, o ZooMS, puede detectar los componentes moleculares del colágeno, la principal proteína de los huesos. Debido a que los componentes del colágeno difieren ligeramente entre los diferentes tipos de animales, medirlos nos puede indicar la especie animal a la que pertenece el resto óseo, incluso en fragmentos de esqueletos o artefactos esculpidos que no pueden identificarse mediante la observación de sus características distintivas.

Una placa con muestras óseas, lista para el análisis de ZooMS.

Mediante el empleo de ZooMS los científicos disuelven químicamente una pizca de hueso en polvo para extraer moléculas de colágeno que pasan por un instrumento de medición. El método ha demostrado ser útil para distinguir entre huesos de animales de aspecto similar, como ovejas y cabras, o ratas (grandes) y ratones (pequeños). Y en los yacimientos de la Edad de Piedra el proceso se ha utilizado para escanear miles de piezas esqueléticas del tamaño de un fósforo, a fin de encontrar especímenes raros de neandertales, denisovanos u Homo sapiens entre montones de huesos de animales. Desde su introducción en 2009, ZooMS se ha utilizado con éxito en restos óseos encontrados en docenas de yacimientos de todo el mundo, desde la Edad de Piedra hasta los tiempos modernos.

Pero los científicos se preguntaban si el método funcionaría con las puntas dentadas mesolíticas de Doggerland, las cuales, sepultadas durante milenios bajo el mar, podían tener desaparecidas las proteínas del colágeno. “El desafío aquí era si podríamos extraer colágeno y realizar identificaciones de especies de animales a partir del material que había estado sumergido en agua durante tanto tiempo”, dice Sinet-Mathiot, quien trabaja para innovar los protocolos de ZooMS a través de sus investigaciones.

En 2018 Dekker decidió probar esta posibilidad en un pequeño proyecto para su tesis de licenciatura en arqueología en la Universidad de Leiden. Dekker obtuvo el permiso de una docena de coleccionistas para desguazar o picar un poco de hueso de sus puntas dentadas. Llevó las muestras al Instituto Max Plank en Leipzig, Alemania, y trabajó con Sinet-Mathiot para ejecutar el análisis de ZooMS. Los colaboradores de la Universidad de Groningen midieron las fechas de radiocarbono, confirmando que los artefactos eran del periodo mesolítico.

Para los expertos en prehistoria europea los nuevos resultados son muy sugerentes, pero presentan más preguntas que respuestas. Debido a que el estudio solo evaluó diez puntas dentadas, los científicos no saben con qué frecuencia y en qué circunstancias las personas realizaron armas con huesos humanos. “Es muy interesante que hayan encontrado dos armas elaboradas con restos óseos humanos de un total de diez analizadas”, dice Theis Zetner Trolle Jensen (izquierda), investigador postdoctoral de la Universidad de Copenhague, y que no participó en el estudio. "Y es muy posible que hayan encontrado la aguja en el pajar".

A principios de este año, Jensen y sus colegas publicaron un estudio ZooMS mucho más grande que determinó los tipos de animales que corresponden a 120 puntas dentadas mesolíticas recuperadas en las turberas de Dinamarca y Suecia. Encontraron huesos de ciervo, alce, bovino y algunos osos pardos, pero ninguno de Homo sapiens. Y concluyeron que los artesanos del Mesolítico eligieron preferentemente tipos de huesos con propiedades mecánicas. Los cazadores eligieron restos óseos por razones prácticas, no por consideraciones culturales.

Los diferentes resultados plantean la posibilidad de que solo los habitantes de Doggerland convirtieran huesos humanos en puntas dentadas mortales durante el Mesolítico. "Puede ser que hubiera gente extraña allí ... gente que hizo cosas diferentes", dice Jensen.

Foto: Cazadores-recolectores del Mesolítico hicieron puntas dentadas para lanzas o flechas con huesos humanos. David Lyons / Alamy


Él y otros académicos esperan que estas preguntas se aclaren a través de más trabajo de ZooMS sobre punta dentadas. Aunque el nuevo estudio analizó una pequeña cantidad de artefactos de esta clase, mostró el valor científico de los mismos arrastrados por el mar a las costas holandesas.

“Idealmente, nos encantaría que los artefactos procedieran de contextos excavados de forma segura”, dice Elliott. Pero los yacimientos de Doggerland se encuentran bajo del Mar del Norte, por lo que los hallazgos en playas, fuera de contexto, ofrecen evidencias invaluables y accesibles. “No podemos ser esnob al respecto”, dice. "Tenemos que aceptar el problema y tratar de obtener tanta información y comprensión de esos artefactos como sea posible".

Cada día aparecen más fósiles y artefactos en las playas holandesas, lo que atrae a un número creciente de coleccionistas aficionados. El grupo de Facebook de esta comunidad ahora incluye unos 600 miembros, según su moderador Erwin van der Lee, de Rotterdam. “La competencia también es muy grande”, dice.

 



Rick van Bragt, un estudiante universitario en La Haya, ha encontrado alrededor de 10.000 artefactos antiguos desde que comenzó a buscar hace casi diez años. Van Bragt y van der Lee prestaron sus puntas dentadas para el estudio con ZooMS. Si bien el artefacto de van der Lee no produjo resultados positivos, una punta dentada de van Bragt fue identificada como procedente de un ciervo rojo de hace 8.000 años. Ambos coleccionistas quedaron fascinados con la noticia de que un hueso humano formaba dos de una las puntas.
Más allá de las puntas dentadas, las mareas que bañan las playas holandesas dejan caer dientes de tiburón, herramientas de pedernal hechas por neandertales, fósiles de mamuts extintos y otros tesoros. Sin embargo, detectar los hallazgos requiere práctica y la mayoría de los bañistas no saben qué hay allí. "En el verano hay mucha gente en la playa y simplemente lo pisan todo", dice Van Bragt. "Ellos no lo ven".


Fuentes: smithsonianmag.com | universiteitleiden.nl | 21 de diciembre de 2020

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