Una gran erupción volcánica en Alaska en el 43 a.C. pudo contribuir al declive de la República romana

Caldera del volcán Okmok en Alaska Dorthe Dahl-Jensen

En el 43 a.C se desencadenó en Alaska una erupción volcánica tan potente que sus efectos se sintieron a más de 8.000 kilómetros de distancia. La Antigua Roma vivió un extraño y repentino periodo de enfriamiento que arruinó cosechas, provocó hambrunas y contribuyó a propagar enfermedades en una época muy convulsa de su historia. Pocos meses antes, Julio César había sido asesinado y la República vivía una gran crisis que culminó en el 27 a.C con el nacimiento del Imperio Romano.

Al otro lado del mundo, grandes cantidades de material escupidas por el volcán Okmok se habían acumulado en la estratosfera. Se trata de gases sulfurosos que pueden permanecer en la atmósfera durante años y son capaces de perturbar el clima en otras regiones y, según revela este lunes un equipo internacional de científicos e historiadores, sus cenizas alteraron el clima de la región mediterránea.

Registros detallados de erupciones volcánicas explosivas pasadas se archivan en la capa de hielo de Groenlandia y se accede a ellos a través de operaciones de perforación profunda. Crédito: Dorthe Dahl-Jensen.

Su conclusión, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), es el resultado del análisis y comparación de diversas muestras de hielo obtenidas en varioslugares del Ártico, como Groenlandia y Rusia, que conservan restos de cenizas. Algunas de estas perforaciones se realizaron en los años 90 y las muestras de hielo se conservan en EEUU, Dinamarca y Alemania.

Los científicos fueron capaces de determinar dos erupciones distintas en la misma época. Una de ellas muy potente pero corta, hacia el 45 a.C., y otra mucho más grande y larga en el 43 a.C., que duró dos años y se considera una de las mayores erupciones de los tres últimos milenios.

«En los últimos 2.500 años ha habido otras erupciones masivas, como la del volcán Samalas (Indonesia) de 1257 y 1258; la erupción de un volcán desconocido en el 426 a.C., y la del Tambora, también en Indonesia, en 1815. Ésta última fue la responsable del año sin verano que vivieron al menos EE.UU y Europa. Una de las cosas más interesantes sobre la erupción de Okmok del año 43 a. C., es que tuvo lugar durante un periodo muy importante de la civilización occidental», explica a este diario Joe McConnell (izquierda), el científico del Instituto de Investigación del Desierto de Reno (Nevada) que lidera esta investigación.

La isla Umnak de Alaska, en las Aleutianas, muestra la enorme caldera de 10 km de ancho (arriba a la derecha), creada en gran medida por la erupción Okmok II 43 a. C., en los albores del Imperio Romano. Imagen del Landat-8 Operational Land Imager del 3 de mayo de 2014. Crédito: US Geological Survey.

MÁS FRÍO Y LLUVIAS ABUNDANTES

Según este estudio, los dos años posteriores a la erupción del Okmok figuran entre los más fríos que ha habido en el Hemisferio Norte en los últimos 2.500 años. Los modelos climáticos sugieren que las temperaturas medias en verano y otoño fueron unos siete grados más bajas. Las lluvias en verano fueron entre un 50 y un 120% más abundantes en el sur de Europa, mientras que en otoño subieron un 400%.

"En la región mediterránea, estas condiciones de humedad y frío húmedas durante una época del año tan importante para la agricultura, de la primavera al otoño, probablemente  redujeron el rendimiento de los cultivos y agravaron los problemas de suministro de alimentos durante el conflicto político que se vivió en ese periodo", señala en un comunicado Andrew Wilson (derecha), arqueólogo de la Universidad de Oxford. Para este investigador, "los resultados de este estudio dan credibilidad a las crónicas que hablaban de frío, hambrunas, escasez de alimentos y enfermedades descritas por fuentes antiguas".

Algunos de los autores participaron en 2017 en otro estudio que vinculó una erupción ocurrida hacia el 44 a.C.con la supresión de las inundaciones del Nilo, imprescindibles para las cosechas, provocando una gran hambruna en el Antiguo Egipto. La falta de comida fue uno de los factores que llevó a la insurrección durante la dinastía ptolemaica, que acabó oficialmente en el 40 a. C., tras el suicidio de Cleopatra. Aunque también en Roma hubo otros factores, los autores creen que las consecuencias de ese periodo frío contribuyeron al fin de la República.

"Encontrar pruebas de que un volcán situado en la otra punta del mundo entró en erupción y contribuyó a que surgiera el Imperio Romano es fascinante", dice McConnell.

Cronología que muestra las temperaturas del verano europeo y los niveles de azufre y cenizas volcánicas en relación con la Erupción de Okmok II y los importantes acontecimientos históricos de la República Romana y el Reino Ptolemaico de 59 a 20 a.C. / Foto: Desert Research Institute

La actividad volcánica también ayuda a explicar algunos fenómenos atmosféricos extraños que fueron descritos en la antigüedad, en la época en la que fue asesinado Julio César y que fueron interpretados como presagios: halos solares, oscurecimiento del Sol o tres soles que aparecen en el cielo (un fenómeno óptico denominado parhelio o 'perro del sol'). No obstante, dicen los autores, estas observaciones tuvieron lugar antes de la erupción de Okmok en 43 a. C. por lo que creen que probablemente estén relacionadas con una erupción más pequeña del volcán siciliano Etna en el 44 a. C.

Fuentes: elmundo.es |dri.edu |  22 de junio de 2020

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Comentario por María José Grech el junio 26, 2020 a las 2:29pm

Es absolútamente lógico. El ser humano, ese ser débil individualmente, agresivo y que consiguió su mejor herramienta de supervivencia en el ingenio, ha brobado que ante las condiciones adversas tiene capacidad de dispersarse en pos del alimento y colonizar y dominar todas (o casi todas) las dificultades que se le pongan por delante. El cambio climático y de las situaciones establecidas en cada momento histórico traen como lógica consecuencia un cambio político que se adecue mejor a las nuevas circunstancias. Siglos más tarde el profundo decaimiento de la población romana como consecuencia de la peste y del inevitable debillitamiento de la salud debida al rnvenenamiento con el plomo que recubría los conductos de suministro de agua, promovió la extinción definitiva del imperio. Y un salto evolutivo social, que puede, o nó, ser para mejor, nos olvidamos con demasiada frecuencia de nuestro puesto dentro de la comunidad y diversidadd biológica.

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