Un estudio muestra que los ancestros humanos podrían haber consumido tejidos duros de plantas sin dañar sus dientes

Los tejidos vegetales más duros apenas desgastaban los dientes de los primeros homínidos, según un nuevo estudio experimental de antropólogos en Arts & Sciences. (Foto: Shutterstock).

Los alimentos de plantas duras pueden haber constituido la mayor parte de la dieta de los primeros ancestros humanos, mucho más de lo que se presume la actalidad, según un nuevo estudio experimental sobre el esmalte dental moderno realizado por la Universidad de Washington en St. Louis.

Los científicos a menudo observan el daño microscópico en los dientes para inferir lo que estaba comiendo un animal. Esta nueva investigación, mediante experimentos que analizan las interacciones microscópicas entre las partículas de alimentos y el esmalte dental, demuestra que incluso los tejidos vegetales más duros apenas desgastaban los dientes de los primeros homínidos. Los resultados tienen implicaciones para la reconstrucción de la dieta, y potencialmente para nuestra interpretación del registro fósil de la evolución humana, dijeron los investigadores.

"Hemos descubierto que los tejidos duros de las plantas, como las cáscaras de nueces y semillas, apenas influyeron en las texturas de microhuellas de los dientes", dijo Adam van Casteren (izquierda), profesor de antropología biológica en Arts & Sciences y autor del nuevo estudio publicado en Scientific Reports junto con David S. Strait (derecha), profesor de antropología física

Tradicionalmente, se ha creído que comer alimentos duros daña los dientes al producir hendiduras microscópicas. "Ahora bien aunque los dientes no muestren tales hendiduras y cicatrices elaboradas, esto no descarta necesariamente el consumo de alimentos duros", dice van Casteren.

Los humanos se separaron de los simios hace unos siete millones de años en África. El nuevo estudio aborda un debate en curso en torno a lo que comían algunos primitivos ancestros humanos, los Australopithecus. Estas especies de homínidos tenían dientes y mandíbulas muy grandes, y probablemente enormes músculos para masticar.

"Todos sus atributos morfológicos parecen indicar que tenían la capacidad de producir gran fuerza al morder y, por lo tanto, probablemente ingerían una dieta de alimentos duros y relativamente grandes como nueces, semillas o de origen subterráneo como los tubérculos", afirma van Casteren.

Sin embargo, la mayoría de los dientes fósiles de los Australopithecus no muestran el tipo de desgaste microscópico que cabría esperar de este escenario alimenticio.

Los investigadores decidieron probarlo

Experimentos mecánicos anteriores habían demostrado cómo la arenilla, es decir, pequeñas partículas de mineral de cuarzo, producen arañazos profundos en las superficies planas de los dientes. Pero había poca o ninguna información experimental sobre lo que le sucede al esmalte dental cuando entra en contacto con material real de  plantas leñosas.

Para llevar a cabo este estudio, los investigadores colocaron pequeñas piezas de cáscaras de semillas en una sonda que arrastraron a través del esmalte de un diente molar de un orangután de Borneo.

Orangután de Borneo (Pongo pygmaeus wurmbii) en su hábitat natural. (Foto: Shutterstock)

Se hicieron 16 "diapositivas" que representan los contactos entre el esmalte y tres cáscaras de semillas diferentes de plantas leñosas que forman parte de las dietas actuales de los primates. Los investigadores arrastraron las semillas contra el esmalte a fuerzas comparables de cualquier acción de masticación.

Los investigadores encontraron que los fragmentos de semillas no formaban grandes hendiduras, rasguños o fracturas en el esmalte. Había algunos surcos poco profundos, pero los científicos no vieron nada que indicara que los tejidos duros de las plantas pudieran contribuir de manera significativa a crear microhuellas dentales. En cambio, los fragmentos de semillas, en sí mismos, mostraban signos de degradación al frotarse contra el esmalte.

Esta información es útil para los antropólogos que solo tienen a mano fósiles para intentar reconstruir el tipo de dietas antiguas.

"Nuestro enfoque no era buscar correlaciones entre los tipos de marcas microscópicas en los dientes y los alimentos que se comían, sino comprender la mecánica subyacente de cómo se forman estas cicatrices o huellas en la superficie de los dientes", advierte van Casteren. "No obstante, si podemos comprender estos conceptos fundamentales, podemos generar imágenes más precisas de lo que comían los homínidos fósiles".

Por tanto, las grandes mandíbulas de los Australopithecus podrían haber sido utilizadas para masticar grandes cantidades de semillas, sin dejar cicatrices o huellas en sus dientes.

"Tal circunstancia tiene mucho sentido en términos de la forma de sus dientes, porque la forma roma y baja de sus molares son ideales para ese propósito", apostilla Peter Lucas, coautor del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

"Cuando se consumen muchas semillas duras y pequeñas, es probable que se requiera gran fuerza de masticación para moler todos los granos", concluye van Casteren. "A la luz de nuestros nuevos hallazgos, es plausible que elementos pequeños y duros como las semillas de hierba o nueces de juncia fueran un recurso dietético de los primeros homínidos".

Fuente: Universidad de Washington en St. Louis | 17 de enero de 2019

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