Un estudio genético revela una nueva ruta en la primigenia colonización de la Polinesia

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Vía: Science Daily| 3 de febrero de 2011 (Traducción de G.C.C. para Terrae Antiqvae)

 

Nuevas pruebas sorprendentes, que anulan las teorías actuales de cómo los humanos colonizaron el Pacífico, han sido descubiertas por científicos de la Universidad de Leeds en el Reino Unido.

Las islas de la Polinesia fueron habitadas hace unos 3.000 años, pero cuándo vinieron estas personas ha sido durante largo tiempo un candente tema de debate entre los científicos. La opinión más aceptada, con base en las evidencias arqueológicas y lingüísticas, así como en los estudios genéticos, es que los isleños del Pacífico fueron la última parte de una migración hacia el sur y hacia el este desde Taiwán, la cual comenzó hace unos 4.000 años.

Pero la investigación de la Universidad de Leeds -publicada el pasado 3 de febrero en el American Journal of Human Genetics- ha encontrado que el enlace de Taiwán no resiste el escrutinio. De hecho, el ADN de los polinesios actuales se remonta a los inmigrantes que desde el continente asiático ya se habían asentado en las islas cercanas a Nueva Guinea hace unos 8.000 ó 6.000 años.

El tipo de ADN extraído y analizado en esta clase de estudio es el que se almacena en las mitocondrias de la célula. El ADN mitocondrial (ADNmt) es el que pasa por línea materna, proporcionando un registro de la herencia que se remonta miles de años. Los científicos buscan firmas genéticas que les permitan clasificar el ADN en diferentes linajes y luego usar un "reloj molecular" para datar cuándo estos linajes se trasladaron a diferentes partes del mundo.

El investigador principal, el profesor Martin Richards (izquierda) explica: "La mayoría de los estudios previos miraban un pequeño segmento del ADN mitocondrial, pero para esta investigación se han estudiado 157 genomas mitocondriales completos, además de pequeñas muestras de más de 4.750 personas de todo el sudeste asiático y Polinesia. También hemos adaptado nuestras técnicas de datación para reducir significativamente el margen de error. Esto significa que podemos estar seguros de que la población de la Polinesia. -al menos en el lado femenino- provino de personas que llegaron al archipiélago Bismarck, de Papua Nueva Guinea, miles de años antes que la supuesta migración que tuvo lugar desde Taiwán".

Sin embargo, la mayoría de los lingüistas sostienen que las lenguas polinesias forman parte de la familia lingüística austronesia, la cual se origina en Taiwán. Y la mayoría de los arqueólogos han observado evidencias de una influencia del sudeste asiático en el aspecto de la cultura Lapita en el archipiélago de Bismarck hace unos 3.500 años. Caracterizada por una cerámica distintiva de estampados dentados y herramientas de obsidiana, la cultura Lapita es también un marcador de los primeros colonos de la Polinesia.

El profesor Richards y el co-investigador Dr. Pedro Soares (actualmente en la Universidad de Oporto, derecha), argumentan que las conexiones lingüísticas y culturales se deben a pequeños movimientos migratorios procedentes de Taiwán, la cual no dejó ningún impacto sustancial genético en la población pre-existente.

"Aunque nuestros resultados arrojan la probabilidad de ninguna ascendencia materna de Taiwán para los polinesios, ello no excluye la posibilidad de una influencia desde Taiwán, lingüística o cultural, en el archipiélago de Bismarck en ese momento", explica el profesor Richards. "De hecho, algunos linajes mitocondriales menores respaldan esta idea. Parece probable que hubo un "pasillo de comunicación" entre las islas del sudeste de Asia y el archipiélago de Bismarck llevado a cabo por navegantes que traían consigo su lengua y artefactos y tal vez ayudaron a crear el impulso necesario para la migración en el Pacífico".

"Nuestro estudio sobre las evidencias del ADN mitocondrial muestra que la interacción entre las islas del sudeste de Asia y el Pacífico fue mucho más compleja que los estudios anteriores tendían a sugerir y allana el camino para nuevas teorías sobre la difusión de las lenguas austronesias".

El estudio, que involucró a investigadores del Reino Unido, Taiwán y Australia, y fue financiado principalmente por la Academia Británica, la Fundación Bradshaw y la Unión Europea.

 

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