Restauración digital de cráneos de niños y adultos de hace 160.000 años. M. Ponce de León y Ch. Zollikofer/Univ. de Zúrich.

Científicos de la Universidad de Zúrich, Suiza, concluyen en un nuevo estudio publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que la transformación física de cráneo humano en los últimos 160.000 años ha sido impulsado por alteraciones faciales, provocadas por cambios en la dieta y el estilo de vida. Por lo tanto, la transformación no vendría de la evolución del cerebro como se pensaba anteriormente, en base a teorías aún válidas y aceptadas.

Aparentemente, el análisis de los fósiles de humanos antiguos y su comparación con la anatomía actual sugiere que los cambios en la forma del rompecabezas fueron producidos por variantes de la estructura maxilofacial, que se habría desarrollado a partir de cambios en la función masticatoria y respiratoria. A su vez, estos cambios encontrarían su origen en nuevos hábitos alimentarios y nuevos comportamientos socioculturales, adquiridos a lo largo del tiempo.

Resultados concluyentes

El equipo de investigadores, dirigido por Christoph Zollikofer  (izquierda), restauró digitalmente los cráneos de 50 homínidos recuperados de Etiopía e Israel, incluidos especímenes de Homo sapiens, Homo erectus y neandertales. Posteriormente, los modelos 3D de los fósiles se compararon con 125 especímenes humanos modernos.

Según un artículo publicado en New Scientist, la comparación de cajas de cerebro del hombre a lo largo de la historia permite aislar por primera vez el papel del cerebro en la evolución del cráneo.

La gran sorpresa se produjo cuando los científicos descubrieron que, aunque el tamaño y las proporciones de los cráneos de los niños Homo sapiens de hace 160.000 años eran comparables a los registrados en los niños de hoy, la personas mayores tenían diferencias notables con sus contrapartes modernas, como caras mucho más largas y rasgos más pronunciados.

Estos datos cobran importancia cuando entendemos que si los rostros humanos siguen creciendo hasta los 20 años, el cerebro, en cambio, alcanza aproximadamente el 95% de su altura adulta a los 6 años.

Por tanto, la conclusión es lógica: si los fósiles de niños de hace 160.000 años, con cerebros casi completamente desarrollados, se asemejan a los niños de hoy en día en su estructura craneal, mientras que los fósiles de los adultos mostraban cráneos muy diferentes, podemos descartar que los cerebros hayan cambiado significativamente de forma. “Si no es el cerebro el que impulsa este cambio, debemos buscar otra cosa, tal como respirar, comer o moverse”, dice Zollikofer. 

Cambios de morfologías endocraneales y viscerocraneales después de completar el crecimiento cerebral (del estadio dental M1 a M3) en fósiles (fila superior) y en Homo sapiens recientes (fila inferior). (A) Las formas endocraneales se muestran en adultos, el cambio de forma endocraneal se visualiza mediante una expansión alométrica positiva (amarillo) frente a una negativa (azul) del área de la superficie local. Nótese un cambio de forma más intenso en el fósil en comparación con el Homo sapiens reciente. (B) Los cambios en la forma y el tamaño viscerocraneal se ilustran con formas medias en las etapas dentales M1 (izquierda) y M3 (derecha, adulto), respectivamente, mientras que el tamaño viscerocraneal se escala en relación con el tamaño medio del grupo más pequeño, el de M1 en un Homo sapiens reciente (gráfico inferior izquierdo). Nótese un viscerocráneo más grande en la etapa M1 y un crecimiento viscerocraneal más intenso en el fósil en comparación con Homo sapiens reciente.

Cambios en la alimentación y los hábitos.

En el estudio, los científicos concluyen que los resultados sugieren que la forma particular de los cráneos de los primeros adultos del Homo sapiens probablemente provenga de diferencias en la dieta y el estilo de vida en lugar de una anatomía cerebral diferente.

Los investigadores plantean con cautela la hipótesis de que los cambios en la dieta o una menor necesidad de oxígeno podrían haber sido los responsables. Los rostros de los humanos modernos son mucho más pequeños y sutiles que los de sus antepasados: el cambio se habría acelerado cuando los cazadores-recolectores se convirtieron en agricultores hace unos 12.000 años, al comenzar a ingerir alimentos más blandos y generando una menor carga sobre el cráneo al masticar.

Aunque esta hipótesis aún debe ser verificada y contrastada, los resultados marcan un nuevo papel del cerebro en comparación con el resto de la estructura craneal, mientras que hasta ahora se pensaba que la evolución de los dos era inseparable. Al mismo tiempo, señalan que la dieta y el estilo de vida tienen un impacto transformador a largo plazo cuya huella y profundidad apenas descubrimos.

"Los autores del trabajo de investigación tienen razón al permanecer cautelosos en sus hipótesis", dice Chris Stringer (izquierda), del Museo de Historia Natural de Londres.

"Hay pocas evidencias de cambios importantes en la dieta entre la Edad de Piedra Media y Tardía, cuando ocurrieron estas transformaciones", dice. "De las muchas causas posibles, una reducción en la ingesta de oxígeno podría ser más probable, ya que los humanos han desarrollado cajas torácicas más pequeñas y tienen menos capacidad pulmonar".

Fuente: cuba.eseuro.com | 4 de agosto de 2022

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