El fósil humano de la Cova do Uro, en O Courel (Lugo), pertenece a una mujer

Fuente:La voz de Galicia.es | 30 de marzo de 2015

Hace ahora cinco años, en marzo del 2010, se dio a conocer el hallazgo de un esqueleto humano prehistórico en una cueva de la sierra de O Courel. Las dataciones por radiocarbono que realizaron por entonces los investigadores del Instituto Universitario de Xeoloxía de A Coruña le asignaron provisionalmente una antigüedad aproximada de entre 8.000 y 9.000 años. Por un tiempo fue el fósil humano más antiguo conocido en Galicia, categoría que perdió en el 2013 con el hallazgo de un diente infantil de 17.000 años en la cueva de Valdavara, en Becerreá. Pero los últimos análisis realizados sobre estos restos le han conferido otra singularidad: los huesos pertenecen a una mujer. Se trata del primer fósil humano femenino del período Mesolítico -la época de transición entre el Paleolítico y el Neolítico- que se ha descubierto en la península ibérica.

Por otro lado, los científicos han calibrado recientemente los análisis de carbono-14, obteniendo una datación más precisa de estos restos humanos. Su antigüedad se cifra ahora en torno a los 9.300 años.

Otra peculiaridad de este hallazgo es que los huesos humanos aparecieron junto a los primeros fósiles de uro -el antiguo toro salvaje europeo- descubiertos en el noroeste ibérico, lo que ha dado nombre a la cueva. Los restos son de tres ejemplares diferentes y su antigüedad es similar a la de la mujer. Todo parece indicar que todos ellos fueron a parar accidentalmente al interior de la gruta debido a un desplome natural del terreno.

Procedencias diversas

Por otro lado, un análisis basado en la presencia del estroncio -un elemento químico similar al calcio- en estos huesos ha determinado que la mujer y los toros no eran oriundos de esta área geográfica, donde predominan los terrenos calizos, y que procedían de una zona granítica. Asimismo, el estudio genético prueba que los tres animales pertenecen a diferentes linajes, lo que sugiere que no procedían de un mismo rebaño salvaje y que pudieron ser reunidos de forma intencionada por los humanos. Los investigadores puntualizan que por ahora es solo una hipótesis, pero cabe la posibilidad de que la mujer estuviese pastoreando los uros.

«Es pronto para decirlo, pero tal vez estemos ante un caso de pastoralismo incipiente»

La paleontóloga Aurora Grandal d'Anglade  (izquierda) dirige las investigaciones sobre los fósiles de las sierras orientales gallegas que realiza el Instituto Universitario de Xeoloxía desde principios de los años ochenta. En el estudio genético de los restos humanos hallados en la zona colabora con la genetista Gloria González Fortes.

-¿Cómo se llegó a saber que el esqueleto de la Cova do Uro pertenece a una mujer?

-Los huesos están muy fragmentados y las partes diagnósticas que sirven para diferenciar el sexo, como la pelvis o el cráneo, no permiten distinguirlo con claridad. Pero un antropólogo forense que examinó los restos vio algunos indicios que le hicieron pensar que podría ser una mujer. Entonces hicimos un análisis genético que corroboró que era un individuo femenino.

-¿Será posible reconstruir su aspecto físico?

-La mandíbula y la cara no se conservaron, así que no se puede reconstruir su rostro. Lo que se ha podido averiguar con el análisis de los huesos es que era seguramente una persona de baja estatura y bastante robusta. Es probable que este tipo de complexión fuese el más normal en las poblaciones de esa época.

Foto: Huesos humanos descubiertos en la Cova do Uro. UDC

-¿Hasta qué punto es singular este hallazgo?

-Hasta ahora no se conocía en la península ningún fósil humano femenino de ese período de la prehistoria. Los pocos que se hallaron son de hombres, como los de los yacimientos de La Braña, en León, y la Cueva de los Canes, en Asturias, que además son más recientes. Los de Braña tienen unos 7.000 años. Además, estos otros individuos fueron enterrados deliberadamente en esos lugares. En esa época las cuevas ya no se usaban como habitación, pero sí como lugar de enterramiento. En cambio, la mujer de la Cova do Uro fue a parar allí de manera fortuita y eso nos permite verla en una actividad cotidiana, por decirlo así. Sabemos que procedía de otra zona y estaba allí de paso, aunque por ahora no podemos saber qué es lo que hacía.

-¿Hay algún otro indicio sobre su posible modo de vida?

-Los análisis isotópicos muestran que su alimentación no era básicamente carnívora, al contrario de lo que sucedía con las poblaciones del Paleolítico. Podría representar un avance desde las sociedades paleolíticas de cazadores-recolectores hacia las sociedades agrarias del Neolítico. No sabemos si la mujer y los uros estaban juntos y si fueron a parar a la cueva a la vez, pero todo nos hace pensar que forman parte de un mismo episodio. Por ahora prefiero no hablar de pastoreo, porque es una época muy antigua, que corresponde con los comienzos de la domesticación de animales. Es muy pronto para decirlo, pero tal vez estemos ante un caso de pastoralismo incipiente. La investigación no terminó y pueden aparecer más datos que nos lo aclaren mejor.

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Respuestas a esta discusión

Forasteros prehistóricos de origen misterioso en la sierra de O Courel

Fuente: La voz de Galicia.es | 8 de abril de 2015

El hallazgo en una cueva de la sierra de O Courel de un fósil humano y los restos de tres uros o toros salvajes -todos de unos 9.300 años antigüedad- puede suponer, según los especialistas, un gran avance en el estudio de una época apenas conocida de la prehistoria gallega. Uno de los aspectos más destacados de este descubrimiento es el de la procedencia de este individuo -que según se dio a conocer recientemente, era una mujer- y de los animales, ninguno de los cuales parece ser nativo de la zona.

Según explica la paleóntologa Aurora Grandal, que dirige la investigación, para determinar el origen de estos restos se utilizó un tipo de análisis que detecta en los huesos la presencia del estroncio, un elemento químico parecido al calcio. Con este método se puede rastrear la huella de los minerales propios de una determinada zona -absorbidos a través de la alimentación- y saber si un ser vivo es oriundo de esa área geográfica. En este caso se hizo además una comparación con unas conchas de caracol halladas en la misma cueva. «Como son animales con muy poca movilidad, sin duda son nativos de esa zona, por lo que sirvieron para realizar un análisis contrastado», explica Grandal.

Procedencia sin determinar

El estudio reveló que la mujer y los uros, al contrario de los caracoles, no se criaron en este territorio, donde predomina la roca caliza, y que proceden de alguna región granítica que de momento no se pudo determinar. Los análisis genéticos que se realizan ahora con los fósiles podrían dar más pistas acerca de su origen y tal proporcionen algunas sorpresas.

Los investigadores señalan a este respecto que las poblaciones europeas de esa época posterior a la glaciación -el Mesolítico-, quedaron reducidas al mínimo, casi al borde de la extinción. Además de escasos, los grupos humanos fueron genéticamente muy uniformes, aunque estuviesen separados por grandes distancias. Un ejemplo notable de ello lo proporcionó el análisis genético de otro fósil humano de ese período hallado recientemente en León -el hombre de La Braña, de 7.000 años-, que resultó tener un ancestro común con una población prehistórica de la región del lago Baikal, en Siberia. La secuenciación del ADN del fósil de O Courel, por lo tanto, podría desvelar también algún parentesco con poblaciones geográficamente lejanas.

Otro aspecto de gran importancia en este estudio es la posibilidad de que exista una relación directa entre la mujer y los animales. El análisis genético ha demostrado que los tres uros tienen diferentes orígenes, por lo que podrían haber sido reunidos por influencia humana. En caso de que se trate de un indicio de pastoreo, sería uno de los casos más antiguos registrados en todo el continente. Aunque no hay un consenso científico en cuanto a los orígenes de la domesticación de animales en Europa, actualmente se cree que las prácticas agrícolas y ganaderas empezaron a extenderse por el territorio continental hace alrededor de 8.500 años.

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