Un nuevo estudio establece una posible relación entre el aumento de sequías y el asesinato de emperadores romanos

El emperador Claudio se oculta de los pretorianos tras la muerte de Calígula, en una pintura de sir Lawrence Alma Tadema.

Durante los últimos dos meses, el mundo ha estado sofocado por temperaturas excepcionales. Los incendios forestales mortales han arrasado partes de los Estados Unidos y Grecia; Japón ha declarado que su ola de calor es un desastre natural; la sequía en Gran Bretaña ha llevado a la prohibición de usar mangueras y ha causado que los granjeros sacrifiquen su ganado por falta de materia prima. A medida que el planeta se calienta, las olas de calor globales y las sequías asociadas serán cada vez más comunes. La historia ofrece numerosos relatos de advertencia sobre los efectos que estas conmociones relacionadas con el clima pueden tener en la sociedad y la política.

Una de esas lecciones es cómo una fuerte sequía afectó a la estabilidad del imperio romano hace 1.500 años. En un nuevo artículo publicado en Economics Letters, Cornelius Christian  (izquierda), de la Universidad de Brock (Canadá), identifica una fuerte asociación entre los patrones de lluvia y la duración en el poder de los emperadores romanos. Los académicos plantean la hipótesis de que una menor precipitación redujo el rendimiento de los cultivos, lo que provocó la escasez de alimentos y, finalmente, el hambre de los soldados estacionados en las fronteras del imperio. Como resultado, las tropas tenían más probabilidades de organizar motines y asesinar a su emperador.


En el artículo se combinan datos sobre asesinatos -unos 25 emperadores fueron asesinados, aproximadamente una quinta parte del total- con datos de precipitaciones recolectados en anillos de robles sensibles a la lluvia a través de la frontera romana en Francia y el este de Alemania. Los expertos encontraron que una disminución de la precipitación anual (una reducción del 20% de promedio) estaba asociada con un aumento del 0,11% de probabilidades de que un emperador fuera asesinado al año siguiente. Ser un líder romano era un trabajo muy peligroso, en general. El Imperio Romano, desde el 27 a.C., hasta el 476 d.C., tuvo un total de 82 emperadores, el 20 por ciento de los cuales fueron asesinados en un ataque de motivación política. La dinastía Gordiana, desde el 235 d.C., hasta el 285 d.C. fue particularmente tumultuosa: en el transcurso de 50 años, 14 de los 26 emperadores que gobernaron fueron asesinados durante ese período. Por supuesto, las tropas hambrientas no fueron la única causa de la desaparición de los emperadores. Este período también estuvo marcado por la peste, las invasiones y la depresión económica.

"Nuestra cadena de causalidad es la siguiente. Cuando hay menos lluvia, hay rendimientos de cosecha más bajos. Esto, a su vez, hace que las tropas de la frontera romana se mueran de hambre, lo que aumenta los riesgos de motines. Tal descontento de tropas puede, a su vez, conducir a asesinatos", dijo el autor del estudio Cornelius Christian, de la Universidad de Brock, a IFLScience. "Encontramos evidencia consistente con esto".

Puede resultar fácil descartar las lecciones de hace 1.500 años. La antigua Roma tenía poca capacidad para almacenar granos durante largos períodos o regar cultivos. Sin embargo, incluso hoy en día, los dictadores dependen de un ejército obediente para retener el poder. Y de manera más amplia, se ha establecido desde hace mucho tiempo que un clima adverso puede causar choques económicos que conducen a disturbios e incluso a una guerra civil. Por ejemplo, las sequías son ampliamente citadas como causa de la guerra civil en Sudán y del ascenso de Boko Haram en Nigeria. En 1.500 años, poco ha cambiado: los fenómenos meteorológicos extremos, causados ​​por el cambio climático o no, tienden a aumentar la inestabilidad política.

Fuentes: economist.com | iflscience.com | 1 de agosto de 2018

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Comentario por Jose de Teresa el agosto 12, 2018 a las 6:36pm

... también se ha mencionado una sequía prolongada entre los detonantes iniciales de la guerra (primero, civil) en Siria. Claro que luego, el activismo jihadí tras la metida de zarpa en Irak, y el paulatino cerco de la OTAN a Rusia, también alimentaron drásticamente el conflicto.

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