Nuevo descubrimiento revela la dispersión temprana de ovejas domesticadas neolíticas en el corazón de Asia Central

Representación artística de un pastor neolítico en el refugio rocoso de Obishir. Obra de arte: Ettore Mazza.

A lo largo de las cadenas montañosas de Tian Shan y Alay en Asia Central, las ovejas y otros animales domésticos forman la economía central de la vida contemporánea. Aunque fue aquí donde los movimientos de sus antiguos predecesores ayudaron a dar forma a las grandes redes comerciales de la Ruta de la Seda, se pensaba que los animales domésticos habían llegado relativamente tarde a la región. Un nuevo estudio, publicado hoy en la revista Nature: Human Behavior, revela que las raíces de la domesticación animal en Asia Central se remontan al menos a 8.000 años, lo que convierte a la región en uno de los paisajes pastorales habitados continuamente más antiguos del mundo.

La domesticación de ovejas, cabras y vacas tuvo lugar por primera vez en el Creciente Fértil de Mesopotamia y las zonas montañosas cercanas de Asia occidental hace aproximadamente 10.000 años, al mismo tiempo que la primera domesticación de cultivos vegetales como el trigo y la cebada. Esta innovación en la subsistencia humana, conocida como Revolución Neolítica, se extendió hacia el norte, a Europa y hacia el sur, a África e India, transformando las sociedades humanas en tres continentes. Pero hasta hace poco, parecía que esta trascendetal expansión de plantas y animales domésticos no habría logrado llegar hacia el este, esto es, hacia las ricas zonas montañosas de Asia Central, donde, a pesar de su enorme importancia en los últimos milenios de la Edad del Bronce y más allá, había poca evidencia de una dispersión neolítica.

Eso cambió cuando un equipo conjunto de científicos internacionales, dirigido por la Dra. Svetlana Shnaider  (izquierda), del Instituto de Arqueología y Etnografía de Rusia (RAS-Siberia, Novosibirsk) y la Dra. Aida Abdykanova  (derecha), de la Universidad Americana de Asia Central (Kirguistán), decidió volver a visitar el refugio rocoso de Obishir V, escondido en un precipicio de montaña a lo largo de la frontera sur de Kirguistán con Uzbekistán. En este sitio, que fue descubierto y excavado por arqueólogos soviéticos el pasado siglo, se había producido un conjunto inusual de herramientas de piedra, algunas de las cuales parecían haber sido utilizadas para el procesamiento de granos. Además, esparcidos por todas las capas de los estratos geológicos del sitio estaban los restos óseos fragmentados de lo que parecían ser ovejas y cabras.

Los petroglifos de la Edad de Bronce y Hierro en el acantilado sobre el sitio de Obishir muestran lo que son cabras salvajes o cabras domésticas tempranas. © William Taylor

¿Podría ser esto una evidencia de un antiguo movimiento neolítico indocumentado de animales domésticos en el interior de Asia Central? Para averiguarlo, Shnaider y Abykanova se asociaron con el autor principal de la investigación, el Dr. William Taylor (izquierda), especialista en el estudio de la domesticación animal en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Colorado-Boulder y en el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, junto con un equipo de expertos internacionales de toda Europa y Estados Unidos. 

Después de llevar a cabo la datación por radiocarbono de huesos y dientes hallados en Obishir V, quedó claro que la capa cultural más antigua databa al menos de ca. 6000 a. C., o hace más de 8.000 años: tres milenios antes de que los animales domésticos llegaran a Asia Central, según se creía.

Mapa: Dispersión modelada de animales domésticos en Asia Central de ovejas y cabras (rojo oscuro) y dispersiones durante el Holoceno temprano fuera de Eurasia occidental junto con culturas arqueológicas relevantes y eventos de dispersión recientemente analaizados (flecha roja discontinua ). Recuadro del mapa: Obishir V y el valle de Ferghana situado dentro de la zona montañosa de Asia Central.

Las quemaduras, las marcas de cortes y otros cambios en los huesos de los animales mostraron que habían sido sacrificados, mientras que los patrones de capas microscópicas estacionales dentro del cemento dental de los animales indicaron que fueron sacrificados en otoño, como es común en muchas sociedades de pastoreo. Pero debido a que los huesos estaban muy fragmentados, el tipo de especie al que pertencían no pudo identificarse mediante un análisis anatómico estándar. Para paliar este incoveniente, los investigadores aplicaron un enfoque interdisciplinario utilizando tanto la paleogenómica como la toma de huellas dactilares de péptidos de colágeno a fin de identificar los restos de animales. Al comparar sus resultados con los genomas de especies de ovejas silvestres y domésticas de toda Eurasia, los investigadores hicieron un descubrimiento impactante.

"Con cada nueva línea de evidencia, se hizo cada vez más claro que no se trataba de ovejas salvajes, sino de animales domésticos", dice Taylor.

Para aquellos que han trabajado durante años para comprender la prehistoria de Asia Central, los resultados son sorprendentes.

Vistas al sitio de Obishir y la aldea de Aidarkyen, Kirguistán © Svetlana Shnaide

"Este descubrimiento simplemente ilustra cuántos misterios quedan todavía con respecto a la prehistoria del interior de Asia, la encrucijada cultural del mundo antiguo", dice el Dr. Robert Spengler (derecha), del Instituto Max Planck, coautor del estudio y autor de Fruits from the Sands: The Silk Road origins of the foods we eat.

Será necesario un trabajo futuro para comprender el impacto total de los hallazgos del estudio y sus implicaciones para el resto de la antigua Eurasia. Shnaider planea regresar a Obishir el próximo verano para buscar pistas y determinar si otros animales domésticos, como vacas, o plantas domésticas, como trigo y cebada, también se propagaron a Kirguistán desde Mesopotamia en el pasado profundo. 

Curiosas cabras domésticas se montan a horcajadas en la ladera sobre el sitio arqueológico de Obishir V © Magdalena Krajcarz

Con un premio del Consejo Europeo de Investigación, la Dra. Christina Warinner de la Universidad de Harvard y del Instituto Max Planck, socia del proyecto de investigación actual y coautora, encabeza un esfuerzo para investigar si estas primeras ovejas de Asia Central se extendieron a otras partes de la región y si se utilizaron para producir lácteos o lana.

“Este trabajo es solo el comienzo”, dice Taylor. "Al aplicar estas técnicas interdisciplinarias de la ciencia arqueológica, estamos comenzando a descubrir las pistas del pasado en Asia Central".

Fuente:Instituto Max Planck | 8 de abril de 2021

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