1.- Introducción

Siempre es necesario encontrar ejemplos de las cosas, paradigmas que nos acerquen a la verdad de las mismas. La definición de una cultura, en muchos casos, viene predicha por el nombre y la fama de algún poblado o asentamiento emblemático que da nombre a toda la cultura: la Cultura de Tell Halaff, la Cultura de Uruk, la Cultura de los Millares, la Civilización de Roma.

En la introducción de este trabajo sobre los “misterios de la civilización cretense” es así como me gustaría presentar el lugar, como un paradigma o ejemplo singular de otros muchos lugares, culturas y civilizaciones desarrolladas en los últimos estadios del Paleolítico y los tiempos que se pueden considerar como aledaños de la Historia.

             

Es necesario tener bien presente que si lo que pretendemos en nuestras pesquisas es acercarnos lo más posible a las gentes del pasado para entender su historia  o conseguir contacto con ellos y su tiempo, la clase de terminología que ahora usamos, Paleolítico, Mesolítico, Neolítico, Edad de los Metales, podría resultar algo excesivo y un tanto al margen de cómo sucedieron las cosas en aquel antaño de antes de la Historia y la conformación de los primeros imperios. Seguramente ellos, los antiguos, no podrían estar acaso de acuerdo con ello, pues siempre en el avatar de lo humano se habría vivido en los últimos tiempos, los mejores y más progresistas tiempos, los más avanzados y de óptimos resultados.

             

Pero, en fin, como sabemos que ya  en aquellos preclaros tiempos antiguos pudieron existir mentes lúcidas y avanzadas para entender las cosas, y en espera de que en nuestro “in” de pensadores modernos la ausencia de tacto no sea algo demasiado obvio que nos permita una vez más otorgarles a ellos los tiempos pasados de la Antigüedad, menos pulidos, de búsqueda iniciática y a nosotros  los tiempos del futuro más preparados y de óptimas consecuciones, pondremos sin más mano a la obra para intentar elucidar o esclarecer una de las culturas más interesantes que jamás hayan existido, no sólo en el proceloso e intrincado ambiente altamente competitivo del Mediterráneo, sino hacia otros espacios de culturas avanzadas más lejanos y en el ambiente magnífico planetario.

             

También resultaría algo un poco simple tratar de dividir los antiguos tiempos en dos grandes edades o mesetas históricas que acercaran para nosotros alguna clase de realidad de lo que allí sucediera, a saber: una primera fase de tiempos sucesivos hacia el pasado, cuando las formas humanas coinciden con los largos “estados naturales anteriores” en el Paleolítico y que, más tarde, se resolverían hacia el futuro en el Neolítico  por otros tiempos dominados por la pertinaz presencia de una clase de mujeres y de hombres que habían conformado un tipo de sociedades igualitarias de matriarcado-patriarcado, y una segunda fase, en definitiva, mucho más fácil de entender y a lo que podríamos llamar la “Era del Guerrero”, con la primera conformación de naciones, potencias e imperios provista desde los mismos enfrentamientos bélicos y el uso de la guerra, en unos casos como defensa de los propios intereses, pero en otros con un afán decisivo de conquista y sometimiento, y el desarrollo posterior de un clase de sociedades y culturas harto típicas que, con sus más y sus menos, y su manera genuina de seguir la evolución de la historia, llegará hasta nuestros días.

             

Vamos a entender así la historia como una especie de unidad global de amplios horizontes que recoja, por una parte, la simpleza de los signos y manifestaciones artísticas y su interpretación –su posibilidad de información decisiva para esa historia-, que incluya, así mismo, el grueso de formas que la constituyen como el surgir de las clases sociales, la conformación de las costumbres y las leyes, el surgir de una serie de hábitos como la producción de bienes, el reparto de los trabajos y la aportación de cada cual al grupo o la familia, el comercio, la posesión de la tierra y el dinero, para concluir con la descripción o intento de dilucidación de las grandes estructuras sociales y políticas como la distribución de zonas de influencia, como las ciudades estado, como los pueblos nómadas de organización particular y, por último, el desarrollo de los estados e imperios dotados de fronteras y defendidos por encima de la vida y de la muerte por la clase de los guerreros y dentro de lo cual se dibujará y desarrollará el mapa de esa historia.

             

Un último hecho, o mejor dos, interesantes para completar esta introducción, y es que, aunque ya hemos dicho, la diferencia abrumadora que puede existir entre los tiempos de la Antigüedad y los modernos tiempos actuales de óptimos resultados y máximas consecuciones, estas mismas maneras ya estuvieron presentes en la mayoría de los lugares y culturas en la historia y que también entonces se usaron y vivieron esas maneras y estuvieron inmersos en la más rabiosa actualidad y lucha por el mejor progreso y según los típicos despliegues históricos de surgir de una cultura, un pueblo o un imperio, es decir, su desarrollo hacia un cénit o momento de esplendor y posterior decaimiento y decadencia por una diversidad de causas. El segundo hecho es que también ellos, los antiguos –las mujeres y los hombres antiguos- poseen en sí mismos  unas formas y maneras de existencia inimaginables para nosotros las gentes del ahora, que su personalidad es y resulta altamente diferente de la nuestra y superior, sin duda  alguna, competitiva de cierto con lo que ahora tenemos, hasta tal punto que podría decirse que respiraban de otra manera, que se amaban de otra forma, que sus ilusiones eran otras diferentes. El mismo ejemplo del entendimiento genérico entre sexos, entre las mujeres y los hombres, podría ilustrarnos al respecto.  

             

Es pues, ahora, la Cultura Cretense la que nos ocupa y el lugar singular donde van a parar todas estas pesquisas e intentos de dilucidación, un lugar que, una vez aparcados o superados la serie de condicionamientos que asisten el desarrollo y descripción de la ciencia Historia en nuestros días, puede adquirir una cierta y singular imagen propia, una cierta dimensión autóctona y decisiva para la comprensión hacia el futuro de esa Cultura.

2.- Descripción geográfica y formal de la Isla de Creta.

             

Creta es la isla más grande del país Grecia y está situada en el Mar Egeo al sur de la península balcánica. En dimensión es la quinta del Mediterráneo y posee una forma estrecha y alargada en sentido horizontal.

             

El término de “creta” tiene varias acepciones principales, en sí procede del latín “creta”, que significa “arcilla fina y blanca”, y es una palabra del más antiguo idioma latino y de procedencia desconocida, aunque podría tener raíces indoeuropeas. La palabra “creta” también se refiere a una variedad de piedra caliza blanda, granulada y de color blanco, que es un mineral de origen orgánico por acumulación en los primeros tiempos geológicos de pequeños animales marinos. Estos estratos sirvieron en Geología para datar uno de los periodos de la Era Secundaria: el Cretácico.

             

Pero el nombre de “Creta”, con mayúsculas, se refiere a un término geográfico que designa la isla de ese nombre en el Mar Mediterráneo. En este caso nos llega desde el latín “Creta” y éste del griego “Kreté” ancestral término geográfico pre-griego y, así mismo, de etimología desconocida.

             

La isla posee una superficie muy desigual con un relieve marcado por una serie de cadenas montañosas que se extienden de este a oeste. El punto más elevado de estas cordilleras es el llamado en la antigüedad Monte Ida que está situado en el centro aproximado de la isla y cuyo nombre actual es Monte Psiloritis, de más de 2.456 metros de altitud. Este monte está asociado al mito del nacimiento de Zeus. Al Oeste se elevan las Montañas Lefka que se traduce como “montañas blancas” y al este están las cordilleras llamadas Montañas Dikti. Hay también lugares llanos en la isla como la llanura de Mesará que se extiende en el centro sur de la isla.                                          

             

El litoral norte de la isla es más recortado que el del sur y ofrece bahías y puertos naturales. En este litoral septentrional están situadas en la actualidad las grandes ciudades de la isla: Chania, Rethymno y Heraklion, ésta última capital del departamento estatal llamado Creta. En la costa sur meridional abundan las playas de arena y guijarros y está escasamente poblada.

           

La isla tiene seis ríos pequeños y numerosos manantiales y también hay un lago natural de agua dulce llamado lago Kournás y varios lagos artificiales. El clima oscila entre  “templado” y “subtropical”, los veranos son calurosos y secos y los inviernos suaves, la mayoría de las veces con las cumbres de las montañas nevadas. Existe un buen promedio de precipitaciones anuales y abundan los bosques bajos de tipo mediterráneo y cierta variedad de arbustos y plantas aromáticas. En las zonas costeras abundan las palmeras y en la zona oriental los bosques de cedros. Existen grupos de aves migratorias y algunas especies endémicas, como una especie de cabra salvaje llamada Agrimi.

             

Tan sólo un tercio de la superficie de la isla está dispuesta para el cultivo agrícola, es la llanura de Mesará donde se concentran las explotaciones desde antiguo. En la actualidad los productos más normales de cultivo son las aceitunas, el aceite de oliva, las verduras y las frutas, nueces, diversas hierbas, miel y ganado ovino y caprino.

             

Hacia los tiempos de la modernidad las principales industrias en Creta guardan relación con el procesamiento de productos alimenticios, las industrias de materiales de construcción, las industrias textiles y las cerámicas. Pero a partir de la segunda mitad del siglo pasado, el siglo XX, la agricultura se ve sobrepasada netamente en economía por la industria del Turismo que se convierte en la razón económica, y de cierto aspecto arquetípico, más importante para los habitantes de la isla.

             

Otro hecho importante para reseñar en la historia y geografía de Creta es su carácter de territorio inestable, pues los temblores de tierra serían algo frecuente y famosos desde la antigüedad. En el año 2.019, un terremoto de magnitud 6 en la escala de Richter sacudió los cimientos de la isla con el epicentro del seísmo en el mar, a 71 kilómetros de profundidad. No hubo alarmas al respecto.

3.- Historia Antigua de Creta.

A continuación se desarrollará una clase de historia habitual de la isla. Algo a lo que todos estamos acostumbrados a manejar por los estudios y las referencias que llegan a nosotros de muy diversas lugares de la enseñanza y la comunicación. Después, en el siguiente apartado, describiremos otra clase de historia menos habitual, pero con posibilidades de estamento de realidad histórica.

             

Se presume que los primeros habitantes de Creta habían llegado allí desde los 9.000 a los 7.000 años a.n.e., en ambientes Mesolíticos y procedentes de diversos lugares de la península balcánica y ya con las plenas formas de Homo sapiens conseguidas.

             

De cualquier forma, a principios del año 2.010 se publicaron unos hallazgos de “útiles paleolíticos” de tipo Achelense en la isla. En efecto, cerca de las localidades de Plakios y Preveli, al sur-centro de la isla, se hallaron unas piezas datadas en el Paleolítico Inferior, hace 130.000 años, pero cuya antigüedad podría remontarse a hace 700.000 años y asociadas a Homo heidelbergensis y Homo erectus, pues ambas especies ya habrían usado esa técnica del Achelense.

             

Otro dato que nos habla de esta procedencia ancestral es el descubrimiento reciente de unas huellas de aspecto humano en el sitio de Trachilos, al oeste de la isla, y datadas en hace 5,7 millones de años, que son fechas paleontológicas para primeros homininos.  

             

Se realizaron estudios genéticos de los antiguos habitantes de la isla, según restos encontrados en las cavernas, que dieron como resultado que esos habitantes serían descendientes de las poblaciones agrícolas del entorno Egeo y próximas costas de Grecia y Turquía.

             

Esos, entonces, son los datos, pero no existen otros datos intermedios que puedan unir semejante abismo con la  Prehistoria de Creta propiamente dicha. Lo que sí se han hallado son numerosas y reiteradas muestras del uso de las cavernas por los humanos primitivos habitantes de la isla y, en tiempos posteriores, señales de ritos y culto a esa forma de hábitat y hacia los propios antepasados que en ellas habitaron.

             

En Creta, entonces, habrían existido humanos cavernarios en un espectro de tiempo variable, algo que podría adentrarse en el Paleolítico y ser una práctica habitual en Mesolítico y Neolítico.

             

Las cifras que se manejan para el surgir del Neolítico en Creta son relativamente modernas, algo que no justifica el posterior y sorprendente desarrollo en la isla. Siempre habría que suponer que el desarrollo en algún lugar tendría que guardar relación con los desarrollos y consecuciones en ese lugar en épocas anteriores. Pero según la mayoría de los historiadores la puesta en marcha de la “revolución neolítica” sólo sucede en Creta a partir del principio del IV milenio a.n.e., 3.800 a 3.500 a.n.e. Por esas mismas fechas en Asia Menor y Mesopotamia ya existen auténticas ciudades organizadas, y en Grecia continental, por ejemplo, hacia el año 6.200 a.n.e., aparece la primera fase del “neolítico cerámico” que dura hasta el 5.000 años a.n.e., aproximadamente. En la localidad cretense de Cnosos no existe, por otra parte, un “Neolítico precerámico” y luego se pasa, en Cnosos y el resto de la isla, del simple Neolítico a la Edad de los Metales, sin apenas transición.

             

El Neolítico en Creta, en un principio se extiende sólo por la zona oriental de la isla y llega precisamente desde los lugares más cercanos de la costa de Anatolia. Es decir, es desde estos lugares desde donde aparecen en la isla los productos exitosos del Neolítico: cestas de granos de cereal y legumbres y cachorros de cabra y oveja para domesticar.

             

Pero todos estos datos deben ser algo relativo por una serie de razones. En primer lugar, no se entiende cómo, si el principal motor del posterior desarrollo en Creta habría sido el comercio marítimo y en edades inmediatas de la Edad de los Metales, cómo puede ser posible ese comercio sin haber existido en la isla un desarrollo del tipo que fuese que produjese bienes y productos para comerciar. Una tradición en lo mismo. En segundo lugar, puede ser o preverse que en el interior de la isla ya se hubiesen desarrollado formas e industrias al margen de las labores típicas y catalogadas neolíticas  -agricultura, ganadería, sedentarismo y comercio- que guardasen relación con ese desarrollo y producción anteriores, una especie de Neolítico atípico, autóctono y paisano y de aspecto endémico, labores de horticultura, cuidado y utilización de semillas, producción artificial y almacenamiento de alimentos o el mismo uso de la obsidiana para fabricar instrumentos. Y en un tercer lugar, podría hablarse aquí, en Creta, de una clase de migraciones procedentes del exterior que habrían aportado riqueza y nuevo desarrollo para la isla. Una clase de migraciones especiales procedentes de Asia Menor o Anatolia de pequeños y ricos grupos matriarcales-patriarcales que llegaron con sus barcos a Creta y habrían traído con ellos todo lo que tenían: bienes y aparatos, símbolos y dinero.

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