Hace unos años, días después de publicarse en el Diario de Ávila una de mis investigaciones sobre piedras rituales, recibí una llamada telefónica de un famoso pintor abulense, informándome que mis publicaciones le habían llevado a la conclusión de que algo que vio años atrás (como consecuencia de un incendio en la zona), en lo alto de un cerro próximo a Piedrahita, podía tratarse de un altar rupestre. El pintor no andaba descaminado pero lo que existía en ese lugar no era un simple altar rupestre, que ya es bastante, como él supuso sino un impresionante santuario rupestre, uno de los más antiguos y grandiosos de España de su estilo.

Cerro de la Atalaya en cuya cima se encuentra el santuario

 

El santuario se encuentra en el conjunto arqueológico del cerro de El Berrueco (mítica elevación rocosa donde proliferan los yacimientos arqueológicos desde finales del paleolítico hasta la Edad Media), cuyo territorio se reparten las provincias de Ávila y Salamanca, aunque el santuario se encuentra en territorio de esta última; y concretamente en el cerro de la Atalaya, mágica elevación situada dos kilómetros al oeste de la pequeña población de la Magdalena, próxima a la más importante de Puente del Congosto, situada en la margen del río Tormes.

 

Petrozoomorfo. Tras una complicada ascensión, ya en la cima del cerro de cota 1.229, no tarde en localizar el supuesto altar referido por el pintor y mientras lo reconocía, mi amigo “Primi”, que ese día me acompañaba y andaba por otro sitio, me grito ¿¡Y EL DELFÍN QUÉ!?

Petrozoomorfo ritual desde el este

 

Y es que, prácticamente volcada sobre el pequeño y tosco altar, se halla una gigantesca roca caballera que, sin ninguna duda, constituye el principal elemento cultual del santuario hasta ese momento desapercibido para el pintor, el arqueólogo territorial que ya había visitado el lugar, e incluso para mí. Una roca de aspecto zoomorfo, cuya forma se asemeja extraordinariamente a la de un pez, en concreto a la cabeza de un delfín, con cuyo nombre lo bautizó Primi espontáneamente, aunque, seguramente, tal roca nada tiene que ver con este y con ningún otro pez. De unos diez metros de longitud, cinco de altura y dos de grosor máximo, y alineada en dirección sureste-noroeste (130º-310º), presenta esta espectacular y ritual roca, en su canto sur, dos impresionantes escotaduras de desconocida función (quizás para posicionarse en ellas); y, en su parte más alta, precisamente donde los delfines tienen su respiradero, un profundo y cilíndrico hoyo circular. Aun ostenta la roca del lado este una fisura natural que acentúa aún más su parecido al de un pez y aunque, como se ha dicho, nada tendrá que ver con estos animales, es seguro que se trata de una roca sagrada: un impresionante altar rupestre cuyo acceso debía realizarse por medio de escaleras de madera.

Aspecto del petrozoomorfo y de su descubridor desde el este.

 

Además y curiosamente, la roca y el lugar bien podría haber sido escogida, además de por su curioso aspecto, porque su alineación materializa con mucha aproximación: el retocado morro de imaginario aspecto de pez, el Solsticio de Invierno (130º); y la cola o parte trasera, el de verano, 310º.   

 

Segundo altar. Prácticamente debajo de la roca antropomorfa , en su parte sureste (Foto primera parte derecha), se encuentra el rudimentario altar que identificó el pintor, el segundo elemento en importancia ritual, seguramente, de este santuario. Se compone de seis irregulares escotaduras, a modo de escalones, que poco ayudan a subir a la roca, pues la primera está elevadísima; y de una ancha escotadura vertical en el canto de la peña, destinada probablemente a acoplar un artilugio de madera para facilitar el acceso al primer escalón. Aún presenta este elemento, en el otro extremo de la roca, dos impresionantes y cilíndricas cazoletas de 15 cm de diámetro.

 

Tercer altar. Un par de metros al oeste del anterior altar, semioculto por los piornos, y formando un triángulo con los otros dos, se halla un tercer altar rupestre: una roca, cilíndrica y ligeramente cóncava, de casi dos metros de diámetro y uno de altura, con un rebaje trapezoidal, de setenta por treinta centímetros promedio. Una mensa o ara sacrificial, seguramente, destinada a situar en él las victimas a ofrecer en sacrifico cuya sangré, vísceras e incluso parte de la carne, pudo servir para la práctica de rituales en los otros dos altares.  

 Tercer altar del santuario donde debieron realizarse los sacrificios

 

Estructuras. El santuario, se completaba con unas estructuras situadas unas decenas de metros al sur de los altares, en torno a una espectacular roca caballera existente en el mismo borde del despeñadero que da vista a las poblaciones de La Magdalena, La Casilla y El Tejado. Una de estas estructuras, de ocho por dos metros, se encuentra delimitada por dos alargadas rocas que servían de paramentos laterales y una enorme laja clavada en el suelo que la cerraba por su extremo oeste.

De lo que fueron otras estructuras, quedan varias escotaduras de distintas formas talladas en las rocas destinadas a encajar vigas de madera.

 

En conclusión, que lo que en este lugar existió no fue un simple altar, sino un impresionante y genuino SANTUARIO RUPESTRE compuesto por tres altares de distintas características y entidad; y por estructuras destinadas a habitad permanente o eventual de las personas, sacerdotes supuestamente, que realizaban los rituales.  

En cuanto a su cronología, por las cerámicas existentes allí y por las características de los labrados que presentan las rocas, debió comprender buena parte del primer milenio antes de Cristo.

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Comentario por mariano Serna Martínez el diciembre 20, 2011 a las 8:15pm

Creo que te has "enganchao" con esto de las peñas rituales,... bueno tú verás,... yo estuve diez años y aún tengo recaídas.

Si te refieres a la penultima foto, pues no me acuerdo muy bien lo que había en la roca que sustenta al bolo caballero, pero en la de la derecha hay dos escotaduras de que partían vigas a otra de la izquierda que no se ve en la foto. Y a la derecha de la de la derecha de las escotaduras, es donde existío una habitación que se cierra al fondo con una gran laja. ... Pero creo que es posible que hubiese algún tallado horizontal que es lo que parece apreciarse en la foto. De lo que no me cabe duda es de que esa peña que se cierne sobre un cortado que da al valle sobre el Tormes y al pueblo de la Magdalena, les gustó y la sacralizaron junto a las otras. Es todo el conjunto Santiago. Ya me dirás cuando visites el lugar lo que encontraste. Yo ahora estoy con los molinos hidráulicos,... y por cierto que te mando la foto de una cruz, una de tantas, parecida a tu "Pablito" que hallé este fin de semana en un molino del río Ullaque, termino de Menga Muñoz,... ¿quién sera esa persona?

Hace un par de meses inicié un nuevo blog, mi blog personal. Su dirección es: marianoserna-rastrosagrado. quizás te resulte interesante consultarlo. Lo acabo de comenzar pero, aunque trabajo en varios frentes, mi intención es agrandarlo enormemente.

Cuando tenga claro mis planes para estos días te pondré un correo para vernos entre el día dos y el cinco de enero,... si no pasa nada. Un abrazo.

 

Comentario por mariano Serna Martínez el diciembre 20, 2011 a las 8:38pm

Lo de las "grutas sagradas" tiene mucho fundamento, de hecho en la época megalítica fue eso lo que hicieron: cavidades sagradas donde enterrar a sus muertos. Los actuales templos son eso,... pero más grandes. Los lugares cerrados, naturales o artificiales, siempre fieron lugares escogidos para el recogimiento y encuentro con los dioses,.... y he comprobado que grutas y refugios naturales (Altamira es un buen ejemplo) fueron escogidos por nuestros ancestros como lugares de culto,... yo soy ateo no creo en nada de eso,... y espero no estar siguiendo una moda. Un abrazo.

Comentario por Santiago Z. el diciembre 23, 2011 a las 2:29pm

Mariano, muy interesante tu blog, me gusta mucho: ¡adelante con él!.

Y gracias por el Carlitos-Jesusito-Pablito. Yo también fotografié algunos en Hervás, en octubre pasado, pero no en molinos.

Un abrazo.

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