Cuando las termitas comenzaron a zamparse el pavimiento de madera de la basílica de los Sants Màrtirs Just i Pastor de Barcelona (izquierda) poco sabían esos insectos neópteros que como unos Indiana Jones de seis patas iban a realizar un descubrimiento arqueológico de aquellos que, de forma merecida, puede decirse que reescriben la historia.

Hace un año, el concejal de Cultura, Jaume Ciurana, ya dio cuenta de los primeros secretos que se escondía bajo el suelo la iglesia, removidos para poner fin a la plaga de termitas. Un muro confirmaba que aquello ya era un lugar del culto allá por el siglo VI. Era solo un aperitivo de lo que ayer, casi con solemnidad, fue presentado en público: un fragmento de una piscina bautismal que invita a concluir que es la iglesia de Sant Just i Pastor el lugar en el que la línea teológica del catolicismo se refugió cuando en el recinto que hoy ocupa la catedral se practicaba una doctrina declarada después herética: el arrianismo.

«Todos sabíamos que esta iglesia era importante desde el punto de vista histórico, pero no sabíamos del todo por qué», se explayó ayer mosén Armand Puig, rector de la basílica, que durante años ha tenido sin saberlo bajo los pies, en la sacristía, ese tesoro arqueológico.

El arrianismo llegó a la antigua Barcino de la mano de los visigodos. Ataúlfo, enemigo de la ya decadente Roma, instaló su corte en la ciudad en el año 415 y con ello tomó posesión del núcleo episcopal ubicado en el actual espacio que ocupa la catedral. Los católicos trasladaron entonces sus enseres a Sant Just i Pastor. No parece que fuera nada traumática. Ambas corrientes religiosas convivieron en Barcino sin mayores problemas que los derivados de sus discusiones teológicas. Los arrianos, en esencia, sostenían que Jesús no eras exactamente el hijo de Dios. En aquellos siglos las disputas cristológicas eran el pan nuestro de cada día. Los trinitaristas y su más difícil todavía del tres personas en una se las tenían con los unitaristas, subdivididos a su vez en una decena de corrientes. En ocasiones, la sangre llegaba al río, pero no en Barcino, como al parecer reconfirma el hallazgo hecho público ayer.

Restos de la pila bautismal hallados bajo la sacristía del templo. CARLOS MONTAÑÉS

INMERSIÓN  

La piscina bautismal de Sant Just i Pastor es importantísima porque en el siglo VI el bautismo era un rito reservado a los obispos. Era literalmente una inmersión, como las de Juan en el Jordán, que se celebraba solo una vez al año. Había pues únicamente una piscina bautismal en cada ciudad, pero en Barcelona hay dos, la recién descubierta y la ya conocida de la catedral. La tesis obvia -explicó Ciurana y corroboró el mosén- es que la de la catedral era la hereje (durante casi dos siglos) y la de Sant Just i Pastor la que desde el punto de vista católico es la auténtica. Es un caso el de Barcelona prácticamente único. Solo en Rávena se da una duplicidad como esta.

La hipótesis de que en la antigua y minúscula Barcino convivían dos obispados no es nueva. Pero era una hipótesis que necesitaba pruebas materiales, pues teorías hay muchas.

También sostienen algunos expertos que los santos Just y Pastor no son más que una reconversión del mito romano de Cástor y Pólux, y que en consecuencia la basílica actual tal vez se levanta en realidad sobre un templo pagano anterior en el tiempo. Eso ya se verá. Lo que ahora está a la vista en la sacristía de la iglesia es la piscina bautismal descubierta gracias al nuevo rumbo que desde hace poco más de un año ha emprendido la investigación arqueológica en Barcelona. Antes -explicó Ciurana- la práctica totalidad de las actuaciones eran accidentales, fruto de una sorpresa inesperada durante una obras de lo que fuera, un aparcamiento, una canalización, una promoción inmobiliaria... Ahora -prosiguió el concejal- hay una voluntad expresa de planificar algo así como expediciones urbanas en busca de corroborar sospechas o de profundizar en el conocimiento más preciso de la historia de la ciudad.

Y a partir de ahora, ¿qué? En Sant Just i Pastor lo más inmediato es limpiar con mimo las paredes del baptisterio, que según parece esconden un cálido color rojizo. Después, seguir, pues la conclusión es que, de momento, solo se ha descubierto la punta del icerberg. Allí, en algún lugar se oculta la antigua residencia del obispo. Continuará.

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