Una investigación científica afirma que la fíbula de Preneste y su inscripción son auténticas

Foto: La fíbula de Preneste S. VII a. C.  Roma.

 

Vía: laRepubblica.it | Giovanni Gagliardi| 5 de junio de 2011 (Traducción: G.C.C. para Terrae Antiqvae)

 

Investigaciones científicas realizadas por "La Sapienza" (Universidad de Roma) y el Consejo Nacional de Investigaciones (CNR) han confirmado la autenticidad de la preciosa fíbula etrusca y la de su inscripción, la evidencia más antigua de la lengua latina.

¿Verdadera o falsa? El caso de la fíbula Prenestina, expuesta en el Museo Nacional de Etnografía "Luigi Pigorini", ha quedado finalmente resuelto. La autenticidad del precioso broche, datado en el siglo VII a. C., y de su inscripción, considerada la evidencia más antigua de la lengua latina ha sido confirmada por estudios científicos realizados por Daniela Ferro, del Instituto para el Estudio de Materiales Nanoestructurados (ISMN) del Consejo Nacional de Investigación, y por Edilberto Formigli, restaurador y profesor de la Universidad "La Sapienza" de Roma y Florencia.

La fíbula, hallada en Palestrina, la antigua Praeneste, había sido objeto de un intenso debate sobre su autenticidad y contexto desde su lanzamiento oficial en 1887 por el arqueólogo alemán  Wolfgang Helbig (izquierda).

 

Los dos especialistas, que durante años han llevado a cabo análisis multidisciplinares sobre la tecnología y la orfebrería antigua, han presentado hoy, en el Museo 'Pigorini', los resultados de la investigación micro-analítica realizada en el laboratorio del Departamento de Química de la Universidad de Roma con el microscopio electrónico de barrido.

La joya de oro, de 10,7 cm de largo, y datada en torno a la mitad del siglo VII a. C., tiene, en la parte exterior del soporte, la inscripción "Manios med fhefhaked Numasioi"; en latín clásico: "Manius me fecit Numerio", esto es, "Manio me hizo para Numerio", el más antiguo testimonio de la lengua latina que ha sobrevivído.

"El estudio de una reliquia", dice Daniela Ferro, del Ismn-CNR, "requiere la elección de métodos de análisis no destructivos y no invasivos. El uso de la microscopía electrónica de barrido, acompañada con microsondas electrónicas de rayos X de dispersión de energía, permite observaciones de alta resolución de la superficie y, al mismo tiempo, adquirir datos sobre la composición química de sus elementos. En particular, la fíbula ha sido estudiada con un instrumento equipado con una cámara que le permite moverse ampliamente sobre el objeto e investigar todas sus partes sin dañarlo".

El equipamiento científico ha permitido establecer la metodología y composición en la misma antigüedad que la datación previamente asignada al broche, a pesar de los intentos de limpieza y abrasión de los últimos siglos. De hecho, a pesar de que con el oro aún no se han encontrado métodos de datación, ahora sabemos que algunas técnicas de orfebreria habían alcanzado un alto grado con los etruscos y existen numerosos estudios hoy en día que describen sus características.

"Es un artefacto de alta joyería, hecha en la parte del soporte con una lámina de alto contenido en oro, un material dúctil para ser grabado con la punta de una aguja", añade la investigadora. "La inscripción se realizó de la misma manera. También han sido identificadas las reparaciones llevadas a cabo antiguamente, como la presencia de un pan de oro para ocultar una pequeña fractura, mientras que el uso de amalgama de oro para fortalecer la parte móvil de la lengüeta (es decir, la punta ndr) podría ser reciente. Es poco probable que un falsificador operase en la particularidad de su procesamiento y usara aleaciones de oro en un período donde el conocimiento de los procedimientos de orfebrería etrusca no eran particularmente conocidos en detalle, por lo que no podría haberlos conocido salvo con sofisticadas herramientas tecnológicas disponibles sólo hoy en día".

 

Vía: laRepubblica.it | 5 de junio de 2011

 

La fíbula de Preneste: un siglo de debates.

 

El preciosos broche fue objeto de largas discusiones acerca de su autenticidad y también de vicisitudes atormentadas.

Fue presentado oficialmente por primera vez por el arqueólogo alemán Wolfgang Helbig en 1887. El investigador afirmaba haberla comprado a un amigo en 1876, y señaló como lugar del hallazgo la tumba Bernardini. Un sepulcro principesco, descubierto en 1851 y excavado desde 1871, cerca de la antigua ciudad de Praeneste, la actual Palestrina.

A continuación, la fíbula Prenestina fue donada en 1889 al Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia por el anticuario Francesco Martinetti, quien la compró probablemente a Helbig. En 1900 fue transferida al Museo Nacional de Prehistoria, Etnografía y Kircheriano, del Colegio Romano, uniéndola al inventario de restos de la tumba Bernardini, una tumba principesca del periodo orientalizante descubierta en Palestrina en 1876. La pertenencia de la fíbula a la tumba Bernardini no era, sin embargo, segura.

En 1960 el conjunto de restos de esta tumba fue trasladado al Museo Etrusco de Villa Giulia, mientras que la fíbula permaneció en el Museo de Prehistoria y Etnografía. El 27 de noviembre 1979 estalla un verdadero "caso": la fíbula de Preneste es declarada una falsificación. La erudita  Margherita Guarducci (izquierda), en una reunión de la Accademia de Lincei, niega la autenticidad de la pieza argumentando que la inscripción se hizo en Roma a finales del siglo XIX por el mismo Wolfgang Helbig.

Arqueólogos, epigrafístas y lingüistas se agitan. Las reacciones son inmediatas y vivaces, tanto en apoyo de la autenticidad del objeto y de la inscripción, como en apoyo de la falsedad de la inscripción, grabada en la edad moderna. Mientras tanto, en los libros de texto no se menciona la inscripción de la fíbula.

Al final de los años ochenta Edilberto Formigli estudia  la estructura física de la fíbula y confirma su autenticidad. No obstante, para algunos lingüistas seguía habiendo dudas sobre la inscripción.

 

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Comentario por María // el junio 9, 2011 a las 10:10pm
Pero Augusto¿quien haría una fíbula de oro para destrozarla así ,con una alusión a su propia habilidad ?  ¿lo aceptaría algún rico comprador  ?es que no es una pequeña inscripción en un sitio medio oculto y tampoco es una inscripción grande pero refinada y  decorativa ;no sé si como argumento único valdría,pero imagino que ayuda a otras dudas
Comentario por Alicia M. Canto el junio 10, 2011 a las 1:30am

Sr. Pugliesse Rossi: Gracias por su mensaje, aunque me deja desolada el que, de todo lo que esta mañana dije, y hasta mostré en fotografía, Ud. concluya que "La tosquedad del grabado en comparación con la delicadeza de la factura de la fíbula no es, a mi juicio, argumento suficiente como para considerarlo falso."

Eso es reducir casi a la nada, no ya lo que expliqué, que me parece que fue algo más que ese único argumento, sino toda la investigación de M. Guarducci, a la que me referí. De hecho, A.E. Gordon, que había revisado años atrás con cuidado muchos de los datos sobre la fíbula, en 1975 y en 1978, pero se había inclinado finalmente por la autenticidad, se retractó en su libro de 1983, convencido del todo por Guarducci (supongo que los argumentos filológicos de E. Hamp en 1981 también le influyeron), abandonando su propia posición.

Me extendí también sobre el pesado (por importante) testimonio de uno de los dos investigadores que precisamente presentan este nuevo estudio, E. Formigli, y sobre las pátinas, los ácidos, su escepticismo anterior.... datos no mencionados como precedentes en la nota del CNR y que pienso tampoco están exentos de interés en el momento actual.

No me son desconocidos buena parte de la bibliografía, algo inabarcable ya, sobre esta pieza, y los argumentos a favor y en contra. Es natural que encuentre Ud. todavía más bibliografía a favor pues, como ya comenté, la auctoritas de Helbig, a pesar de sus contradicciones y circunstancias, y el aire muy posible de sus rarezas lingüísticas (aunque en realidad, de todas las que Ud. cita de Cristofori, en 1886 sólo la reduplicación fhefhaked/vhevhaked no tenía precedentes claros pero, a la vista de algunas posteriores, era lógica), bastó para que la fíbula se asentara con fuerza en cualquier obra que sobre filología, epigrafía, arqueología, etc. que se publicara sobre la Italia arcaica. Véase aquí un comentario en 1972 del gran Susini a Gordon en ese sentido: “…oggi in Italia storici, epigrafisti, archeologici e linguisti sono tranquillamente orientati verso l’autenticità”. O sea, todos, de todas las disciplinas, creían en la fíbula. Y así fue desde 1887 hasta 1975 y, sobre todo, 1980.

Si en estos 30 años siguientes la opinión de muchos expertos de los distintos campos, incluídos los filólogos (sólo un par de ejemplos: Congreso UCLA 2000, o Baldi 2005) ha ido cambiando claramente hacia la falsedad, de toda la pieza o sólo de la inscripción (en esto sí hay discrepancia), es porque el conjunto de los variados argumentos de M. Guarducci fueron lo bastante convincentes. En resumen, que hay mucho más en contra de la autenticidad de la fíbula de Preneste que "la tosquedad del grabado".

Para no repetirme, pues, diré sólo, de cara a esas “investigaciones microestructurales de las áreas afectadas por los surcos”, que tiene que ser muy bien explicado cómo, si se sabe (y lo reconoció el propio E. Formigli en 1992) que la pieza fue “atacada químicamente” en el XIX, mediante el único ácido que es capaz de corroer el oro mismo (y, de entrada, sí destacaré que eso parece algo más agresivo y cáustico que la simple “limpieza y pulido” que se puede leer en la nota de prensa del CNR), pudo salvarse de su acción algo de una supuesta pátina original que hubiera previamente en los surcos (tapada por la del siglo XIX), como para poder ser la inferior analizada con las suficientes garantías.

Dicho de otro modo: En principio no comprendo cómo un ácido que ataca el oro, y que dejó la superficie de la cara inscrita de la fíbula en el penoso estado que ya vimos (y, clicando más, a gran escala), no fue capaz de “llevarse por delante” todo lo que (de ser auténtica) pudiera haber en los surcos del epígrafe. Si esta duda tan pedestre me la explican y demuestran bien, seré capaz de cambiar de opinión, cómo no. Pero por ahora no lo “capisco”.

 

Sí me interesa aclarar, finalmente, que en ningún momento he hecho referencia alguna a nada como lo que Ud. deduce con su “no alcanzo a comprender el interés que pueda tener el CNR italiano para falsificar los resultados de un análisis”. Que yo sepa -y a la vista está-, yo no he hablado de más falsificación que la del tándem Helbig-Martinetti y sus posibles causas, y he planteado algunas cuestiones que también habría que resolver. De “falsificar análisis el CNR” no he dicho ni pío, ni osaría.

Ya sé que estamos en un mundo muy tecnológico, pero no por ello todo se puede resolver con física y química, y todas las dudas y rarezas deben quedar bien explicadas, si se quiere que esta flamante investigación tenga el mismo peso y convicción que tuvo en 1980 la de M. Guarducci (que también, recuerdo, aportó varias analíticas). Un saludo.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el junio 10, 2011 a las 4:26am

No tengo que decirle, Dra. Canto, lo mucho que se agradecen sus intervenciones. La exhaustiva información y comentarios que nos ha ofrecido hace que, efectivamente, haya que ser más exigentes con las notas de prensa  que se han dado al respecto de la investigaciones científicas llevadas a cabo con esta famosa fíbula de Preneste.

En este sentido, es verdad, hay que decir que ha trascendido muy poco (por no decir poquísimo) sobre las razones científicas que se han obtenido de dicha investigación y que permiten no tener en cuenta ya, o dejar de lado, primero, la propias conclusiones-objeciones sobre la autenticidad de la inscripción que había manifestado Formigli en 1992 (y que Ud. ha recordado y expuesto muy claramente), y, segundo, las no menos importantes contribuciones críticas que elaboró M. Guarducci.

Obviamente, es de suponer que el propio investigador Formigli habrá encontrado  suficientes razones científicas como para desdecirse de aquellas conclusiones del año 1992, y que tanto él como su compañera de investigación, Daniela Ferro, han logrado obtener, al mismo tiempo, datos suficientes y consistentes como para poder soslayar el trabajo de  denuncia de falsificación que en su día presentó la eminente epigrafísta y arqueóloga M. Guarducci. Pero todo ello es de tanta trascendencia que extraña no se haya dado más información al respecto, incluso con un simple documento en PDF resumiendo las conclusiones principales del estudio de investigación llevado a cabo y colgado en la página oficial del organismo CNR.

Dada esta carencia informativa, he tratado de buscar por la red algo más sobre el asunto, pero sorprendentemente sólo encontré una noticia del Il Messaggero que aporta algo nuevo a lo ya publicado, si bien es, asimismo, muy parco (de ella hablaré más abajo). Ante esta escasez de información y comentarios (ni siquiera los blogueros italianos sobre temas de arqueología fueron más allá de dar la noticia) he supuesto que todo el mundo estaría esperando a la rueda de prensa que tenía anunciada el CNR para el día 11 de este mes de junio (es decir, para mañana), pero curiosamente -al indagar por la red- me encuentro con que esta rueda de prensa o presentación la tenía anunciada el Museo Nacional de Prehistoria y Etnografía "L... (que es donde la tiene convocada el propio CNR) para el pasado día 6 de junio.

O sea, una de las dos convocatorias está, o estaba, equivocada (no creo que sean dos presentaciones en el mismo lugar con sólo cinco días de diferencias, no resulta lógico), y me temo que es la del CNR, porque no sólo hay un cartel anunciador en la web del museo citado con la fecha 6 de junio, sino que en la noticia que refiero de Il Messaggero se alude a que esta presentación ya tuvo lugar. Y digo me temo, porque sí es así, si la presentación de los resultados de la investigación ya ocurrió y no trascendió mucho más a la prensa, pues nos quedamos sin salir de al menos algunas de las dudas que Ud, Dra. Alicia, ha planteado muy oportunamente.


En la noticia del Il Messaggero a la que hago referencia, y que puede explicar algo de los porqués que han llevado a los investigadores a concluir que la fíbula de Penestre y su inscripción son auténticas, puede leerse el siguiente párrafo:

"La Fibula è costituita di ben 12 componenti, anche di dimensioni minime, e per ogni pezzo la lega impiegata (oro, argento, rame) presenta raffinate variazioni percentuali a seconda delle necessità (maggiore elasticità, maggiore resistenza, maggiore precisione per la cerniera…): è una caratteristica nota nelle oreficerie etrusche. Di più: l’oro col tempo cristallizza, e qui la cristallizzazione è uniforme pure su una piccola riparazione (che perciò è anch’essa antica) e soprattutto sui solchi dell’iscrizione, che quindi non è stata incisa in un secondo momento. Tutto risolto? No: la Fibula è autentica, ma il dibattito, già fra i numerosi presenti alla giornata di studio, si rilancia. Viene davvero da Preneste? Che vuol dire esattamente quel testo? Manios è autore o committente? Era un oggetto che si usava nella vita quotidiana, o era un dono per il corredo di un defunto? Non finisce qui".

Lo que, traducido, viene a decir:

La fíbula está constituida por 12 componentes, incluyendo los de dimensiones mínimas, y en cada pieza la aleación empleada (oro, plata, cobre) presenta una refinada variación porcentual según sea necesario (mayor flexibilidad, mayor fuerza, mayor precisión en la bisagra...): es una característica que se encuentran en la orfebreria etrusca. Es más, el oro con el tiempo se cristaliza, y aquí la cristalización es de manera uniforme en una pequeña reparación (que también es antigua) y especialmente en los surcos de la inscripción, la cual, por tanto, no fue grabada en un momento posterior. ¿Todo resuelto? No. La fíbula es auténtica, pero el debate ya está entre los numerosos asistentes a la jornada donde se planteó el estudio. ¿Viene de verdad de Preneste? ¿Qué quiere decir exactamente ese texto? ¿Manios es el autor o el promotor? Se trataba de un objeto que se utilizaba en la vida cotidiana, o fue un regalo para el ajuar de un difunto? No termina aquí.

O sea, al parecer son dos los aspectos principales los que han motivado las conclusiones sobre la autenticidad de la pieza en cuestión: la rotura y la cristalización uniforme del oro que ostenta la fíbula. Es de suponer que si la rotura es antigua, y además afectó a la inscripción, y su reparación es coherente con los surcos de la misma (y con la cristalización de la aleación de oro empleada), parece que se puede concluir que la inscripción no es posterior.

 

Si además, como se dice, la cristalización del oro de toda la pieza es uniforme y no hay discontinuidades ni siquiera en los surcos de la inscripción, supongo entonces que habrá que aceptar las conclusiones de autenticidad que se han ofrecido, salvo mejor opinión en contrario (como suele decirse), o haya mejor argumento explicativo.


Tal como lo veo (aunque puedo estar equivocado, naturalmente) no es entonces que haya una pátina original  por debajo (tapada por la del siglo XIX) que permite concluir que la fíbula es auténtica, sino que es la propia estructura interna cristalina del oro, congruente con la inscripción, la que lo hace.

En consecuencia, podría deducirse que quizá el agua regia empleada se utilizó de manera somera para limpiar la pieza (tal como apunta la nota del CNR, y aunque fuese un método agresivo, pero no tanto como para descomponer la estructura cristalina del oro y de la inscripción que ostenta), y que incluso se trató de darle una pátina de antigüedad para asegúrarse de que sería admitida como auténtica, aunque entiendo que esto es una mera especulación que se me ocurre para tratar de explicar el porqué se hizo tal cosa.

En fin, habrá que tratar, si es posible, de hacerse con el estudio analítico llevado a cabo para tener los conceptos más claros y más seguridades al respecto.

Comentario por José Luis Santos Fernández el junio 10, 2011 a las 10:22am

Una hebilla de oro... y de polémica

 

 
Nuevos estudios refuerzan la tesis de que la 'Fíbula prenestina', considerada como la primera inscripción en latín y eterno objeto de disputas, es auténtica.

 

Fuente: Tommaso Koch, Roma | El País.com, 10 de junio de 2011

 

Para la mayoría no serán más que dos nombres raros y una frase sin mucho sentido: "Manio me hizo para Numerio". Pero muchos arqueólogos y filólogos identifican en esas cinco palabras la inscripción más antigua que se conoce en lengua latina. Literalmente, la frase es "Manios med fhefhaked Numasioi", una forma de latín arcaico de la época etrusca. Datada en el siglo VII a. C., se halla incisa en la llamada Fíbula prenestina, una hebilla de oro de 10,7 centímetros que custodia el Museo Prehistórico Etnográfico Pigorini de Roma.

 

Enterrados desde hace siglos, Manio y Numerio se han visto sin embargo catapultados dentro de una olla a presión rebosante de polémicas sobre la autenticidad de la inscripción, una controversia abierta a finales de los ochenta y a la que, ahora, nuevos resultados de una investigación realizada con técnicas punteras espera poner la tapadera de una vez.

El pasado lunes, la química Daniela Ferro, del Instituto italiano para el estudio de los materiales nanoestructurados, junto con el restaurador y profesor universitario de Ciencias Aplicadas a los Bienes Culturales Edilberto Formigli presentaron en el Museo Pigorini las conclusiones de meses de análisis. Según los dos estudiosos, no caben dudas de que la fíbula, y sobre todo su inscripción, son auténticas.

"Hemos unido las competencias de la química física [el ámbito de la química más cercano a la física] sobre las ligas, la observación con microscopios electrónicos y microsondas con rayos X a los conocimientos sobre las técnicas de orfebrería de los etruscos", detalla Ferro. "Los metales, como el oro, se cristalizan y este proceso revela su envejecimiento. Es indudable que el broche y su inscripción proceden de una época mucho más lejana en el tiempo que los 120 años de las hipótesis de falsificación", asegura la científica italiana.

Daniela Ferro se refiere sobre todo a las tesis de Margarita Guarducci, arqueóloga romana que en noviembre de 1979 sostuvo que la fíbula era falsa y que el director del Instituto Germánico en Roma, Wolfgang Helbig, había realizado la inscripción a finales de 1800, una época en la que la falsificación de obras romanas estaba de moda. Helbig, arqueólogo alemán, había sido el primero en presentar oficialmente la hebilla en 1887, y a la sazón había contado que la había adquirido de un amigo hacía algunos años. La fíbula pertenecía a la llamada Tumba Bernardini, sepulcro de la edad orientalizante (siglos VIII-VII a. C.) hallado en 1876 en Palestrina, un municipio de la provincia de Roma.

Las acusaciones de Guarducci desencadenaron un debate donde no existían grises y cada estudioso se decantaba por una de las dos hipótesis: falsa o auténtica. Entre tanto, los manuales escolares prefirieron evitar líos y cancelaron las referencias a la inscripción. Manio y Numerio pasaron del salón principal al sótano de la historia.

Hacia finales de los años ochenta, Formigli hizo la primera de sus dos jugadas importantes en esta trama y confirmó la autenticidad de la fíbula con un análisis físico. Quedaba pendiente la inscripción, hasta ahora.

"La relación aporta pruebas objetivas y es muy convincente", sostiene el presidente del Instituto Nacional de Arqueología e Historia del Arte italiano, Adriano La Regina. El profesor de etruscología y superintendente arqueológico de Roma durante 30 años concluye: "Podemos readmitir a la fíbula en los manuales de historia latina". La Regina subraya, sin embargo, lo que parece ser el último paso por dar: "El estudio ha de recibir el respaldo de la comunidad científica. Para eso hace falta que sea publicado".

En un correo electrónico Daniela Ferro asegura que eso "depende del superintendente del Pigorini" y que "aún no se sabe". El propio superintendente del museo, Luigi La Rocca, admite que no puede ofrecer "datos ciertos", aunque informa de que el estudio se publicará "muy pronto", probablemente en la revista Mediterranea, editada por el Consejo Nacional de las Búsquedas. La Rocca presume del "enorme paso adelante" que supone el hecho de que los expertos que participaron en la presentación, "extremadamente representativos del panorama de lingüistas, epigrafistas y etruscólogos", consideraran acabadas las dudas sobre la autenticidad de la fíbula. ¿La Fíbula prenestina, un caso resuelto?, se preguntaba el titular de la conferencia del lunes. A la espera de una respuesta definitiva y de que el broche y su inscripción dejen por fin caer su ancla en la Historia, la enésima novedad sobre el enredo sí ofrece una certeza: entre tantos anuncios y desmentidos, los nombres de Manio y Numerio ya suenan un poco más familiares.

Cronología de un enredo

 
- 1887. El arqueólogo alemán Wolfgang Helbig presenta oficialmente la Fíbula prenestina.

- 1900. La hebilla pasa al Museo Nacional Prehistórico Etnográfico del Colegio Romano y es incluida en la colección

de la Tumba Bernardini, un sepulcro de la edad

orientalizante (siglos VIII-VII a. C.) descubierta en Palestrina, cerca de Roma, en el 1876.

- 1919. El broche no es citado en la primera publicación sobre la tumba por diversas dudas sobre su pertenencia a esa colección funeraria.

- 1978. Otra publicación sobre la Tumba Bernardini cita a la fíbula en un apéndice.

- 1979. La arqueóloga Margarita Guarducci asegura que el broche es falso.

- Finales de los años ochenta. El restaurador y profesor Edilberto Formigli demuestra con un análisis físico la antigüedad de la fíbula, pero no de su inscripción.

- 2011. Edilberto Formigli y la química Daniela Ferro, tras utilizar microscopios electrónicos, microsondas con rayos X y realizar otros análisis, aseguran que la inscripción también es auténtica.

Comentario por Augusto Pugliese Rossi el junio 10, 2011 a las 12:52pm

Estimada Dra. Canto:

 

Soy yo quien debe agradecerle su amable respuesta. La tengo en el más elevado concepto, leo atentamente sus intervenciones que siempre me resultan instructivas  y nada deploraría más que supusiera que pretendía discutir con Ud. un tema de su especialidad. Todo lo contrario: mi intención era confesarle mis dudas y tratar de formarme una opinión, como dilettante que soy, sobre la autenticidad de la inscripción de marras.

Espero que entienda mi desconcierto. No estamos aquí ante una pieza fuera de todo contexto a la que se pretende vender mediante la proclamación de su autenticidad por parte de expertos en vaya a saber uno qué cosa, como sucede con los “Evangelios” de Jordania; no, en este caso la noticia es que la controvertida inscripción de un objeto que se encuentra en un museo ha sido datada, mediante análisis metalográficos, como contemporánea a la fabricación del objeto. La institución que realizó los análisis es estatal, técnicamente competente y, hasta donde alcanzo a comprender, neutral en cuanto al resultado de la controversia.

También debo destacar que si hasta ahora la inscripción ha sido polémica es porque no es absurda. Por el contrario, algunos expertos han sostenido su autenticidad y, aunque mi ignorancia me vede todo pronunciamiento en un sentido u otro, sí puedo concluir que existe cierta posibilidad de que en el siglo VII aC alguien escribiera ese texto de esa manera.

En tercer lugar, el análisis del CNR es un hecho nuevo, posterior a todos los trabajos e investigaciones sobre la pieza y su texto que se realizaran hasta ahora.

Luego de esta sucinta enumeración de los elementos con que cuento para formarme un juicio espero que comprenda, respetada Dra. Canto, mi desconcierto sobre el estado actual de este debate y disculpe mi torpeza al expresarlo.

Comentario por Koenraad Van den Driessche el junio 10, 2011 a las 5:45pm

No, Guillermo creo haber entendido todo bien. Tengo mis razones pero no las voy exponer aquí por respeto a su trabajo.

 

Un saludo, Koen

Comentario por Augusto Pugliese Rossi el junio 10, 2011 a las 7:43pm

María:

 

Opinar sobre la inscripción de la fíbula me produce un cierto temor de ser mal interpretado. Cuando afirmé que "La tosquedad del grabado en comparación con la delicadeza de la factura de la fíbula no es, a mi juicio, argumento suficiente como para considerarlo falso.", quería significar que ese hecho, por sí solo, puede utilizarse tanto para argüir que el grabado es falso como que es auténtico. Como, lamentablemente, desconocemos donde se encontró el broche, aún en el caso de suponerla auténtica sabríamos lo que dice pero no lo que significa: Manio pudo haber sido el que fabricó la pieza, el que la encargó o alguien que la compró para dársela a Numerio; el receptor Numerio, a su vez, pudo haberla recibido para usarla o como ofrenda integrante de su ajuar funerario. Así, puestos a conjeturar que por alguna razón que desconocemos lo importante era que se supiera que "Manios med fhefhaked Numasioi", podemos imaginar varias circunstancias que expliquen la tosquedad con que ha sido incisa la inscripción. De lo que sí podemos estar seguros, y de manera absoluta, es que las chapuzas no son un patrimonio exclusivo de nuestra época.

Por otra parte, los “fabricantes de antigüedades” suelen ser gente cuidadosa del detalle; si así no fuera estarían condenados al hambre. Lo que convierte en especial a la fíbula de Praeneste es la inscripción y supongo que gente con la capacidad de inventar un texto en latín arcaico lo suficientemente bueno como para traer de cabeza a una legión de filólogos durante un siglo, tendría la capacidad de conseguir un grabador que reprodujera con total exactitud los más representativos ejemplos de letras de inscripciones etruscas o griegas del siglo VII aC. Desde antes de los etruscos y hasta la actualidad, Italia ha sido una tierra de magníficos artesanos. 

Comentario por María // el junio 11, 2011 a las 12:27am

 

 

Si , Augusto, es que si la fíbula con su inscripción tuviera un contexto arqueológico conocido y seguro habría que aceptar que ,contra toda nuestra lógica,alguien grabó eso de esa manera;pero como no lo hay, podemos imaginar tantos argumentos a favor como en contra.

Se ha comprobado con métodos físico químicos que   la fíbula en sí fué hecha cuando se decía  ,pero si la inscripción presenta dudas serias y razonables a un número suficiente de filólogos y epigrafistas ,es lógico que se siga planteando la duda de si la inscripción pudo ser hecha después y   me imagino que eso es lo que  se desea que expliquen y demuestren los laboratorios:que la inscripción es contemporánea.

 Como dice la Regina(en la noticia que ha puesto Jose Luis):

 "La Regina subraya, sin embargo, lo que parece ser el último paso por dar: "El estudio ha de recibir el respaldo de la comunidad científica. Para eso hace falta que sea publicado"." 

Y la información todavía no está disponible:

 "El propio superintendente del museo, Luigi La Rocca, admite que no puede ofrecer "datos ciertos", aunque informa de que el estudio se publicará "muy pronto""

 Así que  realmente la última palabra aún no está dicha.

 

Comentario por María // el junio 11, 2011 a las 1:06am

Corrección:

me imagino que eso es lo que  se desea que expliquen y demuestren los laboratorios:que la inscripción es contemporánea.

Quería decir coetánea de la fíbula.

yo también espero que ,como dice Alicia,se hagan allí las preguntas y las objeciones  que ella plantea.

Comentario por David Montero el junio 11, 2011 a las 7:32am

Un blog es un lugar donde se especula más de lo debido con todo el derecho (porque si no esto no sería un blog sino un congreso académico). Así que lo primero que hay que tener en cuenta es que se está especulando. Dicho eso, resulta un lugar común que ya le aburre a uno mismo repetir que no se podrá saber con cierto rigor la probabilidad de que la inscripción de la fíbula sea auténtica hasta que no se haya presentado un informe completo y debatido entre la comunidad experta. Esto no haría falta ni decirlo.

 

Pero en el terreno de las especulaciones en las que nos movemos, y obviando la posibilidad de que los periodistas metan morcillas y los autores de los informes se pongan estupendos y magnifiquen los resultados de su investigación -ambas cosas bastante frecuentes-, hay que decir que no veo motivos para una resistencia numantina contra la pobre fíbula y los métodos de la arqueometría basados en el análisis de materiales.

 

Si el análisis de la cristalografía garantiza que la capa de oro de la fíbula es homogénea en superficie y surcos. Si el análisis arqueológico de las técnicas empleadas remite indefectiblemente al periodo etrusco. Si los lingüistas no encuentran razones que apunten a la implausibilidad del texto. Si todos estos supuestos y alguno más que me dejo son ciertos, entonces no veo por qué hemos de seguir dudando de la autenticidad del artefacto y su inscripción.

 

Que la honorabilidad de sus descubridores sea  más que dudosa no quiere decir nada, puesto que descubrimientos esenciales han sido hechos por aventureros que más que arqueólogos parecían aves de rapiña (¿hace falta poner ejemplos?). Que la factura del texto no convenga a la finura del resto del trabajo, tampoco es concluyente, como ha sido argüido convincentemente por alguien más arriba con diversas alternativas plausibles. Que haya un estudio de grafología que apunte a la falsedad tampoco es definitivo. No será la primera vez que los grafólogos meten la pata y habría que analizar el propio estudio para ver el grado de fiabilidad de sus conclusiones.

 

Y que el actual garante de la autenticidad expresara sus dudas en el pasado, más bien parece abonar la teoría de la autenticidad que la contraria. Dado que de sabios es rectificar y los sabios no suelen rectificar hasta que no tienen más remedio.

 

Por lo tanto, desde el nivel especulatorio, habrá que saludar a la fíbula como un hallazgo realmente excepcional. Cosa de la que me congratulo, porque después de haber gastado dos meses de vida académica con ella y creer que era falsa, estaba por demandar por hacerme perder el tiempo a la autoridad competente que me la había vendido. Es un alivio.

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