Sacan a la luz, en un pantano danés, gran cantidad de restos óseos de un ejército germánico masacrado del siglo I d.C.

FotoEjvind Hertz, Skanderborg Museum.

Fuente: njeffersonnews.com | Guy Gugliotta | 2 de abril de 2013 (Traducción de G.C.C. para Terrae Antiqvae)

En los tiempos de la antigua Roma nunca fue una buena idea enviar aficionados a pacificar las tribus germánicas. El emperador Augusto lo descubrió en el año 9 d.C., cuando eligió directamente a su amigo Publio Quintilio Varo, el cual cometió serios errores ante una serie de emboscadas en la selva de Teutoburgo y perdió cerca de 20.000 hombres en tres días.

Varios años más tarde, otro ejército romano se detuvo en ese campo de batalla, un poco al sur de la actual ciudad alemana de Bremen, para limpiar la escena. De acuerdo con el historiador Tácito, encontraron "huesos blanqueados, dispersos o en pequeños montones", mientras que "penosamente yacían lanzas astilladas y extremidades de caballos". Cráneos humanos "fueron clavados de forma destacada en los troncos de los árboles". Había "horcas y hoyos de tortura para los prisioneros", y "en las arboledas vecinas estaban los salvajes altares en los que las tribus germánicas había sacrificado a los tribunos y centuriones". Varo se habría tirado sobre su espada después de la batalla, ya fuera por vergüenza o porque estaba aterrorizado. Es imposible saberlo.

El mismo cráneo que encabeza el post, pero mostrando en su parte trasera una herida de lanza o flecha. Foto: Ejvind Hertz, Skanderborg Museum

Las evidencias arqueológicas dispersas han sugerido durante mucho tiempo que los guerreros de la antigua Germania no tenían buen corazón en la victoria. Pero pruebas recientes sugieren que no sólo cosas espeluznantes ocurrieron en los tiempos de Cristo, cuando un agresivo y bien organizado joven imperio romano estaba tratando -en última instancia, sin éxito- de someter a los igualmente agresivos habitantes de Germania.

Un equipo danés, que trabaja en un pantano a 520 kilómetros al norte del lugar de la masacre romana, se encuentra analizando los restos recientemente excavados de 40 hombres, parte de un contingente mayor de hasta 200 soldados, cuyos cuerpos fueron cortados en pedazos y aparentemente arrojados a las aguas poco profundas del lago Mosso (el más grande de Dinamarca) después de una batalla que tuvo lugar entre rivales germanos, probablemente unos pocos años antes de la masacre que sufrió Varo.

El pantano Alken (junto al lago Mosso) es hoy un campo lacustre que oculta la mayor concentración de restos de una clara guerra mortal de las que se hayan encontrado en esa época. Estos hallazgos, sumados a los artefactos de otros sitios y junto con los escritos de los antiguos romanos, son el suministro de conocimientos sobre una cultura de señores de la guerra de las fuertemente igualitarias tribus germanas, las cuales luchaban constantemente y que, de modo habitual, sacrificaban a los enemigos y ofrecían sus cuerpos -y armas- a sus dioses.

Los restos en el pantano "son todos de hombres jóvenes", dice el arqueólogo de la Universidad de Aarhus, Mads Holst (izquierda), director del equipo de excavación de dicha Universidad y de los museos Skanderborg y Moesgard de Dinamarca. "Hay una gran cantidad de heridas con armas en ellos y ninguna fue curada. Algunos habían muerto ya cuando fueron arrojados al lago, y podemos ver que hubo animales royendo los huesos. Una de las cosas que estamos investigando ahora es si todos murieron de heridas de guerra o fueron ejecutados después de la batalla. Tenemos la sospecha de que fueron ambas cosas".

Holst dijo que los daneses han estado cavando en la turba y buscando huesos y artefactos en el patano Alken durante al menos un siglo. La turba es material vegetal comprimido que se utiliza como combustible en estufas y chimeneas. Debido a que es húmedo y libre de oxígeno proporciona las condiciones ideales para preservar restos humanos.

Los arqueólogos en la década de 1950 y comienzos de 1960 hallaron una gran concentración de huesos humanos preservados por debajo del nivel freático, pero Holst dijo que los científicos ignoraron el hallazgo en un primer momento, debido a un descubrimiento espectacular cercano de un enorme depósito de armas romanas. Las mismas datan del año 200 d.C., pero otros artefactos en ese sitio, conocido como Illerup, sugieren que los propietarios de las mismas eran invasores de Escandinavia que llevaban equipamiento romano. Illerup, comenta Holst, "te dice algo sobre el tráfico de armas en ese momento".

Entre los muchos hallazgos interesantes, está esta hacha muy bien conservada de aproximadamente 75 cm de largo. Foto / medie AFD. Moesgård, Rikke G. Larsson.

Los muertos del pantano Alken, por el contrario, fueron enterrados con las típicas hachas de hierro germanas, lanzas y palos de madera. Eran germanos con armas germanas.

La arqueóloga Tina Thurston, de la Universidad de Buffalo, perteneciente a la Universidad Estatal de Nueva York, y que no participó en la excavación, describió la Edad del Hierro europea, en los tiempos iniciales del imperio romano, como "un período muy cosmopolita", con "mucho contacto" entre los romanos y las diversas tribus germanas. "Muchos de los jóvenes se convertían en mercenarios de Roma", agregó, y "no era una sorpresa" que algunos guerreros germanos "tuvieran equipamiento romano".

Arminio, el jefe germano que derrotó a Varo, fue entrenado en Roma.

Los historiadores antiguos describen a los germanos como igualitaristas que elegían a sus líderes, a los cuales seguían siempre y cuando proporcionaran riquezas y prestigio. "Los jefes estaban continuamente en competencia", dijo Thurston. "Si usted tenía algo, los demás lo querían. El botín de guerra era el factor por el que se atacaban unos a otros".

Foto: Resto de un escudo de 94 cm. de largo.

Las reglas de este juego eran aparentemente implacables. Si ganabas tenías la oportunidad de luchar de nuevo. Si perdías, y tenías suerte, tus seguidores simplemente te abandonaban. Pero si no tenías suerte, como tal vez el líder de los guerreros del pantano Alken, eras cortado en pedazos.

"Hemos leído acerca de estos sacrificios masivos, pero esta es la primera vez que algo como esto ha sido encontrado. ¿Fueron hechos prisioneros, guardados para el sacrificio o murieron en la batalla, o fueron ejecutados? ¿Algunos eran vendidos como esclavos, quemados o puestos en libertad? Tal vez, en el caso que nos ocupa, todo el mundo fue simplemente acorralado y asesinado", dice Thurston,

Thurston añade que los sitios arqueológicos de la región no muestran ninguna evidencia de que los jefes germánicos, durante los inicios del imperio romano, estuvieran interesados en mantener un territorio o construir sus propios imperios. "No había grandes casas ni grandes tumbas".

                                                                                       

Entonces, ¿por qué tiraron las armas del enemigo y arrojaron los cuerpos al lago? Holst dice que su equipo ha contado los restos de al menos 200 muertos en el pantano, muchos de ellos enterrados -cerca de 40-, cuyos cuerpos ya han sido recuperados y tal vez todos ellos eran soldados. En áreas cercanas se han obtenido vasijas de cerámica, cráneos de cabras hendidos y otros objetos civiles: "Nuestra interpretación es que todo el valle debe ser visto como un área de sacrificio. Era un lugar religioso", subrayó.

Restos óseos. Foto: Peter Jensen, arqueológica, AU

Holst dijo que el equipo tratará de determinar de dónde vinieron los soldados del pantano Alken, con el fin de comparar sus rasgos genéticos y las concentraciones de isótopos de estos restos humanos y las características geográficas de otros lugares.

La teoría tradicional académica acerca del enterramiento de las armas es la de que se deseaba provocar una escasez de las mismas: los jefes se deshacían del equipamiento enemigo porque querían controlar el comercio y las importaciones, y así lo realizaban, para mantenerse ellos mismos en el centro del tráfico de armas.

Sin embargo, recientemente, los arqueólogos han sugerido que no hay razón alguna para imputar motivos económicos modernos al comportamiento antiguo. Tal vez los señores de la guerra arrojaban a sus enemigos y sus equipos a las ciénagas simplemente porque su religión así lo requería. "En un sistema como éste, no era tan importante estar engalanado de oro y joyas", dijo Thurston. "Si usted fuera supuestamente a hacer ofrendas, usted haría ofrendas".

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