"Con Troya tenemos un problema exasperante: Homero. Es difícil precisar hasta qué punto habla de la realidad, mezcla realidades de épocas distintas, o simplemente inventa..."

Uno de los debates históricos que más ha apasionado a investigadores y eruditos a lo largo del tiempo ha sido la famosa Guerra de Troya. Se ha especulado mucho si dicha contienda bélica fue realmente un hecho histórico o, simplemente, producto de los delirios poéticos de Homero. Para entrar en tan interesante debate debemos empezar por determinar si el escenario geográfico en el que transcurrió aquella guerra, es decir, Troya, existió y, de ser así, fijar su ubicación. Posteriormente, habría que establecer quiénes eran los contendientes y terceros implicados, así como, si los personajes a los que Homero da vida en la Ilíada fueron o no, reales o solo fruto de su imaginación. Gustav Gamer, miembro del proyecto internacional Troya y el terreno cultural, afirmó en 1991, con motivo del III seminario internacional de arqueología prehistórica de Oriente Próximo, organizado por la Universidad Autónoma de Barcelona:


"El sumo interés que muchos han experimentado por Troya y la obra de Homero ha servido de inspiración en numerosas obras a escritores, filósofos o artistas, sobre todo en occidente. La duda constante y real que nos persigue, desde la antigüedad clásica, es si fue real la Guerra de Troya. Los estudiosos modernos de la obra de Homero han dedicado grandes esfuerzos en buscar y encontrar una base histórica en tan afamada guerra. A ella se han dedicado conferencias, libros, debates artículos, etc., que dejan claro tal fascinación".


Han sido muchos los investigadores y estudiosos de la obra de Homero que afirmaron que lo relatado por el poeta griego en la Ilíada es totalmente real, es decir, son firmes defensores de que hubo un rapto, el de Helena, que los griegos organizaron una poderosa flota dirigida por Agamenón que acabó arrasando Troya, y, sin ir mas lejos, el propio Schliemann, o su continuador en los trabajos, el estadounidense Carl Blegen, el cual afirmó:


"Según el estado de nuestros conocimientos hoy (sobre Troya), no puede haber dudas de que verdaderamente hubo una guerra real e histórica de Troya, en la cual una coalición de aqueos, o de micénicos, bajo un rey cuyo señorío era reconocido, luchó contra el pueblo de Troya y sus aliados".

Aún así el problema troyano ha tenido de cabeza a la comunidad científica desde que el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann anunciara al mundo que había encontrado la Troya homérica una tarde de 1871. Pero la legendaria y épica ciudad había sido objeto de interés desde hacía siglos. Fuera por azar o por pura convicción, la aparición de sus restos arqueológicos fueron encontrados por este peculiar personaje.

                                                      Heinrich Schliemann


La mayor parte de los historiadores y arqueólogos actuales están plenamente de acuerdo en que la ciudad antigua de Troya existió, pero no siempre fue así. Los restos de la Troya de Homero, a día de hoy, es plenamente identificable en los restos del Bronce Tardío que se localizan en la colina de Hissarlik, en la actual Turquía. También se acepta de manera generalizada que este entorno, reúne las condiciones necesarias para que se pudiera desarrollar en él un conflicto bélico de las proporciones que enfrentaron a aqueos y anatolios a finales de la Edad del Bronce. Igualmente, si la guerra tuvo una gran repercusión, como debió tener, de algún modo tuvieron que intervenir los hititas, ya que era el imperio dominador en la Península de Anatolia a finales del Bronce, y por tanto debería existir referencias al conflicto en sus fuentes escritas. En este apartado resultaron definitivas las aportaciones del suizo Emil Forrer.


Desde muy niño, Schliemann había mantenido que la Troya homérica había existido en realidad, y que para nada formó parte de la imaginación del poeta griego, algo que contradecía a lo que mantenían los historiadores de la época, que la consideraban un mito. A pesar de que su descubrimiento por parte de Schliemann no convenció a toda la comunidad científica, si supuso poner en el centro del debate el determinar si la guerra de Troya perteneció a una remota realidad histórica o, si por el contrario, debía permanecer dentro del espectro mitológico.


Se puede decir que Heinrich Schliemann tuvo el enorme privilegio de ser quien sacó a la luz, y puso ante a los ojos del mundo, la edad heroica de los poemas homéricos. Su empeño y decidida determinación vino a demostrar a la comunidad científica de su época que, siguiendo a Homero y sus poemas épicos, podía seguirse la pista de una edad histórica. No obstante había mucho camino aún por recorrer, ya que, como ocurre muchas veces, no siempre todo es lo que parece, y algo parecido ocurrió con Troya. Schliemann, sin saberlo aún, estaba ante los restos de una ciudad de larga proyección histórica que se extendía en el tiempo desde el año 3000 a. C. hasta la alta Edad Media. Tan amplia cronología hacía difícil determinar cuál de todas las diferentes épocas por la que había pasado Troya, era la verdadera ciudad homérica. Lo cierto es que se descubrieron, con el devenir del tiempo y las sucesivas excavaciones, hasta nueve ciudades distintas que habían ido surgiendo a la vista de los investigadores, una encima de otra a modo de tell.


Desde aquella tarde de 1871 han cambiado mucho las cosas con respecto a Troya. Lejos quedaron las primitivas técnicas de excavación llevadas a cabo por el arqueólogo alemán, carentes de todo rigor científico, para dar paso a equipos de arqueólogos profesionales, que, aplicando la ciencia arqueológica moderna con todos sus avances, han ido desentrañando, poco a poco, los secretos que esconde este enclave tan histórico. Por la colina de Hilsarlik, lugar donde perviven sus restos en la actual Turquía, han ido pasando con el tiempo diferentes equipos multidiciplinares formados por verdaderos científicos que, campaña tras campaña, van sacando a la luz esplendidos hallazgos.


No obstante la falta de cooperación por parte de las instituciones turcas, por un lado, y por otra, la escasez de fondos, han perjudicado en numerosas ocasiones la investigación dificultando los trabajos. Así se pronunciaba el profesor William Aylward, de la Universidad de Wisconsin-Madison, director de la expedición que se puso en macha en el año 2013 en referencia al yacimiento;


"A pesar de que Troya ha sido excavada en el pasado, aún queda mucho por descubrir. Nuestro plan es extender el trabajo a zonas inexploradas del sitio y emplear las nuevas tecnologías para poder extraer aún más información de sus habitantes hace miles de años”.

Troya se encontraba ubicada en un lugar estratégico, concretamente en la Península de Anatolia, en la región de los Dardanelos, erigiéndose como una puerta de entrada al Mar Negro. Ello lo convierte en un enclave de gran complejidad, un cruce de caminos entre Occidente y Oriente, apareciendo la región como un lugar de continuos conflictos durante todo el periodo histórico, por lo que las contiendas bélicas y los saqueos eran frecuentes.

Todo ello transforma a este recinto arqueológico en una realidad muy compleja, no en vano son diez ciudades distintas, que se levantaron de forma sucesiva una encima de otra con una cronología muy amplia, que abarca, como se mencionó antes, desde tiempos prehistóricos hasta la Edad Media, siendo varias de ellas las que muestran una clara evidencia de que fueron destruidas de forma violenta.

Por otro lado la carga simbólica que desprende Troya desde la antigüedad es enorme. Para los griegos antiguos, el episodio de la Guerra de Troya formaba parte de su propia realidad histórica, y por tanto de su devenir cronológico. Dicho de otra forma, para ellos la guerra de Troya fue un acontecimiento real, ocurrido en el 1184 a. C., del que además se sentían orgullosos.


Al final de la Edad del Bronce Troya desaparece, pero los griegos, posteriormente los romanos, y las civilizaciones que les precedieron, consideraron el lugar como un lugar mítico, casi 'sagrado', donde habían luchado el mismísimo Aquiles, “el de los pies ligeros”, según los poemas homéricos, su inseparable compañero Patroclo, Ayax, Príamo, etc., asimilando el lugar como un patrimonio cultural propio. Fue tal su fama y magnetismo que fueron varios los personajes históricos que en algún momento de su vida allí acudieron, atraídos por su épico pasado, como el propio Alejandro Magno, Augusto o Adriano.


La importancia de Troya siempre ha estado presente, y allí continúan llevándose a efecto, año tras año, las campañas de excavación casi sin interrupción. Su importancia es tal, que el enclave está considerado como uno de los yacimientos arqueológicos mas famoso e importante del mundo. Cada año es visitado por cientos de miles de personas que se pierden entre sus ruinas reviviendo las historias de Homero. Todo ello ha llevado a la UNESCO a declarar en 1998 las ruinas de Troya, como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Según la propia UNESCO, "Troya tiene una inmensa importancia para el entendimiento de la evolución de la civilización europea en un estado básico de sus primeras etapas".

Francisco Javier Jimenez Martinez

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Comentario por María // el martes

Yo me imagino que es importante el hecho de que a lo largo de la antigüedad  hubiera una continuidad en considerar que ese enclave era Troya .El rapto de mujeres como origen de un conflicto armado parece que era un topos que estaba en el imaginario de la época .Herodoto comienza así su Historia,hablando de cómo persas ,fenicios,griegos se echaban en cara el rapto de una mujer como origen de la rivalidad entre el mundo oriental y el griego.Debió de ser una constante en las costas del mediterráneo .

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