Hace escasos días se ha publicado se ha publicado el genoma del Neandertal a partir de fósiles procedentes de la cueva de Vindija, en Croacia. Del dato, que sin duda es un relevante hecho científico inimaginable hace unos pocos años, se pueden deducir dos hechos básicos.
- Compartimos con ellos un 95,5% del genoma. Lo que en principio parece mucho.
- La diferencia genética permite llagar a la conclusión de que son lo suficientemente distintos genéticamente como para afirmar que, si hubo casos de cruce entre ellos, fueron irrelevantes para el futuro de la especie humana.

Estos datos vienen a confirmar que nos encontramos ante dos procesos evolutivos diferentes. Lo que no es nuevo, pues ya conocíamos por el estudio del ADN mitocondrial en diversos restos óseos del Neandertal localizados en diferentes lugares (Lalueza Fox, 2005). En tales análisis se ha comprobado la diferencia genética existente entre neandertales y HAM, así como la existencia de una importante diferencia temporal respecto de la separación de las dos poblaciones a partir de un ancestro común, calculándose en unos 500.000 años. Esta diferencia de ADN y el conocimiento de que ambas poblaciones se originaron en lugares lejanos (Europa y África), en distintos ambientes y con un aislamiento geográfico, indican la coexistencia temporal de dos formas evolutivas diferentes.

Además, las diferencias morfológicas entre las dos poblaciones son muy conocidas y están bien documentadas en el registro arqueológico. Estas diferencias sólo indican una diversificación biológica que podrían significar la existencia de dos especies, pero con poca seguridad. Paralelamente, por medio del análisis dentario como signo biológico preciso del desarrollo ontogénico postnatal, se ha comprobado que los neandertales tenían un desarrollo rápido, llegando a la madurez biológica antes que los humanos actuales, indicando la presencia de un desarrollo ontogénico distinto (Ramírez y Bermúdez de Castro, 2004). Estos datos parecen indicar, junto con la diferencia anatómica, la existencia de dos líneas evolutivas diferentes que pudieron acabar en dos especies independientes (Lieberman et al. 2002).
No obstante, todos estos datos asumidos por la comunidad científica y ampliamente divulgados, no parecen significar mucho en lo que parece más importante para la Arqueología, es decir, si tienen un respuesta significativa en la conducta de las dos poblaciones. Pues nada aclaran sobre las capacidades cognitivas que pudieran tener las dos poblaciones, por lo que su conducta podría ser igual.

Profundizando en las diferencias anatómicas, se han efectuado análisis paleoneurológicos que han comprobado que nuestra especie presenta una forma de evolución neurológica diferente a la observada en los neandertales, comprobándose un diferente patrón de desarrollo neurológico. En el Neandertal existe una pauta de desarrollo cerebral definido por diversos autores como arcaico, en el que gran parte del cambio está basado en un simple crecimiento general. Mientras que en los HAM se observa un aumento vertical, dilatación del lóbulo frontal y una relativa reducción de longitud y anchura del lóbulo occipital. Se produce un aumento alométrico de la forma y superficie de los lóbulos parietales y posiblemente frontales de nuestra corteza cerebral (Bruner, Manzi y Arsuaga, 2003).

Esta diferenciación neuroanatómica indican cierta diferenciación de la superficie del córtex cerebral en las áreas asociativas de los lóbulos parietales y frontales (donde tienen lugar los procesos cognitivos claramente humanos). Si se acepta que son dos líneas evolutivas y un desarrollo ontogénico diferentes, no sería raro pensar en la existencia de diferencias neurofisiológicas en el funcionamiento cerebral de los dos grupos. Estos datos pueden justificar la idea de unas capacidades cognitivas parecidas, pero no iguales.

Sin embargo, esta idea hay que comprobar, lo que sólo puede realizarse por medio de las manifestaciones culturales que el registro arqueológico nos ofrece, pues tal conducta sería la manifestación del desarrollo de las capacidades cognitivas de los humanos que la produjeron. En definitiva, la comparación conductual de las dos poblaciones sería la piedra angular de todo estudio sobre sus respectivas conductas, por lo que la forma de realizarla es fundamental.

Todo parece indicar que hay diferencias (genéticas, evolutivas, anatómicas y neurológicas) suficientes como para justificar unas capacidades y conductas diferentes entre las dos poblaciones. Sin embargo, la comprobación arqueológica de tal diferencia es puesta en duda por muchos autores (D´Errico et al., 2003).
En este punto es donde la subjetividad científica más ha actuado, pues en el estudio de la conducta de los neandertales se han omitido aspectos metodológicos importantes en los análisis encaminados a demostrar que su conducta fue igual a la de los HAM. Así, se aprecia la falta de un método multidisciplinar que nos encauce el origen y desarrollo del simbolismo humano, así como el uso de una amplia muestra de la población en estudio, y no la limitación de unos pocos yacimientos.

La investigación realizada en estos últimos 20 años en este aspecto ha aportado numerosos e importantes avances, cambiando varias veces de paradigma, lo que en la actualidad aún no se ha podido concretar. Iremos viendo en los sucesivos post todas las preguntas que de este texto puedan sacarse.


BRUNER, E.; MANZI, G. y ARSUAGA, J. L. (2003): “Encephalization and allometric trajectories in the genus Homo: Evidence from the Neandertal and modern lineages”. Proceedins of the National Academy of Sciences of the United States of America. 100, (26); 15335-15340.
D´ERRICO, F.; HENSHILWOOD, CH.; LAWSON G.; VANHAEREN, M.; TILLIER, A. M.; SURESSI, M.; BRESSON, F.; MAUREILLE, B.; NOWELL, A.; LAKARRA, J.; BACKWELL, L. y JULIEN. M. (2003): “Archaeological Evidence for the Emergence of Language, Symbolism, and Music–An Alternative Multidisciplinary Perspective”. Journal of World Prehistory 17 (1): 1-70.
LALUEZA FOX, C. (2005): Genes del neandertal. Madrid. Síntesis.
LIEBERMAN, D. E.; MCBRATNEY, B. M. y KROVITZ, G. (2002): “The evolution and development of cranial form in Homo sapiens”. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 99 (3): 1134-1139.
RAMÍREZ ROÍZ, F. y BERMÚDEZ DE CASTRO, J. M. (2004): “Surprisingly rapid growth in Neanderthals”. Nature 428, 936-939.

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