Si se acepta alguna clase de causa, razón o juicio, que ayude a entender el "porqué" del final, de la consunción u ocultamiento, del Arte Paleolítico hace 20.000 o 22.000 años, se podría afrontar de una manera más o menos aparente la importancia que el Arte Rupestre, en su nueva dimensión el Arte Esquemático, va a tener en los comienzos y configuración del magma cultural y civilizacional de la especie.

Pero hay que decir que todas las cosas y fenómenos en el margen de lo humano llegan envueltas, sobretodo en esas oscuras eras de la Prehistoria, en cierta sensación de sorpresa e incongruencia. Así la información que recibimos con el Arte Esquemático, incluso su carácter de posible ascendente para la escritura, vendrá otorgada por los grupos más renuentes que siguieron habitando en cuevas y refugios hasta el inicio de la Escritura y la Historia. Grupos renuentes que siguen grabando en las paredes y rocas de los refugios, pero cuyas técnicas debieron ser desde antiguo propias de la multitud de las gentes, pues, si no, no hay explicación para que las mismas técnicas, símbolos y materiales, del esquemático sean usados para crear los primeros alfabetos, protoescrituras.

Es necesario andarse con pies de plomo para enjuiciar algunas clasees de manifestaciones prehistóricas como en primer lugar del "proceso de sedentarización" y, en segundo, el propio Arte Esquemático en lugares como la Península Ibérica, que, por su "ajenidad" y lejanía de todo, se presenta con un cierto grado de particularismo e interés.

En una búsqueda ideal de razones para el "proceso de sedentarización" habría que tener en cuenta las más antiguas costumbres de comportamiento de los grupos humanos de una región, paisaje o territorio, las últimas formas del uso de la cueva, última higiene o educación en ese sentido y el desarrollo o profesionalización de la caza, la pesca y la recolección, para conseguir y almacenar alimentos desde eras muy antiguas como el Paleolítico Superior y Epipaleolítico.

En el sentido del comportamiento de los grupos tener presente el aumento en la demografía, mayor número de grupos y mayor número de personas primitivas en esos grupos, que las cuevas y "lugares de interés" siguieron siendo los mismos, o sea, no había más refugios, y que ello habría ocasionado una especie de "claustrofobia ambiental" en el nomadismo y la psique de aquellas gentes. Así mismo, el contacto y el cruce de caminos de unos grupos con otros habría sido a la vez que más frecuente, más complicado, de ahí la ancestral educación e higiene con lo mismo.

En pocas palabras, los grupos humanos se hicieron sedentarios porque no había lugares a donde ir, pues muchos de los refugios ya estaban ocupados y otros habían ido perdiendo su "interés" en cuanto a posibilidades de encontrar alimento y agua se refiere. Todo, más tarde, habría ido imbricándose con el lento y progresivo descubrimiento de las nuevas técnicas neolíticas, la agricultura y la ganadería, que serían sin más -no existe un espectro más amplio de circunstancias- como algo arquetípico para el propio proceso de sedentarización.

Todo ese enorme y golfante proceso de sedentarización no sucedió al mismo tiempo en los diferentes lugares del planeta. Aunque, eso sí, sucedió sin duda. Unos lugares lo hicieron antes y otros después. Y más cosas, entonces, en los lugares en que eso sucediera, la aparición de aldeas, pueblos y ciudades, grupos de casas entorno a una calle o una plaza o formando bloques compactos de viviendas, en las riberas de los ríos o en lo alto de las colinas, unos grupos de humanos se quedaron, hicieron posible la sedentarización, pero otros no, como las tribus y pueblos nómadas o los "grupos renuentes", aquellos que se quedaron fuera del entramado urbano y civilizacional de pueblos y ciudades. Entre los primeros, los que sedentarizaron, unos sin duda lo harían antes y otros después, acaso el propio sistema tenga un poco  o un mucho que ver con la propia consecución de habitats al aire libre. Una cosa es cierta, de los típicos procesos del Neolítico, ese de la sedentarización se antoja como el más antiguo. Y en cuanto a los segundos, los que se quedaron fuera y no aceptaron el juego urbano, las tribus y pueblos nómadas que habrían sido nómadas desde siempre, no habrían hecho sino desarrollarse y seguir alguna de las nuevas pautas como el comercio o la trashumancia de animales. Eso vino a suceder en lugares punta del progreso y la civilización, en Mesopotamia, por ejemplo. Pero en otros lugares alejados de los "focos de invención" se puede hablar de "grupos renuentes" que serían aquellos grupos de humanos que por propia convicción, por el respeto a las viejas formas y tradiciones, acaso por lesa crítica hacia la nueva era y las nuevas técnicas siguieron habitando en las cuevas y refugios, practicando la caza y la pesca y la recolección estacional, hasta tiempos más allá de los llamados históricos. Acaso por esa cuestión de inercia y comodidad.

Esto último es lo que ahora tendremos ocasión de observar en el desarrollo del Arte Esquemático en la Península Ibérica.

Según la clase de estudios que se consulten unos autores analizan el Arte Esquemático como derivación del Arte Levantino, otros de ellos, sin embargo, niegan relación entre esos diferentes estilos, y que cada lugar y refugio poseería propia identidad y parecida cronología. Lo cierto es que según como se conceptúe ese arte, el Esquemático, podría estar presente ya en el Arte Levantino, incluso más allá hacia el pretérito, pero también se le podría situar aparte y dentro de las grandes manifestaciones culturales del Neolítico, algo que ayudase a demostrar así mismo, cierto enlace y continuidad con el viejo arte paleolítico y muy importante hacia manifestaciones más modernas como las que propiciaran la Escritura, además de las otras típicas manifestaciones artísticas del mundo antiguo, grabado, pìntura y escultura.

Una cronología amplia y si se tiene en cuenta una unidad de carácter para ese arte, lo esquemático, se puede hacer llegar su aparición hasta el principio del neolítico, años 6.600 al 6.300 antes de nuestra era y hacerlo terminar con la consolidación de la Edad de Hierro, o con miras más amplias hasta la Edad Media. Otra datación más escueta y que tienen como referencia los diferentes lugares típicos del Esquemático lo haría aparecer en el Calcolítico y terminar así mismo en la Edad de Hierro.

Si se sigue mejor la segunda cronología, el Esquemático abarcaría toda la Península Ibérica, pero los lugares más característicos estarían en la cuenca de los grandes ríos al sur del Sistema Montañoso Central, ríos Guadalquivir, Tajo, Guadiana, y en la región de Levante, aunque también hay muestras en el Norte y otro tipo que se llama de asentamientos rocosos.

La técnica predominante es la pictórica, aunque si se le conceden a ese arte unas lindes más amplias o genéricas se pueden incluir otras técnicas como el grabado en rocas (petroglifos), los ídolos placa y las múltiples figuras, pequeñas esculturas votivas en diversos materiales.

Si es técnica pictórica los colores más empleados  son los rojos y el ocre, aunque existen representaciones en negro y una elección de materiales que, por ejemplo, en los lugares de Sierra Morena siempre se pintarían rocas cuarcíticas, acaso -y sin acaso- por su especial textura para la absorción de las sustancias pictóricas. Si se amplía el espectro se puede hablar de gran variedad de estatuaria de diferentes tamaños e intenciones, arte mueble muy expresivo con ídolos oculados bitriangulares o tritriangulares o en forma de pera, los llamados ídolos placa y diversas estelas grabadas.

Con respecto a los Ídolos Placa son estos unos colgantes en forma de placa fabricados en pizarra y que debieron servir como simples y auténticos símbolos de identidad personal y que aparecen en la zona del Alentejo en Portugal y en Extremadura.

Lo que viene a continuación es lo realmente interesante o sea el marco prehistórico en el que habría que situar todas esas manifestaciones del Arte Esquemático. Pues la cosa nos habla de que se trata de sociedades donde existe la agricultura y diversos animales domésticos, se supone que ya con un gran desarrollo de esas técnicas, acaso de varios miles de años, aunque también  se habla de que se practicaba la caza regular y la recolección de frutos y sustancias. Ahora no es posible saber, desde l punto de vista del arte esquemático, si esa clase de sociedades corresponden a esquemas sedentarios de poblados, aldeas y ciudades al aire libre o todos esos sorprendentes cambios procedentes del Neolítico se llevasen a cabo todavía en algunos lugares y en plena Edad de Cobre desde cuevas y refugios.

Pero lo más interesante es la dialéctica entre los grupos que de cierto adoptaron la forma de vida neolítica en poblados y aquellos "grupos renuentes" que habrían seguido practicando las viejas costumbres de gentes seminómadas en busca de caza y alimento estacional. Existen ciertos dibujos en el Arte Levantino que hacen referencia a lo mismo, grupos de cazadores y flecheros que atacan a las gentes que se dedicaban a la agricultura y la ganadería. Hay que fijarse en esto, el Arte Esquemático aparece en montañas solas, lugares elevados de sierras y roquedales, en collados, puertos, cañones y barrancos de difícil acceso. En general en puntos altos y lugares de paso de agua potable.

Esos grupos, auténticos grupos residuales del ambiente paleolítico es como si se atrincherasen o se retirasen unos de otros. En ese sentido también podría pensarse que podría existir dialéctica de lucha entre ellos por los mejores refugios y posibilidades cinegéticas o de recolección.

En la Península Ibérica comenzó a hablarse de Arte Esquemático con el descubrimiento en el pueblo de Fuencaliente, Ciudad Real, de un lugar llamado Peña Escrita. Otros lugares emblemáticos de ese arte son los refugios cercanos al pueblo de Aldeaquemada en Jaén o el Barranco del Águila en Xátiva, Alicante.

Las representaciones pictóricas esquemáticas siguen lso eternos motivos del Paleolítico. Si son animales, los más representados son: ciervos, cabras, toros, caballos y perros. Acaso felinos y serpientes; si son signos se habla de signos ramiformes (abetos y compuestos), pectiniformes (en forma de peines y dobles peines), esteliformes (en forma de estrella), petroglifoides (grabados en la roca de formas circulares), tectiformes (formas cuadradas), escaleriformes (escaleras con círculos a los lados) y símbolos de útiles de labranza (carros, hachas, martillos), armas (arcos y puñales); si son figuras humanas se habla de figuras humanas estáticas y simétricas y si son asimétricas quedan asociadas a movimiento.

Referente al significado del complicado mundo esquemático habría que advertir en ello una serie de virtudes y una serie de defectos. También habría que estar muy atento al desarrollo de ese mismo arte en otros lugares que no fueran cuevas o refugios, en el ambiente de los poblados, por ejemplo. Ahora sería muy interesante seguir un estudio de los lugares precisos donde fueran hallados los primeros objetos de "protoescritutra" porque ésta se llega mucho más al pretérito  en el tiempo y, entonces, ¿qué relación existe entre ambos tipos de objetos, los del Arte esquemático y los que contiene escritura? Podría ser una relación directa, pudiera ser  que fuesen los mismo signos o pudiera ser que ninguna y que los caminos de difusión de la "protoescritura" tuvieran sus propias reglas, canales de comercio y divulgación, secretos profesionales. Incluso se podría buscar un estado para lo mismo otorgando a aquel, el Arte Esquemático a los grupos residuales del paleolítico y éste  -la protoescritura- a los lugares de civilización neolítica.

Ahora par seguir con estas breves líneas dedicadas al Arte Esquemático en la Península Ibérica nos fijaremos en unos asuntos concretos para desarrollar el significado de ese arte: la cosmología, la invención de la guerra y la información sobre aquella época.

Los signos de afinidad cosmológica son muchos, cualquier punto, cualquier raya quebrada o recta, cualquier círculo, cualquier musaraña o gamusino pictórico es una observación, algo que llamó la atención del artista, algo que sufre un proceso de abstracción por el mero hecho de pintarlo. Son observaciones que van de más simple a más complicada, de más cercan a más lejana. La Arqueoastronomía es lago que da mucho juego en ese sentido.

Unas veces son observaciones de fenómenos sorprendentes que entrañan miedo por un potencial de peligro como los truenos y relámpagos. Hay que fijarse en los dibujos o gravados de dobles espirales invertidas para el trueno, algo, un signo que más tarde se va simplificando y se usa como mera decoración en paredes, objetos, cerámicas y vestidos. Esto, por ejemplo, se usó mucho , simplificado, y a veces en dibujo rectangular, en el viejo "mundo clásico" griego y romano. No olvidemos que Zeus y Júpiter son los dioses del trueno y del relámpago. Para el relámpago, por ejemplo, se pueden usar los signos en zig-zag y la forma de sierra o escalera, aunque esto también podrías ser la representación de cauces de ríos.

Otro fenómeno curioso observado por los artistas esquemáticos son los eclipses. Para ello se usan dibujos de soles vanos y resplandecientes y soles macizos, oscuros en colores rojo o negro y un dibujo lunar que lo explica.

En cuanto a observaciones de fenómenos normales hablar de los dibujos esteliformes, en forma de estrella, uno de ellos muy común sería la representación del Lucero del Alba, o representaciones del cosmos, muchos puntos reunidos que serían las Pléyades. Otro fenómeno cercano representado es la sucesión de los días y las noches en diversos objetos (vasijas, ídolos placa), el computo de los años en forma de puntos rojos o lo más común, los dibujos en forma de peines que serían sin más el cómputo de los días del ciclo lunar.

Más tarde, o quizás al mismo tiempo e inmerso también en el tema de cosmología se produce lo que podríamos llamar una "confluencia de símbolos" -varios temas simbólicos en un solo dibujo- que se traduce en una serie de representaciones complejas, mapas, planos, dameros y animales.

Una de las más características es lo que siempre se llama el "Ciervo Esquemático". Se trata esto de una representación muy antigua, una figura que se esquematiza con los nuevos modelos y que queda en una figura de ciervo de cuatro patas, un tronco horizontal y una cornamenta. Esta figura que aparece ya en cerámicas orientales (Samarra) aunque en este caso como un poco fuera de lugar o importada es uno de los motivos versátiles más usado en el Arte Esquemático de la Península Ibérica. Así las cuatro patas serían las cuatro estaciones del año, el tronco horizontal sería el ciclo de un año y en las rayitas de la cornamenta vendrían a representar los días de una semana o de un mes, estos más de corte lunar. A esa "confluencia de símbolos" se sucede un proceso de idealización o mitificación que se completa con su uso continuado, una popularización del producto y acaso una fama o mundialización de lo mismo.

Además el ciervo, o la cierva como algunos investigadores consideran, también fuera utilizado como ídolo pictórico, símbolo de identidad para un lugar, la Península Ibérica y una época, principìo y parte de la Era de los Metales, mito y leyenda con afinidades de protección y buena fortuna para lugares, situaciones y personas.

Habría que preguntarse, así mismo, sobre si ese símbolo del "ciervo esquemático" consiguiera con su popularización y representación múltiple un nombre preciso o "mote" por el que fuera conocido por la multitud de las gentes. 

Otro lugar de "confluencia de símbolos" serían una especie de dameros compuestos por una serie de líneas, cuatro horizontales y cuatro verticales, que se cruzan para formar cuadrados, aunque existen representaciones más simples. Las cuatro líneas horizontales serían las cuatro estaciones del año y las cuatro verticales para los cuatro elementos o fenómenos naturales que caracterizan cada estación, o sea, tierra, agua, fuego y aire. Esa figura de damero poseería, entonces, nueve cuadrados que se remite escuetamente a la figura o símbolo de las gestación. Existen otros de esos dibujos, una seria más o menos amplia que podrían referirse a esa clase de pensamiento sutil, prefilosófico y por supuesto que podrían relacionarse con el nacimiento de a Escritura.

Los mapas son unos dibujos ya usados en el viejo Arte Paleolítico en las cuevas del Norte (Altamira) de contornos imprecisos que no representan objetos, ni animales, ni figuras humanas y que aparecen a la entrada de la cueva o refugio. Esos mapas vienen a significar el lugar donde está el refugio, la forma del mismo en su interior y una especie de "croquis" de cómo sus habitantes lo utilizaran -la mejor forma de hacerlo-. Existen varios de ellos en diferentes lugares de la Península. Pero el más característico es el que aparece profusamente representado en los famosos lugares de "petroglifos galaicos". El más común de estos es un grabado en rocas graníticas con una precisa o difusa forma circular concéntrica. Esas formas circulares no son más que pequeños planos o mapas del asentamiento o castro de donde serían originarios quienes lo fabricaron. Este símbolo más tarde se idealiza y representa el "castro ideal" o "ciudad ideal" de aquella civilización galaico-portuguesa, llega a decorar los escudos de sus guerreros "escudos de caetra" y es usado en tiempos históricos en monedas romanas.

Aunque las razones para la invención de la guerra en la Península Ibérica haya que seguir situándolas en el mismo lugar que para otras civilizaciones más importantes, o sea, en la construcción de poblados fortificados, murallas, torres, fosos y el reclutamiento por las autoridades de la ciudad de hombres especializados para la defensa y dispuestos a salir al campo de batalla, que duda cabe que todo ello se presentó en ese lugar la Península y a lo largo de muchas, muchas eras, revestido de un especial cuidado y significación.

Ahora en el marco de lo esquemático se puede conseguir una cierto secuencia que habla de lo mismo, pero a un nivel elemental y como si dijéramos en el campo contrario. Pensemos, por ejemplo, que éste arte puede ser coetáneo de construcciones magníficas y acaso ya de desarrollo guerrero como las murallas de los Millares en Almería.

Ya se dijo en otro lugar las desavenencias que existieran entre los primeros grupos que se adaptaron a las costumbres neolíticas, sedentarización, agricultura y ganadería, con los otros grupos que siguieron con las viejas costumbres paleolíticas de la caza, la pesca y la recolección estacional. Pues bien, parece ser que ese dato salta las lindes de los anecdótico y se convirtió en una auténtica y digamos nacional cuestión de principios. Lucha, pugna entre esas dos clases de gentes que se irradia hacia amplios espacios peninsulares y a lo largo de muchos, muchos siglos, desde Levante, si se pasas por la cuenca de los grandes ríos del sur, hasta Cádiz.

En la invención de ese triste hecho, la guerra, o sea, la pérdida de las antiguas formas de higiene y educación en el trasiego de los diferentes grupos por la novísima y singular forma de la lucha y disensión, guerra de guerrillas entre esos grupos debieron intervenir una multitud de causas y factores muy difíciles de elucubrar para el escrito presente. Para su demostración, sin embargo, traemos dos hechos escuetos: la aparición en el Arte Esquemático de las Figuras Itifálicas y el descubrimiento de una figura legendaria, un héroe de aquellos viejos tiempos.

Aunque esa figura, la itifálica ya existía en contadísimas ocasiones en el arte paleolítico, es sintomático que la figura humanoide masculina hubiera aparecido siempre en el arte parietal de una forma más natural y dentro de los esquemas del arte rupestre. La figura itifálica es una figura de hombre esquemático a la que entre las piernas se le alarga el trazo del centro. Existen así mismo figuras de este tipo itifálico que se mezclan con las anteriores y con claras connotaciones femeninas.

Se pudiera considerar entonces que aquella figura masculina de aspecto normal correspondiera en eras pretéritas a tiempos en los que reinase un secular ambiente de benevolencia y acuerdo entre los diferentes grupos, acuerdo propiciado por la dispersión de los grupos en territorios y paisajes, mayor abundancia de caza y productos naturales para la alimentación, ausencia de dialéctica entre gentes de refugios o hacia los poblados y una relevante figura femenina que actuaría de amortiguador  de intenciones. Todo ese ambiente de convivencia se habría ido complicando hacia los tiempos que ahora se llaman de la Edad de los Metales. Y sería precisamente ahora y a causa de un deterioro o crisis en las condiciones antes indicadas, un aumento en la demografía, el marcaje de los territorios cuando por aquí y por allá comienzan a aparecer en el ambiente rupestre las figuras itifálicas. Es el simbolismo de esas figuras, la representación en los diferentes refugios lo que ofrecería la clave para pensar en unos estados de abierta hostilidad, enemistad y odio entre los grupos, entre aquellos que todavía vivían en el monte y entre estos y los que habitaban en poblados.

Tomemos, por ejemplo los magnificos murales de figuras itifálicas en Peña Escrita, pueblo de Fuencaliente, Ciudad Real. Pero acaso ello no sería sino una perfecta demostración de fuerza de los hombres y mujeres que habitaron esos refugios o quizás un serio aviso para otros grupos enemigos o hacia los habitantes del poblado cercano. O quizás también un rito, aunque éste aprehendido de una diferente manera, una abstracción o pintura euforizante, para darse ánimos.Recurramos si no a cualquier otro mural para darnos cuenta de ello. Advertir, así mismo, en éste lugar la existencia de esas figuras de tipo itifálico femeninas.

Existen además otros murales con esa misma intención de la manifestación guerrera, uno en Lo Organos y otro en Vacas de Retamoso los dos en la provincia de Jaén que se refieren a lo mismo, pero en sentido contrario, o sea, como símbolos de la búsqueda de la paz. Se trata de unas escenas en las que aparecen dos mujeres bien preparadas y habilladas que parecen gatos. Esa escena se acompaña de símbolos de benevolencia y concordia como el ciervo esquemático y el arco y las flechas rendidos por el suelo. En estos casos las vibraciones son netamente diferentes que en el resto de los murales, se trataría acaso de una embajada de los hombres y mujeres del refugio que pretendían llegar a un acuerdo con las gentes del poblado para su posible integración en el propio núcleo urbano.

Hay que advertir, no obstante, que existen muchas clase de murales que narran pacíficas escenas de ambiente de agricultura y domesticación de animales en la propia pared rocosa y que serían , entonces, los habitantes del refugio quienes ya se dedicaran a esos menesteres desde antiguo. Existen, así mismo, otros dibujos sorprendentes como los relativos a hermosos barcos, pero ello habría que hacerlo coincidir con los inicio de la exploración en esos lugares por culturas de oriente, egipcios, fenicios y griego.

El segundo hecho  es el descubrimiento en la baraúnda de datos e imágenes, lugares y nombres de Arte Esquemático de una figura que puede aportar abundante luz  e información para los increíbles miles de años  en la Península Ibérica anteriores a la Historia. Se trata de la figura del héroe, algo que se va gestando a través de los siglos y las diferentes interpretaciones en cada lugar o región.

Para la configuración de esa figura se pueden recordar los dibujos en Altamira y otras cuevas del Norte en los que se representa una figura humanoide, de mujer o hombre, que parece sujetar o elevar en el cielo con sus brazos la Vía Láctea, Camino de Santiago. También recordar escenas de Arte Levantino en Cataluña en las que aparece la figura de un hombre o mozo alrededor del cual bailan las señoritas.

Pero el lugar donde mejor puede entenderse la formación de ese mito es en Pla de Petracos en Xátiva, Alicante, dibujos pertenecientes a los esquemas de Arte Levantino en su última fase. Se trata de los dibujos conocidos por "Los Orantes" y representan, sobre todo uno de ellos, Una figura humanoide con los brazos levantados y una boca muy abierta en actitud de gran exclamación. La escena aparece envuelta en profusión de sangre y a la izquierda se acompaña de la típica figura del "brujo de los cuernos" y debajo  unas líneas, nueve, por el hecho del embarazo, algo usado quizás por el propio brujo en su afán de curar. A los lados aparecen otros dos individuos que parecen sujetar al protagonista y hay otra figura, más pequeña sobre la principal.

Este es el preciso símbolo usado por el artista esquemático para representar al héroe del grupo sentenciado y masacrado por el enemigo, alguien que en la refriega cayera prisionero y el trato de muerte que sufriría alejado de su grupo. O quizás en el momento de la pelea. Es la imaginación supina del artista para provocar el recuerdo de los otros. Existen en ese mismo lugar otros dubujos que usan esos motivos.

La singular figura del héroe que termina a manos del enemigo se irradia más tarde hacia territorios cercanos y aparece magníficamente representada en lugares como el Barranco de la Cueva cerca de Aldeaquemada en Jaén, una figura cruciforme en color rojo oscuro con los brazos y las piernas en cruz que se continúan con los dedos de manos y pies. Cristo neolítico que aparece en otros diversos lugares como el Pozo del Ventorrillo en Jaén, un dibujo en expresivo color rojo de una hombre esquemático reticulado o la misma e interesantísima en la llamada "Cueva de la Diosa Madre" también en Jaén, que no sería sino uno de esos cristos al que acaso le habrían otorgado un trato especial, trato especial que vendría dado por curiosidad por alguna importante mujer, reina del lugar o jueza por los adornos que el artista le coloca a su héroe. Pero existen otras representaciones del mismo motivo como las del Valle del Otiñar, también en Jaén.

Acaso también en ese sentido de la representación del héroe se podrían nombrar las representaciones conocidas con el nombre de "Indalos" y unos grabados en piedra -petroglifos- itifálicos hallados en Tarifa, cerca de Cádiz en los que aparece la figura masculina itifálica con dos cruces a los lados.

Otros murales que nos hablan de los profundos cambios en la convivencia entre las gentes del final del Neolítico, Edad de los Metales son las que aparecen en grabado esquemático en la cueva del Barranco del Águila en Xátiva, Alicante, en las que se narran escenas de hombres a caballo que blandían armas metálicas y atacaban a otra clase de gentes para echarles de algún lugar, cómo después éstos se vengan y se llevan todos los caballos del poblado o la tribu rival.

Bien, secuencia progresiva de cómo debió transcurrir la convivencia entre los diferentes grupos de humanos en aquellos lejanos tiempos, unos sedentarios que vivían en pueblos y ciudades, otros en los refugios de la montaña. Lo cierto es que la mayoría de grupos renuentes acabarían sin más integrados en las estructuras de pueblos y ciudades con la consiguiente desaparición del Arte Esquemático. Aquí terminaría, entonces, el proceso de sedentarización en los espacios peninsulares, quienes se habían "quedado fuera" terminaron dentro. Y acaso habría que preguntarse aquí, después de ese tira y afloja milenario entre unos grupos y otros sobre en qué condiciones los recién llegados se adaptaron a las reglas de convivencia ciudadana o si no se adaptaron nunca y formaron su propio guetto o barrio a las afueras, gentes que más tarde y en cualquier parte del mundo serían llamados "gitanos" y a su barrio el "barrio de los gitanos". La leyenda, y representaciones  en zona de Tartessos así lo confirman, es que se dedicaron  como criados en las labores del campo y de mineros. Y es que fuera mucho tiempo después, en el siglo XV, cuando a esos barrios llegaron los Gitanos. En efecto, al aparecer los carros de los gitanos y pedir asilo en sus barrios, ellos solo tuvieron que desviar la culpabilidad de muchas leyendas y hechos, hacia los novatos y curiosos gitanos. Gentes aquellas que de hecho siempre habían estado ahí y que acaso les llamaran de otra manera, desde  que abandonaran el arco y las flechas, la sempiterna y auténtica vida de cazadores del neolítico por la comodidad y gregarismo de los ambientes urbanos.

Un último ejemplo dentro de los márgenes de cosas curiosas reflejo, acaso, del sentido del humor, el folclorismo y la buena salud proverbial de aquellas primitivas gentes. Se trata de una figura dentro del entorno del Arte Esquemático muchas veces repetida  del hombre que enseña sus dos manos con los cinco dedos en cada una y que suele acompañarse de representaciones de "ciervos esquemáticos". Aquí si que no es posible conseguir de ello cualquier sentido de mitos, religión o cosmológico pues no sería sino una señal de la habilidad de alguno, cuando la gente del refugio bajaban al poblado a afanar cosas para reponer provisiones. Habilidad suma de ese alguno que le habría permitido seguir con todos los dedos en las manos. En la Cueva del Bacinete, cerca de Tarifa, en Cádiz aparece otra de esas figuras muy rodeada y protegida de "ciervos esquemáticos" algo que representa la suerte, buena fortuna y protección para el hombre de las manos.

La costumbre de dejar mensajes en lugares recónditos, cuevas o refugios en la Península Ibérica continúa hasta la Edad Media. Sin embargo, según la cronología estandar para el esquemático, éste viene a terminar con el desarrollo de las culturas de la Edad de Hierro en ese entorno peninsular. Procesos como la plena sedentarización de grupos y gentes, la generalización de las labores de agricultura, ganadería  y comercio, el uso de la escritura para la comunicación y los negocios, la derivación del arte hacia grandes formas como la escultura y la fundición, propiciaran esa desaparición u ocultamiento.

De cualquier manera, en todos esos casos, de lugares, rescates arqueológicos, descubrimientos, es necesario advertir que todas esas pinturas, grabados e incisiones y su potencial simbólico y de información de aquella lejana época, pertenecen a los precisos lugares y gentes donde aparecieron, incluso podría pensarse que las gentes y tipos que las llevaran a cabo deben estar por ahí, en Fuencaliente, Aldeaquemada, Xátiva, Tarifa, mezclados con el flujo de gentes que habitan y habitaron esos pueblos u otros cercanos a lo largo de la historia. Nuestro respeto y agradecimiento a todos ellos.

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