Descubren varios petroglifos circulares en las cumbres de Cervantes, lo que demuestra que estas fueron paso de pastores desde la Prehistoria

La huella del hombre en las montañas de Os Ancares (Lugo) es milenaria. A día de hoy podemos intuir parte del pasado secular gracias a algunas construcciones y yacimientos tanto castrexos como romanos, pero desde los últimos años se ha evidenciado que el asentamiento humano en las cumbres gallegas ya viene del Neolítico y, además, con unos usos y costumbres que aún hoy perviven, como es el de la trashumancia del ganado.

Tenemos huellas del pasado visibles en poblados como Piornedo (Cervantes), con el conjunto de pallozas quizás mejor conservado de Europa; o de asentamientos castrexos como el de Santa María (recientemente declarado BIC); o la explotación aurífera que llevaron a cabo los romanos en los ríos de la comarca; y hasta el reciente descubrimiento de campamentos militares romanos o el tramo del trazado de la Vía XIX de Astorga a Lugo.

 

Pero en la última década se han producido varios hallazgos que muestran que esta parte oriental de Galicia y del noroeste de la península estuvo ocupada desde el Neolítico y la Edad del Bronce. Ha sido el trabajo del Colectivo Patrimonio dos Ancares el que ha permitido sacar a la luz restos megalíticos que explican mejor la historia de la comarca. Este colectivo acaba de comunicar a la Xunta la localización de un nuevo grupo de petroglifos en el municipio de Cervantes, en concreto en el paraje conocido como Río de Agua, situado a 1.310 metros de altitud, entre los montes de O Pico da Legua y O Teso de Acevedo, perteneciente a la parroquia de O Pando.

 

«No centro da parte superior dunha pena granítica lixeiramente inclinada, duns tres metros de longo por dous de ancho, foi gravada unha combinación de tres círculos concéntricos con coviña central cuxo círculo exterior ten unhas medidas aproximadas duns 30 centímetros de diámetro. En dúas esquinas da rocha tamén foron insculpidas dous grupos de dúas e catro cazoletas cunhas medidas que oscilan entre os 3 e 5 centímetros de diámetro», explica el historiador y miembro del colectivo patrimonial, Xabier Moure.

Tipo de figuras

Moure explica que las cazoletas que se hallan en la mayoría de los complejos rupestres gallegos no tendrían un único significado: «recipientes para ofrendas, lugares para recoller a auga que sería utilizada nalgún tipo de ritual, receptáculos para sacrificios, símbolos de carácter sexual feminino relacionados coa fertilidade, delimitadores de espazos sagrados ou relixiosos, etc. Como no caso das coviñas, os círculos concéntricos tamén son figuras enigmáticas, sendo obxecto de varias interpretacións: representacións do sol, escudos, ofrendas votivas, etc». En definitiva, señala, tendrían un significado simbólico-religioso de difícil interpretación «xa que ao tratarse dunha arte simbólica son para nós de natureza inintelixible e co único que xogamos son con hipóteses xa que este sistema de comunicación desapareceu xunto coas persoas que os xeraron, incluso cabe a posibilidade de que o seu significado só sería comprensible a determinados integrantes daquela sociedade da Idade do Bronce, hai uns 4.000 anos, período ao que corresponderían estes petroglifos».

Particularidades

Con el nuevo hallazgo de estos petroglifos, ya son veinte los grupos que el Colectivo Patrimonio dos Ancares llevan documentados en el concello de Cervantes, «case todos compostos por coviñas, excepto tres combinacións circulares, incluída esta, un semicírculo e a representación dun ungulado (pezuño de animal)». Pero Moure destaca como muy llamativo que en todos los municipios situados en la parte más oriental de la provincia de Lugo, limítrofes con Asturias y León, desde Ribadeo hasta Quiroga, excepto en Cervantes, la presencia de petroglifos es casi nula, documentándose solo un grupo por municipio en Ribadeo, A Fonsagrada, Folgoso do Courel y Quiroga. Además, como particularidad, los petroglifos de Cervantes se hallan en las zonas más elevadas; incluso uno, el de Mustallar, que fue grabado a 1.800 metros, se convirtió en noviembre del 2015, cuando fue descubierto, en el que más altitud de encuentra de Galicia, superando al petroglifo de As Arcas, en el concello ourensano de Manzaneda, a 1.770 metros de altitud. 

Fuente: lavozdegalicia.es | 6 de febrero de 2020

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