Foto: Un total de 30 expertos de diez nacionalidades diferentes reunieron a 300 arqueólogos e historiadores en la UHU.

 
Vía:huelvainformacion.es | S. C. | 1 de febrero de 2012

 
Tarteso existió. Esta es la conclusión más clara a la que ha llegado el I Congreso Internacional Tarteso, el Emporio del Metal, celebrado el pasado mes de diciembre en Huelva, como refleja en el Manifiesto por Tarteso (ver más abajo) que se hizo público ayer. Es una afirmación categórica sobre la existencia de este legendario pueblo y que lo avalan los intensos debates del congreso celebrados en la Universidad de Huelva con el objeto de desnudar la mítica civilización de Tarteso y desvelar su origen, hasta la fecha más cerca del mito que de la realidad. Organizado por la UHU, Tierra Creativa y la Caja Rural del Sur, con el apoyo de Atlantic Cooper, Petaquilla, Matsa y Emed Tartessus.

El manifiesto comienza con una reivindicación, destacando que España no se puede permitir renunciar a una parte de su patrimonio cultural, e indica que Tarteso no ha trascendido suficientemente los límites del conocimiento experto. Un vacío ocupado "de forma muy irregular por el imaginario colectivo que, a falta de datos de realidad, los suple con fantasías carentes de valor en la mayor parte de los casos". Insta a los investigadores a transmitir el conocimiento adquirido, las diferentes posiciones y las razones que apoyan sus criterios, "para que Tarteso deje de ser un territorio dominado por lo legendario y se convierta definitivamente en una propiedad colectiva". El manifiesto reconoce que no puede haber acuerdo entre los especialistas sobre la totalidad de los aspectos concernientes a Tarteso. Sin embargo, "es imperativo establecer las características generales que conciten acuerdo para marcar los fundamentos de la cultura tartésica". Pero también ve necesario enunciar los aspectos controvertidos, destacando la posición más verosímil, sus dificultades y alternativas.

En primer lugar, fija el nombre. En castellano se considera la forma correcta Tarteso; el territorio, Tartéside; sus habitantes, los tartesios. Lo más importante es definir qué es Tarteso. En esto el manifiesto lo sitúa "en la cultura del suroeste peninsular, confluyente con la presencia colonial fenicia, hechos que eclosionan en la brillantez y riqueza a las que aluden las fuentes literarias griegas con el nombre de Tarteso y, tal vez, alguna mención en las bíblicas".

Foto: Piezas de origen tartésico que se encuentran en el Museo Provincial de Huelva.

 
El manifiesto recoge que los testimonios arqueológicos dan cuenta de una gran diversidad demográfica en la citada confluencia: centros o asentamientos de directa creación colonial, a los que se incorporan contingentes autóctonos; o centros preexistentes de tradición precolonial al que se incorporan los colonos semitas con resultados, en la generalidad de los casos, de formaciones sociales de comunidades yuxtapuestas o híbridas en las que se documenta el uso de lenguas diversas. "Allí -revela- se decanta lo que se entiende por Tarteso, donde la influencia helénica, más o menos antigua, se intensifica en el último tercio del siglo VII. La aportación etnocultural indoeuropea se considera importante. Estos fenómenos, que tienen su desarrollo histórico en tiempos que remontan al siglo IX a.C., experimentan un amplio desarrollo en las centurias siguientes, fundamentalmente en los siglos VIII, VII a.C".

Todo lleva a Tarteso a situarlo en su periodo de esplendor (750-550) un territorio articulado en unidades políticas independientes al modo de ciudades-estado. Aun cuando no se puede identificar con certeza esas ciudades, se pueden sugerir de oeste a este Onuba (Huelva), Ilipla (Niebla), Spal (Sevilla), Asta Regia, Carmo (Carmona) y quizás más al este Corduba (Córdoba) o Ategua. Este espacio coincide con lo que tradiconalmente se ha considerado el Tarteso nuclear, desechando la idea de un territorio político unificado desde el Algarve hasta Cartagena.

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Foto: Reinterpretación del carro funerario y ajuar encontrado en la necrópolis de la Joya de Huelva, que evidencia el carácter urbano de la sociedad de Tarteso lo que implica la existencia de aristócratas.

 

MANIFIESTO POR TARTESO

 

MOTIVACIÓN

Ningún país debe renunciar a una parte de su patrimonio cultural; España no puede permitírselo. Tarteso no ha trascendido suficientemente los límites del conocimiento experto. Este vacío ha sido ocupado de forma muy irregular por el imaginario colectivo que, a falta de datos de realidad, los suple con fantasías carentes de valor en la mayor parte de los casos.

Los investigadores, conocedores expertos en este ámbito, tienen la obligación de transmitir el conocimiento adquirido, las diferentes posiciones y las razones que apoyan sus criterios, para que Tarteso deje de ser un territorio dominado por lo legendario y se convierta definitivamente en una propiedad colectiva.

Es obvio que no puede haber acuerdo entre los especialistas sobre la totalidad de los aspectos concernientes a Tarteso. Sin embargo, es imperativo establecer las características generales que conciten acuerdo para establecer los fundamentos de la cultura tartésica. Pero también hay que enunciar los aspectos controvertidos, destacando la posición más verosímil, sus dificultades y alternativas.

 

ORÍGENES Y CONCEPTO

En primer lugar hay que fijar el nombre. En castellano la forma correcta es Tarteso, el territorio Tartéside, sus habitantes los tartesios. En segundo lugar, hay que definir qué es Tarteso, asunto que se aborda en los párrafos siguientes. 

Tarteso es la cultura del suroeste peninsular, confluyente con la presencia colonial fenicia, hechos que eclosionan en la brillantez y riqueza a las que aluden las fuentes literarias griegas con el nombre de Tarteso y, tal vez, alguna mención en las bíblicas.

Los testimonios arqueológicos dan cuenta de una gran diversidad demográfica en la citada confluencia: centros o asentamientos de directa creación colonial, a los que se incorporan contingentes autóctonos; o centros preexistentes de tradición precolonial al que se incorporan los colonos semitas con resultados, en la generalidad de los casos, de formaciones sociales de comunidades yuxtapuestas o híbridas en las que se documenta el uso de lenguas diversas. Allí se decanta lo que entendemos por Tarteso, donde la influencia helénica, más o menos antigua, se intensifica en el último tercio del siglo VII. Por otra parte, la aportación etnocultural indoeuropea es asimismo importante.

Estos fenómenos, que tienen su desarrollo histórico en tiempos que remontan al siglo IX a.C., experimentan un amplio desarrollo en las centurias siguientes, fundamentalmente en los siglos VIII, VII a.C. Previamente se perciben procesos de jerarquización social y organización territorial, asociados a contactos tanto con las culturas avanzadas del centro y el oriente mediterráneos, como con el mundo atlántico, relaciones de difícil explicación por la parquedad de los datos arqueológicos. Según algunos autores en esta etapa pueden detectarse ya raíces de lo que será Tarteso. En este sentido, las primeras cerámicas de tradición micénica, ciertos materiales sardos, las “estelas del suroeste”, entre otros testimonios, se convierten en posibles indicadores de una articulación económica y social que será aprovechada por los colonos fenicios para el rápido y potente desarrollo de sus objetivos coloniales.

 

TERRITORIO Y ORGANIZACIÓN

Todo parece indicar que Tarteso, en su período de esplendor (750-550) es un territorio articulado en unidades políticas independientes al modo de ciudades-estado.

No podemos identificar con certeza esas ciudades, pero se podrían sugerir de oeste a este Onoba (Huelva), Ilipla (Niebla), Spal (Sevilla), Asta Regia, Carmo (Carmona) y, quizá,  más al este Corduba (Córdoba) o Ategua. Este espacio coincide con lo que tradicionalmente se ha considerado el Tarteso nuclear. La vieja idea de un territorio político unificado desde el Algarve hasta Cartagena, apoyada en algún texto literario y en la autoridad de Schulten, actualmente está desechada.

Esta estructura se proyecta por los territorios colindantes, dando lugar a nuevas unidades políticas que culturalmente algunos autores consideran asimismo partícipes dela Tartéside, como Conistorgis (Medellín) o Kastolon (Cástulo). Pero esto no significa que hubiera una unidad política y territorial de todos los espacios en los que aparece escritura, toponimia o materiales de origen tartésico. Al frente de esas unidades políticas hay un jerarca que se podría ejemplificar con el Argantonio de Heródoto.

El carácter urbano de esta sociedad implica la existencia de aristócratas, como se aprecia de manera espectacular en la necrópolis onubense deLa Joya.Lapresencia fenicia ofrece a esas aristocracias un nuevo lenguaje estético e ideológico que se engloba bajo la etiqueta de lo orientalizante, en coincidencia con los fenómenos similares y contemporáneos documentados en otras áreas, como Etruria, el Lacio, Grecia, Tracia y otras culturas en las que aparece contemporáneamente la ciudad como centro político regido por una clase aristocrática. 

La explotación de los recursos naturales, agrícolas, ganaderos y mineros, se realiza a partir de las relaciones sociales gentilicias que caracterizan la estructura social, aunque progresivamente la especialización laboral (ceramistas, metalúrgicos, canteros) irá disolviendo las relaciones de parentesco para favorecer el desarrollo de una sociedad organizada por las relaciones derivadas de la producción. Es probable que la desaparición de la cultura tartésica se produjera antes de que ese proceso de transformación social quedara culminado.

 

EL FIN DE TARTESO

Las circunstancias en las que se produce la desaparición de la cultura tartésica no son claras. Ya no se acepta la tesis de que Cartago fuera la causante de su destrucción, a pesar de que algunos estudiosos aceptan situaciones de conflicto bélico en relación con el final de esta cultura.

El hecho establecido es que a mediados del siglo VI a.C., se constata una disminución de la presencia griega en el suroeste y un cambio de agentes comerciales en Onoba. Aunque Gadir continúa su existencia, muchos de los enclaves fenicios se abandonan. Al mismo tiempo, se aprecia la concentración demográfica en menos núcleos que se configuran como grandes centros: Gadir, Malaka, Sexi, Abdera y Baria.

Mientras aumenta la población en los ámbitos periféricos, enla Tartésidenuclear se observa un decrecimiento demográfico unido a la consolidación de las estructuras urbanas hecho que permite aceptar la convención de que entonces da comienzo la cultura turdetana.

CODA

El esfuerzo realizado en las últimas décadas para comprender adecuadamente esta cultura ha sido extraordinario tanto por parte de las instituciones afectadas, como por parte de los estudiosos.

La encrucijada en la que se encuentra el análisis de esta cultura requiere una intervención decidida por parte de todas las administraciones públicas para promover la investigación arqueológica en los lugares que concitan acuerdo entre los expertos para recuperar restos verdaderamente innovadores. La dotación económica para excavar hábitats en extensión es una necesidad imperiosa para que el conocimiento sobre Tarteso logre dar un salto cualitativo.

Al mismo tiempo, las instituciones y los medios de comunicación deben intervenir para que Tarteso se convierta en un destino cultural, lo que puede favorecer sin duda el desarrollo económico de las áreas afectadas.

Finalmente, los responsables políticos y académicos deben cuidar para que Tarteso ocupe el lugar que le corresponde, como primera cultura letrada de la Península Ibérica, en el patrimonio cultural de nuestro país.

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Respuestas a esta discusión

Muchas gracias por el post, Guillermo y, sobre todo, por la reproducción del manifiesto! Ojalá no quede todo en agua de borrajas y las autoridades de este país empiecen a tomarse en serio la cuestión. 

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