Hola a tod@s. En primer lugar quisiera agradecer al grupo de Terrae Antiquae su admisión, y en segundo lugar que sepan disculpar la extensión de este comentario, que aún siendo resumido no he podido abreviarlo más.

He curioseado por algunos apartados de discusión que me he encontrado en Terrae Antiquae, algunas ciertamente interesantes, y me llamó especialmente la atención una en la que se citaban algunas opiniones del Dr. Carracedo, conocido por sus importantes trabajos y colaboraciones en asuntos de genética.

En líneas generales comentaba Carracedo que los estudios de genética humana no podían predecir sistemáticamente la carga étnica de una determinada población. Esto, si es cierta tal afirmación, es relativamente inexacto, puesto que los estudios de genética humana son en la actualidad multidisciplinares, abordándose tanto aspectos de cultura material como elementos lingüísticos, entre otras disciplinas asociadas.

De este modo, en un reciente estudio genético de Haak et al. 2011, sabemos que la LBK, por la tipología de haplotipos encontrada, tiene su origen en Oriente Próximo, talvez en el Norte de Irak, por lo que no podemos atribuir esta cultura material de estos colonos granjeros al pueblo que denominamos como indo-europeo. La presencia de los haplotipos J2a de Oriente Próximo (talvez quienes introducen las nuevas concepciones religiosas que se reflejarán en las construcciones megalíticas) y G2a de las regiones caucásicas, que vemos en Treilles, Ötzi y Deremburg, y que se registran también en Iberia (Lacan et al. 2011) en época megalítica (5000 a.C.), junto con el sorpresivo E1b-V13 que es hoy día dominante en los Balcanes, son los marcadores genéticos principales de estos colonos granjeros. Este diagnóstico explica perfectamente el orígen del megalitismo en Hispania, cuyos prototipos los encontramos en Palestina y regiones adyacentes como Irak, o el típico 'ojo de buho', con precedentes en Oriente Próximo, en la cultura de Vinca y de Cucuteni-Tripolje y que posteriormente vemos en Hispania y en la Europa Atlántica.

Esta interrelación de disciplinas nos lleva a concretar que los vascos no son el pueblo más antiguo de Europa (Balaresque et al. 2009; Klyosov, 2009), sino que su presencia en Iberia, llegados desde alguna parte del occidente asiático, puede datarse no más allás de los 3500 años, coincidiendo con la mutación de SRY2627+ en el marcador 49f observada en Pirineos, relacionado en cierto modo con la transmisión de las lenguas y que está escasamente representada en el Occidente peninsular (p.e. 0.6% en Galicia, 0% en Asturias); con la presencia del marcador 22, que es irrelevante en el Oeste peninsular y en Europa Central; y con la ausencia del llamado mt-DNA indoeuropeo de Helgason (U2 + U3 + U4 + I + W: cf.  Galicia 12.3%,  Cantabria 10.3%, España Central 4.4%, España Meridional 6.5%, Cataluña 26.6%, Portugal 7.7%, Irlanda 14.16%, Gales 3.3%, Cornualles 11.6%, Bélgica 6.3%, Francia 5.4%, Dinamarca 3.1%, Austria 9.4%, Suiza 8.4%, Alpes italianos 7.9%, Alemania meridional 12%, Alemania septentrional 4.7%,  pero con un 0.3% en Euzkadi); y, finalmente, con la penetración de la cultura de la urnas, que se caracteriza, precisamente, por poner fin a la indoeuropeización de la mitad oriental peninsular y no lo contrario. El tema vasco, está, pues relacionado directamente con la llegada de la lengua aquitano-ibérica, pues el actual territorio, Euzkadi, era céltico.

Sabemos que tras estos primeros colonos llegados desde Oriente Próximo, que se habrían superpuesto a una población pre-megalítica que en el occidente hispánico habrían introducido el trigo y la cabra doméstica (Zilhâo, 2004 y ss.), y que debemos atribuir a antiguos bereberes del Norte de África (y-DNA E-M81, mt-DNA U6a y U6b y entiéndase berebér como pueblo no semita, de orígen caucásico y asentados desde hace unos 25.000 años en el Norte de África), podemos detectar una nueva discontinuidad arqueológica, representada por la llegada a Iberia de colonos que acarrean el marcador genético R1b1b2-M269, mayoritario en la Península (sobre el 65%), arrastrando con ellos a grupos de emigrantes, como los que portan el marcador J2, J2a4b, J2a4h, J2b2 (7%, originarios de Oriente Próximo) y E-V33 (4%, originalmente bereberes asentados en las regiones carpáticas, Grecia y Balcanes orientales) y que conoceremos con el nombre de ‘el pueblo de los buscadores de cobre’, introduciendo la cerámica cardial y avances en la explotación agrícola, ganadera y minera.  

Pero será con la llegada de nuevos pequeños grupos de inmigrantes, hacia el final del Eneolítico, caracterizados también por portar R1b1b2, cuando se produzca un cambio sustancial en el occidente hispánico. Su llegada coincide con la mutación genética conocida como R1b-S116 (cf. Myres et al., 2010). Con ellos llegan clades como G2a3 y E-V27. El segundo berebér balcánico, el primero, G2a, y en particular G2a3, pertenece a pastores originarios del Cáucaso que acompanarán al ‘pueblo de las estelas’, asentándose principalmente en la mitad occidental de Iberia (10-13% Extremadura y Portugal; 8% Galicia, NW de Castilia-Leon, Asturias, Cantabria). Es curioso que el marcador G2a3 siempre aparezca en donde históricamente se sitúan las poblaciones célticas.

 

La discontinuidad arqueológica se hace muy palpable, puesto que coincide sincrónicamente con la introducción en el occidente peninsular de las estelas antropomorfas, estatuas-menhir y el enterramiento individual en dólmenes reutilizados (construcción abandonada por los colonos anteriores). Estas representaciones escultóricas y nuevas costumbre funerarias se distribuyen en gradiente cronológico, de mayor a menor antigüedad, desde el Norte de Mar Negro a lo largo del Danubio central sobre las cultura de Tripolje, Cucuteni, etc. hasta el Véneto y con prolongación, marítima, hacia la mitad Occidental de la Península Ibérica, difundiendose desde aquí hacia el Sur de Francia, los Alpes y Bretaña.

 

Estas gentes se conformarán como élites guerreras, a la vez que introducen nuevas creencias espirituales (enterramiento individual frente al anterior de tipo colectivo), adornos en oro y plata, unos vasos cerámicos muy característicos, cinceles, azadas y mazas rompecabezas de tipo Rechaba, el arco, ajuares de armas de cobre (puntas Palmela, puñales de espigo, muñequeras de arquero), la monta del caballo con fines bélicos, el carro, el culto al agua (con el lanzamiento de armas en los ríos), la idiosincrasia religiosa que se observa en época romana (y todavía hoy). No hay duda que las ‘estelas’ de Iberia (en territorios históricos que conoceremos como Lusitania, Vettonia, Oretania, Callaecia, Asturia y Cantabria), de Bretaña, de Liguria, del SE francés y de los Alpes se vinculan con la cultura de Kemi Oba caracteristica de las tribus Yamnani  (Kurgan) y por tanto con el mundo indoeuropeo. Es destacable también que en donde encontramos este tipo de arte estatuaria sea elevada la frecuencia de S116.

 

Derivada de la Corded Ware, aparecen los primeros centros de producción cerámica campaniforme y de aleación del cobre en el SW peninsular (Ria de Huelva) y estuario del Tajo. Aprovechaban las ventajas de los estuarios de las desembocaduras de ríos importantes para muchos de sus establecimientos (el Danubio, el Dnieper, el Loira, el Ródano, el Tajo, el Guadalquivir, etc.), y los propios ríos como vías de comunicación hacia el interior. Entre el 2600-2400  a.C. controlan las rutas del atlántico al mismo tiempo que ocupan el estuario del Ródano, ambas vias servirán como prologanción para su rápida expansión hasta alcanzar las Islas Británicas y Oeste Europeo, vía Galicia-Bretaña, y Europa Central y los Alpes en progresión hacia el norte del curso del Ródano (O. Lemercier, 2004:193-203):

 

“Where is the actual origin of the Bell Beakers we can trace until the Iberic Peninsula (confirmed by radiocarbon dating). And above all, why did this expansion follow two directions: along the Atlantic coast and the northern Mediterranean coast. The situation in Portugal in the middle of the third millennium, with the exacerbation of the characteristics of the final Neolithic (extreme density of sites, fortifications and building of monuments, social and individual markers) may constitute the only one answer to these two questions”.

 

Igualmente, S. Casini  y R.C. de Marinis, 2009: 61-92, coinciden, como O. Lemercier, en relacionar el megalitismo neolítico atlántico o Cultura Atlántica con el arte monumental alpino de las incisiones rupestres (petroglifos) y de las estelas antropomorfas. La unidad cronológica y ciertos tratamientos estilísticos comunes hablan a favor de un fenómeno unitario, y cuya difusión habría sido, contrariamente a la tesis tradicional, de Oeste a Este.

 

El movimiento poblacional se evidencia no sólo en la distribución comercial de sus mercancías, sino también en la difusión del subhaplogrupo S116, y en especial del nuevo marcador originario de Huelva R1b-Z196, hacia todo el área donde se manifiesta el fenómeno campaniforme. Este movimiento poblacional del campaniforme fue estudiado por la antropóloga J. Desideri (2008, 2010). En su impresionante estudio de piezas dentales procedentes de depósitos campaniformes, concluye, con respecto a la Península Ibérica, que el campaniforme no supone de ninguna manera una intrusión diferenciada entre la población megalítica y la posterior campaniforme. No hay indicios que sugieran una renovación o desplazamiento de la población a los comienzos del Campaniforme, manteniéndose una continuidad homogenea poblacional y presuponiendo que la aportaciones llegadas a Iberia a finales de la Edad de Cobre pertenecen antropológicamente a la misma tipología observada en la población precedente. Esta afinidad es también observable en el Danubio medio, tanto con la cultura que le precede, cerámica cordada, como la que le sigue, Unetiçe.

 

Basado en sus resultados, J. Desideri propone que el desarrollo del fenómeno campaniforme en la esfera occidental de Europa es el resultado del desplazamientos de individuos desde la Península Ibérica hacia el interior de Europa. El impacto biológico se puede registrar por lo menos en el SE de Francia, Suiza y posiblemente también en Hungría, y aún más al norte (Alemania merdional). Entonces, pequeños grupos de individuos, equipados con su material cultural y conocimiento, formaron las bases en esta región para la difusión de este fenómeno.

 

Será en este espacio geográfico dibujado por la cultura campaniforme donde podemos hacer coincidir en prácticamente su totalidad con la keltiké que los griegos nos transmiten. La Cultura Atlántica de intercambio de mercancías, del control de los centros de extracción de estaño, se vería abocado a emplear una terminología común para sus productos, materiales y objetos, para la designación de sus vías de comunicación, para el uso lingüístico vehicular de y con las élites. Bajo este concepto de ‘lengua franca’ que afecta a poblaciones étnicas diferenciadas, aparecerá lo que conocemos, primero, como la lengua indoeuropea que extraemos de hidrónimos y sus sufijos (primer signo de diferenciación dialectal), que será la base sobre la cual en el Occidente de Europa daría origen a la lengua protocelta.

 

Por último, queda un aspecto por señalar: El tema de la celticidad en Galicia y Asturias, sobre el cual el Dr. Carracedo no ha querido profundizar. Partiendo de la base que el término celta no implica etnicidad y que nace como lengua a partir desde donde se percibe la intrusión inicial de las élites guerreras y la difusión de S116 (particularmente del marcador Z196), esto es, en el SW y W peninsular, el conjunto del NW hispánico participa de todos estos elementos señalados. Pero hay una serie de rasgos que son característicos del área galaico-astúr cuya afinidad genética ha sido estudiada por Gómez et al. 2010.

 

La frecuencia del haplogrupo norteafricano y-DNA M-81 y mt-DNA U6 en esta zona es relativa, alcanzando un valor medio (de entre todos los estudios realizados) del 7% para el primero y del 1.3% para el segundo. Se detectan en las lenguas celtas atlánticas varios elementos lingüísticos que parecen indicar una relación con la lengua berebér: p.e. la complejidad de su sistema verbal, la pluralidad del plural, el orden sintáctico, etc (cf. Schrijver 2003, Kuhn 2005, Gearoid Mac Eoin 2007) “It owes, undoubtedly, to the Iberian influence exercised for E-M81”. Ello nos lleva a observar el comportamiento de los marcadores genéticos HLA, el dominante es AH7.1 (HLA-A3/B7/DR15) que alcanza altas frecuencias en Asturias y Galicia y que es muy frecuente también en el sur de Gran Bretaña e Irlanda, y AH44.2 que es típica de las regiones atlánticas:

 

“The matching of the dominant haplotype AH7.1 in Asturias and its high frequencies, also, in Galicia, Ireland and the south of Great Britain, seems to indicate a degree of communication and genetic interchange in this area, which corresponds to a Celtic cultural matrix/structure, even though this cultural entity/identity may not necessarily entail a racial entity/identity, and it would be necessary to investigate what is going on with many other markers (Gómez et al., 2010)”

 

En cuanto a los marcadores de Inmunoglobina “in the Galician population the most common phenotype, in contrast with the Basques, is the european GM*3 23 5* haplotype that represents 73% and the most common KM phenotype is KM (-1) (79.6%) and its corresponding KM*3 allele reached at frequency of 89.2% (c.f. Basques = 41.3%), which is within the range of European values. Galician population belongs to cluster C3 (like Netherlands, Belgium, Germany, Austria, Switzerland, France, Valencia and half Western Iberia). Basques belong specifically to cluster C” (Calderón et al. 2008).

 

No existe ningún indicio, ni arqueológico, ni lingüístico, ni genético que demuestre la existencia de una invasión centroeuropea, específicamente celta, durante comienzos de la Edad del Hierro o antes. Primero, porque resultaría muy difícil de explicar el cómo habrían sorteado la barrera formada, desde la época de las urnas, por el grupo aquitano ibérico; segundo, no se detecta discontinuidad arqueológica en el occidente hispánico desde el Bronce Inicial; tercero porque los dialectos celtas peninsulares son específicamente hispánicos y, tercero, porque genéticamente se constataría un marcador que confirmase su presencia, como, por ejemplo, podemos constatar la llegada de Suebos y Marcomani a Galicia (I1, I2b, I2b1, I2a, I2a1 suponen casi el 10%), de los bretones (R1b-S21+ representa un 3-4% del total de R1b en Asturias, Galicia y N. Portugal), de los Godos (Q1a3 = 2% en Galicia) o de Fenicios y Cartagineses  (J1, J1b, J1e = 3’5% en Galicia).

 

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Respuestas a esta discusión

pues no sé muy bien cómo se hace...

Es muy fácil. Ve arriba a "blogs" y se te despliega una pestaña donde te da varias opciones. Una de ellas es "Añadir artículo" o algo así. Además, puedes adjuntar archivos, vídeos, enlaces... Está muy bien, te va a enganchar Terrae Antiquae!! Bienvenida.

aha..ok, y ¿cómo elimino este?

Supongo que tendrás que editar el comentario y buscar la opción para eliminarlo... O si no puedes, configúralo para que sólo puedas verlo tú. Es cuestión de tiempo, ya te irás familiarizando con ello.

gracias.

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