Los neandertales de El Sidrón (Asturias) usaban 'aspirina' y un antibiótico natural

Una de las dentaduras con sarro analizadas, con restos del hongo 'Penicillium'. MNCN-CSIC.

La penicilina revolucionó la medicina al permitir combatir de forma eficaz las infecciones. Aunque su descubrimiento se atribuye a Alexander Fleming en 1928, desde la antigüedad diversas culturas conocían ya las propiedades antibióticas de algunas especies de hongos que sintetizan de forma natural penicilinas. Ahora, el análisis del sarro acumulado en la dentadura de los Neandertales que vivieron en el territorio que hoy es Asturias sugiere que ya hace 49.000 años se medicaban  utilizando uno de estos antibióticos naturales, el hongo Penicillium.

El ADN de esta especie de hongo ha sido detectado en placa dental calcificada, la más antigua analizada hasta la fecha. Asimismo, parece que los Neandertales -una especie de homínido que se extinguió hace entre 30.000 y 24.000 años- también conocían las propiedades analgésicas del ácido salicílico, pues los científicos han hallado en el sarro acumulado en su dentadura restos de ADN del álamo, un árbol cuya corteza, raíces y hojas contienen el ingrediente activo de la famosa aspirina.

"Probablemente paliaban el dolor y combatían las infecciones masticando hierbas mohosas que contenían esos hongos que producen los antibióticos, aunque lógicamente no los tendrían aislados", afirma Antonio Rosas, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y coautor de este estudio, publicado esta semana en la revista Nature. Se trata de una investigación internacional e interdisciplinar en la que también participan científicos de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), el Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-Universidad Pompeu Fabra) y la Universidad de Oviedo.

Esta investigación es la primera que demuestra la presencia de ADN de álamo y del hongo Penicillium, tanto en Neandertales como en homínidos aunque, según recuerda Karen Hardy (derecha), coautora del estudio, ya se sabía que los neandertales tenían un buen conocimiento de las plantas de su entorno y usaban algunas de ellas como medicinas. Hardy, investigadora de la UAB, lideró en 2012 el primer estudio sobre el uso que los neandertales hacían de ellas: "Encontramos milenrama o aquilea (Achillea millefolium) y manzanilla (Matricaria chamomilla), plantas con muchas cualidades medicinales. Propusimos que las usaban para automedicarse", explica a este diario.

Un botiquín en la naturaleza

La aquilea recibe su nombre de Aquiles, pues se dice que durante la guerra de Troya curó a muchos de sus soldados y al rey de Micenas con esta planta capaz de detener las hemorragias. La manzanilla es bien conocida por sus propiedades digestivas, aunque también es sedante, tónica y antiespasmódica. Por ello, el hallazgo en restos neandertales de un hongo con propiedades antibióticas y de restos de un árbol que contiene el principio activo de la aspirina no ha soprendido a Hardy: «Todos los animales se automedican», señala.

Según detalla Antonio Rosas en conversación telefónica, el estudio se inició con cinco individuos, aunque los resultados interesantes proceden de tres: dos de ellos encontrados en la cueva asturiana de El Sidrón y otro del yacimiento de Spy (en Bélgica), con una antigüedad de 42.000 años.

El yacimiento de El Sidrón, en la localidad asturiana de Piloña, fue descubierto en 1994 y desde entonces se han recuperado alrededor de 2.500 restos óseos pertenecientes a una docena de individuos: «Es muy singular porque han aparecido muchos restos en muy poco espacio», señala Rosas.

El sarro de los dientes conserva durante miles de años el ADN de los microorganismos que vivieron en la boca, los patógenos del tracto respiratorio o de los restos de comida que ingería un individuo. Por eso, a partir de su análisis se puede determinar también algunas de las enfermedades que padecían o los alimentos que componían su dieta. La comunidad de bacterias que hay en la boca, dice Rosas, varía en función de la dieta. En este estudio se ha comparado la comunidad de bacterias de los neandertales que vivían en Asturias y en Bélgica con la de poblaciones humanas y de especies animales como el chimpancé. También se ha reconstruido el genoma prácticamente completo de una bacteria (Methanobrevibacter oralis) de hace 48.000 años, el más antiguo obtenido hasta la fecha.

Excavación en la cueva asturiana de El Sidrón, donde se han recuperado restos de 12 neandertales de hace 49.000 años ANTONIO ROSAS/MNCN-CSIC

Setas, piñones y musgo en la dieta

Mientras en los dientes de los neandertales de El Sidrón hay restos de setas, piñones y musgo, en los de los belgas han hallado ADN de rinocerontes lanudos y muflones: "Nos ha sorprendido que no hubiera restos de carne en los dientes de El Sidrón porque en todos los yacimientos neandertales hay restos de animales. Debían comer carne, aunque en una proporción muy inferior a los del norte de Europa, que fueron tipificados como hipercarnívoros, con una dieta similar a la de un lobo o una hiena", dice Antonio Rosas.

La cantidad de carne consumida ha marcado la diferencia en la composición de la comunidad microbiana de la boca de los neandertales estudiados. La de los individuos de la cueva asturiana es parecida a la de los chimpancés y nuestros ancestros recolectores africanos, mientras que la de los neandertales de la cueva belga se asemeja a la de los primeros cazadores-recolectores y es bastante próxima a los primeros agricultores y humanos modernos.

Del primer individuo de El Sidrón, un varón adulto de entre 20 y 25 años, se conserva el maxilar y la mandíbula. Este neandertal tenía un absceso en uno de los dientes, que debía causarle dolor, un canino impactado (no salió y está dentro del hueso) y conserva el molar de leche. El análisis del sarro ha detectado secuencias del patógeno Enterocytozoon bieneusi, que en humanos causa problemas gastrointestinales, como fuertes diarreas. "Probablemente tenía una infección y dolor crónico", dice Antonio Rosas.

"Además, los incisivos y los caninos tienen desconchones de esmalte", probablemente porque retocaba los filos de los instrumentos de piedra con la boca, como si fuera una tercera mano. "Curiosamente habíamos encontrado también restos de bitumen, una especie de alquitrán natural que probablemente usaban como pegamento", detalla Rosas.

Los restos de las mencionadas plantas medicinales encontrados en sus dientes le habrían ayudado a paliar el dolor. El segundo individuo analizado en El Sidrón es una mujer adulta, joven, de unos 25 años aproximadamente.

En la misma línea que otras investigaciones recientes, este estudio confirma que los neandertales tenían un nivel de desarrollo superior a lo que hasta hace algunos años se pensaba en la comunidad científica: "Se presentaban como primitivos y retrasados pero, aunque eran una especie humana diferente a la nuestra, sus capacidades adaptativas y su cultura eran similares a la nuestra", afirma Rosas.

Fuente: elmundo.es | 8 de marzo de 2017

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Los neandertales tenían sus propias ‘aspirinas’

¿Y si los Neandertales no se hubieran extinguido hace 40.000 años en su último reducto del sur de la península ibérica? Los humanos modernos —los Homo sapiens— no seríamos excepcionales en el reino animal. No estaríamos solos. “Quizás no hubiéramos necesitado inventar dioses para explicarnos a nosotros mismos. Quizás incluso podríamos haber hablado y razonado con ellos. Quizás no los habríamos encerrado en jaulas, y les hubiéramos concedido derechos humanos y habrían podido votar en las elecciones”, reflexionaba el genetista Carles Lalueza-Fox (izquierda) en su libro Palabras en el tiempo (editorial Crítica), publicado en 2013.

Hoy, el científico presenta una investigación que avala la inteligencia de aquella especie humana desaparecida de la faz de la Tierra. Los Neandertales tenían su propio botiquín de plantas medicinales, según indica el análisis de la placa dental calcificada de dos individuos de la cueva asturiana de El Sidrón, de otros dos del yacimiento belga de Spy y de un quinto procedente de la gruta italiana de Breuil.

El ADN rescatado de la placa de uno de los Neandertales de El Sidrón sugiere que, hace 49.000 años, masticaba corteza de álamo, una fuente natural de ácido salicílico, el ingrediente analgésico de la aspirina. El individuo sufría un absceso dental, una infección con pus, según revelan sus restos fósiles. “La corteza no tiene valor nutritivo, ¿para qué iba a masticarla si no era para calmar el dolor?”, se pregunta Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva, en Barcelona. El neandertal, además, consumía Penicillium, un hongo con propiedades antibióticas.

Los resultados, publicados hoy en la revista Nature, respaldan los de otro estudio de 2012, que concluyó que los Neandertales de El Sidrón empleaban plantas como la camomila, que mejora la digestión, y la aquilea, con propiedades antiinflamatorias. La prehistoriadora británica Karen Hardy, de la Universidad Autónoma de Barcelona, es coautora de ambos trabajos. “Todos los animales del mundo se automedican. Los perros, por ejemplo, comen hierba para vomitar. Para mí, lo sorprendente sería que los Neandertales no se automedicaran”, reflexiona.

Las investigaciones de los últimos años han sepultado la caricatura de seres infrahumanos que perseguía a los Neandertales. Los miembros de la especie se adornaban con plumas vistosas, poseían una tecnología digna, cocinaban con fuego, enterraban a sus muertos y practicaban sexo con humanos modernos hace más de 100.000 años. “Los neandertales eran inteligentes y tenían un conocimiento ecológico que nosotros hemos perdido”, zanja Hardy.



La paleoantropóloga María Martinón Torres (izquierda) destaca otro aspecto del nuevo estudio, en el que no ha participado. El análisis de la placa dental muestra que la dieta de los Neandertales belgas se basaba en la carne. Ingerían animales como el rinoceronte lanudo y el muflón, característicos de la estepa fría que habitaban. Los individuos de El Sidrón, sin embargo, presentaban una alimentación más vegetariana. Sus dientes guardan restos de piñones, musgo y setas de su zona boscosa. “Esa diversidad de dieta retrata a los neandertales como una especie flexible, capaz de explotar diferentes recursos según las circunstancias y la disponibilidad”, sostiene Martinón Torres, del University College de Londres.

La investigadora recuerda que el antropólogo británico Chris Stringer (derecha) postuló en 2013 una hipótesis alternativa: que la presencia de plantas medicinales en los cálculos dentales de los Neandertales se podría deber a la ingestión de los estómagos de sus presas. Sin embargo, a juicio de la española, que los indicios de consumo de ácido salicílico y antibiótico natural se hayan encontrado solo en un Neandertal con un absceso dental “parece algo más que una bonita coincidencia”. En su opinión, “los Neandertales eran una especie que nada tenía que envidiar a los humanos modernos de su tiempo en cuanto a sofisticación y adaptación a su medio”.

El nuevo trabajo ha obtenido el genoma microbiano más antiguo hasta la fecha, perteneciente a una arquea de la especie Methanobrevibacter oralis, presente en la boca. Su análisis apunta que Neandertales y humanos modernos compartieron patógenos orales hasta hace 180.000 años como mínimo, tras haberse separado como especies hace 600.000 años. “El sexo es la mejor manera de pasarse patógenos”, explica Lalueza-Fox. En el estudio también ha participado Antonio Rosas, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).

La cueva de El Sidrón, en el concejo asturiano de Piloña (Asturias), se descubrió en 1994 y desde entonces ha ofrecido una colección de 2.500 restos óseos de al menos 13 individuos Neandertales de ambos sexos. Muchos tienen marcas de cortes. Hace 49.000 años, en lo que parece un acto de canibalismo de supervivencia, alguien reventó sus cráneos para comerse sus cerebros.

Fuente: elpais.com | 9 de marzo de 2017

 
 
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Comentario por Alicia M. Canto el marzo 10, 2017 a las 9:23am

Muy curioso. Me permito recomendar este estudio: "El paisaje del teónimo: Iscallis Talabrigensis y la aspirina (con addenda)" en Religión, lengua y cultura prerromanas de Hispania (actas del VIII Coloquio sobre lenguas y culturas prerromanas de la Península Ibérica, Salamanca, 1999), Universidad de Salamanca, 2001, pp. 107-134, especialmente sus pág. 123 ss. y 128 ss., donde abordé la importante pero normalmente olvidada pregunta de qué se curaba, y qué se veneraba, en lugares sagrados como El Saucedo (cerca de Talavera de la Reina), de un antiguo microtopónimo "Salicetum".

Aunque los álamos sean también salicáceas, el famoso ácido acetilsalicílico (componente básico de la popular "aspirina") se extrae más bien de la salicina de los sauces. Y no tiene nada de extraño que los primitivos conocieran por experimentación sus propiedades, que encontramos ya ampliamente documentadas en época grecorromana (Teofrasto, Dioscórides, Plinio...) pero tendrían un uso muchísimo más antiguo, como afortunadamente vienen a probar estos nuevos estudios. 

En el caso de El Saucedo, diez años después de aquellas hipótesis, en 2009, los estudios palinológicos vinieron a confirmar para la Antigüedad (espec. pág. 105) la elevada presencia de sauces, la vegetación muy húmeda, y una condición pantanosa (por obra del contiguo río Tajo, de varios manantiales, y del peculiar subsuelo), que habrían provocado un ambiente palúdico, con las clásicas fiebres tercianas que también curaban las hojas y flores de los sauces, como los antiguos habían sabido ver desde tiempo inmemorial (y más inmemorial aún con esta interesante confirmación).

Así que ahora sería interesante que los investigadores de El Sidrón completaran sus estudios con los correspondientes análisis polínicos. Suerte con ello.

Lo que está cada vez más claro es que la "aspirina" (el medicamento más utilizado de nuestros tiempos) no es un invento tan moderno...

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el marzo 10, 2017 a las 10:25am

La alimentación de los neandertales de El Sidrón: setas, piñones y musgo (vídeo)

Comentario por Salvador Cuesta el marzo 12, 2017 a las 11:58am

Muy interesante. En las ilustraciones del artículo se muestran neandertales vestidos de pieles, incluso de oso. Quizás fuera más adecuada esta otra ilustración del grupo de los 13 de El Sidrón, porque cazar osos para usar solo la piel no tiene mucho fundamento.

Aunque bastante bien fornidos los veo para una dieta tan frugal de musgo, setas y piñones. Ni tan siquiera visten de hojas. No sé si un neandertal podría sobrevivir con una dieta de chimpancé, pero al menos estos últimos llevan su pelo como abrigo y defensa de la intemperie. No me extraña que anduvieran a vueltas con la aspirina y el antibiótico que, en efecto, no son descubrimientos de hoy, sólo la culminación de un proceso de mejoras sobre una observación genial que hizo uno de estos el día que "descubrió" que mascando la corteza del sauce los escalofríos febriles se llevaban mejor, conocimiento que trasmitió. En realidad hace milenios que no descubrimos nada importante, todavía enciendo el fuego frotando dos piedras engastadas en un mechero.

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el marzo 13, 2017 a las 8:14pm

«El Sidrón va a seguir dando mucho más de sí»

Marco de la Rasilla, en su despacho del campus de El Milán, con una fotografía de la mandíbula con restos de corteza de álamo de uno de los 13 de El Sidrón. / MARIO ROJAS

Marco de la Rasilla (madrileño de 59 años, aunque lleva 34 de ellos en Asturias), profesor de Prehistoria de la Universidad de Oviedo y coordinador de las campañas que se realizaron en la cueva piloñesa de El Sidrón es uno de los investigadores que han participado en el estudio que acaba de ser publicado por la revista Nature y que, entre otras cosas, demuestra que, hace 49.000 años, los neandertales masticaban corteza y hojas de álamo, una fuente natural de ácido salicílico, el ingrediente analgésico de la aspirina y un hongo con penicilina. Uno de los individuos cuyo sarro se ha analizado, el sufriente de los 13 de El Sidrón, padecía un absceso dental, una infección con pus, según revelan sus restos fósiles. Y, para paliar los intensos dolores, consumía también Penicillium, un hongo con propiedades antibióticas. Pero es que, además, el análisis de individuos de cinco yacimientos demuestra que la dieta de los neandertales belgas se basaba en la carne y que ingerían animales como el rinoceronte lanudo y el muflón, característicos de la estepa fría que habitaban, mientras que los individuos de El Sidrón, sin embargo, presentaban una alimentación más vegetariana y sus dientes conservan restos de piñones, musgo y setas, propios de una zona boscosa.

Las nuevas revelaciones son fruto de la colaboración entre varios organismos, países y disciplinas.

Sí. Durante la excavación, nosotros sacamos un material de hueso que fue estudiado por los antropólogos. Y, durante la limpieza del material, se dieron cuenta de que en los dientes había sarro. Entonces, ese sarro se guarda y se envía a los laboratorios. Y ya en 2012, un primer estudio arrojó algunas conclusiones como que tomaron camomila, que mejora la digestión, y aquilea, que tiene propiedades antiinflamatorias. Además, se demostró que entre los dientes había surcos y restos de una conífera que habían utilizado como una especie de palillos y que vivieron en un ambiente de humo, como es lógico. Los descubrimientos van concatenándose y ahora este estudio supone un paso más del conocimiento sobre su comportamiento y su dieta. La gran ventaja es que hemos podido demostrarlo científicamente a través del ADN de ese sarro con presencia de piñones, musgo y setas.

Una dieta más vegetariana de lo que se pensaba.

Así es. Pero eso no significa que fuesen vegetarianos. Comían de todo. Lo que parece es que en los neandertales belgas se ha visto más ADN de carnívoros que en el de los de El Sidrón.

De hecho, su muerte parece fruto de un acto canibalismo en el que alguien reventó sus cráneos para comerse sus cerebros.

Eran caníbales, eso está claro. Lo que ocurrió fue que se produjo una adecuación al medio: aquí había más bosque y, por tanto, más vegetales, mientras que en la zona de la estepa del norte de Europa había menos. Aunque también es verdad que una parte importante de la información proviene de este individuo que tiene una infección en la boca y probablemente por esa causa comiese más vegetales. Además, tenía un patógeno gastrointestinal que le provocaba fuertes diarreas e inflamaciones en la zona biliar. Estaba muy pachucho.

¿Le ha sorprendido el conocimiento que tenían de este botiquín natural a su alcance?

Nada. Conocían el medio natural perfectamente y, además, veían a los animales. Como nosotros. Cualquiera que tiene perro ve que se purgan. Que, a veces, come hierbas y luego vomita. Pero es que, además, si te vas al mundo rural, aquí en Asturias, la gente conoce las propiedades de las plantas. Pues los neandertales ya las conocían al dedillo. Y otra de las cosas que hemos demostrado es que, como nosotros, utilizaban la boca como tercera mano. Pues ellos, con muchas menos herramientas, más. La utilizaban para afilarlas y para muchas más cosas. De hecho, hemos encontrado también betún en sus dientes, el pegamento de la época.

Este menor consumo de proteína animal, ¿pudo repercutir en su extinción?

No. Puede ser que los cambios climáticos afectasen a la alimentación, pero no hasta esos extremos. La extinción tiene causas mucho más potentes. Por ejemplo: muy poca variabilidad genética y unos grupos de población pequeños. Es decir: mucha endogamia y muy poca gente. Y, además, enfermedades, violencia como la derivada de ese canibalismo... Todo ese conjunto de cosas fue el que generó la extinción. O sea, que no parece que puede atribuirse a una causa, sino que son varias concatenadas progresivamente.

En lo que hay controversia es en la cronología de la hibridación con los sapiens.

Sí. Esos contactos sexuales se produjeron en la zona de Oriente Próximo. Lo que ocurre es que había gente que pensaba que los neandertales habían aguantado mucho en la Península ibérica. Pero aquí no había neandertales cuando que llegan los sapiens, hace 37.000 años: ni un neandertal. Aunque todavía hay personas que dicen que los neandertales se extinguieron más tarde.

¿El Sidrón está agotado o aún os depara muchos secretos?

Muchos. Esto va a a seguir dando mucho más de sí porque los estudios siguen. Tendremos muchas cosas durante mucho tiempo porque hay estudios abiertos en todos los frentes: genética, arqueología, antropología... La clave está en la interdisciplinariedad. Y, de hecho, esto es un magnífico ejemplo de que proporciona resultados.

Parece que se adornaban con plumas, cocinaban con fuego, enterraban a sus muertos, mantenían sexo con sapiens... y ahora esto. ¿Adiós a su visión de seres infrahumanos?

Sí. Para mí lo más interesante es que podemos dar una visión muy fina a partir de unos restos pegados a unos dientes. Poder saber que el individuo tenía un patógeno que le machacaba es interesantísimo. Sabemos que era un adulto, que tenía una infección en los dientes, que manejaba betún... Y todo esto nos da una visión extraordinaria. Es un individuo que ya está muy próximo mentalmente a nosotros. No es un hueso ni un ser arcano. Tenía sus dolores, buscaba soluciones, conocía el medio... A mí eso me parece inusitado. Igual que sabemos que la persona mayor del grupo, de unos 35 años, era una mujer pelirroja. Les estamos dando una forma humana. Viéndolos en cuerpo y alma.

Fuente: elcomercio.es | 13 de marzo de 2017

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el marzo 15, 2017 a las 11:01am

Un nuevo salto cualitativo en el estudio de nuestros orígenes

Los métodos y técnicas sobre biología molecular aplicados a la paleontología no dejan de asombrarnos. El salto cualitativo que se está produciendo en las dos últimas décadas es espectacular. Cómo han anunciado todos los medios, un grupo de genetistas, arqueólogos y paleontólogos, liderados por Laura Weyrich y Alan Cooper, acaba de publicar en la revista Nature sus investigaciones sobre el ADN del sarro de los dientes de varios Neandertales. El estudio del contenido del sarro depositado en los dientes de nuestros antepasados no es nuevo. Recordemos una publicación reciente sobre el contenido del sarro de los dientes del resto fósil más antiguo de Europa, encontrado en la sierra de Atapuerca. Pero las investigaciones publicadas la semana pasada en la revista Nature superan de largo todas las marcas anteriores.

Los investigadores han contado con muestras de sarro de cinco ejemplares Neandertales. Dos de ellos se encontraron en la cueva de Spy (Bélgica) a finales del siglo XIX. Otro ejemplar, mucho más reciente, procede de la cueva Breuil (Italia). Por último, se analizó el sarro de dos de los nueve individuos identificados en la cueva del Sidrón (Piloña, Asturias). Los resultados solo fueron positivos en los dos ejemplares asturianos y en uno de los Neandertales de la cueva de Spy. Los otros ejemplares tenían mucha contaminación por ADN exógeno y fueron descartados.

Algunos de los restos neandertales fósiles de la cueva del Sidrón (Asturias). Fuente: CSIC Comunicación.

Los Neandertales del Sidrón están datados en unos 48.000 años, mientras que los de la cueva Spy son algo más recientes. El yacimiento asturiano ha sido clave para la obtención de ADN de este grupo humano, gracias a su formidable estado de conservación y a las características peculiares del sitio. Y todo ello sin olvidar que la excavación ha sido modélica en lo que se refiere a la obtención de todos los fósiles en condiciones de asepsia. No cabe duda de que estamos ante un yacimiento que seguirá dando resultados sorprendentes en biología molecular de nuestros ancestros.

El artículo publicado en la revista Nature es un verdadero compendio de conocimiento sobre diferentes aspectos de la biología de los Neandertales. En primer lugar, sorprende el hecho de que el ADN del sarro del ejemplar de Spy y el de los individuos del Sidrón difieran de manera considerable en los que se refiere a los elementos que definen su dieta. Ya sabemos que el registro arqueológico sobre este aspecto es muy engañoso, si nos atenemos solo a lo que obtenemos en los yacimientos. Es habitual encontrar restos de los mamíferos grandes y medianos consumidos, mientras que el hallazgo de evidencias de la ingesta de vegetales es excepcional. Es por ello que hemos de guiarnos por la lógica para afirmar que todas las especies del género Homo han sido omnívoras y han comido lo que tenían a su disposición en el medio en el que vivían. El Neandertal de la cueva de Spy se alimentó, entre otras cosas, de carne de rinocerontes y muflones, como señala el registro fósil y ahora el ADN del sarro de sus dientes. Lo que sorprende es que los expertos no hayan encontrado ADN de especies animales en el sarro de los Neandertales del Sidrón ¿Acaso eran vegetarianos? La mejor respuesta es que aquellos humanos comían lo que tenían a su disposición. Si el ADN de su sarro revela que comían setas, piñones o musgo implica que una parte sustancial de su dieta estaba compuesta por los alimentos vegetales que conseguían en los bosques de la región. Pero estoy convencido de que aquellos humanos también consumían la carne de las presas de diferentes especies que caían en sus manos. Los miembros de la especie Homo neanderthalensis fueron grandes cazadores y solo en determinadas circunstancias tuvieron que reducir la cantidad de carne de su dieta. No olvidemos que los bosques ofrecen también alimentos tan variados como insectos, anélidos, aves, huevos, anfibios, etc.

Aclarado este punto, nos fijamos en otro aspecto de las investigaciones. Los/las lectores/as que tengan perros en su casa se habrán fijado que estos animales comen ciertas hierbas, si tienen ocasión para ello. Su instinto les lleva a consumir plantas con propiedades medicinales. Es por ello que podríamos esperar conocimientos similares en las especies humanas que nos han precedido. La diferencia con otros animales es que los Neandertales habrían consumido aquellos medicamentos naturales no solo por puro instinto, sino por conocimientos acumulados durante milenios. Pero había que demostrar ese aspecto de su cultura. Y los expertos que han analizado el sarro de los Neandertales lo han conseguido. Sencillamente impresionante. El abedul, como otras plantas, contiene ácido acetil salicílico, el principio activo que ayuda a mitigar el dolor, mientras que otras plantas contienen antibióticos naturales. Las dolencias bucales (excepto las caries) fueron comunes en las especies del género Homo. Quienes llegaban a determinada edad solían padecer periodontitis apical y abscesos. Esta dolencia, que cursa con infección grave, podía causar la muerte si no era tratada con medicamentos naturales. Aquellos humanos usaban la medicina natural para paliar sus dolencias, incluyendo la diarrea, como demuestra la presencia de ADN de la especie Enterocytozoon bieneusi, un parásito intestinal del grupo basal de los hongos.

Por último, y no por ello menos importante, la presencia de ADN de diferentes microorganismos patógenos en el sarro de los Neandertales abre la puerta a una nueva línea de investigación en paleogenética. La comparación del ADN de las especies que nos afectan en la actualidad con las de humanos como los Neandertales nos da pistas sobre las diferencias en la forma de vida entre unos y otros. Cada especie/población tiene sus propios patógenos en función del tipo de vida. Resulta curioso que los Neandertales del Sidrón compartían más especies de patógenos con los chimpancés que con los humanos modernos. La especie de arquea Methanobrevibacter oralis detectada en el sarro de los Neandertales tiene diferencias genéticas con la nuestra, que sugieren una divergencia de las poblaciones de este microorganismo hace unos 112.000-143.000 años. En buena lógica, y dado que nuestro respectivos linajes divergieron desde el punto de vista genético hace seguramente más de 700.000 años, se puede proponer que los Neandertales y los humanos modernos volvieron a compartir este microorganismo cuando se encontraron e hibridaron en el Corredor Levantino, en el intento de expansión de nuestra especie por el suroeste de Asia a finales del Pleistoceno Medio.

En definitiva, estamos inmersos en una nueva forma de estudiar nuestro pasado. El estudio de la morfología de los fósiles seguirá siendo sumamente importante para conocer el aspecto de nuestros antepasados. Pero la biología molecular ha dado un paso muy firme en el conocimiento de la evolución humana.

Fuente: quo.es | 14 de marzo de 2017

Comentario por Salvador Cuesta el marzo 16, 2017 a las 9:54pm

Es extraordinario el detalle que alcanzan las ciencias aplicadas en este caso. Otra cosa es no perderse en el bosque del detalle.

Comían de todo los de El Sidrón. Viviendo en un ambiente boscoso es razonable que un omnívoro oportunista coma más vegetales pero, uno, que tiene al neandertal de consumado cazador y carroñero en cualquier hábitat,  se sorprende también de la magra dieta vegetal que dicen los sofisticados análisis. Este individuo de El Sidrón parece que de carne, poca. Que haya poca carne entre los dientes de una máquina de cazar sugiere que, en efecto, el pobre  estaba tan “pachucho” que no recibía ni ración de sus compañeros y se tenía que conformar, como el sabio, de “las hierbas que cogía”. También es posible que todo el grupo estuviera pasando las de Caín por una falta generalizada de caza, cosa que ocurre a veces en la naturaleza, incluso hoy en día.  De ahí comer corteza de álamo y musgo, setas y piñones. En los países nórdicos, en épocas de hambruna, se extrae la corteza interna del álamo para hacer una harina, en Finlandia utilizan el musgo. El hongo penicillium es muy común en suelos húmedos carbonatados y nitrogenados y es el que se encuentra en las frutas maduras. Si se consumen vegetales de continuo sin lavar lo normal es que hayan dejado restos. Así que de ahí, de la magra y miserable dieta vegetal de un individuo que sueña con un hígado de oso, se deduzca que era casi vegetariano y que  usaba aspirina y antibiótico natural para calmar sus males creo que hay un poquito de precipitación.

Es muy posible que los neandertales dispusieran de los recursos naturales a su alcance para tratar ciertos males, con mayor o menor acierto; pero me pregunto si en este caso, en el que casi se sugiere que el enfermo está tratándose con específicos, cuando lo que puede estar pasando es que se esté muriendo de hambre, el uso de la botica era un conocimiento que ya se tenía o era uno que se estaba gestando con la cruel experiencia de la extrema necesidad.

 

 

Comer corteza de árbol es algo que llevamos dentro, cosas de nuestra ancestral familia.

HACE DOS MILLONES DE AÑOS NUESTROS ANCESTROS COMIAN CORTEZA DE ÁRBO...

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el marzo 18, 2017 a las 12:50pm

No le falta razón, amigo Salvador, en lo que apunta. Muy de acuerdo en ello. Ciertamente, el hecho de que se hubiera fijado en el sarro de los neandertales de El Sidrón restos del hongo "penicillium" puede significar también que debió comer grandes cantidades de elementos que lo portaban, y no es factible suponer (sin perjuicio de su conocimiento) que estuviera de continuo tratando de automedicarse con tal propósito, sino que, como bien señalas, muy posiblemente puede venir derivado de haberlo ingerido casualmente con profusión debido a las hambrunas que a buen seguro padecían en su existencia.

Un saludo

Comentario por Salvador Cuesta el marzo 24, 2017 a las 8:19pm

Gracias, amigo Guillermo.

Me llama la atención que este artículo y su desarrollo posterior adolezca de una información tan equívoca, asumida sin una sola crítica, de momento.  He repasado el artículo y no puedo estar menos de acuerdo en sus hipotéticas conclusiones, que estimo son una alambicada y dulzona reconstrucción de la cultura neandertal a partir del sarro viable en un solo individuo. Una hipótesis más sencilla, más real es la que apunté antes y completo: El grupo entero de El Sidrón pasaba por una larga época de penuria y escasez debido a una larga sequía que diezmó y alejó la caza. En los últimos meses sólo comían musgos, setas y piñones, alguna hierba. Para engañar al hambre roían cortezas interiores de  álamo, un tanto azucaradas. Esa estricta dieta de vegetales en crudo tuvo un enérgico efecto abrasivo sobre los dientes y se los dejó mondos y lirondos de cualquier otro resto que no fuera de las tristes plantas que comían, de ahí la ausencia de restos animales. Además la ingesta de estos vegetales en crudo, con diferentes grados de infestación por moho, le produjo a este individuo una grave peniciliosis (enfermedad que existe hoy en el extremo Oriente) que no es sino una micosis que afecta a los pulmones (de ahí las esporas de penicillium en la boca y dientes). Estaba el pobre tan en las últimas que sus colegas le abrieron la cabeza y se lo comieron antes de que se muriese  con menos sustancia. Al poco sucumbió todo el grupo, quizás los últimos neandertales de Asturias .  Sobre la dieta de los primitivos, que los médicos de la antigüedad creían que era vegetariana estricta, dice el tratado “De la Medicina Antigua” (med. siglo V) : “Muchos y muy terribles serían los sufrimientos de quienes, en su vida áspera y brutal, participaban de esa comida cruda, no preparada y dotada de enérgicas propiedades: los mismo que padecería el hombre de hoy, con violentos dolores y enfermedades seguidas de muerte. Es probable que antes sufrieran menos, pues estaban acostumbrados a injerirla, pero con seguridad sufrirían, aún entonces. la mayoría sucumbió a causa de su débil constitución, en tanto que los más fuertes resistieron más”

Así que de botica y vegetarianismo nada. Sin embargo se comprueba que la noticia ha traspasado fronteras y exagerada hasta el máximo, basta leer algunos titulares:

Los neandertales asturianos eran veganos La Nueva España - Asturias

Los neandertales asturianos eran vegetarianos y tomaban aspirina - El Confidencial

Los neandertales de El Sidrón comieron una dieta de piñones, setas silvestres y musgo, pero no carne” 20 Minutos.

“Neandertales asturianos se medicaban y eran vegetarianos” Asturias hoy.

Etc, etc, etc …

Sobre la penicilina. Ni tan siquiera soy capaz de imaginar a un neandertal llevándose a la boca la capa mohosa de una fruta podrida con la intención de atajar una infección bacteriana. No hay animal, por muy rastrero e inferior que sea que se coma un moho. La propuesta es, en sí, descabellada. La medicina hasta hace un siglo ha despreciado los mohos que se han considerado un elemento pernicioso siempre. Allí donde el moho habita hay muerte y podredumbre.   Me parece que la afirmación del sr. Rosas de que “combatían las infecciones mascando hierbas mohosas” es muy poco rigurosa. Más bien, en vez de combatir una infección bacteriana lo que podrían conseguir y de hecho conseguirían sería una micosis en toda regla o bien una intoxicación grave o mortal por las micotoxinas, producidas también por el género penicillium. Por otra parte el hongo penicillium, entre otros, también se desarrolla sobre cadáveres (cavidad bucal, por ejemplo)  y últimamente la antropología forense está poniendo atención en el estudio del desarrollo de los hongos para resolver crímenes.

La dra. Hardy dice que han encontrado aquilea y propone que la usaban para medicarse. Pero las hojas de aquilea se consumen también como alimento, así que no es desdeñable pensar que entre todas las plantas que se llevaban a la boca introdujeran una ensalada de hojas de rúcula, berros, aquilea o cualquier otra planta. Y hemos de tener en cuenta que casi cualquier planta tuvo una aplicación para la sanación. Lo de que para una mala digestión los neandertales se tomaran una tacita de manzanilla o mejor consumieran en bruto las flores no parece una propuesta muy seria, por lo amargas y nocivas que son. Y digo que parece una broma porque el mero hecho de hacer una manzanilla es un proceso que presupone que los neandertales estaban en los albores de la química, extrayendo principios activos por medio de la cocción.

Por último me llama la atención lo de los piñones. En el artículo de Nature se habla del Pinus koraiensis como la especie piñonera.  Curioso, porque este pino de montaña es originario del este de Asia. De hecho es el pino piñonero por excelencia de China, Rusia Oriental, sur de Corea y mar del Japón. Así que en vez de P. sylvestris, autóctono y piñonero, tenemos que hace 50.000 años en Asturias había un pino que hoy solo crece en tierras del lejano Oriente. ¿Es esto posible? A mí no me lo parece, pero el artículo lo firma gente que, o no caído en cuenta del detalle de que este pino no es autóctono o es que habrá que incluir entre la flora extinta de Asturias el Pino de Corea

De la misma manera el álamo Populus thiocarpa o álamo balsamero es una especie foránea, natural de América del Norte, de Alaska a Oregón.  

Por otra parte la seta localizada entre las fauces de este pobre neandertal, el Schizophyllun commune, de distribución universal, es la que crece en la madera podrida. Aunque no es venenosa tiene un nulo valor nutritivo, es  de carne elástica y coriácea. Se consume en los países tropicales porque por su textura no se pudre tan fácil como las setas carnosas. Con lo rica que es en setas Asturias, se tenían que comer la que menos vale.  Y en un pinar sería esperable que consumieran níscalos, por ejemplo.

El sr. Rosas nos dice también que han encontrado bitumen, una especie de alquitrán natural (asfalto). Pero  ¿Dónde hay alquitrán en Asturias? … ¿Hubo fuentes o pozos de alquitrán hace 50.000 años en Asturias? ¿No será alguna resina (de pino coreano)? ¿o bien hollín?.

Por todos estos detalles es por lo que no me gusta el artículo de Nature y las informaciones tan desmadradas a partir de ellas. Yo estoy por la plena rehabilitación plena del neandertal dentro de la humanidad pretérita pero el tratamiento que se le está dando a este sitio en concreto me parece falso, poco riguroso y distorsionante. Crea más sombras que alumbra certezas y eso no puede ser.

Comentario por Salvador Cuesta el marzo 26, 2017 a las 9:37pm

Voy a terminar estos apuntes:

Si supongo que estaban de sequía, no habría setas suculentas y entonces recurrían a las pocas que todavía crecían en los troncos de los árboles muertos.

 Mascar sarmientos de zarzas era el remedio que aconsejaba Galeno para curar los abscesos y úlceras de la boca “La propia saliva del enfermo acarrea hasta las partes ulceradas toda la astricción del vástago aún tierno y las contrae y remedia hasta encorarlas”. Luego de lavadas hay que mascar palo de regaliz y tragar la saliva dulzona. Mascar cortezas y sarmientos ha de ser un eficaz limpiador del sarro acumulado.

Algunas hormigas cultivan sus propios mohos para alimentar la colonia. 

El musgo del cual se alimentaban los neandertales de El Sidrón resulta ser el Phsycomitrella patens.  Este musgo es un colonizador primario de los lodos de las charcas pero aguanta bien las sequías. Si es conocido por algo es porque ha sido establecido como modelo para el estudio del desarrollo de las plantas, evolución vegetal y fisología. Su genoma fue totalmente secuenciado en 2006. Se cultiva in vitro en los laboratorios para dichos estudios de una manera continua y regular. No parece que tenga ningún valor nutritivo y lo cierto es que a primera vista en la naturaleza no parece muy apetecible, aunque in vitro tiene otra pinta.



Continúo con el artículo original de Nature. Se indican las otras especies de la fauna y flora que han encontrado en la cavidad bucal de los neandertales de El Sidrón  estudiados. He de decir que cuanto más avanzaba más me iba asombrando tanto de las especies animales como de vegetales que albergan los dientes de los neandertales de El Sidrón y también los de Spy. Me veo incapaz de discernir si la cosa se trata de una broma o de un artículo con todas las garantías para su publicación. El caso es que está firmado por 30 científicos (la mayoría de ciencias biológicas, hasta dentistas,  pero también entre ellos algunos antropólogos y prehistoriadores) y uno se ve un impotente para impugnar una obra colectiva. Expongo lo que he hallado sobre los restos de comida en la boca de estos neandertales de El Sidrón y Spy y si alguien lee esto, que cada cual saque las conclusiones que quiera al respecto:

Otro indicio de miseria y enfermedad que se une a los anteriores podría ser la presencia de otro hongo parásito, el Enterocytozoon bieneusi, que se cita haciendo hincapié en que le causaría a este individuo de El Sidrón una diarrea y dolor de tripas. Para remediarlo parece ser que se tomaba la manzanilla. Este parásito fue descubierto muy recientemente como agente patógeno en pacientes con SIDA. Los inmunocomprometidos, ancianos, diabéticos, trasplantados, famélicos, etc.. son sus víctimas. No es raro es que este individuo, tan débil, se hubiera contagiado al ingerir vegetales contaminados y beber de charcas sucias. “La transmisión del hongo se produce probablemente mediante la ingestión o inhalación de las esporas que se han eliminado por la orina y las heces de los animales o personas infectadas. Se ha encontrado un aumento en la frecuencia de casos de microsporidiosis en los meses de abril y junio asociado al aumento de temperatura y al contacto recreacional u ocupacional con depósitos de agua contaminada. También por la ingesta de vegetales regados con aguas contaminadas”.  Esta información nos da una pista de que los individuos de El Sidrón, agostados los arroyos frescos y las fuentes limpias, tenían que compartir las charcas con los animales para beber. 

No son los únicos hongos hallados. Encontraron también algunos, que no se han dado a conocer a la prensa, que me han dejado asombrado. Así tenemos dos hongos específicos del trigo: uno, el  Zymoseptoria tritici, hongo filamentoso, que produce una enfermedad en el trigo, como su nombre indica. Si no hay trigo no hay hongo, es específico del trigo. Según la wiki "The emergence and "co-domestication" of Zymoseptoria tritici was associated with an  adaptation to wheat and an agricultural environment. Endemic descendants of the progenitor of Zymoseptoria tritici are still found on wild grasses in the Middle East; however these "wild" pathogens show a broader host range than the "domesticated" wheat pathogen.

Otro de los  hongos hallado en la boca del inviduo de El Sidrón es  el Phaeosphaeria nodorum  que según la wiki es “is a major fungal pathogen of wheat (Triticum aestivum)”, el mayor hongo patógeno del trigo.

¿Cómo es que aparecen trazas de trigo (aunque sean sus parásitos) en la Asturias de hace 50.000 años y entre los dientes de un neandertal?

Otro hongo, este de sombrerillo y no menos insólito, que se encuentra en los individuos de Spy es el Myceliopthora thermopila, un ascomiceto que crece entre los 45-50º C - como su nombre indica -  sobre suelos y montones de heno y compost recalentados por el sol, un gran ayudante en la descomposición de la biomasa pues degrada la celulosa. Parece que tiene una interesada proyección industrial en el mundo de la producción de combustibles a partir de la biomasa.

¿Qué hace en la boca de un neandertal un hongo de este tipo? Recordamos que aparece en el sarro, luego tuvo que ingerir grandes cantidades de heno mohoso y recalentado para fijar una huella tan indeleble

Por si no tuviera desgracias este pobre hombre además tenía caspa. Sí, la presencia de otro hongo en su boca la delata. El hongo Malassezia globosa es el que causa la dermatitis seborreica del cuero cabelludo. Que aparezca en su boca, que no es su hábitat, debe de ser signo o de malas costumbres o del hambre fatal que tenía. Aunque también lo encuentran en la dentadura del hombre moderno.

Por último, la seta que consumían los neandertales de Spy es la Copripnosis cinereae. Otra seta miserable para comer debido a que es efímera (se licua pronto), su pequeño tamaño y su delicada consistencia. Pero es muy interesante desde el punto de vista científico porque, a diferencia de la mayoría de los hongos, C. cinereus puede completar su ciclo de vida (2 semanas) en el laboratorio. Su fácil cultivo en medios definidos sencillamente permite un amplio análisis genético y molecular.

La dieta de carne era, según el artículo, muflón (Ovis orientalis) y rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis). Sin embargo, en este dietario aparece la oveja (Ovis aries) y el rinoceronte blanco  Ceratotherium simum.

Por hoy no hay más. Desde luego si tuviera yo que pagar este trabajo todavía me estaban buscando. 

Un saludo.

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