El medio geomorfológico de Cádiz en la antigüedad y el canal Bahía-Caleta

                                                                 Bahía de Cádiz

La ciudad de Cádiz queda englobada dentro del marco geográfico que constituye la Bahía de Cádiz, cuya conformación paisajística está definida básicamente, por un lado, por la Sierra de San Cristóbal, que se alza como un cerro elevado de unos 124 metros de altura, constituyéndose en la cota más elevada de la Bahía gaditana. En el lado más meridional de la sierra se localiza una zona de terraza marina y antiguas playas de época cuaternaria. La zona litoral, que se extiende desde la población de Rota hasta llegar a la ciudad portuense, comprende una extensa zona de dunas, entre la que se intercala un área de acantilados que constituye la Punta de Santa Catalina. En el margen izquierdo del estuario del río Guadalete, hasta la zona conocida como el Bajo de la Cabezuela, nos encontramos con una amplia zona de marismas, mientras que de Cádiz a Sancti-Petri se nos presenta como un extenso manto dunar.


Las costas y su estructura están continuamente afectadas por determinados procesos geomorfológicos que van a variar su inicial configuración, lo que va a transformar los lugares de hábitat. Por ello, tenemos la imperiosa necesidad de conocer cómo han evolucionado las costas actuales en los milenios precedentes, para así tener un mejor conocimiento de la evolución humana de la zona. El área paisajística que conformaba la Bahía de Cádiz no es una excepción a esta premisa, y, por tanto, durante la primera mitad del I milenio a. C., el paisaje que conocieron los primeros pobladores semitas al arribar a nuestras costas era muy distinto al que conocemos nosotros en la actualidad. La permanente evolución a que estuvo sometido el paisaje de la zona de Cádiz, en momentos anteriores y posteriores de los tiempos protohistóricos, ha sido el motivo principal de esta transformación geomorfológica. De ella dijo Estrabón (Geografía III, 5):


"Sus habitantes son los que envían la flota más numerosa y compuesta de barcos más grandes hacia nuestro mar y hacia el del exterior; aunque no habitan una isla grande ni ejercen dominio sobre una parte considerable del continente de enfrente ni poseen otras islas, sino que pasan la mayor parte de su vida en el mar…”

No obstante, son muy pocos los escritos de los autores clásicos que nos describen de alguna forma cuál era la estructura paleotopográfica del área de la Bahía de Cádiz durante la antigüedad. En este punto debemos destacar la Ora Marítima de Avieno, basada en un antiguo viaje massaliota. Habrá que esperar hasta finales de la década de los años 90 del siglo XX para que se inicien estudios científicos con el rigor que el caso requería para poder conocer la evolución del litoral gaditano. Las costas del archipiélago gaditano se han visto sometidas, desde sus orígenes, a las oscilaciones del nivel del mar, además de la acción erosiva de las corrientes marinas, el oleaje, fenómenos sísmicos, así como la acción degradadora del ser humano. Todas estas alteraciones han afectado en gran medida al conocimiento y la evolución geotopográfica de las líneas de costa, lo que ha supuesto que no conozcamos con exactitud donde se hallaban determinadas estructuras urbanas, como el Portus Gaditanus, templos, salinas, o que se haya perdido importantes sectores de la necrópolis.


Por lo tanto, en la evolución de la estructura geomorfológica de la ciudad gaditana han influido, sobremanera, las formaciones dunares que han servido para cambiar su nivel superficial, los aportes aluviales del río Guadalete que alteraron el aspecto de la bahía en general y de Cádiz en particular, y por último los efectos causados por la erosión del mar, afectando principalmente la zona litoral abierta al Océano Atlántico como es el Campo del Sur y la Playa de Santa María del Mar.


Los autores clásicos fueron los primeros que en sus escritos dejaron constancia de la descripción del medio geográfico gaditano como Pomponio Mela (III. 46-47) nos narra:


“… cerca del litoral que acabamos de costear en el ángulo de la Bética se hallan muchas islas poco conocidas y hasta sin nombre; pero entre ellas la que no conviene olvidar es la de Gades, que confina con el Estrecho y se halla separada del continente por un pequeño brazo de mar semejante a un río. De lado de la tierra firme es casi recta; del lado que mira al mar se eleva y forma, en medio de la costa, una curva, terminada por dos promontorios, en uno de los cuales hay una ciudad floreciente del mismo nombre que la isla, y en el otro un templo de Hércules egipcio, célebre por sus fundadores, por su veneración por su antigüedad y por sus riquezas. Fue construido por los tirios; su santidad estriba en el hecho de guardar las cenizas (de Hércules); los años que tienen se cuentan desde la guerra de Troya. Sus riquezas son los productos del tiempo. En Lusitania está Eritía, que, según nos informaron fue la mansión de Gerión, y algunas islas más que no tienen nombres particulares...”


También Estrabón (III, V, 3) se refiere al entorno gaditano en los siguientes términos:


“…. junto a ellas hay dos islotes, a uno de los cuales llaman isla de Hera; algunos llámanlos también 'Stélai'. Fuera de las Columnas están las Gádeira de las cuales no dijimos más sino que distaban de Kálpe unos setecientos cincuenta stadios; se hallan cerca de la desembocadura del Baítis. Pero hay mucho más que hablar de ellas. En efecto, sus habitantes son los que navegan en más y mayores naves, tanto por Nuestro Mar como por el Exterior; y puesto que no habitan una isla grande ni dominan extensas tierras en la parte opuesta de la costa firme, ni poseen otras islas, la mayoría viven en la mar , siendo pocos los que residen en sus casas o están en Roma, podría pasar por la ciudad más poblada del orbe, pues he oído decir que en un censo hecho en nuestro tiempo fueron contados hasta quinientos caballeros gaditanoí, más que cualquier otra ciudad de los italiótai , excepto la de los pataouinoi ; a pesar de este número, su isla no mide más de cien stadios de longitud, siendo su anchura a veces de un stadio. En un principio vivían en una ciudad muy pequeña; mas Bálbo el Gaditano , que alcanzó los honores del triunfo, levantóles otra que llaman 'Nueva'; de ambas surgió Didýme , cuyo perímetro, aunque no pasa de veinte stadios , es lo suficientemente grande para no sentrise agobiada de espacio; efectivamente, en ella residen pocos, ya que la mayoría pasan en la mar gran parte del tiempo , o viven en la tierra firme frontera, y sobre todo en la vecina islita, porque ésta es fértil; tanto es así que, agradándoles el lugar, han hecho de la islita una como 'antípolis' de Didýme; pero en proporción son pocos los que habitan en ella y en el arsenal que les ha construido Bálbos en la tierra firme frontera. La ciudad yace en la parte occidental de la isla, y cerca de ella, en la extremidad que avanza hacia el islote, se alza el Krónion. El Herákleion está en la otra parte, hacia el Oriente, en el lugar donde la isla se acerca más a la tierra firme, de la que no está separada más que por un canal de un stadio de ancho. Dicen, además, que la ciudad dista del santuario doce millas; esto es, un número de millas igual al de los trabajos (de Heraklés); pero, en verdad, la distancia es algo mayor: tanta como es de larga la isla midiendo la longitud de ella desde su extremo occidental hasta el oriental…”


En este texto del geógrafo e historiador griego, al mencionar las Gadeiras se está refiriendo claramente a un conjunto de islas y nos las sitúa cercanas a la desembocadura del río Betis, hoy Guadalquivir;  también indica que sus habitantes residen en un espacio muy reducido en extensión y que prácticamente viven de espaldas a tierra firme. Así mismo, nos da la ubicación de los dos templos, el Kronion y el Herakleion, así como nos cuenta de cómo Balbo “el Menor” amplió el espacio urbano gaditano con la creación de la Neápolis, dando lugar a Didyme (la doble), haciendo alusión a la unión de las dos islas, o lo que es lo mismo, la antigua ciudad fenicia y la nueva ciudad romana. Estrabón en su relato se está refiriendo a la mayor de las islas del archipiélago gaditano, es decir, Kotinoussa, mientras que no menciona la menor, Erytheia, separadas ambas en tiempo atrás, por el estrecho canal Bahía-Caleta. Sí hace referencia, en cambio, a otra isla que no es ninguna de las mencionadas con anterioridad, y a la que no designa con topónimo alguno, a la que solo se refiere como la Antipolis y que ubica frente a Kotinoussa. El autor nos está describiendo cuál sería el hábitat del Cádiz de entre los siglos I a. C. y II d. C.. Siguiendo con las islas que constituían el mencionado archipiélago gadirita, Plinio en su Historia Natural (IV, 119-120), sí nos habla de la isla mayor a la que le da una longitud de doce mil pasos, por una anchura de tres mil de estos. También habla del canal Bahía-Caleta que las separa.


Mucha ha sido la bibliografía de diferentes épocas y autores que se esforzaron en transmitirnos una visión lo más acertadamente posible del entorno gaditano y sus islas. En esta línea, si tenemos en cuenta la descripción del istmo gaditano que hace el “Diccionario Geográfico Estadístico de España y sus posesiones de Ultramar”, redactado por Pascual Madoz, y publicado entre 1846 y 1850, podemos afirmar que Cádiz se trataba, en este tiempo, de una zona costera baja y de arenas finas, con una orografía de perfil llano pero de suaves ondulaciones, lugar donde proliferaban huertas, espacios industriales y centros artesanales, y así lo pone de manifiesto:


"… confina Cádiz por todas partes con el mar, excepto por el Este, que una lengua de tierra lo une a San Fernando. Su término alcanza hasta el río Arillo; y en él aunque por algunas partes es tan limitado que un tiro de piedra lo mide, y aunque el terreno es árido, pedregoso y arenisco, se ven varias huertas pequeñas, caseríos y ventorrillos...A pesar de que todo el terreno que hay desde la plaza de Cádiz y de San Fernando es arenoso y por consiguiente se ha conseguido a fuerza de trabajo estéril, hacer algunas huertas, que más sirven de recreo a sus dueños que de producto económico; y aún así sólo llegan estas partes cultivadas hasta la Cortadura de San Fernando, porque agolpándose ya desde aquí los dos mares sobre el istmo, apenas dejan de tierra por algunos puntos más que el arrecife (camino elevado sobre taludes artificiales)".


Tal vez fuera esta una descripción útil del istmo gaditano para su época, pero lógicamente muy alejada de lo que sería la fisonomía del Cádiz antiguo.  En 1971 los estudios de J. Gavala, a través de su obra “El origen de las islas gaditanas” ya probaron la existencia de un archipiélago en la antigüedad, lo que corroboraron estudios posteriores. Habrá que esperar al año 1972 para que Francisco Ponce Cordones hablara por vez primera de la existencia en la antigüedad del conocido hoy como Canal Bahía-Caleta, sesgando el casco histórico de la ciudad en dos, y dando lugar a las dos islas que relatan los autores clásicos; la isla menor que recibía el nombre de Erytehia, Afrodisias o de Juno, y la mayor Kotinussa, (isla de los acebuches). Existía una tercera isla, la Antípolis, que se correspondería con el conocido como Cerro de los Mártires en San Fernando.


Según los historiadores y geógrafos griegos, en la antigüedad, el primitivo enclave fenicio de Gadir, se hallaba en la menor de estas islas. Esta isla menor o Erytehia constituía aproximadamente algo más del norte del casco histórico del Cádiz actual, y donde según autores, como Estrabón o Plinio, se situaba el hábitat fenicio primitivo. Frente a esta isla menor se hallaba otro espacio insular de mayor tamaño y forma alargada, Kotinoussa, que se extendía hasta la llamada “Punta del Boquerón”, frente al islote de Sancti-Petri. En esta isla se ubicaba la necrópolis, que, como ocurría en época antigua, estas se establecían en lugares alejados de las zonas de hábitat. Esta isla era poco apta para el cultivo y las actividades agrarias al constituirse en una zona arenosa y por tanto poco fértil, salvo algunos lugares de huerta cercanas al área urbana. No obstante a lo largo de este espacio insular, que constituía la isla mayor, brotaba un extenso bosque de acebuches u olivos silvestres, de ahí el nombre dado por los griegos, como refleja Plinio en su Historia Natural (IV, 120), haciendo referencia a una antigua noticia de Timeo. En este lugar de la ciudad de Gades, durante la época romana, se había constituido ya una extensa necrópolis que discurría paralela y a ambos lados de Vía Augusta. Este amplio espacio, que abarcaba varios kilómetros, alternaba extensas zonas de enterramientos con incipientes espacios destinados a otros usos, como podían ser zonas industriales dedicadas a la industria pesquera y sus derivados, algunas zonas agrícolas o espacios de hábitat, como la Villa romana encontrada en los terrenos de los antiguos Cuarteles de Varela, hallada en relación a doscientos noventa y seis estructuras funerarias datadas entre los siglos III a. c y III d. C. Esta villa presentaba una cronología de los siglos II y III d. C, la cual se encontró a una cota de 2,5 metros de profundidad, tenía unas dimensiones considerables (40 metros de longitud) y contaba con un atrio y varias estancias.

                                                          Vista villa romana

Algo más próxima al núcleo urbano de Gades, y también en una zona de gran densidad de enterramientos, en la c/ Juan Ramón Jiménez, apareció lo que parece ser otra villa, de menor tamaño, de época Julio Claudia, es decir, de finales del siglo I a. C., a la mitad del siglo I d. C. La tercera de las islas gaditanas Antípolis, era un lugar de gran interés, dado lo prolífico de sus campos, convirtiéndose en una zona de abastecimiento de diversos productos agrícolas.


Entre las islas de Erytheia y Kotinoussa se extendía el canal. El recorrido del canal era simple, así entrando desde la puerta del actual muelle, discurría por la Plaza de San Juan de Dios, c/ Pelota, Plaza de la Catedral, c/ San Juan, hasta terminar en la Playa de la Caleta.

                                            Vista aérea del Canal Bahía-Caleta

Teniendo en cuenta estos datos Francisco Ponc, elaboró una hipótesis que permitió, no solo identificar, si no también asociar la información que aportaban los textos clásicos, a espacios concretos de la ciudad. Esta hipótesis significó el punto de partida para conocer la morfología del Gadir que conocieron los fenicios en la antigüedad. A partir de esta teoría emitida por Ponce se sucedieron diversos estudios por parte de distintos investigadores que aportaron su granito de arena en esta cuestión. En relación a esto, diversos estudiosos como Juan Antonio Fierro, Ramón Ramírez o Ramón Corzo, entre otros, en los años 80, llevaron a cabo diversos trabajos de síntesis historiográficos que contribuyeron, en gran medida, a un mejor conocimiento geoarqueológico del entorno gaditano en general y del canal en particular.


Diversas actuaciones arqueológicas llevadas a la práctica en distintos solares de la ciudad (c/ Regimiento de Infantería, c/ Cruz, Plaza de la Libertad o Antiguo Teatro Andalucía), sacaron a la luz diversos datos que dieron a conocer mejor la morfología y proceso de colmatación del Canal Bahía-Caleta. A pesar de los conocimientos existentes sobre el mencionado canal, aún faltaba por determinar su trazado exacto y la evolución del mismo, si era o no navegable en sus diferentes puntos, las fases de colmatación y el inicio de esta. En el año 2001, un grupo de expertos compuesto de geólogos y arqueólogos llevaron a cabo un riguroso trabajo de investigación con el objetivo de determinar el perfil del Canal Bahía-Caleta que en época antigua dividía en dos la actual ciudad de Cádiz. El mencionado equipo lo formaban cuatro geólogos de la Universidad de Bremen (Alemania), dos arqueólogos de la Universidad de Sevilla y diferentes técnicos de Cultura y Ayuntamiento de Cádiz. Los primeros datos de este proyecto geoarqueológico aportado por los Doctores Oswaldo Arteaga, Horst D. Schultz, Martin Kolling y el resto del equipo no hizo más que confirmar la ya evidenciada existencia del canal mencionado por Ponce en 1972.


Los datos más interesantes de este estudio vinieron a indicar como el Canal Bahía-Caleta empezó a cerrarse hacia el año 4500 a. C., se colmató en unos 200 años dejando en sus sedimentos diversos fragmentos cerámicos que datan del siglo IX a. C. De los sondeos practicados se localizaron los rebordes del Pleistoceno, de un espacio interinsular (el Canal) que servía de separación de la isla menor y la mayor del archipiélago gaditano. La mencionada colmatación se inicio por la zona de la playa de la Caleta, en torno al año 4500 a. C., configurándose, a partir de este momento, un profundo puerto alargado, abierto hacia la zona del puerto y con un cierre arenoso en la zona del barrio de la Viña. La zona de entrada del mar sería una zona de aguas tranquilas, que podía constituir un área portuaria en época feno-púnica. De los sedimentos obtenidos en las prospecciones practicadas se han documentado diversos restos de material cerámico que cronológicamente abarcaría del siglo IX a. C. hasta el siglo IV a. C., en una estratigrafía continuada.

En relación a la paleotopografía y antiguas líneas de costa, se desprende, del referido estudio, que hace 6500 años Cádiz era un archipiélago formado por varias islas. Entre estas islas existía una de menor tamaño, ubicada alrededor del promontorio de la Torre de Tavira, separada de otra isla mayor, de forma alargada, que se prolongaba con un brazo de tierra hasta el actual municipio de San Fernando. A su vez existía otro pequeño islote ubicado entre la mayor y la menor de las islas que se localizaba en las proximidades de la actual c/ Flamenco de la capital gaditana. Pero además de las referidas islas existían, antes de la colmatación referida, diversas pequeñas islas, tanto al norte como al sur. Hace 3000 años, e inmediatamente anterior a la presencia fenicia en las costas gaditanas, se produjo un desgaste erosivo de los rebordes de dichas islas de cara al Atlántico que trajo consigo la desaparición visible de muchos de estos islotes, así como la formación de barreras arenosas en los espacios interinsulares situados entre las dos islas principales, que ya se habían formado en torno al 6.200 a. C., trescientos años después de la formación del archipiélago, haciéndolo de forma rápida, conectando muchos de esos espacios interinsulares del primitivo archipiélago.


Luego el taponamiento del canal se inició antes de la época fenicia, así cuando los fenicios arribaron a la costa gaditana, existían dos grandes ensenadas, una que se abría hacia el Atlántico (La Caleta), y otra, más profunda, hacia la bahía, dando lugar a una zona ideal de resguardo para la navegación y para la actividad portuaria, y que se situaba en la actual Plaza de la Catedral de Cádiz, suficientemente profundo para navegar y para el desarrollo de la actividad portuaria en las inmediaciones de la zona llamada Puerto Chico.

                                 Restos del Puerto fenicio. Cueva del Pájaro Azul

El canal a lo largo de su recorrido albergó un puerto o muelles, así como complejos industriales, lo que hizo que el canal se convirtiera en el destino final de toda clase de desechos facilitando el freno del flujo y reflujo de las mareas lo que contribuyo a su colmatación. Hace 2000 años, durante la época de Augusto, la fisonomía paleotopográfica habría cambiado por completo debido a los efectos de la erosión que cambiaron la línea costera antigua, perdiéndose hasta unos 600 metros. Hace 1000 años, se produjo una formación lagunar en torno a la Plaza de San Juan de Dios de la ciudad gaditana poniendo fin a la descripción de la transformación paleotopográfica del entorno gaditano. 


En época romana las dos islas principales, que antaño estuvieron separadas por el canal, quedaron por tanto unidas, causa por la que Estrabón solo nos menciona en su texto dos islas, sin referirse para nada al canal Bahía-Caleta. Por tanto, la isla menor fue el lugar donde se establecieron los primeros fenicios que arribaron a Cádiz y el lugar de su fundación (yacimiento arqueológico de la C/ San Miguel).

Debido a sus reducidas dimensiones, la ciudad debió adaptarse a ello, siguiendo el modelo de otras fundaciones, como la propia Tiro, metrópoli fundadora, Cartago, Mogador o Motya.

A pesar de que los enterramientos fenicio-púnicos, cuando aparecen lo hacen en la mayor de las islas, si es cierto que han aparecido algunos correspondientes a esta época, en los aledaños de la isla menor, como los restos pertenecientes a los siglos III-II a. C., que aparecieron en un solar contiguo a la Facultad de Filosofía y Letras. Por tanto, durante la época antigua, los habitantes de Gadir/Gades, no tuvieron más remedio que adaptarse a un reducido espacio urbano, que no era otro que el que ofrecía la menor de las islas, o sea, Erytheia, y así hemos dejado constancia en el texto de Estrabón (Geografía III, 5,3).


Los hallazgos del yacimiento del solar de la c/ San Miguel, nos deja claro donde se ubicaba el primitivo núcleo fenicio, a falta de determinar sus límites. Para el caso de Gades existe la teoría, de que esta ciudad no traspasaba en sus límites del actual casco histórico; dicho de otro modo, que el límite entre intramuros y extramuros lo marca las actuales Puertas de Tierra, quedando Gades contenida en intramuros. Pensar de esta manera sería un error, ya que actualmente desconocemos con precisión, no solo los límites, sino también la localización del Cádiz romano. Y esto nos plantea un problema a la hora de fijar la frontera entre el núcleo principal de hábitat y su necrópolis. Vamos a suponer que Gades no fuera más allá del actual casco antiguo de la ciudad, dentro de este, ¿cuál serian estos límites?, algo que hasta hoy se desconoce con exactitud, siendo varios los enterramientos de época romana hallados en el casco histórico, como en la c/Ancha, concretamente de época republicana o una treintena de enterramientos de época alto imperial en la Plaza de San Antonio, por citar algunos.

Francisco Javier Jimenez Martinez

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