Hallados en Marruecos los restos de los primeros 'Homo sapiens'

Restos de una mandíbula hallados en Jebel Irhoud (Marruecos). JEAN-JACQUES HUBLIN, MPI EVA LEIPZIG

La cuna de la humanidad se desplaza a Marruecos. Un equipo de científicos ha descubierto en el yacimiento de Jebel Irhoud restos humanos de 300.000 años, que atribuyen a los orígenes de nuestra especie. Hasta ahora, los primeros Homo sapiens aparecían de repente en la historia, como caídos en un paracaídas hace 195.000 años sobre algunos puntos de Etiopía.

El yacimiento marroquí se conoce desde 1960, cuando unos mineros se toparon con cavidades habitadas en el Paleolítico. Entonces se desenterraron varios fósiles humanos, asociados a afiladas herramientas de sílex. Los restos se dataron en 40.000 años y luego en 160.000 años. Ahora, un equipo dirigido por el paleoantropólogo francés Jean-Jacques Hublin ha hallado más fósiles humanos, incluidos fragmentos de una calavera y de una mandíbula. Una nueva datación, con las últimas tecnologías, apunta a que estas personas vivieron hace unos 300.000 años.

Los restos de Jebel Irhoud sugieren que la cara de aquellos humanos pasaría desapercibida hoy en cualquier calle. Su cráneo, sin embargo, era achatado, no alto como el de los humanos modernos. “Los llamamos Homo sapiens porque pertenecen a los orígenes de nuestro linaje. Pero no pretendemos que sean humanos modernos, gente como nosotros, porque su cerebro todavía tenía que evolucionar hasta ser como el nuestro. ¡La evolución existe!”, explica Hublin, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig (Alemania).

Foto: El paleoantropólogo francés Jean-Jacques Hublin posa con una calavera del Homo Sapiens descubierta en Marruecos. AFP.

El nuevo hallazgo, que se anuncia hoy en la revista Nature, sugiere que la emergencia de los Homo sapiens llegó tras un proceso evolutivo que implicó a todo el continente africano. Otro cráneo fósil, descubierto en 1932 en Florisbad (Sudáfrica), ha sido datado provisionalmente en 260.000 años. Con los fósiles que hay hoy sobre la mesa, la comunidad científica sostiene que los Homo sapiens  surgieron en África a partir de los Homo heidelbergensis, una especie más arcaica.

“Homo sapiens era hasta ahora la especie sin pasado. Aparecía como de la nada en el registro fósil africano hace 200.000 años”, reflexiona la paleoantropóloga María Martinón Torres (izquierda), investigadora del University College de Londres. En su opinión, el hallazgo de Jebel Irhoud “cubre un vacío bastante importante sobre el origen de Homo sapiens”. Sin embargo, es escéptica con la clasificación.

“Lo que no tengo tan claro es que podamos llamarlos Homo sapiens, porque todavía no tienen las características que definen a los humanos modernos, como el cráneo alto y el abombamiento parietal, que sí están presentes en otros Homo sapiens arcaicos, como los de los yacimientos de Qafzeh (Israel) o incluso el de Herto (Etiopía)”, expone. Para Martinón Torres, lo de Jebel Irhoud son presapiens, hasta que se demuestre lo contrario.

El genetista Carles Lalueza-Fox (derecha), uno de los mayores expertos mundiales en ADN antiguo, también recela de las conclusiones de Hublin. “Que haya restos parecidos a los primeros Homo sapiens no es incompatible con el hecho de que todas las estimaciones genéticas siguen situando el origen de la diversidad genética actual en unos 200.000 años”, opina.

Como buen genetista, Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona, cree que el concepto de especie es algo arbitrario. “El panorama del ser humano en África en los albores de nuestra especie es mucho más complejo de lo que nos habíamos pensado. Probablemente coexistieron formas muy diversas con morfologías más o menos modernas junto con otras más primitivas, y sin duda por todo el continente”, hipotetiza.

El geólogo Juan Cruz Larrasoaña (izquierda) ha colaborado con Hublin en la reconstrucción del clima del norte de África durante el Paleolítico. “Debido a la configuración de la órbita de la Tierra, hay periodos en los que el clima del Sáhara fue más apto para la especie humana. Se expandieron los ríos y la sabana”, señala. “El Sáhara no siempre fue una barrera”, subraya Larrasoaña, del Instituto Geológico y Minero de España. “Aparecerán fósiles de edades insospechadas en lugares inesperados. Y cada hallazgo desmontará algún paradigma”, sentencia.

EL 'ATAPUERCA' DE LOS HOMO SAPIENS

El antropólogo británico Chris Stringer (izquierda) y su colega Julia Galway-Witham (derecha) lo tienen claro: los restos de 300.000 años hallados en el yacimiento de Jebel Irhoud “son los fósiles de Homo sapiens más antiguos”. En un artículo de análisis publicado en la revista Nature, Stringer y Galway-Witham, del Museo de Historia Natural de Londres, animan a revisar las actuales ideas sobre la evolución humana en África.

“Los fósiles de Jebel Irhoud pueden iluminar la evolución de nuestra especie de manera equivalente a cómo los fósiles de neandertales tempranos de la Sima de los Huesos, en Atapuerca, han proporcionado información sobre el desarrollo de los neandertales”, escriben los autores en Nature. Hace 430.000 años, al menos 28 niños y adultos quedaron sepultados en una cueva de la Sierra de Atapuerca, en Burgos. Su ADN muestra un parentesco cercano con los neandertales. Y sus restos han iluminado la vida de esta especie, prima de los sapiens.

Fuente: elpais.com | 7 de junio de 2017

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Los fósiles más antiguos de 'Homo sapiens' revolucionan el origen del ser humano moderno

Un equipo de científicos del Instituto Max Plank ha encontrado en la localidad de Jebel Irhoud, Marruecos, los restos más antiguos de Homo sapiens registrados hasta la fecha. Con una antigüedad de entre 300.000 y 350.000 años, el hallazgo evidencia el origen del hombre moderno fuera del África subsahariana y antes de lo que se pensaba.

Los resultados se han presentado este miércoles en dos publicaciones de la revista Nature para dar a conocer el descubrimiento de los fósiles y la época a la que pertenecen.

Vista de la cara de Homo sapiens de Jebel Irhoud PHILIP GUNZMPI EVA

El registro fósil emplazaba en el este de África, en Etiopía, las primeras formas de Homo sapiens, con una antigüedad de 195.000 años. El cráneo parcial y la mandíbula inferior descubiertos ahora por el paleoantropólogo Jean-Jaques Hublin y su grupo, datan de 100.000 años antes y proceden de un área distinta, lo que abre el debate a nuevas teorías sobre la evolución de nuestra especie.

Otra de las dudas más recurrentes sobre nuestra evolución está en si el hombre evolucionó hace unos 200.000 años de manera rápida o lo hizo de forma gradual durante los últimos 400.000 años, pues el tiempo exacto y el origen de las especies que surgieron del humano ancestral dentro del género Homo no se conocen.

El punto de división entre el Homo sapiens y el neandertal o el hombre de Denisova ocurrió hace 500.000 años, aún muy temprano comparado con los fósiles más antiguos que tenemos ahora de este homínido. Cómo apuntan Chris Stringer y Julia Galway-Witham en una revisión del trabajo de Hublin también publicada en Natureaún pudo existir un punto intermedio con rasgos arcaicos anteriores a los que conforman la anatomía del hombre moderno, aunque identificar estos fósiles resulta complicado.

Jebel Irhoud es un lugar conocido para los antropólogos, pues en los años 60 ya se habían encontrado herramientas de la cultura musteriense y restos fósiles humanos de 40.000 años de antigüedad. Como por aquel entonces aún se creía que el Homo sapiens había evolucionado del neandertal, en su momento estos fósiles fueron atribuidos a un tipo neandertal africano.

Posteriores estudios en los años 70 descartaron el parecido del cráneo del hombre de Jebel Irhoud con los neandertales, pero no se consideró que fuera un Homo sapiens por corresponder a una época temprana.

Los nuevos restos descubiertos ahora por Hublin abren el debate sobre la especie que habitó en esta zona.

Un debate de especies entre Hublin y Arsuaga

El antropólogo español Juan Luis Arsuaga (izquierda), codirector del sitio arqueológico de Atapuerca, no comparte que los fósiles encontrados en Marruecos por el equipo de Hublin se correspondan con la especie Homo sapiens.

En declaraciones a EL MUNDO, el investigador ha expresado que estos nuevos restos que se añaden a los que ya se tenían de ese yacimiento, "siempre se han considerado como pre-sapiens", un antepasado nuestro directo anterior al Homo sapiens.

"En el artículo se demuestra que no tienen nada que ver con los neandertales, pero el que no sean neandertales, ni antepasados de los neandertales, no quiere decir que ya sean Homo sapiens. A mí me parece que siguen siendo pre-sapiens", ha aseverado.

La clave, según Arsuaga, está en la falta de los rasgos más típicos de nuestra especie, "como es una frente vertical bien levantada, una mandíbula con un mentón sobresaliente y bien formado y una cara realmente 'esculpida', más excavada por debajo de las órbitas, en el maxilar".



Reconstrucción del cráneo a partir de los fósiles encontrados en Jebel Irhoud PHILIP GUNZMPI EVA

Jean-Jaques Hublin, por su parte, ha contestado a las afirmaciones de Arsuaga a través de este medio y considera "irrazonable tener que multiplicar el número de nombres específicos a lo largo de un solo linaje". De hecho, ha exagerado su argumentación para rebatir al investigador español: "Algunos genetistas argumentarían que todos los homínidos posteriores a hace 2 millones probablemente representan una única especie biológica, en términos de falta de aislamiento reproductivo [dado que la imposibilidad de tener una descendencia fértil es el concepto que científicamente se utiliza para describir nuevas especies]".

En todo caso Hublin no afirma que los homínidos de Irhoud sean como nosotros, hombres modernos. "La evolución existe a lo largo del tiempo dentro de una especie. Para mí, Irhoud merece la denominación sapiens tanto como los restos de la Sima de Los Huesos representan formas primitivas de Neandertales. En ambos casos el comienzo del linaje es bastante diferente del final, multiplicar el número de "nombres" no añade nada a la comprensión de la filogenia", ha concluido.

Vista del yacimiento arqueológico SHANNON MCPHERRONMPI EVA

El estudio del ADN, que podría arrojar más datos al respecto, no ha podido realizarse. El paleoantropólogo francés, que ha mencionado en una rueda de prensa que no se han encontrado restos de ADN en los huesos del yacimiento marroquí, ha confirmado a EL MUNDO que las características tan antiguas y las temperaturas tan altas que se dan en este lugar tampoco han permitido encontrar ADN entre los sedimentos, en referencia a una nueva técnica que se ha desarrollado desde el propio Instituto Max Planck para el que trabaja.

Cinco individuos y numerosas herramientas

El proyecto desarrollado por Hublin, que arrancó en 2004, ha dado lugar a la identificación de los restos de cinco individuos a partir de fragmentos craneales y dientes. La presencia de numerosos utensilios de piedra ha permitido la datación, en 300.000 años, de estos restos mediante técnicas de termoluminiscencia sobre sílex incandescente.


Herramientas y mandíbula recién halladas en Jebel Irhoud MOHAMMED KAMALJEAN-JAQUES HUBLIN

Los investigadores calcularon también la edad de una de las mandíbulas encontradas en los años 60 que, con los métodos actuales de medida de radiactividad en el sedimento, concuerda con los datos que han obtenido del análisis del sílex.

Fuente: elmundo.es | 7 de junio de 2017

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Científicos descubren los fósiles de los primeros 'Homo sapiens' en Marruecos

Ver vídeo en este enlace

Un equipo de científicos ha descubierto huesos fósiles de Homo Sapiens de hace unos 300.000 años en Jebel Irhoud, Marruecos, que representan la evidencia fósil más antigua datada con certeza de nuestra especie.

La datación es 100.000 años previa a los fósiles de Homo sapiens más antiguos conocidos hasta ahora. Los descubrimientos -detallados en dos artículos que se publican en la edición de este jueves de la revista Nature- revelan una compleja historia evolutiva de la humanidad que probablemente involucró a todo el continente africano.

El hallazgo corresponde a un equipo de investigación internacional dirigido por Jean-Jacques Hublin  del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig, Alemania, y Abdelouahed Ben-Ncer , del Instituto Nacional de Arqueología y Patrimonio (INSAP), en Rabat.

Foto: El paleo-amtropólogo francés Jean-Jacques Hublin (d) y y Abdeluahed Ben-Nacer del Instituo Nacional de Aqrueología y Ptrimonio de Marruecos posan con un cráneo de Homo Sapiens descubierto en ese país, el 6 de junio de 2017 (afp_tickers)

Tanto los datos genéticos de los seres humanos actuales como los restos fósiles apuntan a un origen africano del Homo sapiens. Anteriormente, los fósiles de esta especie más antiguos y con datación segura eran conocidos del sitio de Omo Kibish, en Etiopía, fechado en hace 195.000 años. En Herto, también en Etiopía, un fósil Homo sapiens está fechado hace 160.000 años.

Hasta ahora, la mayoría de los investigadores creían que todos los seres humanos que vivían hoy descendían de una población que vivía en África Oriental hace unos 200.000 años. "Solíamos pensar que había una cuna de la humanidad hace 200.000 años en el este de África, pero nuestros nuevos datos revelan que el Homo sapiens se extendió por todo el continente africano hace unos 300.000 años. Mucho antes de la dispersión fuera de África del Homo sapiens, hubo dispersión dentro de África", dice el paleoantropólogo Jean-Jacques Hublin.

El sitio marroquí de Jebel Irhoud ha sido bien conocido desde la década de 1960 por sus fósiles humanos y por sus artefactos de la Edad Media de la Edad de Piedra. Sin embargo, la interpretación de los homínidos de Irhoud ha sido complicada por las persistentes incertidumbres que rodean su edad geológica. El nuevo proyecto de excavación, que comenzó en 2004, dio lugar al descubrimiento in situ de nuevos fósiles de Homo sapiensaumentando su número de seis a 22.

Estos hallazgos confirman la importancia de Jebel Irhoud como el sitio más antiguo y más rico de homínidos de la Edad Media de la Edad de Piedra en África, una etapa temprana de nuestra especie. Los restos fósiles de Jebel Irhoud comprenden cráneos, dientes y huesos largos de al menos cinco individuos. Para proporcionar una cronología precisa de estos hallazgos, los investigadores utilizaron el método de datación por termoluminiscencia sobre pedernales calentados encontrados en los mismos depósitos. Estos pedernales eran de aproximadamente hace 300.000 años y, por lo tanto, empujan hacia atrás los orígenes de nuestra especie en 100.000 años.

"Los sitios bien datados de esta época son excepcionalmente raros en África, pero tuvimos la suerte de que muchos de los artefactos de pedernal de Jebel Irhoud habían sido calentados en el pasado", dice el experto en geocronología Daniel Richter  (izquierda), del Instituto Max Planck en Leipzig (Alemania). "Esto nos permitió aplicar métodos de datación de termoluminiscencia sobre los artefactos de pedernal y establecer una cronología consistente para los nuevos fósiles de homínidos y las capas sobre ellos", explica Richter.

La morfología facial humana, desde el inicio

Además, el equipo pudo recalcular una edad directa de la mandíbula Jebel Irhoud 3 encontrada en los años 60, que había sido previamente fechada en hace 160.000 años atrás por un método especial de datación por resonancia de spin de electrones.

Utilizando nuevas medidas de radioactividad de los sedimentos de Jebel Irhoud y como resultado de mejoras metodológicas, la nueva edad calculada de este fósil está de acuerdo con las edades termoluminiscentes y mucho más antiguas de lo que se había realizado anteriormente. "Utilizamos métodos de datación de vanguardia y adoptamos los enfoques más conservadores para determinar con precisión la edad de Irhoud", añade Richter.

El cráneo de los seres humanos modernos que viven hoy se caracteriza por una combinación de rasgos que nos distinguen de nuestros parientes fósiles y antepasados: una cara pequeña y una caja del cráneo globular. Los fósiles de Jebel Irhoud exhiben un rostro y dientes de apariencia moderna y una coraza grande, pero de apariencia más arcaica. Hublin y su equipo utilizaron exploraciones micro tomográficas computarizadas de última generación y análisis de forma estadística basados en cientos de medidas 3D para mostrar que la forma facial de los fósiles de Jebel Irhoud es casi indistinguible de la de los seres humanos modernos que viven hoy.

Sin embargo, en contraste con su morfología facial moderna, la cría de Jebel Irhoud conserva una forma arcaica algo alargada de la cintura. "La forma interna de la caja del cráneo refleja la forma del cerebro", explica el paleontólogo Philipp Gunz (derecha), del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig. "Nuestros hallazgos sugieren que la moderna morfología facial humana se estableció desde el principio en la historia de nuestra especie y que la forma cerebral y posiblemente el cerebro, que se desarrolló dentro del linaje del Homo sapiens", dice Philipp Gunz.

Las comparaciones de ADN antiguo extraído de Neanderthales y denisovanos al ADN de los seres humanos actuales revelaron diferencias en los genes que afectan al cerebro y el sistema nervioso. La morfología y la edad de los fósiles de Jebel Irhoud también corroboran la interpretación de un enigmático cráneo parcial de Florisbad, al sur África, como uno de los primeros representantes del Homo sapiens.

Los primeros fósiles Homo sapiens se encuentran en todo el continente africano: Jebel Irhoud, Marruecos (300.000 años), Florisbad, Sudáfrica (260.000 años) y Omo Kibish, Etiopía (195.000 años), lo que indica una compleja historia evolutiva de nuestra especie, posiblemente involucrando a todo el continente africano.

"Se ha descuidado el norte de África en los debates sobre el origen de nuestra especie. Los espectaculares descubrimientos de Jebel Irhoud demuestran las conexiones estrechas del Magreb con el resto del continente africano en el momento de la emergencia del Homo sapiens", dice Abdelouahed Ben-Ncer. Los fósiles se encontraron en depósitos que contenían huesos de animales que mostraban evidencia de haber sido cazados, siendo las gacelas la especie más frecuente.

Las herramientas de piedra asociadas con estos fósiles pertenecen a la Edad Media de Piedra y los artefactos de Jebel Irhoud muestran el uso de técnicas de Levallois y las formas puntiagudas son las más comunes. La mayoría de las herramientas de piedra se hicieron de sílex de alta calidad importados en el sitio. Las hachas de mano, una herramienta comúnmente encontrada en sitios antiguos, no están presentes en Jebel Irhoud.

Los conjuntos de artefactos de la Edad Media de Piedra, como el que se recuperó de Jebel Irhoud, se encuentran en toda África en este momento y probablemente hablan de una adaptación que permitiera que el Homo sapiens se dispersara a través del continente.

"Los artefactos de piedra de Jebel Irhoud parecen muy similares a los de depósitos de edad similar en el este de África y en el sur de África --dice el arqueólogo del Instituto Max Planck, Shannon McPherron  (izquierda)--. Es probable que las innovaciones tecnológicas de la Edad Media de Piedra en África estén relacionadas con la aparición del Homo sapiens".

Los nuevos hallazgos de Jebel Irhoud elucidan la evolución del Homo sapiens y muestran que nuestra especie evolucionó mucho antes de lo que se pensaba anteriormente. La dispersión del Homo sapiens en toda África alrededor de 300.000 años es el resultado de cambios tanto en la biología como en el comportamiento.

Fuente: publico.es | 7 de junio de 2017

Artículo relacionado:

A Moroccan cradle for Homo sapiens? (By Chris Stringer, The Natural History Museum London)

 
 
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Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el diciembre 31, 2018 a las 12:50pm

El hallazgo que revoluciona el origen del hombre

Reproducción de un cráneo del yacimiento de Jebel Irhoud N. H. M.

Hace cientos de miles de años cruzar el Sáhara a pie no hubiese sido tan difícil. Lo que hoy es un mar de arena era en aquel entonces una sabana llena de vida. En diferentes momentos a lo largo de la Prehistoria el clima del norte de África permitió la aparición de redes de ríos y lagos que acogían abundante vegetación y vida salvaje, dando lugar a episodios que los científicos llaman Sáhara verde.

De esta forma se abría el camino para que diferentes especies de animales se dispersasen por todo el continente, incluidos los primeros homínidos. A medida que el clima modificaba los ecosistemas, diferentes grupos de Homo sapiens pudieron tomar nuevas rutas, algunas veces entrando en contacto entre sí, otras quedando aislados durante milenios.

De acuerdo con la teoría más aceptada, nuestra especie habría evolucionado hasta su forma actual partiendo de una única población en África. Así, diferentes regiones en Etiopía y Sudáfrica se han venido disputando el título de cuna de la humanidad. De acuerdo con esta versión -a la que se suele llamar  Out of Africa- hace al menos 500.000 años un grupo de homínidos sufrió una serie de cambios genéticos y culturales que les lanzaron a una carrera evolutiva que culminó en el ser humano moderno. Desde esa primera cuna, se diseminaron por todo el continente y, de ahí, al resto del mundo. Sin embargo, algunos investigadores están reescribiendo esa narrativa tradicional, apoyados en nuevas pruebas materiales y genéticas. Son partidarios de una hipótesis alternativa: el multirregionalismo africano.

La cuna de la humanidad, según ellos, no estuvo en África sino que fue África. Las características distintivas que presentan hoy los sapiens emergieron como un mosaico en diferentes poblaciones diseminadas por todo el continente. Separados entre sí por esas barreras geográficas, nuestros antecesores evolucionaron durante mucho tiempo de manera aislada y cada grupo desarrolló algunos de los rasgos que han llegado a la actualidad, que fueron aportando al conjunto de la especie. Porque esa separación no era una constante: a medida que los cambios en el clima reverdecían desiertos o secaban bosques, esos primeros seres humanos entraban en contacto o quedaban aislados de otras comunidades.

Y cada vez que los caminos se abrían para esos grupos se producía el mestizaje, intercambiando material genético y conocimiento tecnológicos en un crisol continental que culminó en lo que hoy es el Homo sapiens. «En la formulación tradicional del Out of Africa se sostiene que el sapiens habría reemplazado, sin mezclarse, a cualquier otra población de homínidos que hubiera fuera de África, pero hoy sabemos que sí que existió una hibridación con neandertales y denisovanos», explica María Martinón Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). «No creo que esos cruces hubieran sido la norma, ni que el hombre moderno sea una fusión de estas especies, pero esto sí contradice una de las premisas originales del Out of Africa y, en ese sentido, le da un poco la razón al multirregionalismo».

A unos 100 km. al oeste de lo que hoy es Marrakech, un grupo de personas utilizó como refugio una cueva al pie del macizo del Atlas, en un lugar llamado Jebel Irhoud. Allí descansaron, encendieron fuegos, afilaron sus armas de caza y llevaron sus presas. Y allí murieron algunos de ellos, dejando sus huesos en la tierra, hace aproximadamente 300.000 años. Una fecha que para algunos investigadores -no todos- supone retrasar el punto de partida evolutivo de la especie al menos 100.000 años. Ese nuevo comienzo implica que nuestra especie es más antigua y compleja de lo que se pensaba y que ya se había extendido por toda África en ese punto.

El de Jebel Irhoud es uno de los hallazgos que los partidarios del multirregionalismo señalan para defender su hipótesis. «Mucho antes de la dispersión del 'Homo sapiens'  fuera de África, hubo dispersión dentro de África», dice Jean-Jacques Hublin, director del Departamento de Evolución Humana del Instituto Max Planck de Leipzig. «Asumíamos que hubo cuna de la humanidad hace 200.000 años en el este de África, pero los nuevos datos demuestran que el sapiens se extendió por todo el continente africano hace unos 300.000».

Los misteriosos antepasados hallados en la gruta marroquí tenían una extraña combinación de características, en los que se mezclaban las caras planas de los humanos modernos con los cráneos alargados de especies antiguas como el  Homo erectus. A pesar de ser más robustos y musculosos que nosotros, sus rasgos los vinculan con nuestra especie más que con cualquier otro miembro del género Homo. La mandíbula inferior también era similar a la del sapiens moderno, aunque mucho más grande, pero existe una diferencia llamativa en la forma del cráneo, mucho más alargada.

Nuestros cráneos tienen una forma redondeada, pero los suyos eran más bajos en la parte superior y más largos en la posterior. «La cara del espécimen que encontramos es la de alguien que se podría encontrar en el metro», asegura Hublin. Pero de perfil, no tanto; aunque sus cerebros ya eran tan grandes como los nuestros, debían tener una forma diferente. Eso implica que su estructura cerebral -y tal vez sus capacidades-estarían en proceso de desarrollarse durante los siguientes milenios de evolución.

El problema es que no todos los expertos coinciden en catalogar como sapiens a los antiguos habitantes de Jebel Irhoud. «Personalmente creo que no pueden clasificarse dentro de nuestro mismo taxón porque le faltan rasgos de Homo sapiens como la barbilla, la frente vertical o el cráneo alto y abombado», declara Martinón Torres. Unas dudas que la directora del CENIEH comparte con colegas como Juan Luis Arsuaga o José María Bermúdez de Castro, aunque matiza que «podrían representar a los antecesores directos de nuestra especie, lo que es también muy interesante».

La combinación de rasgos modernos y vasos cerebrales primitivos hallados en Marruecos son uno de los elementos que han llevado a algunos autores a sugerir que el físico y el comportamiento asociados con los humanos modernos no evolucionaron en un único árbol genealógico. En cambio, las características que asociamos con el ser humano probablemente aparecieron más bien como como un mosaico. Este verano, 22 antropólogos, arqueólogos, genetistas y climatólogos se reunieron en Londres para revisar las pruebas a favor del multirregionalismo africano, y plasmaron sus conclusiones en un texto publicado en  Trends in Ecology & Evolution.

En los últimos años esas características -la forma del cráneo, el mentón, la frente más delicada y la cara pequeña- han ido apareciendo en diferentes lugares, en periodos distintos. Los partidarios de la idea de un sólo linaje sapiens tienden a desechar esos fósiles como ramas laterales en el árbol de los homínidos. «A día de hoy no podemos afirmar si algunos de ellos se mezclaron con otros homínidos de gran cerebro que pueden haber vivido en África al mismo tiempo que el Homo sapiens, pero sigue siendo una posibilidad», declara Eleanor Scerri (izquierda), investigadora del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana y de la Universidad de Oxford, y autora principal del artículo. «Es posible que en aquel momento compartiéramos África con al menos otras dos especies: el Homo naledi y Homo heidelbergensis».

Además, la cronología de Jebel Irhoud coincidiría con las fechas recientemente atribuidas al Homo naledi, una especie de homínidos extinta descubierta en 2013 en Sudáfrica. Eso prueba que, al menos, dos especies de homínidos dramáticamente diferentes habitaban distintos puntos de África al mismo tiempo. El problema es que a día de hoy los científicos disponen de muy pocos fósiles para poder demostrar si había o no otros miembros del taxón sapiens alrededor de ese periodo. En otras partes del continente se han hallado fósiles que combinan rasgos modernos y antiguos en diferentes grados: el cráneo de Florisbad, hallado en Sudáfrica de hace 260.000 años; los restos de Omo Kibish, de 195.000 años o el llamado cráneo de Herto, 160.000, ambos encontrados en Etiopía.

Réplica del cráneo de Florisbad.

Esta nueva visión hace que fósiles hallados en otras partes de África sean observados de manera distinta, ya que ahora pueden ser considerados como una pieza más de ese mosaico que acabó por dar forma a los sapiens. «La idea de que nuestros orígenes se encuentran en una sola población ha hecho que el registro fósil se haya interpretado de una manera bastante selectiva; hay fósiles que han sido excluidos de ciertos estudios porque no se reconoció la variabilidad de los primeros miembros de nuestra especie», señala Scerri. «Pero al incorporar todo el continente africano en esa Prehistoria temprana, muchos fósiles vuelven a estar sobre mesa y algunos encajan mejor con otras líneas de investigación».

Los arqueólogos recuperaron en Marruecos herramientas de piedra especializadas y sofisticadas, como punzones y puntas de lanza. La existencia de estos objetos en la llamada Edad Media de Piedra reflejaría una evolución paralela -y más temprana de lo que se creía- del cuerpo y la mente humanos. Y sugerirían que esta transición ocurrió a escala continental, ya que tales herramientas se han encontrado además de en Marruecos, en la citada Florisbad y Olorgesaillie (Kenia), si bien con algunas diferencias regionales. «La evolución de la forma del cerebro humano moderno parece ser paralela a la aparición gradual de la modernidad conductual vista desde el registro arqueológico», asegura Hublin.

Artefactos Culturales de la Edad de Piedra Media. (A – D) Hoja bifacial del norte de África (A, Mugharet el Aliya; D – D, Adrar Bous). (E – G) Hojas bifaciales del sur de África (Cueva Blombos). (H, I) Herramientas modificadas del norte de África. (J) Pedazo segmentado con residuos de masilla del sur de África (Sibudu). (K) Fragmento grabado (Cueva Blombos). (L – N) Fragmentos de cáscara de huevo de avestruz grabados del sur de África (Diepkloof). (O, P) Puntas de hueso del sur de África (Sibudu y Blombos Cave, respectivamente). (Q) Punta ósea del norte de África.

Durante cientos de miles de años los homínidos hicieron el mismo tipo de grandes hachas de piedra. Pero ese estancamiento tecnológico terminó hace unos 300.000 años, en el mismo punto en el que aparecen esos primeros fósiles de Homo sapiens. «Las herramientas de piedra y otros artefactos que se han encontrado están muy agrupados tanto el espacio y a través del tiempo», explica Scerri, «pero también hay una tendencia continental hacia una cultura material más sofisticada, una 'modernización' de la cultura material que claramente no se origina en una región ni ocurre en un periodo de tiempo».

Bajo el prisma del multirregionalismo la Historia de la humanidad viene marcada por una combinación entre evolución y grandes migraciones. «Las barreras naturales crearon oportunidades de migración y contacto para grupos que antes podían haber estado separados, y la fluctuación posterior significaría que las poblaciones que se mezclaban durante breves periodos antes de volver a quedar aisladas», explica Scerri. Durante los momentos de aislamiento los grupos vivieron un proceso de adaptación local y de desarrollo de una cultura material y una composición biológica propias, que pondrían en común con otros cuando el clima templaba. Los milenios de separación dieron lugar a una asombrosa diversidad de formas, cuya riqueza jugó en beneficio de toda la especie.

«Posiblemente el debate se ha polarizado demasiado entre el Out of Africa extremo y el multirregionalismo extremo, y no todo es ni tan blanco ni tan negro», opina Martinón Torres. Esta última década dos teorías que estaban en polos opuestos están acercando posiciones. «Sigue preponderando la idea del origen africano de nuestra especie, pero se comienza a aceptar un patrón más reticulado y menos lineal, más parecido al que proponía el multirregionalismo. El Homo sapiens es en realidad una mezcla, un crisol de poblaciones diversas».

Fuente: elmundo.es | 31 de diciembre de 2018

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