La reconstrucción de una estatua dedicada a Augusto confirma estatus de Córdoba en Imperio Romano

Massimo Gasparini señalando características de la escultura. EFE

La reconstrucción de un torso destinado al culto a un Augusto divinizado confirma la dimensión y características de Córdoba como ciudad en el Imperio Romano, donde estaba, en relación a Roma, en el mismo nivel que hoy tienen en Europa capitales como Madrid, Barcelona o Londres.

El investigador de la Universidad de Córdoba y arqueólogo por la de Urbino (Italia), Massimo Gasparini, llega a esta conclusión tras el análisis del proceso de investigación de la escultura que se encuentra expuesta en el Museo Arqueológico cordobés hasta 31 de enero, una vez restaurada.

Para Gasparini, “Córdoba era una de las ciudades más importantes del mundo romano, estaba al nivel del actual Madrid, Barcelona o Londres” y, como consecuencia, exhibía los atributos propios de esta dimensión.

La escultura representa a un personaje masculino sedente, de tamaño mayor que el natural, al que le faltan la cabeza, que iría labrada aparte, los brazos, la pierna derecha y la mitad de la pierna izquierda. Está elaborada en mármol de la isla griega de Paros, material que facilitaba el trabajo de los artistas.

La pieza es antecedente del comercio en Europa. El material procede de un lugar, Paros, se elabora en otro, Roma, y se termina e instala en un tercero, Córdoba.

En una entrevista con Efe, el arqueólogo italiano destaca que esta singularidad no era extraña en la época. “Era muy normal que se pudiera importar productos u obras de la mejor calidad a nivel internacional según la dimensión del Imperio Romano en ese tiempo”, comenta.

El proceso fue el habitual. La escultura fue realizada en Roma y enviada desmontada a Córdoba, donde hubo que rebajarle el hombro en la parte trasera para colocarla en el trono donde iba ubicada.

La complicación de este comercio tampoco era tal pese a que se desarrollase en la dimensión del Imperio Romano. “Podemos tener una idea equivocada”, razona Massimo Gasparini, que asegura que “en barco, el traslado de la pieza podía tardar cinco días, una semana como mucho”.

Respecto al encargo que pudo realizar el Senado de la Colonia Patricia, la denominación de la Córdoba capital de la Bética romana, o un mecenas, probablemente se hizo por correo, "un sistema estructurado según una serie de estaciones donde los carteros, llamémosles así, podían descansar y cambiar de caballo". De una punta del Imperio a otra, "el correo más importante, el que pertenece a la administración central del estado, podría llegar en tres o cuatro días”.

Otra pecualiaridad. Las cuatro piezas ensambladas por una empresa especializada, que explicará el próximo martes en el Museo Arqueológico de Córdoba el proceso, no formaron un conjunto en el hallazgo para el conocimiento arqueológico.

Sí se sabe que estuvieron juntas en la primera mitad del siglo I después de nuestra Era, durante el reinado de Claudio, en el área sacra de culto imperial de la actual calle Morería, en pleno centro de la ciudad.

En cambio se desconoce cómo tres de las piezas llegaron a la Colección Romero de Torres, donada a la pinacoteca en 1991. De ahí proceden la parte delantera del torso y las dos partes de la pierna izquierda.

La parte trasera del torso estaba en los fondos del Museo Arqueológico, donde llegaron por adquisición a un particular tras su aparición en unas excavaciones en el solar número 4 de la calle San Álvaro, a unos treinta metros de donde se sitúa el lugar de culto.

“No se puede imaginar lo complejo que puede ser estudiar una escultura dividida en distintos puntos de la ciudad”, afirma Gasparini.

En 2001, el profesor José Antonio Garriguet vinculó los fragmentos de la pierna y el torso, situados sin relación en el patio del Museo de Bellas Artes, y, ahora, el catedrático Carlos Márquez, ambos del Departamento de Historia del Arte, Arqueología y Música de la Universidad de Córdoba, ha hecho una restauración virtual de la pieza para juntarla mediante la técnica de la fotogrametría, que ha permitido unirla a través algoritmos informáticos, lo que ha finalizado con el ensamblaje físico de la escultura del Augusto divinizado. EFE

Fuentes:lavanguardia.com | yahoo.com | 6 de octubre de 2019

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