Quisiera saber si alguien me podría aclarar una duda que tengo respecto a las elecciones... de hace 2000 años, las que gano Cierón a Catilina.

Todos los libros de historia coinciden en ese triunfo, pero con múltiples versiones, desde que fue una victoria ajustada hasta que lo hizo de forma aplastante, algo que siempre me ha extrañado.

Las fuentes de este momento más conocidas son dos, la biografía que de Cicerón hizo Plutarco, y la “Conjuración de Catilina” de Salustio, ambas muy favorables al de Arpinum. El primero, más alejado en el tiempo, informa sobriamente de que fue elegido cuando todos esperaban que ganase Catilina gracias al apoyo de ”los buenos y honestos ciudadanos”, Salustio, coetáneo que escribió su libro en época de Augusto, esquiva el tema diciendo que “...celebradas las elecciones, se nombra cónsules a Marco Tulio Cicerón y a Gaio Antonio.”

Pero existe una fuente mucho más fiable, el propio Cicerón, dirigiéndose, al poco de su nombramiento, al pueblo que había vivido lo que pasó. Es su primer discurso tras alcanzar el poder, el II “Acerca de la Ley Agraria”, el primero ante el pueblo. En él tras reiterar que él es un político Popular “...ni en esta magistratura ni en el resto de mis días dejare de ser popular...” criticar a la nobleza, alabar a los Graco y tratar de convencer a la gente de que el que le regalasen tierras era algo muy malo, cuenta:

....quod meis comitiis non tabellam vindicem tacitae libertatis, sed vocem vivam prae vobis indicem vestrarum erga me voluntatum ac studiorum tulistis. Itaque me non extrema diribitio suffragiorum, sed primi illi vestri concursus, neque singulae voces praeconum, sed una vox universi populi Romani consulem declaravit. [5] Hoc ego tam insigne, tam singulare vestrum beneficium....

“...que hayáis hecho mi elección no mediante la tablilla de costumbre, simple guardadora de nuestra libertad secreta, si no a viva voz, como una expresión manifiesta de vuestra afectuosa benevolencia para conmigo. Por tanto no son los votos de la última centuria los que me han declarado Cónsul, si no vuestra gran afluencia en la primera centuria; no es la voz sucesiva del pregonero, si no la voz unánime de todo el pueblo romano. Este favor vuestro, tan insigne, tan extraordinario, Quirites....”

Las elecciones a las magistraturas se efectuaban en las Comitia Centuriata, en las que los ciudadanos estaban divididos en clases de acuerdo a su fortuna y estas en centurias según su tribu y edad. Las clases con más recursos eran las que disponían de más votos y por tanto las que decidían las elecciones, votaban primero los más ricos y luego los demás, según los iba llamando “el pregonero”. Cuando se alcanzaba la mayoría se suspendía la votación, por lo que los pobres no llegaban ni a votar. Dentro de cada clase el orden en que votaba cada centuria se decidía por sorteo. El voto era secreto por imperativo legal, una ley muy específica y sin excepciones.

¿ Que es lo que nos cuenta que pasó? Apenas entro a votar la primera centuria de la primera clase, los ricos, una multitud irrumpió en el corral de las votaciones, empezó a aclamar a Cicerón como cónsul, no dejan que se efectúe la votación secreta habitual. Los funcionarios encargados de las elecciones, con el acuerdo, presumo, de los cónsules salientes y del senado, aceptaron esta “proclamación” y fue nombrado cónsul en el momento, sin que nadie le hubiera dado un voto legal, ya que se impidió depositar sus tablillas a la primera centuria y a las demás no se las mando ni llamar.

Nunca he leído nada sobre esto, y la verdad me extraña.

¿Esta interpretación mía es correcta? ¿ Hay alguna otra?

Agradecería cualquier aclaración.

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Respuestas a esta discusión

Hola, Balbo:

Muy interesante el asunto que planteas sobre la elección de Cicerón como cónsul.

Ciertamente, no parece que esté muy claro si en su proceso electoral se llegó a depositar finalmente las tablillas (secretas). Si hacemos caso del texto de Cicerón que citas, cabría concluir que no se hizo, que no se llegó a considerar necesario, dado que fue aclamado de viva voz masivamente ya desde la primera centuria que debía votar.

No obstante, no se puede asegurar que no se hiciera, y podría suponerse que, a pesar de la aclamación que daba ya como cantada su elección, se procediera a realizarse protocolariamente a fin de respetar la legalidad (naturalmente, como es obvio, no fue necesario que se llegase hasta el final).

Hay también otro texto de Cicerón (Contra Pisón, 1-3) donde se puede leer lo siguiente: "Toda Italia, todos los órdenes, toda la ciudadanía me proclamó primer cónsul con sus aclamaciones incluso antes que con el voto".

Es decir, en este último texto vuelve a incidir en que obtuvo, antes y desde el comienzo de la votación, una aclamación masiva, que aventuraba ya que saldría elegido, pero no que no fue necesario que se llegara a votar. Se diría que subraya que, antes de procederse a la votación, ya se le aclamaba (y proclamaba) como cónsul.

Tanto si vale esta interpretación, como si no (esto es, que no se llegó a votar), habría que tener en cuenta que en la propia obra de Cicerón que citas (Sobre la ley agraria II 1-4), dice más arriba: "Y no sólo me habéis elegido cónsul, lo cual es de por sí un altísimo honor, sino que me habéis elegido en una forma en la cual pocos nobles han sido elegidos en esta ciudad; siendo hombre nuevo, nadie antes de mi..."

De donde se deduce que su elección fue especial, pero no inédita, pues al menos algunos otros también lo consiguieron de igual manera. Cicerón naturalmente se da a sí mismo más mérito en haberlo conseguido por ser un homo novus, un hombre nuevo. Si no fue necesaria la votación, entonces la cosa se complica (o se facilita) porque ya hubo precedentes.

Yo me inclino a pensar que él, al igual que otros -como él mismo apunta-, consiguieron el consulado con una aclamación tan importante que, antes de procederse a la votación (que se producía de modo efectivo, en todo caso) , ya se veía que saldrían elegidos.

Por lo demás, yo también desconozco si hay más interpretaciones al respecto.

Un cordial saludo.

Hola Guillermo, gracias por tu respuesta, me ha gustado mucho,veo que estos temas también te intresan de verdad.

El voto secreto fue una de las reivindicaciones históricas de los políticos “populares”, al menos desde el final del siglo III a. C. La votación a mano alzada favorecían a la nobleza, que podía controlar lo que hacían sus clientes, si el sufragio era secreto, los ciudadanos podían ejercerlo con más libertad.

En la década del 130 a.C. se dictaron una serie de leyes “tabellariae” que obligaban a votar en secreto, tanto para la aprobación de leyes como en la elección de magistrados. Esto último estaba regulado por la “Lex Gabinia Tabellaria”, si no recuerdo mal, a la que el propio Cicerón, creo que en “Sobre las Leyes” alababa como garante máxima de la libertad.

Estaba pensada justamente para impedir “aclamaciones”, que siempre favorecían a la nobleza ( me viene ahora a la cabeza el reciente caso de un club de futbol ...).

“...que hayáis hecho mi elección no mediante la tablilla de costumbre...” No permite muchas dudas sobre si se usaron las tablillas o no,”...vuestra gran afluencia en la primera centuria; no es la voz sucesiva del pregonero,” también parece dejar claro que no se pasó de la primera centuria, la cual en ningún caso podía decidir por sí misma la votación.

Tanto si fue una verdadera reacción espontanea de los votantes, o si una turba preparada irrumpió en el corral de votaciones, la elección sería ilegal, directamente contraria a la Ley Gabinia.

Por eso me llamo tanto la atención este párrafo, porque si fue así, Cicerón ostentó su cargo de forma no legal, lo que obligaría a reconsiderar los acontecimientos de su consulado, incluida su relación con el candidato “derrotado” en unas elecciones no celebradas, al menos, no conforme a la ley.

Suerte y un saludo.

Hola de nuevo, Balbo:

Sí, efectivamente, todo lo que apuntas es muy cierto, y tal parece que, si hacemos caso literal del texto de Cicerón, la votación no se llegó a celebrar.

Cabe también la posibilidad remota de que el propio Cicerón se hubiera excedido en esta apreciación valorativa de su elección (ya se sabe que no tenía abuela) y dijera alegremente que no fue necesario que se produjera la votación. Pero esto, ya entiendo que es, quizás, demasiado especulativo.

No obstante, a pesar de que lo que apuntas sobre la legislación romana (constitución del voto secreto, por ejemplo), hay que tener en cuenta que la misma no se aplicaba, en muchos casos, a rajatabla.

Toda la historia romana está repleta de bastantes excepciones que practicaban respecto a la legalidad de la que se dotaban, y muy particularmente en los nombramientos de magistrados. Estas excepciones, en gran cantidad de casos, se dejaban estar, o bien se ratificaban posteriormente por los cónsules o por el senado. También es verdad que estas excepciones, cuando interesaba, se ponían en entredicho y se reclamaba su retirada y las consecuencias de ellas derivadas.

En el caso de Cicerón, como te apunté, él mismo dice que hubo otros casos similares antes que el suyo (quizás también sometidos a "Lex Gabinia Tabellaria"), y, en consecuencia, cabría calificarlos dentro de esa tónica de excepcionalidades de las que te hablo, y que debían considerarse normales o aceptadas dependiendo de los intereses políticos y sociales del momento.

Un hecho en favor de esta última tesis, vendría dado por la propia seguridad que se desprende de los textos de Cicerón sobre la legalidad implícita de su elección. Quiero decir que si Cicerón sabía de sobra cómo era la legalidad que informaba la elección de magistrados, resultaría absurdo que él pusiera en tela de juicio, de modo indirecto, la legalidad de un cargo que tanto trabajo y desvelos le costó conseguir.

En fin, no sé. No cabe duda que la cuestión que has planteado es muy interesante y da para varias vueltas en su análisis. Si me entero, o se me ocurre algo más, te lo haré saber (espero que tú también).

Un cordial saludo

Hola otra vez.

Los discursos de Cicerón ante el pueblo acerca de la ley agraria tienen una línea argumental básica. La reforma agraria que se propone es un trampa de la nobleza para conseguir que el estado les compre, a alto precio, las tierras que adquirieron semi-regaladas durante las proscripciones de la dictadura de Sila.

De esta forma evitarían la permanente amenaza de expropiación que pesa sobre ellas a petición del partido popular, al que asegura una y otra vez pertenecer y representar. Así alaba a los Gracos y a otro líderes democráticos anteriores y afirma defender la reforma agraria, si, pero no esta. Pone como ejemplo que el suegro del ponente de la ley sería uno de los máximos beneficiarios de esta operación.

De estos discursos se puede inferir que el proponía o sugería otra ley en la que no se pagara nada por esas tierras. En cualquier caso, no hay evidencias, aunque es sabido que Cicerón “retocaba” sus discursos a la hora de publicarlos ( véase el caso de Milón ) y que también los “revisaron” con posterioridad su patrón Ático y Octavio Augusto.

En este contexto parece presentar su elección “irregular” como una especie de revolución popular, frente a Catilina, un antiguo partidario de Sila, que es otro optimate camuflado.

Cicerón consiguió que la asamblea popular rechazase la reforma propuesta, y no presentó ninguna alternativa, al contrario, se alineó públicamente con los optimates de forma definitiva.

Si realmente “robo” las elecciones y además “toreó” al pueblo, los acontecimientos que se produjeron durante su consulado habría que verlos con otros ojos. Catilina tendría buenos argumentos y muchos partidarios, y la interpretación “oficial” de su enfrentamiento con Cicerón y los sucesos posteriores hasta el triunvirato quedaría en entredicho.

A este respecto, siempre me ha llamado la atención que el de Arpinum, mientras que, por una parte, aseguraba contar con el amor de todo el pueblo romano, sin importar clase ni condición ( léase sus discurso a la vuelta del exilio y otros ), por otra, en muchas de sus cartas, se lamenta del odio que despierta su persona, y de que, cualquier ofensa o perjuicio que se le cause, cuenta de inmediato con el fervor popular. Y, la verdad, no veo que en su trayectoria política conocida existan motivos para semejante animadversión.

Pero, sobre todo, no consigo explicarme porqué ningún historiador, desde Mommsen hasta “revisionistas” modernos como Holland, menciona este discurso ni este párrafo, pese a la importancia del tema que trata y a que fue pronunciado inmediatamente después de las elecciones.

Suerte y un saludo.

Hola de nuevo, Balbo:

Muy sugerente, como siempre, todo lo que apuntas, pero creo que habría que tener en cuenta algunas cosas más.

No comprendo muy bien el alcance de tu argumentación cuando dices -sobre el odio o repulsa que pudiera suscitar Cicerón entre sus coetáneos-: "Y, la verdad, no veo que en su trayectoria política conocida existan motivos para semejante animadversión".

Y no la comprendo muy bien, porque, justamente, de todos es conocido que Cicerón, a lo largo de su vida política, tuvo que lidiar con suficientes e importantes enemigos, hasta el punto de que una de estas confrontaciones (con Marco Antonio) le costó pagarla con la vida.

En cualquier caso, es esta línea argumental sobre la posible animadversión que provocaban sus actos políticos la que nos puede proporcionar algún elemento más de juicio sobre su atípica elección como cónsul.

Quiero decir -y esto es lo importante- que, si diéramos por bueno que su elección consular no se ajustó a los cánones de la ley, y este fallo se hubiera podido considerar una irregularidad manifiesta, o que al menos provocara dudas, es evidente entonces que sus numerosos enemigos lo habrían utilizado en su contra sin perder tiempo. Y, como sabemos, y hasta donde se conoce, esto no ocurrió.

Ni el propio Lucio Sergio Catilina (que nunca llegó a cónsul a pesar de intentarlo repetidas veces, y quizás harto de ver en ello actos de corrupción electoral), ni Lucio Casio Longino (seguidor de éste en la conjura y derrotado, precisamente, por Cicerón en las elecciones consulares para el año 63), ni el tribuno de la plebe, Publio Servilio Rulo (que promovía el proyecto de reforma agraria contra la que Cicerón se opuso), ni el mismo Julio César (al cual algunos autores consideran que estaba detrás de muchas de las iniciativas dirigidas contra Cicerón -incluida la conjura de Catilina), ni otros importantes personajes de la época, decidieron que podrían encontrar arma argumental política contra el Arpinate en la forma como fue elegido cónsul e invalidar todos sus actos.

Ni siquiera se le llegó a acusar de corrupción electoral, una acusación que ya se había dado otras muchas veces, tal como le sucedió al propio cónsul para el año 62, Lucio Licinio Murena, y al que defendió el mismo Cicerón como cónsul, obteniendo su absolución. Al fin y al cabo, se podría llegar a considerar que si hubo esas aclamaciones tan masivas y populares en la elección de Cicerón (que hicieron innecesario el voto secreto) fue porque, en última instancia, todos aquellos que se manifestaron en tal sentido estaban comprados o sobornados. Ni siquiera esta duda tampoco se tuvo en cuenta. Ten presente, además, que el de Arpinum, había promovido, precisamente, la ley Tulia contra la corrupción electoral, donde se condenaba a diez años de exilio a quien la vulneraba.

Cicerón sufrió otras acusaciones que le costaron caro (como la llevada a cabo por su enemigo Publio Clodio, al denunciar la ilegalidad de que ordenara dar muerte a los seguidores catilinarios), pero no vinieron derivadas nunca de su curiosa (según suponemos) elección consular.

En definitiva, cuanto más profundizamos en este interesante asunto ciceroniano, más me reafirmo en todos los argumentos que llevo dicho hasta ahora. Su elección quizás tuvo algo de atípica -aunque no inédita- y fue legal. Tan legal que el cónsul saliente que debía presidir el comicio centuriado tuvo que dar el resultado por bueno y válido necesariamente. Nadie lo discutió y nadie lo puso en duda.

Veo ya difícil que podamos exprimir mucho más el meollo de la cuestión, aunque siempre puede haber posibilidades.

Un cordial saludo y muy agradecido de haber podido entablar contigo este interesante análisis. Seguro que nos veremos en otros debates (propuestos por ti, por mí o por otros).

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