Foto: Una epigrafía vincula la colonia de «Virtus Iulia » con Torreparedones, la inscripción se refiere a un militar retirado que se estableció en Baena.

 

Las excavaciones arqueológicas que actualmente patrocina el Excmo. Ayuntamiento de Baena en el parque arqueológico de Torreparedones siguen ofreciendo espectaculares hallazgos, tanto en el ámbito de la necrópolis oriental como en su foro. Pero también se realizan hallazgos de apariencia más humilde, poco llamativos para los no expertos por fragmentarios y carentes de valor estético, pero preñados de información histórica insustituible para el especialista, como es el caso de la epigrafía.

 

Fuente: Baena.es, 12 de julio de 2011 


El hallazgo de una pequeña inscripción, realizada en piedra de mina, en la zona donde al parecer estuvo la antigua ermita de las santas Nunilo y Alodia, constituiría una prueba más que avalaría la hipótesis de que en Torreparedones estuvo la colonia Ituci Virtus Iulia de Plinio, según informa el arqueólogo municipal José Antonio Morena. Por su estado fragmentario, no sabemos si se trata del revestimiento de un pedestal honorífico de estatua o de un epitafio encastrado en un monumento funerario. El profesor Ángel Ventura de la Universidad de Córdoba, comenta que lo verdaderamente interesante de la inscripción se encuentra al final de la línea 2, que aparece tras el nombre del protagonista y formando parte de su cursus honorum, donde hay una letra G seguida de una interpunción y del número XXXIII suprabarrado, es decir, con una línea incisa horizontal arriba. Este signo epigráfico se empleaba para indicar un numeral ordinario: en este caso, trigésimotercero/a. La abreviatura se resuelve con seguridad como una referencia a la Legión 33ª del ejército romano. Las inscripciones que mencionan a militares son muy escasas en la Bética, documentándose dichos veteranos en calidad de colonos de las colonias fundadas por César y Augusto durante la segunda mitad del s. I a.C. De tal modo, que el personaje al que alude el epígrafe, cuyo nombre no se ha conservado, sería un veterano perteneciente a la trigésimo tercera legión quien, tras licenciarse, se habría establecido en la colonia Virtus Iulia, junto con otros soldados, donde debió recibir tierras como premio a su trayectoria militar. Esas tierras eran confiscadas por el Estado romano o expropiadas forzosamente a cambio de una compensación económica a los habitantes autóctonos; de hecho se sabe que el propio Augusto declaró en sus memorias haber gastado unos 260 millones de sestercios en tierras para repartirlas entre los veteranos licenciados en los años 30 a.C. y 14 a.C.



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La legión XXXIII fue reclutada por Julio César entre la primera campaña de Hispania contra Pompeyo (49 a.C.) y la batalla de Farsalia (48 a.C.), seguramente en Italia. Tras la muerte del dictador, probablemente, luchara por el bando republicano en la batalla de Filipos, tras cuya derrota pasaría a manos del heredero de César, el joven triunviro Octavio (futuro emperador Augusto). Combatió en la batalla naval de Actium bajo sus órdenes (31 a.C.) contra la flota de Cleopatra y Marco Antonio, siendo disuelta tras la victoria. Después de la conquista de Egipto (30 a.C.), Augusto reformó el ejército, desmovilizando a miles de veteranos y premiándolos con tierras mediante la fundación de colonias en Italia y las provincias. Según el profesor Ventura, este militar “baenense” participaría en los acontecimientos de la “Historia Grande” de Roma, en el momento crucial del tránsito de la República al Imperio, habida cuenta de que la legión en la que militó sólo perduró 18 años y el servicio activo de un legionario en estos tiempos duraba entre 6 y 16 años. Hasta el momento, sólo se conocía el testimonio epigráfico de otro veterano de la misma legión oriundo de Bovianum, en la región samnita de Italia: Lucio Papio, princeps tertius (centurión), cuya inscripción se asemeja mucho a la de Torreparedones desde el punto de vista paleográfico y estado de conservación.
En definitiva, este hallazgo se suma a los ya realizados en el yacimiento recientemente, especialmente, en la zona del foro, que ponen de relieve la importancia de esta antigua urbe romana y supondría un argumento más a favor de su identificación con aquella colonia inmune que Plinio describe dentro del conventus Astigitanus junto a otras colonias como Tucci Augusta Gemella (Martos), Ucubi Claritas Iulia (Espejo), Urso Genetiva Urbanorum (Osuna) o la propia capital conventual Astigi Augusta Firma (Écija).

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Vídeos del yacimiento de Torreparedones (Baena, Córdoba)

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Respuestas a esta discusión

Agradezco mucho al Sr. Santos el haberse hecho eco de la noticia. Aunque lo esencial está bien sintetizado, prefiero adjuntar aquí la nota de prensa completa redactada por mí, para exponer todos los argumentos y datos que sustentan la tesis.

 

 

NUEVO DESCUBRIMIENTO EPIGRÁFICO EN TORREPAREDONES

Por: Ángel VENTURA VILLANUEVA

Área de Arqueología. Grupo PAI HUM-882, Universidad de Córdoba 

 

Las excavaciones arqueológicas que actualmente patrocina el Excmo. Ayuntamiento de Baena en el yacimiento de Torreparedones siguen ofreciendo espectaculares hallazgos, tanto en el ámbito de la Necrópolis oriental de la ciudad romana como en su Foro (AA.VV. 2010; Morena-Moreno, 2010). Pero también se realizan hallazgos de apariencia más humilde, poco llamativos para los no expertos por fragmentarios y carentes de valor estético, pero preñados de información histórica insustituible para el especialista. Es el caso de la epigrafía, los fragmentos de inscripciones sobre piedra redactados en latín por los antiguos habitantes, para preservar su memoria entre los contemporáneos y trasmitirla a la posteridad.  Las inscripciones son, en definitiva, palabra petrificada que nos llega directamente del pasado, aun cuando en susurros. Y son los propios romanos los que nos comunican a través de estas lápidas sus nombres y edades; sus cargos, labores y afanes; sus creencias y relaciones familiares o sociales. De ahí su importancia, cuando tenemos la fortuna de encontrarlas. El problema es que muchas veces estos textos nos llegan rotos, incompletos y casi incomprensibles. La ciencia epigráfica, como la arqueológica, tiene sus propias reglas y métodos para corregir estas situaciones y plantear reconstrucciones o interpretaciones plausibles, siempre con un carácter indiciario e hipotético. Y sobre todo, el mensaje se puede completar con verosimilitud si se manejan conjuntamente todas las fuentes de información disponible. En estos últimos días he tenido la oportunidad de analizar una de estas inscripciones felizmente hallada, aunque desgraciadamente muy deteriorada que, a pesar de las lagunas, tiene capital importancia, creo, para profundizar en el conocimiento de esta ciudad ibero-romana.

             Durante los trabajos de desescombro y limpieza de la ermita moderna dedicada a las mártires Nunilo y Alodia, que se encuentra derruida y convertida en majano intramuros a mitad de camino entre la puerta oriental y el santuario, se recuperó un fragmento de placa de piedra caliza micrítica gris (piedra de mina, como las losas del Foro) fracturada por todos los lados, de (28) cm de altura x (40) cm de anchura  x 8/10 cm de espesor. Presenta la cara posterior toscamente desbastada y la cara anterior o campo epigráfico enmarcado originariamente por una moldura en forma de “s”, de la que subsisten restos en el lado derecho. Las letras, de 8 cm. de altura, son capitales cuadradas de buena factura y escaso contraste, con refuerzos poco desarrollados y rasgos propios de época augustea o tiberiana.

 

TRANSCRIPCIÓN

- - - - - - ?

[--- ]on+[io?]

[--- Le]g(ionis) · XXXIII

[---] (vacat) et [---]

- - - - - -? 

 

COMENTARIO

Debido a la fragmentariedad de la placa, no sabemos si se trató del  revestimiento de un pedestal honorífico de estatua o de un epitafio encastrado en un monumento funerario. En cualquier caso, lo verdaderamente interesante de la inscripción se encuentra al final de la línea 2, a lo que parece tras el nombre del protagonista (lín. 1) y formando parte de su cursus honorum, donde aparece una letra G seguida de una interpunción y del número XXXIII suprabarrado, es decir, con una línea incisa horizontal arriba. Este signo epigráfico se empleaba para indicar un numeral ordinario: trigésimotercero/a. La abreviatura se resuelve con seguridad como una referencia a la Legión 33ª del ejército romano. La inscripción, por lo tanto, alude a un militar veterano de tal legión, bien soldado raso, bien oficial (centuriotribunus militum, etc.). Las inscripciones que mencionan a militares son muy escasas en la Bética, provincia inerme (sin ejército acantonado) desde Augusto y durante toda la época imperial; documentándose aquéllos sobre todo en calidad de colonos de las colonias fundadas por César y Augusto (Caballos 2006, 411-431) durante la segunda mitad del s. I a.C, como Urso (colonia Genetiva Iulia, Osuna: CIL II2/5, 1025), Corduba (colonia Patricia, Córdoba: CIL II2/7, 284) o Astigi (colonia Augusta Firma, Écija: HEp. 11, 475).

La Legio XXXIII  fue reclutada por Julio César entre la primera campaña de Hispania contra Pompeyo (primavera-verano del 49 a.C.) y la batalla de Farsalia (9 de agosto del año siguiente, 48 a.C.), seguramente en Italia. Tras la muerte del dictador  probablemente luchara por el bando republicano en la batalla de Filipos (a las órdenes de los asesinos de César: Bruto, Cassio y Catón el joven), tras cuya derrota pasaría a manos del heredero de César, el joven  triunviro Octavio (futuro emperador Augusto). Combatió en la batalla naval de Actium bajo sus órdenes (2 de septiembre del 31 a.C.) contra la flota de Cleopatra y Marco Antonio, siendo disuelta a continuación de la victoria (Rodríguez, 2001, 437). Después de la conquista de Egipto (30 a.C.), sabemos que Augusto reformó el ejército, desmovilizando a miles de veteranos y premiándolos con tierras mediante la fundación de colonias en Italia y las provincias (deductiones: Keppie, 1983, 73). Así resolvió el problema de los excedentes de un ejército sobredimensionado por las guerras civiles, de  manera que nunca más Roma contó con una Legión 33ª. Podemos asegurar que este “Baenense” participó en los acontecimientos de la “Historia Grande” de Roma antes comentados, en el momento crucial del tránsito de la República al Imperio, habida cuenta de que la legión en la que militó perduró sólo 18 años y el servicio activo de un legionario en estos tiempos (honesta missio) duraba entre 6 y 16 años (Keppie, 1983, 35-37). Hasta el momento, sólo se conocía el testimonio epigráfico de otro veterano de la misma legión oriundo de Bovianum, en la región samnita de Italia (CIL IX, 2770 y Keppie, 1983, 163): Lucio Papio, princeps tertius (centurión), cuya inscripción se asemeja mucho a la nuestra desde el punto de vista paleográfico y estado de conservación.

Los argumentos a favor de la identificación del yacimiento de Torreparedones como la colonia de ciudadanos romanos Virtus Iulia Ituci  (Morena, 2011), quedan reforzados con este nuevo testimonio, si lo unimos a los que ya teníamos:

-          La cita de Plinio el Viejo (Naturalis Historia III, 12): Singilis fluvius, in Baetim quo dictum est ordine inrumpens, Astigitanam coloniam adluit, cognomine Augustam Firmam, ab ea navigabilis. huius conventus sunt reliquae coloniae inmunes Tucci quae cognominatur Augusta Gemella, Ituci quae Virtus Iulia, Ucubi quae Claritas Iulia, Urso quae Genetiva Urbanorum…”.  De ella puede inferirse que, por enumerar las colonias inmunes del conventus astigitano (uno de los “partidos judiciales” en que se dividía la provincia Bética en época imperial romana) de Noreste a Suroeste, es decir, siguiendo la orilla izquierda del río Guadalquivir, Ituci se encontraba entre Martos (Tucci) y Espejo (Ucubi), ambas identificadas de forma incontrovertible. Ubicación que presenta nuestro yacimiento, desde el que se divisan ambas ciudades al NE. y al SW.

-          La existencia de magistrados municipales en época julioclaudia como son los aediles y duoviri documentados en la ciudad (p.e. Marco Junio Marcelo), lo que indica que a comienzos de época imperial la ciudad tenía un estatuto privilegiado (colonia de ciudadanos romanos o municipio latino / romano).

-          La Tribus Galeria en que se inscriben sus habitantes ciudadanos romanos, que sabemos es la empleada por Augusto en el proceso de municipalización-colonización que lleva a cabo en la Bética.

-          La construcción de un Foro ex novo, de tipología romana, sobre casas preexistentes, en los últimos decenios del s. I a.C., posteriormente marmorizado en época de Tiberio (años 20 del s. I d.C.) (Morena-Moreno, 2010).  La configuración de este complejo forense remite al modelo del propio Forum Romanum de la Metrópoli en época augustea; si no en su conjunto, sí al menos en algunos aspectos parciales pero significativos. Especialmente destaca  la arquitectura del templo que lo preside al Oeste, de tipología “rostrata”  (con tribuna de oradores frontal y escaleras de acceso laterales), como el templo del Divus Iulius inaugurado por Octaviano en 29 a.C. Pero también remite a ese modelo la configuración del lado norte de la plaza, con la secuencia curia-chalcidicum-aedes Concordiae, que remite al lado oriental del Foro de Roma tras la inauguración de la Curia Iulia por Octaviano en 29 a.C., como el propio emperador recuerda en sus memorias (Res Gestae Divi Augusti, 19). Así, la sala de reuniones del Consejo Municipal (Curia) se halla precedida por un pórtico “sacralizante” con nichos para albergar estatuas imperiales (Chalcidicum) y, al otro extremo del mismo, una capilla o aedicula consagrada a la Diosa Concordia (de la que tenemos fragmentos significativos de la inscripción dedicatoria y de cuya estatua de culto hemos recuperado parte de la cornucopia que portaba). Por último, la situación de la basílica en el lado corto opuesto al templo, como recomendaba Vitruvio por esos años ’20 a.C. en su tratado De Architectura (V,1,4), permiten deducir que la ciudad alcanzó un estatuto romano privilegiado (municipio o colonia) por entonces.

-          El tamaño reducido de la plaza forense, 22 x 24 m. (540 m2) que  implica un cuerpo cívico de varones adultos con capacidad de voto muy reducido, porque la plaza debía acoger anualmente los comicios para la elección de los magistrados municipales (duoviri y aediles). Según la Ley del Municipio Flavio Malacitano (cap. 55), todos los distritos electorales (curiae) debían votar a la vez (uno vocatu) en el mismo recinto (in singulis consaeptis), que es el Foro. En el de Torreparedones no caben más de 500 personas, lo que encaja mejor con una colonia, en la que un contingente reducido de veteranos legionarios son asentados en una ciudad preexistente, asumiendo esa élite todos los privilegios ciudadanos,  que en un municipio, donde todos los habitantes varones adultos tenían derecho al voto, requiriendo un foro de mayores dimensiones.

La coherencia de los datos arqueológicos con la información histórico-geográfica transmitida por Plinio es asombrosa. Por el nombre, estamos ante una deductio colonial o asentamiento de veteranos en un oppidum prerromano turdetano (Ituci).  Al denominarse  Virtus Iulia, la colonia debió ser deducida por Julio Cesar o por su hijo Octaviano. Por  la tribu en que se enrolan sus ciudadanos, la Galeria, resulta mejor candidato Octaviano que César. En cualquier caso, la deductio estaba realizada ya con anterioridad al día 13 de enero del año 27 a.C.,  en que el Senado le otorga al heredero de César el sobrenombre de Augusto: obsérvese que la colonia no se llama “Virtus Augusta”, como sucede con otras fundaciones inmediatamente posteriores al año 27 como Mérida (Emerita Augusta), Écija (Augusta Firma Astigi) ó Martos (Augusta Gemella Tucci). Y el sobrenombre honorífico Virtus (“virtud”) remite a Octaviano: era el concepto programático político justo en los años 30-28, el que justificaba los poderes extraordinarios de quien había ganado la guerra civil (Actium) y salvado la patria, pero carecía de una posición constitucional legal, como recuerda el propio Augusto en sus memorias (RGDA 34):  “clupeusque aureus in curia Iulia positus, quem mihi senatum populumque Romanum dare virtutis clementiae iustitiae pietatis caussa testatum est per eius clúpei inscriptionem.”. El testimonio epigráfico del veterano de la Legión 33ª recuperado en Torreparedones, desmovilizado y premiado con tierras entre los años 30-28 a.C. viene a confirmar que la Colonia Virtus Iulia se dedujo en Ituci-Torreparedones con veteranos de la Guerra de Actium justo en esos años, de dónde la onomástica de la ciudad y los modelos arquitectónicos elegidos para su centro monumental.

 

BIBLIOGRAFIA:

AA.VV. (2010): El Mausoleo de los Pompeyos en Torreparedones (Baena. Córdoba): análisis historiográfico y arqueológico. Salsvm, 1. Córdoba.

ABASCAL, J.M. (1994): Los nombres personales en las inscripciones latinas de Hispania. Murcia. 

CABALLOS, A. (2006): El nuevo bronce de Osuna y la política colonizadora romana. Sevilla.

KEPPIE, L. (1985): Colonisation and veteran settlement in Italy (47-14 B.C.). Rome.

MORENA, J.A. (2011): “Ituci Virtus Iulia: Una colonia en el corazón de la campiña cordobesa”, Revista Ituci  nº 1, 12-21. Baena.

MORENA, J.A. y MORENO, A (2010): “Apuntes sobre el urbanismo romano de Torreparedones (Baena. Córdoba)”. Las técnicas y las construcciones en la ingeniería romana. Actas del V Congreso de las Obras Públicas Romanas (Córdoba, 2010). Madrid, 429- 460.

RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, J. (2001): Historia de las legiones romanas. Madrid.

 

 

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