La hipótesis del simio acuático retorna a la actualidad

 

 

Fuente: The Guardian | Robin Mckie | 27 de abril de 2013 (Traducción de G.C.C. para Terrae Antiqvae)

 

Es una de las ideas evolutivas más inusuales que se hayan propuesto: los seres humanos son simios anfibios que perdieron su piel, comenzaron a caminar erguidos y desarrollaron grandes cerebros, debido a que salieron a vivir la buena vida por la orilla del agua.

 

Es la hipótesis del simio acuático, y, aunque ha sido tratada con escarnio por parte de algunos académicos en los últimos 50 años, todavía está respaldada por un pequeño, pero comprometido grupo, de científicos. La próxima semana se llevará a cabo una importante conferencia en Londres, donde varios oradores, entre ellos David Attenborough (derecha), expresarán su apoyo a la teoría.

 

"Los seres humanos son muy diferentes de otros simios", dice Peter Rhys Evans (izquierda), uno de los organizadores de la conferencia Evolución humana: pasado, presente y futuro. "Carecemos de pelo, caminamos erguidos, ostentamos grandes cerebros y grasa subcutánea, y tenemos una laringe descendida, una característica común entre los animales acuáticos, pero no entre los simios".

 

Modelos evolutivos estándar sugieren que estas diferentes características aparecieron en momentos separados y por diferentes razones. La hipótesis del simio acuático, argumentan todos ellos, se produjo porque nuestros antepasados decidieron vivir en o cerca del agua durante cientos de miles o posiblemente millones de años.

 

La hipótesis fue propuesta por primera vez en 1960 por el biólogo británico Sir Alister Hardy (derecha), quien creía que los simios descendieron de los árboles para vivir, no en la sabana como se supone generalmente, sino en los arroyos crecidos, en los márgenes de los ríos y costas marinas, esto es, en algunas de las fuentes de alimentos más ricas de la Tierra. Para mantener la cabeza fuera del agua desarrollaron la postura erguida y liberaron sus manos para hacer herramientas y así romper y abrir los mariscos. Luego perdieron su vello corporal y, en su lugar, desarrollaron una espesa capa de grasa subcutánea para mantener el calor corporal en el agua.

 

Desde entonces, los científicos han añadido a otros atributos humanos un origen acuático -una adición reciente son los senos paranasales, dijo Peter Rhys Evans, experto en fisiologia de la cabeza y el cuello en el Hospital Royal Marsden de Londres.

 

"Los seres humanos tienen particularmente grandes senos paranasales, espacios entre el cráneo, nuestras mejillas, la nariz y la frente. Pero, ¿por qué tenemos espacios vacíos en la cabeza? Esto no tiene sentido si no consideramos la perspectiva evolutiva. Entonces tal circunstancia se vuelve clara: nuestros senos paranasales actuaron como ayudas a la flotación, es decir, ayudaron a mantener la cabeza por encima del agua", dijo.

 

 

Otros paleontólogos rechazan partes de la teoría. Uno o dos rasgos humanos podrían haber surgido, dado que nuestros ancestros escogieron sus hábitats cerca del mar, pero todo el conjunto de atributos -la falta de pelo, la postura erguida, grandes cerebros, los senos y otros- es simplemente demasiado, añaden.

 

"Creo que el vadear en un ambiente acuoso es una explicación tan buena, por el momento, a nuestro modo de andar erguido como cualquier otra teoría sobre el bipedalismo humano", aduce el profesor Chris Stringer (izquierda), del Museo de Historia Natural de Londres. "Pero el conjunto de características sobre el simio acuático incluye atributos que aparecieron en momentos muy diferentes en nuestra evolución. Si todos ellos fueran el resultado de nuestras vidas en ambientes acuáticos, tendríamos que haber empleado millones de años de evolución en ese medio, y no hay pruebas de ello; por no hablar de que los cocodrilos y otras criaturas habrían hecho de los entornos acuáticos un lugar muy peligroso".

 

No es sólo la fisiología humana la que revela nuestro pasado acuático, argumentan los partidarios de la teoría. Nuestra bioquímica cerebral también lo hace. "El ácido docosahexaenoico (DHA) es un ácido graso omega-3 que se encuentra en grandes cantidades en los alimentos marinos", dice el Dr. Michael Crawford (derecha), del Imperial College de Londres.

 

"Dicho ácido aumenta el crecimiento del cerebro en los mamíferos. Es por eso por lo que un delfín tiene un cerebro mucho más grande que una cebra, aunque tienen aproximadamente el mismo tamaño de cuerpo. El delfín tiene una dieta rica en DHA. El punto crucial es que sin una dieta rica en DHA, procedente de los mariscos, no podríamos tener desarrollados nuestros grandes cerebros. Tenemos inteligencia gracias al consumo de pescado y de haber vivido en el agua.

 

"Item más: ahora nos enfrentamos a un mundo en el que las fuentes de DHA -nuestras reservas de peces- están amenazadas. Eso tiene consecuencias cruciales para nuestra especie. Sin abundancia de DHA, nos enfrentamos a un futuro en el que se incrementarán las dolencias mentales y el deterioro intelectual. Necesitamos hacer frente a eso con urgencia. Esa es la verdadera lección de la teoría del simio acuático".

 

Nacimiento de una idea

Originalmente esbozada por el biólogo Sir Alister Hardy, la hipótesis del mono acuático alcanzó prominencia cuando la teoría fue recogida por la escritora galesa, Elaine Morgan (izquierda) a principios de los años 70. (Su trabajo anterior había consistido en escribir episodios para el Libro de Casos del Dr. Finlay.)

 

Morgan estaba enfurecida con las explicaciones dominantes de los hombres sobre los atributos humanos como la pérdida del pelo. De acuerdo a las ideas imperantes, los machos humanos perdieron su vello corporal cuando comenzaron a cazar y necesitaban a sudar profusamente en el calor africano. Pero no daban ninguna explicación para dar cuenta de la pérdida de pelo del cuerpo femenino. Como resultado, Morgan volvió a la teoría del simio acuático, en la cual ella creía, proporcionado una visión más equilibrada de la evolución humana.

 

Morgan escribió un relato popular sobre la hipótesis del simio acuático titulado "La descendencia de la mujer", que se convirtió en un éxito de ventas a ambos lados del Atlántico. Siguió a esto otros libros sobre el tema, incluyendo "Las cicatrices de la evolución" y "La hipótesis del simio acuático". Más recientemente, Morgan defendió su creencia en una presentación televisiva en TEDx en 2009 (ver vídeo en el enlace anterior, en español). 

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Etiquetas: Elaine Morgan, Michael Crawford, Peter Rhys Evans, Simio acuático, Sir Alister Hardy

Comentario por Mario Valdez el mayo 1, 2013 a las 7:03am

No entiendo, por que la necedad de explicar la inviabilidad de esta hipótesis, mi comentario va en el sentido de que el simio acuático no podía sobrevivir a los depredadores de los ríos y lagos. Pues si a esas vamos, entonces ¿cómo sobrevivió a las decenas de depredadores que poblaban la sabana africana ?. Por supuesto que el simio acuático pudo haber sobrevivido a todo eso y mas . Sobre todo si se considera una periodo de millones de años de evolución. Es cierto que el limite puede estar en lo 4 o 5 millones de años. Pero el hecho de que esos sean los restos mas antiguos de australopitecus no significa que sean los definitivos . Nuestros antepasados pudieron haber evolucionado unos 7 o 10 millones de años , solo falta descubrirlos . Pudieron haber quedado aislados unos 5 millones en algunas islas costeras  con lagos interiores sin depredadores como cocodrilos o tiburones . O ustedes que opinan?

Comentario por Mario Valdez el mayo 1, 2013 a las 7:04am

Sobre todo por que los bebes humanos están muy bien adaptados a la vida acuática, y eso no se obtiene en apenas 4 millones de años de evolución , se necesita un poco mas... 

Comentario por Hispalois el mayo 1, 2013 a las 8:26am

Es curioso que la noticia no mencione el libro "El mono desnudo" de Desmond Morris, que tanto contribuyó a divulgar esta hipótesis sin necesariamente respaldarla.

Comentario por Augusto Pugliese Rossi el mayo 8, 2013 a las 7:28pm

Está la objeción de porqué no desarrollamos membranas interdigitales, como otros mamíferos de hábitos acuáticos, y que la ubicación de nuestra nariz y el peso de nuestra cabeza nos hacen especialmente torpes para nadar. De hecho, la natación, que en la mayor parte de los mamíferos terrestres es innata, los humanos debemos aprenderla. 

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