Nuevos restos de fauna e industria lítica de entre 80.000 y 120.000 años confirman la presencia de neandertales en Atapuerca

Foto: Bifaz de cuarcita hallado este año en la Gran Dolina de Atapuerca.

La aparición de nuevos restos de fauna e industria lítica musteriense de entre 80.000 y 120.000 años en el yacimiento de Cueva Fantasma confirman la presencia de neandertales en Atapuerca (Burgos), con los que se cierra el ciclo evolutivo de 1,5 millones de años. Así lo confirmaron hoy en el mismo yacimiento, en el que se trabaja por segundo año consecutivo, los codirectores Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro.

Asimismo, Carbonell resaltó que en este yacimiento -que fue una cantera- “después de 40 años se han encontrado los fósiles más modernos y los sedimentos más antiguos, probablemente de hasta dos millones de años”, y confirmó que “desde 1,5 millones de años, en Atapuerca ha habido ocupación humana continuamente”.

En este sentido, explicó que durante esta campaña de excavaciones en este yacimiento se van a realizar cuatro sondeos de testigo continuo -se empezará a excavar la próxima campaña 2018- para evaluar el potencial estratigráfico del mismo. Así, adelantó que la “sorpresa” con la que ya se han encontrado es que “cuando se analizaban los sedimentos al empezar a perforar unas brechas fosilíferas muy antiguas, se vio que probablemente sean brechas de entre 1,5 y 2 millones de años o más”.

Foto: José maría Bermúdez de Castro (agachado) y Eudald Carbonell.

Así, relató que “lo que se estaba previendo de que en la sierra hubiera brechas fosilíferas o sedimentos fluviales encajados en las cuevas cuando se estaban haciendo se confirma”. De esta forma, aseguró: “Nos encontramos con los sedimentos más antiguos que hay conocidos hasta ahora en la sierra de Atapuerca”.

Continuando con Cueva Fantasma, Carbonell añadió “otra buena noticia” encontrada y es que se ha hallado la entrada de la cueva por detrás. Así, afirmó que "se tiene la cueva muy bien delimitada y se sabe su potencial”. De esta forma, explicó que “en la parte superior se trataría de sedimentos del Pleistoceno Superior, que podrían tener entre 80.000 o 90.000 años, o como el yacimiento de Las Estatuas, de hasta 60.000 años” y luego, agregó, “se tendría una secuencia de Pleistoceno Medio debajo pero con gran potencial de Pleistoceno Inferior”.

Ello quiere decir, aclaró, que “si hay sedimentos como en Gran Dolina, que es muy probable, se pueden encontrar la gran sorpresa de que hay otro yacimiento con homínidos antiguos, aunque hay que confirmarlo”, advirtió Carbonell. Para hacerlo, indicó que “este año se tendrán los primeros datos para saber si el cráneo parcial encontrado el año pasado es de neandertal y para el próximo año probablemente se podrá publicar al tiempo que se sabrá si es una especie antigua”.

Caja de pandora distinta

De esta forma, ensalzó que “se ha abierto una caja de pandora distinta fuera de Trinchera del Ferrocarril” y aseguró sobre el actual equipo investigador de Atapuerca, liderado por Carbonell, Bermúdez de Castro y Juan Luis Arsuaga que “Vamos a dedicar nuestros últimos años a tratar de entender esta caja de pandora”. “Va a ser otro yacimiento muy excepcional”, aseveró. Bermúdez de castro añadió: “Será el último gran cohete que tiramos de la fiesta final”.

Por lo que respecta a la superficie, durante estos días de campaña se han sacado entre 10 y 12 toneladas de piedras y resaltó que “están apareciendo huesos machacados de cuando la cantera estaba funcionando”. “Limpiando hemos encontrado ya en esta superficie muchos restos de industria y fauna del Pleistoceno Superior y que se corresponde con el cráneo encontrado de neandertal”, declaró.

Por su parte, Bermúdez de Castro apuntó que se trata de restos de fauna e industria lítica musteriense, típica de la época de los neandertales clásicos, con una antigüedad de entre 120.000 y 70.000 u 80.000 años. Sin embargo, precisó que “todavía hay que estudiar el resto ya que faltan las dataciones y hay que tomar este año algunas muestras”.

280 investigadores

Cerca de 280 investigadores especializados en más de 20 disciplinas diferentes excavan e investigan en la sierra de Atapuerca hasta finales del mes de julio. Los medios de comunicación realizaron hoy la tradicional visita a los yacimientos en la que se informó de la actualidad de cada yacimiento arqueológico.

La primera parada fue en Sima del Elefante. Ubicado en la Trinchera del Ferrocarril, en este yacimiento se han descubierto fósiles humanos de más de 1,2 millones de años. A finales de la campaña anterior se inició la excavación del nivel TE7 en una zona reducida del yacimiento. Sin embargo, en algunas otras zonas todavía quedaron sedimentos del nivel TE9d y TE8.

El objetivo de esta campaña, según explicó su coordinadora Rosa Huguet es retirar totalmente los sedimentos de estos dos niveles y dejar al descubierto, así como excavar a partir de este martes el nivel 7 en toda su superficie en el yacimiento que se desarrollará, dijo, durante “cuatro o cinco años”. Se trata del nivel más antiguo con restos fósiles documentado en la Sima del Elefante hasta el momento.



Yacimientos de la sierra de Atapuerca. / Ricardo Ordóñez

Gran Dolina

Gran Dolina es uno de los yacimientos más conocidos de la Trinchera del Ferrocarril, en el que se descubrió la especie Homo antecessor. Se está excavando en dos niveles distintos: el nivel TD10, de unos 400.000 años, y el nivel TD4, de entre 1.000.000 y 900.000 años de antigüedad. Respecto al nivel TD10, los investigadores Andreu Ollé y Palmira Saladié, explicaron que el principal objetivo de esta campaña es finalizar la excavación de la unidad TD10.3, de una antigüedad de unos 420.000 años. Con los datos que se recuperen en esta campaña se podrá cerrar la interpretación preliminar de esta unidad y adentrarse en la última capa que queda por excavar de TD10 (TD10.4), menos gruesa que las anteriores, y poner al descubierto ya el techo del nivel TD9.

Con ello, y en función de los indicios obtenidos en la campaña de 2016, se acabará de explorar el mundo Achelense de Atapuerca (que tan bien se conoce en el yacimiento de Galería, y que se corresponde con el completo registro paleoantropológico de la Sima de los Huesos). Otro objetivo de la excavación de TD10 es continuar desarrollando la vertiente de transmisión de conocimientos como escuela de arqueología prehistórica.

Ollé avanzó que durante la jornada de este domingo salió a la luz un bifaz de cuarcita, tallado por las dos caras, con características de la época achelense, con una antigüedad de entre 420.000 y 430.000 años, “una fecha muy próxima al yacimiento de la Sima del Elefante, apostilló. Al mismo tiempo, advirtió de la "importancia de tener en cuenta la red interconectada en Atapuerca”. La científica Palmira Saladié manifestó que “si hasta ahora se investigaban las capacidades de caza de los homínidos, ahora en esta base de investigaciones está la convivencia con carnívoros”, al encontrar indicios de restos de león y tigre diente de sable.

En cuanto al nivel TD4, Jordi Rosell, señaló que se intentarán ampliar las colecciones procedentes de depósitos antiguos, tanto líticas como faunísticas. Del mismo modo, se dará prioridad a los aspectos geocronológicos que puedan ayudar a afinar más en la cronología del depósito y en la configuración de la cueva en ese periodo. “Se va a intentar ver si hay presencia humana en la sierra que permita conectar Sima del Elefante (1,2 millones de años) con el Homo antecessor (800.000 años)”.

Galería

La campaña de excavación en Galería se centra en la subunidad GIIIa que tiene una antigüedad de unos 270.000 años. Excavan en extensión los niveles arqueológicos más ricos de esta unidad, a juzgar por los resultados obtenidos durante las intervenciones de los años 80 y 90. También, se continúa con la revisión estratigráfica para comprender la compleja dinámica de formación del yacimiento, explicó una de las responsables del yacimiento Ana Isabel Ortega.

Además, las intervenciones de este año permiten, por primera vez desde la reanudación de los trabajos, tener una superficie continua, ya que se podrán unir los dos sectores existentes que, actualmente, están separados por la morfología del techo de la cueva. La investigadora Paola García subrayó que en esta campaña se están encontrando fósiles y herramientas líticas que explican el modo de vida de los grupos humanos del Pleistoceno medio de la sierra de Atapuerca.

Así, explicó que "se trata de un yacimiento que tiene una función de trampa natural por lo que los instrumentos que se están encontrando ya vienen hechos y aquí los abandonan”. “Los animales que más procesan son los caballos infantiles, fundamentalmente, y nos encontramos restos de la parte torácica y de la cabeza, y nos faltan las patas, porque se las llevan al sitio donde viven”, expuso.

Portalón

El último yacimiento al que guiaron a los medios de comunicación fue Portalón de Cueva Mayor. Aquí, Amalia Pérez Romero explicó que se trabaja en niveles holocenos que están proporcionando una información muy valiosa acerca del origen de las poblaciones europeas actuales, incluyendo la historia genética de las mismas y las migraciones que se han producido desde la expansión de la agricultura y ganadería por el continente desde Oriente Próximo y llegada en otro momento de pueblos de las estepas.

El objetivo de la campaña, dijo, es “tratar de informarnos cuál es el uso de la cueva, que parece ser que es habitacional” y avanzó que “se tiene ya localizado algún resto humano neolítico”.

Fuente: leonoticias.com| 10 de julio de 2017

 
 
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Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el julio 11, 2017 a las 11:44am

Recuperando fósiles de casi un millón de años

Recuerdo bien el disgusto de Emiliano Aguirre, hacia finales de la década de 1980, cuando le comunicaron que una parte del yacimiento de la Gran Dolina había sido volado con cargas explosivas. En aquellos años muy pocos eran conscientes del enorme valor que acabaría por tener este lugar para el estudio de la evolución humana. Situada en una zona militar, la mayor parte de la Trinchera del Ferrocarril era una zona segura para probar explosivos. La mala suerte quiso que algunas cargas se colocaran justo en la parte más baja de la cueva de la Gran Dolina. Los miembros del Grupo Espeleológico Edelweiss de Burgos ayudaron a Emiliano Aguirre y al arqueólogo burgalés Carlos Díez a recoger cientos de fragmentos de fósiles arrancados por la onda expansiva, que dejo cicatrices profundas en los niveles TD4, TD5 y TD6. Quizá se perdieron unos cuantos restos de Homo antecessor. Si la Trinchera del Ferrocarril arrasó parte del yacimiento durante su construcción a finales del siglo XIX, este suceso sirvió para alertar a las autoridades civiles y militares sobre la necesidad de preservar el lugar. Nunca más se volvería a repetir algo semejante. Más bien al contrario. Desde entonces, el respeto hacia los yacimientos cristalizó en 2000 tras su declaración como lugar Patrimonio de la Humanidad. Desde entonces, las patrullas militares del acuartelamiento donde se encuentra el yacimiento no dejan de vigilar el lugar, como un auténtico tesoro.

En la imagen la restauradora y conservadora Pilar Fernández Colón (CENIEH) nos muestra los restos de la mandíbula de un oso aparecido en la presente campaña de 2017, literalmente aplastados por los 18 metros de sedimentos que la han cubierto durante casi un millón de años. Foto del autor.

Entre 1990 y 1991 se realizó una excavación de urgencia para evitar que las condiciones climáticas terminaran por destruir una parte de la base del nivel TD4. En 1992 levantamos el techo de la cueva de la Gran Dolina y dejamos el nivel más alto (TD11) expuesto a la intemperie. Solo un par de años más tarde aparecieron los primeros restos de Homo antecessor. Todos estos acontecimientos forzaron la protección del yacimiento con una enorme cubierta. No nos equivocamos y, entre todos, salvamos uno de los mejores yacimientos de Eurasia.

En aquellas intervenciones de 1990 y 1991 se recogieron docenas de restos de grandes mamíferos de la base de TD4. Entre otras especies, aparecieron restos muy completos y bien conservados de caballos, ciervos, osos y rinocerontes. Cuatro herramientas de cuarcita, de aspecto muy tosco, difíciles de clasificar en alguna tecnología conocida, completaron una de las mejores colecciones arqueo-paleontológicas de Atapuerca. La primera evaluación del paleomagnetismo de la secuencia de Gran Dolina, la morfología de los restos fósiles y otros datos sugerían que el nivel TD4 podía tener una cronología de 800.000 años. Las estimaciones se quedaron cortas. En estos últimos años se han utilizado varios métodos de datación, que han arrojado cifras de entre 900.000 y cerca de un millón de años para la base del nivel TD4.

Detalle de la mandíbula de oso de TD4. Aunque parezca imposible, los restauradores conseguirán reestablecer la anatomía de la mandíbula con infinita paciencia. Foto del autor.

Durante mucho tiempo, la autenticidad de las herramientas en TD4 fue desechada por muchos colegas, puesto que la “ciencia oficial” de entonces no admitía la presencia de humanos en Europa más allá del límite de los 500.000 años. Un cuarto de siglo más tarde los arqueólogos y paleoantropólogos ya buscan en Europa restos humanos de hasta 1,5 millones de años.

Desde la campaña de campo de 2015 se excavan unos 15 metros cuadrados del nivel TD4. Las herramientas de piedra siguen apareciendo, junto con restos de animales de diferentes especies. No descartamos que algún día se encuentren restos de homininos en TD4. Sería un gran acontecimiento para las excavaciones en la sierra de Atapuerca.

Fuente: quo.es | 11 de julio de 2017

 

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el julio 14, 2017 a las 12:29am

El macaco de Gran Dolina

En el post anterior hablé del nivel TD4 de Gran Dolina. Sus restos fósiles y sus herramientas de piedra tienen casi un millón de años. En esta campaña se esperaba obtener numerosos restos, que ya se veían en el corte estratigráfico. Por lo que ya se conocía de este nivel, parecía que los hallazgos serían muy repetitivos: osos, ciervos, rinocerontes…., pero nadie esperaba encontrar un resto de macaco. No es que fuera imposible, pero si extraño en una superficie de pocos metros cuadrados como la que se explora en la actualidad en este nivel. Pero ahí estaba el pequeño trozo de mandíbula de este cercopitécido de la especie Macaca sylvanus, con sus dientes característicos de cúspides puntiagudas.

Resto mandibular de Macaca sylvanus en el nivel TD4 de Gran Dolina. Foto del autor.

El género Macaca surgió a finales del Mioceno, hace unos 5,5 millones de años. La especie más antigua conocida de este género es precisamente Macacasylvanus, que ha sobrevivido hasta la actualidad. Esta especie, conocida como el “macaco de Berbería”, se extinguió de nuestro continente hace unos 30.000 años debido al efecto de los fríos glaciales y tal vez al exceso de caza por parte sus múltiples predadores. En la actualidad se trata de una especie en vías de extinción, tan solo localizada en algunas regiones del norte de África.

En algún momento histórico la especie fue introducida en Gibraltar, donde se formó un pequeño grupo. Durante la segunda guerra mundial se trasladaron una docena de ejemplares al Peñón para preservar su estabilidad genética. Allí se han reproducido y viven en libertad. Su atractivo turístico les permite mantenerse como una pequeña población estable de unos 300 ejemplares, sin riesgos aparentes. Salvo por este detalle, la especie Macaca sylvanus ya no vive en Eurasia.

En el nivel TE9 del yacimiento de la Sima del Elefante se había encontrado algún diente del género Macaca, que testificaba la presencia de este primate en el Pleistoceno Inferior de la sierra de Atapuerca, como sucede en otros yacimientos de la península ibérica (Quiba, Murcia).

 

Macaca sylvanus. Fuente: Wikipedia.

Estos primates son omnívoros. Se alimentan de frutas, raíces, hojas, insectos y su peso no pasa de los 12-13 kilogramos. Su presencia en los yacimientos es muy rara, precisamente porque sus poblaciones no son abundantes. Viven en grupos de 10 a 30 individuos y son tan territoriales como otros primates.

El resto encontrado en TD4 pudo ser un ejemplar cazado por algún predador, incluidas las águilas, cánidos o la propia especie humana de entonces, como lo fueron otras presas encontradas en el yacimiento. Queda pues constancia definitiva de la presencia de este primate en la sierra de Atapuerca.

 

Fuente: quo.es | 13 de julio de 2017

 

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el julio 24, 2017 a las 1:26am

El yacimiento de Galería: despensa y almacén

El yacimiento de Galería-Zarpazos fue el primero que se excavó de manera sistemática bajo la dirección de Emiliano Aguirre. Los trabajos comenzaron en 1980. Se trataba del yacimiento más sencillo de abordar desde el punto de vista logístico. Los medios económicos y humanos disponibles en aquellos años no daban para más. La excavación del yacimiento de Galería-Zarpazos tuvo que posponerse de manera provisional por hallazgos de mucho interés, como los de la Sima de los Huesos y los de Gran Dolina. Los escasos medios humanos se trasladaron a estos yacimientos que estaban ofreciendo resultados sorprendentes.

No obstante, el conjunto Galería-Zarpazos dio una lección importantísima sobre el comportamiento de los humanos que vivieron en la sierra de Atapuerca hace entre 450.000 y 200.000 años. Este yacimiento se formó por la entrada de sedimentos del exterior a través de dos profundos agujeros situados en el techo de la cueva. Por uno de esos agujeros se despeñaban algunos animales, mientras que por el otro entraban los humanos para aprovechar los cadáveres. A lo largo de más de 200.000 debieron de caer más de 300 individuos de diferentes especies de caballos y ciervos. Los humanos entraban provistos de herramientas líticas, que dejaban abandonadas en la cueva, quizá para ser utilizadas en otro momento. Con sus manos liberadas de esa carga, transportaban las extremidades de los grandes mamíferos para compartir la carne con el resto del grupo.

Panorámica de la cueva de Galería-Zarpazos. Foto del autor tomada desde el yacimiento de Gran Dolina.

En los diferentes niveles de Galería-Zarpazos solo se encuentran costillas, vértebras y cráneos. Ni rastro de fémures, tibias o húmeros. Las marcas de corte producidas por los cuchillos de piedra señalan el lugar por donde se cortaron los tendones que unían los paquetes musculares a los huesos. Y encima de ellas se observan las marcas de los dientes de los cánidos, que debían de entrar a continuación en la cavidad para aprovechar lo que habían dejado los humanos.

Según estos indicios, es muy posible que homininos y cánidos hayamos tenido una relación muy estrecha desde hace miles de años, que culminó en el Neolítico con la domesticación y colaboración de estos animales.

La pequeña cueva de Galería-Zarpazos pudo estar unida por un estrecho conducto a la vecina gran cueva de Gran Dolina, cuya entrada fue ocupada en esa época por los ancestros de los neandertales. Así lo sugieren los trabajos de geofísica, que detectan la morfología del subsuelo a una cierta profundidad.

En 1995 se decidió dar por concluida la intervención en el yacimiento de Galería-Zarpazos. Y todo ello a pesar de haberse encontrado un parietal humano y una concentración inusual de bifaces, como regalo de despedida. La zona de Zarpazos se había terminado de excavar casi en su totalidad. Sin embargo, los sedimentos de la cueva de Galería quedaron expuestos a la intemperie durante algunos años. Con el paso de los duros inviernos lo que había quedado del yacimiento amenazaba por derrumbarse y desaparecer por completo. Por fortuna, hace pocos años pudimos reiniciar los trabajos, salvar el yacimiento y seguir obteniendo datos adicionales. Entre los conseguidos durante esta campaña de 2017 destaca el hallazgo de un gran bloque de sílex, dejado casi en el fondo de la cueva por los humanos. Ese bloque, encontrado en algún lugar de la sierra de Atapuerca, fue trasladado al interior de la Galería como fuente de materia prima para elaborar herramientas in-situ.

Bloque de sílex hallado en la campaña de 2017 en el yacimiento de Galería.

Este comportamiento implica una notable capacidad de planificación en nuestros ancestros de hace 300.000 años. No solo acudían a la cueva para aprovecharse de algún animal caído por la trampa natural, sino que esas caídas eran previsibles y tal vez provocadas. El traslado de un bloque de sílex de al menos 50-60 centímetros de diámetro no es una tarea sencilla a través de un conducto estrecho. Poco a poco se ponen en evidencia las habilidades de las especies humanas que habitaron la Sierra durante el Pleistoceno Medio y su enorme capacidad de previsión y planificación, muy similares a las que hoy en día tendríamos nosotros si tuviéramos que vivir en sus mismas condiciones.

Fuente: quo.es | 20 de julio de 2017

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