Foto: 'Stonehenge From The Air', de Jason Hawkes/Getty para The Guardian

Siempre que el tema de Stonehenge vuelve a mí (o yo vuelvo a él), me planteo la misma pregunta (por inevitable formación profesional): ¿Y si el Gran Círculo de Piedra estuviese de algún modo vinculado a la música…? Sin embargo, una posible respuesta afirmativa se esfuma tan pronto como ha venido.

 

No obstante, me encuentro con que The Guardian publica el siguiente titular:

 

Stonehenge estuvo basado en una ilusión mágica auditiva

 

Al parecer, según el investigador Steven Waller, el diseño de Stonehenge habría sido pensado con la intención de hacer coincidir los sonidos fuertes y suaves a través de la interferencia acústica y que esa es la razón por la que los pilares se encuentran espaciados entre sí de esa forma y no de otra.

 

Waller afirma, según Ian Sample en The Guardian, que los constructores neolíticos de Stonehenge se inspiraron en ilusiones auditivas a la hora de elaborar los planos [sic] para el antiguo monumento. Dice Waller que las posiciones de los menhires coinciden con los patrones de las ondas sonoras creadas por un par de instrumentos musicales. Dos flautas produciendo de forma continua una misma nota, crearían un patrón de interferencia que, según este investigador, produce eco en la disposición de las rocas de Stonehenge. Es decir, la posición de las piedras corresponde a la separación regular de los sonidos fuertes y suaves creados por la interferencia acústica cuando ambos instrumentos soplaban al unísono.

Durante un tiempo, hace ya por lo menos diez años, estudié este fenómeno, que no es, ni mucho menos, aislado. Dentro del plano de lo sonoro y los efectos acústicos del sonido, se han realizado estudios que  relacionan la producción musical de nuestros ancestros con el arte pictórico de la Prehistoria. Fueron Reznikoff y Dauvois en 1988 quienes elaboraron una teoría en virtud de la cual asociaron ciertas zonas caracterizadas por determinados efectos acústicos (como ecos o reverberaciones), con el tipo de representaciones plásticas que las cuevas albergan.

 

Es decir, siguiendo esta hipótesis, en áreas en las que se diera una mayor amplificación en sus paredes, aparecerían escenificadas figuras de animales herbívoros, mientras que otros animales, como los depredadores, se encontrarían en zonas más silenciosas, precisamente porque éstos se caracterizan por su capacidad de acecho a la presa cuando llega el momento de cazar.

 

Waller es un experto en estos temas. Leyendo el artículo de The Guardian le daba vueltas a la cabeza, porque su nombre me sonaba muchísimo, hasta que por fin he caído en la cuenta. Este investigador independiente californiano destaca, sobre todo, en materia de ceremonias rituales en relación con el arte rupestre y los efectos sonoros usados en estas. La particularidad de las conclusiones a las que llega el investigador, radica en que en más de cien lugares en todo el mundo ha podido comprobar un hecho asombroso: en estos sitios –por lo general cuevas, grutas y cañones– se da la peculiaridad de que poseen una morfología especialmente adecuada para que en ellos se produzcan ciertos fenómenos acústicos, los cuales, en realidad, la mayor parte de las veces son muy similares al singular eco. Se da el caso de que en todos esos lugares (en Francia, España, Norteamérica, Canadá…) existen pinturas y grabados que escenifican el sonido. Es decir, allá donde se da el fenómeno del eco –por cuyo efecto parece que la voz emana de la superficie de la roca– aparecerán, por ejemplo, dibujos que parecen estar hablando; si damos una palmada, el sonido que el eco produce semeja al de un zarpazo de algún gran animal y, efectivamente, las pinturas que encontramos en esta ocasión tendrán como tema estrella el de garras y pezuñas de animales.

 

La teoría de Waller se basa en que el Hombre primitivo consideraba sagrados aquellos lugares en los cuales se daba este tipo de fenómenos acústicos, incomprensibles para ellos. El eco les inspiraba para que decorasen las paredes con las imágenes que su sonido les sugería.

 

Waller afirma haber hallado en Horseshoe Canyon, por ejemplo, cinco emplazamientos en los que las pinturas coinciden exactamente con las cinco localizaciones en las que existe la mayor intensidad de eco (S. J. Waller, 1993). Otros emplazamientos importantes en los que ha probado su teoría son, por ejemplo, la cueva de Lascaux en Francia, o incluso nuestra cueva de Altamira.

 

Volviendo de nuevo a Stonehenge y al artículo de The Guardian, se menciona el trabajo de un experto en música en la Universidad de Huddersfield, llamado Rupert Till (2009), en el que se utiliza una réplica a escala de Stonehenge y es analizada por ordenador para demostrar que los golpes de tambor y determinados cantos repetitivos resuenan con fuerza entre aquellas piedras. No obstante, el profesor de arqueología en la Universidad de Bournemouth, T. Darvill, dijo que, mientras que el sonido juega un papel importante en los acontecimientos de Stonehenge, el monumento no fue probablemente diseñado con una acústica en mente.

Por su parte, Waller afirma que durante el Neolítico, la naturaleza de las ondas sonoras habría sido lo suficientemente misteriosa como para que aquellas personas interpretasen como un acontecimiento mágico lo que en realidad es una interferencia acústica.

 

Durante su experimento, Waller entró en el círculo y, según pudo comprobar, el volumen se elevó, bajó y se elevó de nuevo: Lo que me encontré inesperado fue lo que experimenté en las regiones del silencio. Me sentía como si estuviera siendo protegido por el sonido. Como si algo me estuviese protegiendo. Me dio una sensación de paz y tranquilidad, dijo Waller a The Guardian.

Waller, además, utilizó a varios voluntarios que, con los ojos vendados, los llevó al círculo, cerca de los instrumentos. A continuación, pidió a los participantes que esbozaran la forma de cualquier obstáculo que pensaran que había entre ellos y las flautas. Algunos dibujaron círculos de pilares y dinteles.

Si aquellas personas del pasado hubiesen bailando en círculo en torno a dos flautistas y hubiesen sentido las regiones fuertes y suaves que se producen cuando un patrón de interferencia está configurado, habrían sentido que allí debería de haber grandes objetos dispuestos en forma de anillo. Lo cual habría sido completamente desconcertante, y todo lo misterioso en el pasado era considerado como magia y sobrenatural.

Y continúa el investigador: Creo que eso fue lo que les motivó a construir la estructura real que coincidía con esta impresión virtual. Era como una visión que recibirían desde el otro mundo. El diseño de Stonehenge coincide con este patrón de interferencia ilusión auditiva.

Por tanto, las piedras de Stonehenge son sombras acústicas que simulan un patrón de interferencia, agrega a la revista digital.

The Guardian añade que los hallazgos de Waller no son una mera coincidencia, sino que se basa en las leyendas locales, pues, según estas, algunos megalitos se conocen como “las piedras de los gaiteros”, a la vez que otras historias hablan de muros de aire que forman una torre invisible, y dos flautistas mágicos que seducen a las doncellas y las invitan a bailar en un círculo antes de que este se convirtiese en piedra.

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Si quieres compartir este artículo, hazlo, pero no olvides citar autor y fuente. No seas piratilla, anda. Derechos de autor: Creative Commons, 3.0. © Ángel Román Ramírez y Terrae Antiqvae, 2012.

Artículos relacionados:

Ian Cross. "Music, mind and evolution"Psychology of Music, 29(1), pp. 95-102 (2001).

S. J. Waller. "Sound and rock art". Nature, 363, p. 501 (1993).


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Etiquetas: Stonehenge, eco, música, sonido

Comentario por Guillermo Caso de los Cobos el febrero 17, 2012 a las 12:52am

Me gustan, Ángel, las múltiples e interesantes sugerencias interpretativas que aporta el post (aunque nada más que sea a título de curiosidad), pero no tengo más remedio que secundar  la idea del profesor de arqueología, T. Darvill,  cuando manifiesta que "el monumento no fue probablemente diseñado con una acústica en mente".

Si en su día ya me parecía excesivamente aventurada la idea de Rupert Till, al considerar a Stonehenge una especie de gran auditorio musical, igual me parece ahora la idea que aporta Steven Waller, la cual se presenta hiper-especulativa y, además, excesivamente psicologista.

Claro que, por otra parte, hay que comprenderlos, dado que Stonehenge da para mucho a la hora de ensayar interpretaciones de todo tipo, desde las más delirantes a las más plausibles.

Comentario por Ángel Román Ramírez el febrero 17, 2012 a las 12:20pm

Hola, compañeros. En cierto modo, estoy de acuerdo con ambos.

He estado buscando más información sobre el tema y he dado con este artículo de Telegraph. En él se explica brevemente la investigación de Rupert Till de 2009. Decía este investigador que las piedras tienen la acústica ideal para amplificar un ritmo repetitivo de trance

Decía Till además que ellos fueron capaces "de obtener algunos resultados interesantes cuando visitamos la réplica mediante el uso de ordenador, software de análisis acústico, un micrófono sonidos 3D y un gran altavoz de graves [...] Al comparar los resultados de los cálculos de papel, las simulaciones por ordenador basadas en modelos digitales y los resultados concretos a partir de una réplica de Stonehenge, hemos podido llegar a algunas de estas teorías" acerca de los usos del gran monumento. También añadió el profesor Till que fueron "capaces de reproducir el sonido de alguien hablando o dando palmas en Stonehenge [se refiere a la réplica] de hace 5000 años, como la producción de un simple golpe de tambor sonó increíblemente espectacular".

De acuerdo con Guillermo, es ciertamente difícil llegar a conclusiones auténticas, cuando los experimentos se realizan con réplicas en un tema tan delicado como este. Por ejemplo, sin tener conocimientos de geología, lo primero que se me ocurre es pensar en qué tipo de piedras se usaron para reconstruir el monumento; ya que en cuestiones de acústica, el material es esencial. Aunque las piedras de la réplica se dispusiesen de idéntica forma que la original, si el material es diferente, los resultados acústicos serían muy distintos.

Otra cosa es que, en efecto, Stonehenge probablemente tuviera un curioso efecto acústico y que nuestros antepasados dieran cuenta de él y lo aprovecharan. Como dice Servan, toda religión es esencialmente comunicación con el mundo de los muertos y no me cabe ni el menor atisbo de duda que en Stonehenge se practicaron desde el principio rituales que fueron acompañados de música que, por el efecto acústico de las rocas, debió proporcionar unos resultados ciertamente arrebatadores para quienes allí participaban.


Por último, no olvidemos que en la construcción de Stonehenge hay varios estadios temporales, de forma que el que ha perdurado hasta nuestros días no es el que se construyó en un principio. En mi humilde opinión, los efectos acústicos que se consiguen hoy con la estructura que nos ha sobrevivido no debieron conseguirse en la primera época, en la que el anillo era más simple... Aparte, claro está, de que la calidad acústica de los instrumentos actuales -como las flautas que utiliza Waller- no la tenían en la primera época. En consecuencia, no creo que Stonehenge fuese originalmente construido con esa intención.

Comentario por Ángel Román Ramírez el febrero 17, 2012 a las 12:39pm

He enlazado el artículo de Telegraph sin darme cuenta de que ya lo había hecho Guillermo antes. Un despiste, sorry... :-P

Comentario por Viriato el febrero 17, 2012 a las 2:36pm

Realmente se hace difícil pensar en esa explicación musical, bajo mi punto de vista, ni aun teniendo en cuenta que nuestros antepasados ya tenían cierta cultura musical, al menos, desde hace 35000 años que es la datación de la primera flauta hallada, pero creo que nos quedamos siempre cortos en lo relativo a la capacidad de nuestros primitivos, por lo que descartarlo sería por otro lado, un desliz arrogante. Si me resulta más atractiva la idea de un templo en el que el viento jugara un papel protector y a la vez manifiesto, que realzara el poder mágico o religioso del conjunto.

Comentario por Ángel Román Ramírez el febrero 17, 2012 a las 4:35pm

Yo diría que el ser humano practica música prácticamente desde que es humano. Empezando por la propia percusión corporal y continuando desde que empieza a emitir sonidos próximos al lenguaje, o incluso cuando aún no puede considerarse "lenguaje"... Son muy interesantes los trabajos de S. Pinker o de S. Mithen en este sentido. También llama mi atención la famosa flauta neandertal que encontró I. Turk en la década de los '90, a la que le atribuyen entre 40 y 45 mil años de antigüedad. En efecto, nunca debemos menospreciar la capacidad del hombre primitivo. De hecho, gracias a él seguimos aquí. :-P


En cuanto a Stonehenge, tengo entendido -corregidme si me equivoco- que hubo tres fases en su construcción, a lo largo del tiempo. Fue primero una plataforma circular de tierra, con fosas de incineración. Después, en una segunda época, hubo dos círculos concéntricos de menhires; y, por último, la etapa de la que se conservan más restos, la que puede apreciarse aún hoy. 

Por eso decía en mi anterior comentario que no creo que en un principio fuese Stonehenge ideado a través de inspiración musical (ya me gustaría, ojo). Lo que trato de decir es que quizá aquellos pobladores y asíduos al Gran Círculo quizá descubriesen las estupendas cualidades del sonido y, en ese caso, sí le sacasen partido, pues -en efecto- la música en su origen tiene un poder mágico-simbólico del cual no se separará durante milenios. De hecho, seguirá conservando esta característica durante la Antigüedad -al tiempo que gana cada vez más fuerza la música profana de Egipto, Grecia y Roma- e incluso la conserva hasta el siglo XVIII, donde parece que su poder místico se pierde casi por entero para ganar un carácter más estético que ético.


Pero, insisto, no me cabe la más mínima duda de que en Stonehenge se practicara música en los rituales, si bien pienso que la disposición de las rocas no fue originalmente construida con fines acústicos.

Comentario por Viriato el febrero 17, 2012 a las 4:58pm

Coincido plenamente con lo que comentáis. Estamos hablando exactamente de lo mismo.

Comentario por Ángel Román Ramírez el febrero 17, 2012 a las 8:04pm

A través de un lector he dado con la web de Steven Waller: Rock Art Acoustics. Echadle un vistazo, es realmente curioso.

Un saludo a todos.

(Thank you, Jason!)

Comentario por Ángel Román Ramírez el febrero 17, 2012 a las 11:15pm

Hola, Servan.

Sí, lo sé, y lo tengo. Publiqué una entrevista hace un tiempo. Se titulaba Steven Mithen: "The Singing Neanderthals".

Gracias por su comentario.

Comentario por Viriato el febrero 17, 2012 a las 11:50pm

El problema del sr. Waller es que hace alusiones a un rigor científico que en realidad es subjetivo. Imaginemos la escena de una pintura rupestre en la que unos cérvidos huyen de una amenaza. El autor insinua y "demuestra" que unas palmadas o aplausos representarían el sonido de los animales. Es decir, el eco en un lugar determinado daría más realismo a la escena y por eso el lugar fue el elegido o a la inversa, un sonido daría lugar a evocar una escena que habría de ser representada. No obstante, tal y como pretende, tener presente este aspecto frente al resto de disciplinas que puedan dar explicación a todos los detalles del arte rupestre no me parece descabellado. El sonido en el arte rupestre y en los petroglifos es, digamos, el menos considerado.

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