Nuestros antepasados masculinos se quedaban en casa, mientras que las hembras se trasladaban a otros grupos

Una vista del área donde se recogieron muestras de plantas (uno de los co-autores del trabajo, Daryl Codron, en primer plano). Este lugar se encuentra cerca de donde se hallaron los fósiles del Australopithecus Sediba (u homínido de Malapa). Foto: Sandi Copeland, Universidad de Colorado, Denver.

 

Vía: LiveScience | Marlene Cimons | 18 de noviembre de 2011 (Traducción: G.C.C. para Terrae Antiqvae)

 

Al principio, los investigadores querían aprender algo sobre cómo los homínidos antiguos utilizaban su paisaje, es decir, si cubrían grandes distancias o se quedaban más cerca de su hogar. El objetivo era descubrir si sus hábitos de viaje contribuyeron a que se hicieran bípedos, ya que moverse sobre dos piernas es mucho más eficiente y consume menos energía que usando cuatro patas.

Pero, como suele ocurrir con la ciencia, se encontraron con algo inesperado, una visión novedosa sobre el comportamiento social de nuestros primeros ancestros humanos. Resulta que los machos de dos especies de homínidos bípedos que vagaban por la sabana sudafricana hace más de un millón de años eran los tipos que se quedan en casa, en comparación con las hembras errantes, las cuales se iban por su propia cuenta dejando a los machos detrás.

Este sorprendente hallazgo no necesariamente puede ser una indicación de las primeras inclinaciones humanas feministas, ni una declaración de la independencia femenina, aunque podría serlo, dijo la investigadora principal, Sandi Copeland (foto a la izquierda), profesora visitante  de la Universidad de Colorado, Denver, quien también está afiliada al Instituto Max Plank de Antropología Evolutiva, en Leipzig, Alemania.

¿Damas a la fuga?

"Nuestros resultados no implican necesariamente que las hembras fueran de carácter fuerte y se apartaran por su propia cuenta, en la edad adulta, en busca de nuevos compañeros, pero es, de hecho, una posibilidad", dijo ella. "En la mayoría de los primates las hembras no se trasladan, pero los machos sí lo hacen. Sin embargo, en las pocas especies en las que las hembras son las que se van, generalmente lo hacen bajo circunstancias en las que el hogar del grupo de primates entra en contacto con otra comunidad".

En lugar de que las hembras se queden completamente solas -y se conviertan en posibles objetivos para los depredadores- ellas, por lo general, se trasladan directamente a un nuevo grupo, según Copeland: "Las hembras parecen haber sido las que dejan la comunidad para encontrar nuevos compañeros, mientras que los machos no se marchan, si bien este patrón se encuentra también en los modernos chimpancés, nuestros parientes más cercanos".

"En los chimpancés el patrón no es tanto resultado del poder de la hembra como de una reacción al poder masculino, en el que los machos optan por quedarse en casa y defender su territorio con sus parientes del mismo sexo", dijo. "Las hembras son indirectamente obligadas a abandonar la comunidad para encontrar otros machos como pareja".

Las hembras chimpancés son independientes y, aunque son parte de una "comunidad", a menudo viajan por sí mismas con sus hijos dentro del territorio de la propia comunidad, dijo Copeland.

"En el modelo o patrón que hemos encontrado de los homínidos hembra -pero no en los machos- la dispersión en realidad sugiere ... que tal vez las hembras de homínidos eran bastante independientes, al igual que las hembras de chimpancé", sostiene Sandi Copeland. "En ese caso, tal vez ellas lo hicieron, marchándose literalmente y aventurándose en nuevos territorios en busca de otros compañeros. También es posible que la comunidad estuviera más unida, y que las hembras se trasladaran directamente a otros grupos como parte de las reuniones de la comunidad grande".

Los científicos describen su trabajo en el número 2 de junio de la revista Nature. Además de Copeland, los co-autores son Matt Sponheimer, profesor de antropología en la Universidad de Colorado Boulder; Darryl de Ruiter, de la Universidad A & M de Texas; Julia Lee-Thorp, de la Universidad de Oxford; Daryl Codron, de la Universidad de Zurich; Petrus le Roux, de la Universidad de Ciudad del Cabo (foto a la izquierda); Vaughan Grimes de la Universidad Memorial-St.John, Terranova; y Michael Richards de la Universidad de la Columbia Británica, en Vancouver.

Molares poderosos

Los investigadores, cuyo trabajo fue financiado por la National Science Foundation, el Instituto Max Plank y la Universidad de Colorado Boulder, estudiaron piezas dentales a partir de dos sistemas de cuevas adyacentes en el sur de África. Los dientes pertenecían a un grupo de especies extintas de Australopithecus africanus y Paranthropus robustus, los cuales son parte de una línea de parientes humanos cercanos conocida como australopitecinos, y que incluye a fósiles de Etiopía, como Lucy, estimada aproximadamente en 3,2 millones de años y considerada la matriarca de los humanos modernos.

Mientras que el Australopithecus africanus (foto a la izquierda) puede ser un antepasado directo de los humanos modernos, el Parantropus robustus, y su pariente cercano, el Parantropus boisei, han sido una rama lateral del árbol genealógico de los homínidos que no tuvo desarrollo por razones aún desconocidas, según los investigadores.

El equipo utilizó una analítica de alta tecnología conocida como Ablación por láser, a fin de medir las proporciones de isótopos de un elemento llamado estroncio que se encuentra en el esmalte dental. El estroncio se halla en rocas y suelos, y es absorbido por las plantas y animales. Dado que las señales únicas de estroncio están vinculadas a determinados sustratos geológicos -como el granito, basalto, cuarcita, arenisca y otros- pueden ayudar a identificar las condiciones específicas de paisaje en el que los antiguos homínidos crecieron. Las señales isotópicas de estroncio se encuentran encerradas en los molares de los mamíferos, al final de la formación del esmalte dentario para los homínidos, probablemente a la edad de ocho o nueve años, cuando viajaban con sus madres.

Dado que los homínidos machos, al igual que los seres humanos masculinos, eran más grandes que las hembras, los investigadores utilizaron el tamaño molar para determinar el sexo. "Al elegir los valiosos dientes fósiles para analizarlos, elegimos específicamente los dientes más grandes y más pequeñas, con el fin de ser capaces de establecer las posibles diferencias entre machos y hembras", dijo Copeland. El equipo comprobó 19 dientes que datan alrededor de 2,7 hasta 1,7 millones de años, y encontró que más de la mitad de los dientes de las hembras se caracterizaban por haber estado fuera de su área local.

Aislando isótopos

Sin embargo, la medición de los isótopos de estroncio en las muestras dentales fue el menor de los problemas del equipo. Había un trabajo de fondo considerable que requiere mucho tiempo antes de que se pudieran examinar los mismos, y existía cierta incertidumbre sobre si se tendría acceso a los dientes totalmente.

En primer lugar, el equipo tuvo que establecer las proporciones "locales" de isótopos de estroncio de las diferentes zonas geológicas dentro de un radio de 50 kilómetros a partir de los  lugares rupestres donde los individuos murieron. Para lograr esto, los investigadores trataron de recolectar plantas y pequeños animales en áreas representativas no alteradas de cada una de las muchas zonas geológicas locales, definidas como zonas con diferentes rocas subyacentes.

"Parte de nuestro plan inicial era atrapar a roedores en cada zona, pero esto resultó ser mucho más difícil de lo esperado", dijo Copeland. "Pusimos en marcha 20 trampas para roedores en tres áreas diferentes para tres noches en una fila. En los dos primeros sitios no cogimos nada, y en el tercer lugar encontramos un ave en una trampa, una rana en otra y una desventurada rata en otra más. Eso era apenas suficiente para establecer una muestra estadísticamente significativa de los ratios de isótopos de estroncio "locales" sobre la base de animales que con seguridad viven en esa área y obtienen sus alimentos de las plantas y otros animales del lugar".

Los investigadores se dieron cuenta de que habían puesto "muy pocas trampas para un tiempo demasiado corto, y, además, era la época de lluvias, cuando hay más comida natural en el entorno para los roedores y, por tanto,  menos probabilidad de que vayan a las trampas", manifestó Copeland. Como resultado de ello "terminamos dependiendo casi exclusivamente de las muestras de plantas", explicó. "Después de todo, las plantas se pueden recoger en cualquier lugar y no requieren de trampas, y parecen reflejar con precisión los valores de isótopos de estroncio locales".

En segundo lugar, el equipo necesitaba estar seguro de que el nuevo método que estaban utilizando -que se basa en un láser que toma una muestra del diente directamente de forma mucho menos destructiva para estos preciados fósiles- producía resultados precisos. Lo lograron mediante la realización de estudios de isótopos de estroncio de los roedores hallados bajo el nido de un  búho moderno, y comparándolos con las proporciones de isótopos de estroncio ya establecidos de la región, a sabiendas de que un búho caza dentro en un radio de unos cinco kilómetros desde su nido. "El método funcionó", aseguró Copeland.

Los dientes reveladores

Finalmente, los científicos tuvieron que convencer a renuentes funcionarios de museos para que les prestaran los dientes. Muchos de los mismos, excavados hace décadas, residen en la "cámara de los homínidos" del Museo Ditsong (anteriormente conocido como Museo Transvaal) de Historia Natural de Pretoria, a 1.500 kilómetros de la Universidad de Ciudad del Cabo, donde se encuentra también el equipo de láser.

"El museo solía ser muy generoso con los préstamos de dientes fósiles para su análisis", dijo Copeland. "Sin embargo, algunos contratiempos recientes les hicieron ser más cautelosos -por un problema con uno de los investigadores que se negó a reconocer que su tiempo de estudio con piezas dentales había sido excesivo- y existía una moratoria sobre los fósiles de los homínidos que habían adoptado al margen del propio museo. Afortunadamente, la conservadora a cargo de los mismos, Stephany Potze, era una colega desde hacía mucho tiempo, y accedió a llevar ella mismoa los dientes de los especímenes fósiles hasta Ciudad del Cabo y sentarse a ver cómo analizábamos las muestras para asegurarse de que no se producía ninguna dificultad".

Potze trajo el primer grupo de dientes en el año 2007. "Nos dieron permiso para analizar  15 dientes, pero varios tenían grandes trozos de brecha -la roca en la que estuvieron enterrados- todavía pegada a ellos, lo que los hacían demasiado grandes como para caber en la cámara del láser", advirtió Copeland. "No hubo nada que pudiéramos hacer al respecto, por lo que no fueron analizados".

No apreciaron ninguna diferencia aparente entre las dos especies en los dientes de los primeros diez individuos que midieron, "pero comenzamos a ver que un patrón emergía entre los dientes más pequeños, los dientes probablemente femeninos, mostrando signos de haber venido de zonas alejadas de los sitios rupestres donde murieron", dice Copeland

Dos años más tarde el equipo recibió permiso para examinar muestras adicionales. Analizaron nueve más. "A medida que llegaron los resultados, vimos que la pauta no-local de las hembras se veriificaba, y que la localidad de los machos se confirmaba", dijo. "Esto fue increíble".

"Hicimos una elección específica de dientes muy pequeños y muy grandes para poder observar las diferencias entre machos y hembras", explica Copeland. "Sin embargo, pensamos que había verdaderamente pocas posibilidades de ver algún patrón en ese sentido. Así que fue una sorpresa muy agradable cuando se encontró".

 

 


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