El procedimiento consistió en “construir hornos que funcionaron únicamente con carbón vegetal y la acción del viento de montaña.

Fuente: pressenza.com | 1 de junio de 2014

Un equipo de arqueólogos (argentinos y franceses) logró por primera vez extraer plomo argentífero, un mineral que contiene plata y que procede de la mina Aguilar, en la localidad jujeña de Tilcara, lo que permite reconstruir la antigua cadena operativa de producción de metales que desarrollaron los pueblos andinos precolombinos.

Las pruebas realizadas en el marco de un programa de arqueología experimental andino permitieron constatar la alta eficacia de los hornos metalúrgicos (conocidos como huayrachinas), para la producción de metales preciosos, de tamaño relativamente reducido y bajo consumo de carbón vegetal.

“A raíz de los resultados alcanzados, se prevé establecer en Tilcara una nueva plataforma experimental sobre las antiguas metalurgias, el primer emprendimiento de este tipo en Latinoamérica”, dijo a Télam Pablo Cruz, investigador del Conicet, y director del Instituto Interdisciplinario Tilcara, dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

El procedimiento consistió en “construir hornos que funcionaron únicamente con carbón vegetal y la acción del viento de montaña (con una velocidad entre 4 y 11 metros por segundo), alcanzando temperaturas superiores a los 1.200°C”, dijo Cruz, titular de la investigación junto al arqueólogo Florian Tereygeol, especializado en el mundo de la antigua minería.

Asimismo, verificamos “un consumo notablemente reducido en carbón vegetal, un aspecto de suma importancia en el ambiente semidesértico del altiplano surandino, y que cambia nuestra noción sobre el costo económico y ecológico que tuvo la producción de metales en el pasado prehistórico” añadió Cruz desde Tilcara.

“Conocer los saberes y tecnologías que los pueblos andinos precolombinos desarrollaron para producir metales preciosos es el propósito de esta investigación”, sostuvo el arqueólogo.

La importancia de los metales no radica “sólo en el enorme potencial de sus materias, que permitieron la elaboración de objetos resistentes y sofisticados, sino también en el enorme encanto que provocaron sus brillos y tonalidades, principalmente el oro y la plata”, explicó.

Para los científicos, hay un aspecto más de los metales que provoca fascinación: “la manera mágica en que son producidos”.

En efecto, para obtener los metales es necesario primeramente extraer de las entrañas de la tierra los minerales metalíferos y luego manipularlos reiteradas veces mediante el calor u otros agentes físicos o químicos.

Cruz explicó que el proceso exige “transformar la roca sólida en un líquido viscoso, incandescente y centellante en un nuevo material sólido y brilloso”.

“La antigua metalurgia, basada principalmente en el uso de hornos, fue, en todos lados, el dominio de las alquimias”, subrayó Cruz y mencionó “al sur de Bolivia, norte de Chile y de Argentina como una de las regiones del continente con el máximo desarrollo en producción de metales, sobre todo a partir del primer milenio de nuestra era”.

“Numerosos establecimientos mineros y metalúrgicos prehispánicos, destacados tanto por la escala de la producción como por la sofisticación de las tecnologías empleadas se hallaron en esta región”, explicó.

De hecho, una de las principales razones por las cuales los incas se expandieron desde el Perú hacia el sur a finales del siglo XV fue la procuración de nuevos yacimientos, pero también de nuevas tecnologías.

Con la llegada de los españoles, la explotación de los recursos minerales presentes en esta región se convertiría progresivamente en el centro y motor económico de la empresa colonial en el mal llamado “Nuevo Mundo”.

Una idea de lo que implicó la producción de metales en la vida social y económica en los comienzos de la Colonia quedó documentada por cronistas como Reginaldo de Lizárraga (1545-1615), quien señaló la existencia, en Potosí, de más 4.000 chuayras (hornos de viento indígenas).

Según esos relatos, los hornos “funcionaban de manera simultánea en los cerros que rodean la Villa Imperial, que cada noche ardían, y que verlas desde fuera y aún dentro del pueblo, parecía que el pueblo se abrasaba”.

“La producción de los metales andinos no sólo tuvo impacto en el destino de la población indígena, sino que provocó cambios en una escala planetaria: la Revolución Industrial fue posible por recursos generados por las minas del Alto Perú, principalmente Potosí, y uno de los primeros ensayos de la producción en cadena y mecanización tuvo lugar en los ingenios mineros alto-andinos del siglo XVI y XVII”, explica el estudio científico.

“La antigua minería andina fue objeto de numerosos estudios históricos y -en menor medida arqueológicos-, sin embargo, poco conocemos en la actualidad sobre los procesos de transformación metalúrgica y, en particular, acerca de las transferencias de saberes y tecnologías entre indígenas y europeos”, señala el informe.

Estas investigaciones arqueológicas “de yacimientos coloniales de los siglos XVI y XVII” se realizan desde 2003 y dieron lugar a la construcción de hornos metalúrgicos andinos en la plataforma experimental de Melle, un pequeño pueblo de Francia, donde se encuentran ubicadas antiguas minas de los Reyes Francos.

Y por primera vez, en abril de este año, la experimentación se hizo en Tilcara, con la colaboración logística del Instituto Interdisciplinario Tilcara de la UBA.

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Respuestas a esta discusión

Siiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!

Desde Buenos Aires a Jujuy, FELICITACIONES al profesor Pablo Cruz y a todo el equipo de investigación del II Tilcara!!!!

La arqueología se acerca al enigma de los hornos indígenas andinos

Los hornos "huayrachina" son pequeños cilindros con agujeros que permitían a los indígenas de la región entre el sur de Bolivia y el norte de Argentina fundir metales muy puros con muy poco combustible.

Horno de fundición, interpretado como collca incaica por algunos investigadores. Foto: scielo.org.ar

Fuente: la-razon.com | Nerea González | 11 de junio de 2014

¿Cómo un pequeño horno cilíndrico de arcilla puede alcanzar hasta mil grados de temperatura? ¿Por qué funcionan en los Andes y en Francia no? Estos y otros enigmas de la metalurgia indígena andina que han permanecido siglos sin respuesta están a punto de ser resueltos por arqueólogos argentinos.

Los hornos "huayrachina", de los cuales se han encontrado restos arqueológicos que datan del primer milenio de nuestra era, son pequeños cilindros con agujeros que permitían a los indígenas de la región entre el sur de Bolivia y el norte de Argentina fundir metales muy puros con muy poco combustible.

"Cuando llegan los españoles a la región, el Potosí (Bolivia) se descubre oficialmente en 1945, y los europeos no conocían la tecnología para tratar el mineral que había aquí en los Andes", explica a Efe, Pablo Cruz (izquierda), director del Instituto Interdisciplinario Tilcara, ubicado en la provincia argentina de Jujuy (norte).

"Una de las claves de lo que fue un centro económico durante el periodo colonial, junto con la minería, era la metalurgia, de la cual no teníamos muchas informaciones, más allá de lo que señalaban las fuentes y los restos arqueológicos, que no podemos comprender en su totalidad", señala Cruz.

"Huayra" hace referencia al viento, mientras que "china" significa mujer, en lengua quechua, aunque los investigadores aún no han logrado identificar el porqué de esta segunda parte del nombre.

El director del Instituto se embarcó en la investigación de los hornos "huayrachina" hace casi una década y los estudió en Francia, junto con otros expertos en tecnología indígena.

Allí, sin embargo, no consiguieron extraer el metal en los hornos. No fue hasta este mismo año, cuando los primeros experimentos realizados en la localidad argentina de Tilcara aportaron por fin nueva luz sobre el enigma del funcionamiento de estos hornos.

"Es como una chimenea que tiene varios orificios por los cuales circula el viento. Lo que hemos podido probar es que se necesita mucho viento, a partir de 10 metros por segundo de ventilación natural, y estamos tratando de desentrañar cómo entra en juego la altura, la presión atmosférica", detalló el responsable del proyecto.

Los hornos de viento eran portátiles y permitían a los indígenas fundir unos tres kilos de metal con apenas 6 kilogramos de cartón, casi el mismo combustible que se gasta un argentino en preparar el típico asado familiar del domingo, según han probado en Tilcara.

Esta tecnología fue empleada en los grandes centros de población de la región del Potosí y el norte de Argentina durante siglos, incluso después de la llegada de los colonizadores, hasta la introducción de la amalgama con mercurio.

"Según señalan los cronistas españoles, no se trataba únicamente de útiles o herramientas para procesar el mineral, sino que para los pueblos indígenas las 'huayras' eran objetos de culto. Adoraban las 'huayras', como también los minerales. Eso se explica por el lado mágico que tiene todo el proceso de fundición", apunta Cruz.

"Son como pequeños volcanes que no solo destellan luces de todas las tonalidades y colores sino que también tienen un bramido muy especial, como si estuvieran vivos", agrega.

A raíz de los éxitos con los hornos "huayrachina", el Instituto Interdesciplinario de Tilcara ha decidido comenzar una plataforma experimental sobre la tecnología indígena con el fuego, que involucrará no solamente las técnicas metalúrgicas sino también otras disciplinas como la cerámica, utilizadas por los antiguos pobladores de la región.

Además, "hay varios otros tipos de hornos en los que estamos trabajando", como los de reverbero (llamados "toccochinbo"), explica Cruz.

Las investigaciones han despertado el interés de las comunidades indígenas que aún habitan en la zona, como los Mama Qolla Ayllu, pero también la curiosidad de los físicos y expertos en metalurgia, intrigados por las altas temperaturas que alcanzan estos rústicos y misteriosos hornos.

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