Red social de Arqueólogos e Historiadores
Ábacus, revista digital de la asociación de esgrima medieval y arquería tradicional Baucan.
"Hablando con Lola Carbonell Beviá, autora de múltiples trabajos de investigación sobre los templarios en la isla de Menorca"
En primer lugar, Sra. Carbonell, desde Abacus nos gustaría darle la bienvenida
a nuestras páginas y agradecerle enormemente su colaboración atendiendo a
esta entrevista.
Si nos detenemos unos instantes en su Currículum, podemos contemplar
su extensión y riqueza: licenciada en Geografía e Historia, investigadora,
escritora, periodista, ponente en numerosas charlas y conferencias…pero quizá
lo que más nos ha podido llamar la atención, dado el ámbito de interés de
nuestra publicación, son sus estudios, investigaciones y publicaciones
relacionadas con la Orden del Temple y la conquista de la isla de Menorca,
tema éste sobre el que la bibliografía no es precisamente abundante por
centrarse la mayor de las veces en la conquista de Mallorca.
La primera pregunta Sra. Carbonell, es inevitable por nuestra parte. ¿Qué
representa para usted la Orden del Temple y qué papel cree que jugó en la
historia?
Fueron un grupo de hombres avanzados para su tiempo, que profundizaron en
el “Conocimiento” perdido, de la primitiva y auténtica religión, manteniéndola
viva dentro de una micro-sociedad religiosa, en su origen, pero que con el paso
de los años se fue engrandeciendo, y consolidándose, dando lugar a una orden
de caballería blindada económicamente, que supo detentar su poder en el
Mediterráneo.
Este “Conocimiento”, fue trasmitido secretamente entre sus miembros, dando
lugar a un lenguaje simbólico, -conocido por muy pocos-, que se hizo patente a
través de la emblemática iconográfica plasmada en la Escultura, ligada a la
Arquitectura religiosa medieval. Principalmente, el concepto trasmitido
esotéricamente se centró en dar a conocer la existencia de una vida posterior a
la terrenal, a la que se accedía mediante el estudio de Dios -“Yosoy”-, existente
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en el interior de cada individuo, y que debía ser descubierto, a través de la
meditación, el ayuno, y la soledad. Todo aquel que accediera a la revelación de
Dios, en esta vida terrenal, tendría acceso directo al “Conocimiento de Dios”,
mientras que, los que no llegasen a profundizar en el concepto mistérico del
“Conocimiento de Dios”, tendrían una segunda oportunidad, una vez muertos
físicamente, cuando oyesen la llamada de “Dios” = “Conocimiento”, entrando
en el canal de la “Luz = Conocimiento Divino”.
Para ello, los templarios, prepararon sus edificios religiosos, cargando de
simbología el espacio arquitectónico: emplearon la forma de llave para la planta
de sus iglesias, puesto que la llave significaba la custodia del “Conocimiento =
Dios”; utilizaron la escalera en el acceso a los edificios religiosos, como medio o
canal de unión entre la vida terrena y la vida posterrenal; adoptaron en la
escultura religiosa, -tanto en gárgolas, como en bajorrelieves decorativos-, una
serie de emblemas repletos de significado simbólico, que evidenciaban a modo
de recordatorio para todos los conocedores de la realidad “postmortem”, que la
vida física no concluía con la muerte, sino que existía un canal de entrada a una
vida posterior, atravesando el umbral de la muerte; construyeron sus
cementerios en el interior de los templos religiosos, para encontrarse más cerca
de “Dios” = “Yosoy” = “Conocimiento” = “Luz”, cuando llegase el momento de
abandonar el cuerpo físico. Con respecto a los enterramientos templarios, sus
representantes, fueron inhumados directamente sobre la tierra, boca abajo, y tan
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sólo sus lugares de enterramiento fueron señalados con la emblemática de la
espada, el símbolo de que, ellos, los templarios, dieron a conocer demostrando
que fueron los elegidos para la transmisión del “Conocimiento de Dios”.
Cuando hablamos de la relación entre Jaime I y los templarios, nos viene a la
cabeza lugares como Monzón, Mallorca, Valencia… ¿Qué le motivó a indagar
la historia de este rey y esta orden en Menorca?
El año pasado realicé un trabajo de investigación sobre “Navegación y
religiosidad en Menorca”, con el que participé en un congreso en Ciudadela.
Como el tema que preparé era muy amplio, -pues abarcaba desde la
Protohistoria, hasta el siglo XVIII-, uno de los puntos que traté fue la Edad
Media. Al profundizar bibliográficamente en esta etapa histórica menorquina,
me di cuenta que todos los autores, a lo largo de los siglos XIX y XX, se citaban
unos a otros, -sin aportar nada nuevo-, sobre la conquista de Menorca. Comencé
a indagar, anotando los nombres de los hombres que participaron en las
campañas de conquista junto a Jaime I, Alfonso III y Jaime II, y se me ocurrió
buscarlos en el “Llibre del Repartiment de València”, para ver si encontraba
alguna referencia. Pero mi sorpresa fue mayúscula, y mi satisfacción mayor,
cuando paulatinamente fui descubriendo que la gran mayoría de los guerreros
y hombres destacados de los tres reyes, que detentaron importantes cargos,
iban apareciendo en el “Llibre del Repartiment de València”, en un 60%, más o
menos. Lo que significa que el rey Jaime I, no solo favoreció a todos sus
seguidores en la conquista de Menorca, con prebendas o propiedades en las
Baleares –fundamentalmente Mallorca y Menorca-, sino que fue haciendo
entrega de dichas propiedades, a medida que fue consolidando la emergente
Corona de Aragón, con donaciones, en lo que corresponde en la actualidad a las
tres provincias de Alicante, Castellón y Valencia. Es decir, mi investigación
pretende demostrar, como los hombres que apoyaron la conquista de Menorca,
junto al rey Jaime I, fueron los encargados directamente por el rey aragonés, de
dirigir políticamente, económicamente y religiosamente la sociedad isleña
menorquina entre 1231 y 1276. Pero, muchos años después, si nó todos los
hombres, -puesto que unos ya habían fallecido, y otros eran muy mayores-, sus
descendientes directos, volvieron a apoyar la campaña de conquista de la isla
de Menorca, con el rey Alfonso III. Y nuevamente, años más tarde, lucharon
bajo las órdenes de Jaime II. Este hecho significa, que la importancia del reinado
de Jaime I en Menorca, fue de tal relevancia, que los descendientes del monarca
aragonés “El Conquistador”, volvieron a confiar en los mismos linajes y
familias, para mantener su poder y dominio en la isla de Menorca.
Ha sido, y es muy difícil hacer entender a los medievalistas expertos en la
conquista del reino de Mallorca, que la historia tradicional está tergiversada, en
este aspecto, y que la realidad es muy distinta, hasta lo que ahora ha sido
investigado y contado. Además, entiendo la postura de incertidumbre que
pueda suscitarse entre los medievalistas, cuando lean mis investigaciones, pero
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esa es la verdadera realidad, a pesar de que resulte inverosímil, puesto que
hasta ahora, el reinado de Jaime I en Menorca, se ha limitado a narrar o a ser
explicado exclusivamente a través del tratado vasallático de Capdepera.
Por otro lado, retomando la pregunta -y con esto finalizó la explicación de este
punto-, el año pasado cuando estuve en Ciudadela visité la catedral, e hice una
serie de fotografías buscando la iconografía y emblemática existente en la
escultura, y me di cuenta de que existían unos símbolos y una frase crucial
sobre la “Puerta de la Luz”, que fue lo que me dio pie a analizar su contenido
templario, así como la relación directa entre las diferentes órdenes militares que
acompañaron al rey Jaime I en la conquista de la isla de Menorca, y que dejaron
su impronta en la emblemática de las arquivoltas de la “Puerta de la Luz”.
La frase “Viderunt Oculi Mei Salutare Tuum. Lumen ad Revelationem
Gentium”, remarcada explícitamente en el tímpano de la “Puerta de la Luz”,
aparece referenciada por el rey templario Jaime I, en “El Llibre dels Fets”.
Y hablando de motivación… ¿Qué motivó a Jaime I a presentar su proyecto
de conquista de las Baleares a las cortes catalanas?
Principalmente que eran unas tierras ya conocidas por algunos de sus
caballeros templarios como Pere Martell, quién le comunicó al rey Jaime I, que
ya las había visitado con antelación, y que se hallaban bajo el dominio
sarraceno. Y porque Jaime I, sabía que contaba con el apoyo de Guillem de
Montcada, con quién tenía una estrecha vinculación, puesto que sus
antepasados ya pertenecieron a la Orden del Temple, y apoyaron a los reyes
templarios de la casa de Aragón –Pedro II-, padre del rey Jaime I.
Desde luego Guillem de Montcada tuvo un papel importante en este hecho,
pero ¿realmente la conquista de las islas era necesaria?
¿Realmente, fue igualmente necesaria la conquista de los posteriores reinos de
Mallorca, Valencia y de la emergente Corona de Aragón? Está claro, que para la
mente de un monarca plenomedieval, sí. El poder y el dominio se centró en la
conquista de nuevos territorios que tuvieran una salida comercial marítima. Y
en este punto, las Baleares fueron clave, puesto que en el caso concreto de la isla
de Menorca, los restos arqueológicos demuestran, que la importancia de
Menorca como primer punto de escala de los navegantes en el Mediterráneo
Occidental peninsular fue importantísimo, desde la Protohistoria.
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¿Qué nos puede decir del papel que jugó en esta conquista el noble
valenciano Pere Martell?
Me ratifico en lo que he dicho anteriormente. Fue un caballero templario
conocedor de la existencia de las Baleares, dominadas por los musulmanes, y en
las que había estado previamente a la conquista de Jaime I, en dos ocasiones
anteriores.
Sin duda alguna uno de los personajes decisivos en la conquista de Menorca
fue el comendador del Temple en Mallorca, Ramón de Serra. ¿Qué nos puede
contar de esta persona y de su papel junto al rey Conquistador?
Las fuentes bibliográficas clásicas aseguran que fue decisivo el papel del
segundo comendador templario del Reino de Mallorca, Ramón de Serra, para la
conquista de la isla de Menorca. “El Llibre dels Fets”, describe minuciosamente
como Ramón de Serra, -el comendador templario del Reino de Mallorca-, se
encontraba en la isla Balear, cuando en el año 1231, llegó el monarca aragonés
Jaime I. Ramón de Serra convenció a Jaime I, de que la conquista de la isla de
Menorca era decisiva para ampliar su dominio en las Baleares. Jaime I, aplaudió
la idea de Ramón de Serra, y se dejó asesorar por sus otros caballeros Bernat de
Santa Egenia, Assalit de Gudar y Pere Maça, quienes acordaron y ratificaron la
conquista pacífica. De modo, que Jaime I los envió como embajadores, a cada
uno por separado en sus naves, para que se entrevistaran con los sarracenos y
pactaran la aceptación del dominio del rey aragonés. Hasta aquí, todo coincide
con las fuentes historiográficas clásicas. Pero lo “novedoso” reside en que he
podido verificar la afiliación templaria de algunos de los caballeros. Berenguer
o Bernat de Santa Egenia fue Mestre del Temple. Guillem Assalit de Gudar fue
repartidor de las tierras conquistadas por Jaime I, aunque no perteneció a
ninguna orden de caballería. Pere Maça fue un caballero valenciano cuyos
herederos permanecieron vinculados a lo largo de generaciones con las
ciudades de Mogente (Valencia) y de Orihuela (Alicante).
En cuanto a la figura del comendador templario de Mallorca, Ramón de Serra,
cierta bibliografía asegura que era sobrino del comendador de Monzón,
también llamado Ramón de Serra. Pero lo que sí que diferencia “El Llibre dels
Fets”, es que el comendador templario de Mallorca, Ramón de Serra era una
persona diferente a Ramón de Serra, comendador de Monzón, sin especificar el
parentesco que les pudo unir. Por otro lado, “El Llibre del Repartiment de
València”, refleja una propiedad donada por el rey Jaime I al propio Ramón de
Serra, consistente en “un obrador en la Ferreria de Valencia”.
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Lo que sí es cierto Sra. Carbonell, es que al contrario de lo ocurrido en otras
plazas tomadas por Jaime I, la conquista de Menorca fue totalmente
pacífica… ¿realmente no existió ningún conato de resistencia?
Pues efectivamente no, porque tanto “El Llibre dels Fets”, como los autores
clásicos: Bernat Desclot, Ramón Muntaner, y Pere Miquel Carbonell coinciden
en que fue el fruto de unas conversaciones pacíficas, que desembocaron en el
tratado de Capdepera. La única diferencia reside en los hechos narrados en el
“Llibre dels Fets”, en que se asevera explícitamente que el rey Jaime I se
mantuvo en el palacio conquistado a los sarracenos de “La Gomera” o “La
Gumara”, ubicado en Mallorca, mientras sus embajadores dialogaban y
pactaban con los sarracenos. Una vez aceptado el dominio del rey templario
Jaime I, fueron los musulmanes menorquines los que varios días después se
desplazaron hasta Mallorca, donde tuvieron una reunión con Jaime I en su
palacio.
En cambio, las fuentes clásicas tergiversaron los hechos, y los posteriores
historiadores utilizaron literalmente la historia narrada por Desclot, Muntaner,
Carbonell y la “Crónica Catalana”, quienes señalaban que el rey Jaime I se
hallaba en Capdepera, y que en ese punto geográfico fue donde tuvo lugar la
aceptación del pacto vasallático entre el rey templario y los sarracenos
menorquines.
¿Cual fue el motivo de que esta conquista se hiciera pacíficamente? ¿Quizás
Jaime I se vio incapacitado para hacerlo de otra forma debido a las tensiones
internas de sus tropas?
Al monarca aragonés Jaime I, le interesaba mantener los territorios
conquistados, con sus moradores autóctonos para obtener de ellos tributos
anuales, y con ello tener asegurada una entrada de dinero. Fue un hecho
generalizado en la conquista de la emergente Corona de Aragón, y así aparece
reflejado en “El Llibre del Repartiment”, por ejemplo con la conquista del Reino
de Murcia.
Hablando de Jaime I el Conquistador, ¿Cuáles cree que fueron, a grandes
rasgos, sus mayores virtudes y, en caso de que los tuviera, sus peores
defectos?
Personalmente pienso que tuvo más virtudes que defectos. Está claro que fue
un hombre, -independientemente de que desempeñara el cargo de monarca-,
emprendedor, organizador, previsor, religioso, ecuánime, burócrata, y
patriarcal, porque supo escuchar a quienes poseyeron conocimientos que él
desconocía en cuanto a la existencia de las islas Baleares; supo poner en marcha
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una gran operación bélica con un contingente mayúsculo en cuanto a hombres
y caballerías, para desplazarlos a todos los puntos a donde quiso llegar para sus
campañas bélicas; lo hizo con la antelación debida, disponiendo diferentes
puntos de embarque y distintas naves que partieron de puertos distintos y en
fechas diferentes; desde el primer momento se rodeó de todo tipo de técnicos
especializados en multitud de especialidades –guardias, ballesteros, barqueros,
carpinteros, carreteros, soldados, herreros, ingenieros de armamento,
marineros, martilleros, médicos, menescales, soldados de tropa, escuderos o
correos-, hasta el punto de que en sus campañas hubo notarios reales,
amanuenses reales, amanuenses privados y pergamineros quienes recogieron
minuciosamente todos los datos relativos a los hombres y mujeres que
apoyaron las conquistas del rey Jaime I. Fue ecuánime, porque cumplió su
palabra con todos, absolutamente todos, los que le apoyaron en sus campañas
de conquista, ofreciéndoles propiedades. Y hasta tal punto fue su
magnanimidad y buena disposición, que cumplió con todo el personal de su
servicio, de sus esposas, e incluso con sus amantes, o por lo menos con las
meretrices que frecuentó.
Pero Jaime I, por encima de todo, fue un templario. Es decir, la religión y
educación religiosa que había recibido estuvo presente en su vida diaria, tanto
en sus rezos al amanecer; durante las movilizaciones de sus tropas en campaña;
en sus constantes agradecimientos a Dios y a santa María por la consecución
satisfactoria de sus planes; y en los templos religiosos –mezquitas-, que ordenó
transformar tras la conquista a los musulmanes.
Para terminar Sra. Carbonell, ya que hemos hablado de virtudes y defectos,
nos gustaría que nos definiera con un adjetivo o unas breves palabras a los
siguientes personajes.
Jaime I, el Conquistador.
Un gran militar y estratega. Pero sobre todo un hombre seguro de sí mismo y
cumplidor de su palabra. Características difíciles de hallar hoy en día en
muchos políticos.
Zayán, él último rey musulmán de Valencia.
Un monarca que supo asumir su derrota, aunque previamente peleó e incluso
llegó a intentar pactar con Jaime I el cambio de la isla de Menorca, por el castillo
de “Santa Bárbara” de Alicante.
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Al-Azraq, el caudillo “de los ojos azules”.
Un luchador incansable que resistió en la geografía más inaccesible de la
provincia de Alicante, y donde actualmente todavía pervive su leyenda, a
través de los restos de la arquitectura militar.
Doña Violante, hija de Andrés II, rey de Hungría.
Una mujer educada para ser fiel y seguir a su marido hasta en las campañas
bélicas, hecho recogido en “El Llibre del Repartiment de València”, en el que el
rey Jaime I agradecido, le entregó diversas propiedades al séquito personal de
su esposa, llegando incluso hasta recompensar a las nodrizas, cocineros, etc.
Guillem de Montcada, figura clave de la Orden del Temple.
Un leal y fiel religioso templario, que desempeñó el cargo de Obispo de Lérida
durante el reinado de Jaime I. Su apoyo al también rey templario Pedro II –
padre de Jaime I- fue ejemplar, así como su fidelidad a la Casa de Aragón, que
mantuvo hasta su muerte, durante el reinado de su sucesor Jaime I.
Ramón de Serra, Comendador templario de las Baleares.
Un buen asesor estratégico del rey Jaime I, a quién el monarca supo escuchar,
aceptar y recompensar por su fidelidad. Quizá sin el asesoramiento de Ramón
de Serra, la conquista de Menorca no se hubiera planteado en 1231, y quizá
tampoco hubiera sido pacífica.
Sra. Carbonell, para nosotros ha sido un placer poder realizarle esta entrevista y
queremos agradecerle una vez más su colaboración y buena disposición en todo
momento. Nos encantará poder tenerla entre nuestras páginas en el futuro.
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